viernes, 3 de febrero de 2012

Sauto, el jugador mexicano del Real Madrid que sobrevivió a una checa


Imagen de Sauto, cedida por su familia

Aunque José Ramón Sauto había nacido en México, llevaba casi toda la vida en España. El verano de 1936 estaba siendo intenso para él porque tenía que compaginar el fútbol con el servicio militar en el Cuartel de la Montaña. Ser futbolista del Madrid le daba ciertos privilegios aunque seguía haciendo guardias con normalidad. El 18 de julio, inicio del alzamiento, sorprende a Sauto fuera del cuartel por lo que no participó en los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña. Allí se había hecho fuerte el general Fanjul con unos 150 oficiales del ejército, cadetes, militares sin destino y retirados así como falangistas y monárquicos. Tras los intensos tiroteos del día 20 y con decenas de muertos por parte de los sitiados y sitiadores, el cuartel cae definitivamente con la entrada en el recinto de las Fuerzas de Asalto y de la Guardia Civil así como por una turba descontrolada de personas que estaba combatiendo desde hacía horas en las calles aledañas al cuartel. El alzamiento en Madrid había fracasado y el intento de rebelión había sido sofocado por las fuerzas leales a la República.

Asaltado el Cuartel de la Montaña y con muchos de sus compañeros de mili muertos o detenidos, Sauto se escondió en diferentes viviendas de Madrid antes de ser detenido por pertenecer a la guarnición de La Montala. Fue trasladado a la checa de la Plaza de Santa Barbara donde permaneció varias horas antes de ser puesto en libertad. Esta prisión dependía del cuartel Spartacus, un centro militar anarquista que se encargó, entre otras cosas, de depurar a los guardias civiles cercanos a los franquistas. En esta checa fue interrogado por varios milicianos aunque el responsable de la misma, que era aficionado del Real Madrid, le reconoció y decidió ponerle en libertad.


“Este hombre le advirtió, además, de que su vida podía correr peligro si seguía en la calle” nos cuenta la hija del futbolista, María Inés Sauto"
Al tener la nacionalidad mejicana y tras recibir la advertencia del responsable de la checa, Sauto se refugió en la Embajada de México inmediatamente. Allí coincidió con varios conocidos suyos, como el abogado mexicano Rodolfo Reyes Ochoa, cuyos dos hijos, pertenecían a la Falange y habían luchado en el cuartel de la Montaña. En los edificios pertenecientes a la diplomacia mexicana en Madrid se alojaron también Luis Carrero Blanco, años más tarde presidente del Gobierno; Alberto Martín Artajo, que llegó a ser Ministro de Exteriores con Franco y el intelectual Ramón Menéndez Pidal. Tras meses refugiados en los edificios y pisos de la embajada, se organizó una expedición a Valencia para salir desde allí en barco a Francia. 

El Ministerio de Estado se encargó de ofrecer garantías de seguridad para el viaje, y a finales de febrero de 1937 la expedición formada por unas 800 persones abandonaba Madrid en 40 camiones y escoltada por casi 200 guardias de asalto en motocicletas. No sin sobresaltos, Sauto partió rumbo a Francia, aunque estando allí tomó la decisión de volver a España, pero en esta ocasión a la zona nacional. Llegó a Pamplona donde se enroló, en compañía de su hermano Ángel, en el Batallón de Camilo Alonso Vega como enlace motorizado. Según su hija, a Sauto no le gustaba pegar tiros y por ese motivo decidió pagarse de su bolsillo la moto. En este batallón y con la IV Brigada Navarra, Sauto era siempre el primero en transmitir las órdenes de sus superiores en todos los extremos del frente. Formó parte activa de la Batalla de Brunete y del Ebro, donde arriesgó su vida pasando en motocicleta a toda velocidad por las líneas enemigas.

El momento más amargo para Sauto fue cuando su hermano cayó herido de gravedad. Durante varios días el jugador del Madrid temió por su vida ya que había desaparecido de la noche a la mañana del frente. Según María Inés: "
"Fueron jornadas muy duras porque pensaba que estaba muerto. Al final lo encontraron en un hospital de campaña malherido del brazo. Terminada la guerra visitaron muchos médicos, incluso fuera de España, para intentar recuperar ese brazo que había quedado inutilizado"

Terminada la guerra siguió jugando en el Madrid pero por pocos años. A diferencia de otros jugadores de su equipo, el contrato de José Ramón Sauto era amateur y no profesional. Cobraba poco y su contrato terminaba cada 30 de junio, por lo que se renovaba año tras año. El problema, pese a todo, no era su contrato como futbolista sino su forma de ser. Según su familia, "le horrorizaba la disciplina y no le gustaban los entrenamientos". Cuando terminó la guerra, Santiago Bernabeu le llamó para incorporarle al equipo y Sauto le dijo que sí siempre y cuando no tuviera la obligación de ir a entrenar. Bernabeu, con el que tenía buena relación aceptó y jugó algunos partidos más con el equipo de sus amores. Sin embargo, Sauto retomó los estudios de medicina que había abandonado con motivo de la guerra pero no pudo terminarlos. Culpa de ello tuvo un capítulo que nos relató de la siguiente manera la hija del jugador: 
"Mi padre tenía alquilada una casa a unos universitarios en la calle Ríos Rosas. Cierta noche, en la década de los cuarenta, esos universitarios nos advirtieron de que se había producido un robo allí. Mi padre, lo primero que hizo, fue llamar a la policía y una dotación se presentó en este piso que teníamos alquilado. Al entrar comprobaron que efectivamente se había producido un robo pero es que además se encontraron con el uniforme y la pistola de mi tío Ángel, el que había luchado en la guerra. Una de las leyes que se impusieron tras la guerra obligaba a todos los combatientes a entregar el armamento y los uniformes. Mi padre, que era muy despistado, se olvidó de ese pequeño detalle y tuvo problemas con la justicia. Por este motivo no le dejaron licenciarse cuando le quedaba una o dos asignaturas para terminar medicina. Le hubiera encantado ejercer de médico"

Aunque siguió jugando algún año después de 1939, la guerra le había marcado enormemente. La final de Copa disputada en Mestalla antes de la contienda no fue su último partido pero si el último gran título que consiguió levantar como futbolista profesional. Sus allegados recuerdan la rabia que sintió Sauto en aquel partido ante el Barcelona cuando tuvo que retirarse lesionado. Dicen que era cercano, divertido y sobre todo muy buena persona. Ese carácter extrovertido y fácil tanto dentro como fuera del campo hizo que el Madrid y el Sevilla le dedicaran un partido homenaje en 1943 para despedirle como futbolista. Fue una retirada dulce, como siempre había soñado.

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