lunes, 19 de marzo de 2012


EL GENERAL MELÉNDEZ: SOLDADO POR UN DÍA

TRAYECTORIA Y EVACUACIÓN A ZONA NACIONAL



“Son las cuatro de la mañana de un día de agosto de 1937 en Madrid, en la esquina de la calles Velázquez y Goya  se encuentra un soldado con mono gris y emblemas de intendencia; la oscuridad de la noche oculta lo extraño que puede parecer ver a un soldado con más de 50 años y de porte distinguido, con su pelo canoso cubierto con una boina negra. A lo lejos se acerca un vehículo con matrícula de Albacete y un cartel con las siglas de la CNT-FAI en el parabrisas delantero: en su interior se encuentran varias personas. El soldado se aproxima al vehículo y tras reconocer al conductor sube a él, circulando inmediatamente por las calles de Goya y Alcalá hasta emprender la dirección de la carretera de Aragón. Tras dejar atrás la ciudad y las granjas y huertas de la periferia de Madrid, introducen el vehículo en un descampado solitario, próximo a la carretera, permaneciendo los ocupantes en él con las luces apagadas.
Apenas transcurren quince minutos cuando ven aparecer una camioneta del Ejército que se detiene en las proximidades del vehículo; rápidamente los soldados ocupantes del vehículo bajan  y suben inmediatamente a la parte trasera del camión donde ya se encontraban otros, emprendiendo ambos vehículos la marcha dirección Alcalá de Henares.
Transcurrirán  16 horas de viaje, sufriendo los rigores del calor de un mes de agosto, para llegar a su destino en las inmediaciones de Totanes un pequeño pueblo al sur de Toledo. El vehículo turismo y la camioneta detrás, formando una caravana silenciosa, han debido realizar más de 300 kms. por un itinerario zigzagueante, por carreteras de cuarto orden evitando los controles de la CNT y en los que no fueron posible evitar, mostrando los necesarios salvoconductos obtenidos de formar legal. Han circulado por varias provincias y cruzados muchos pueblos: Alcalá de Henares, Pastrana, Tarancón, Corral de Almaguer, Tembleque y ya al atardecer, cuando el sol se ocultaba por la sierra de Noez llegan a las inmediaciones de Totanés, donde apresuradamente bajan de la camioneta en las inmediaciones de un bosque.
Oculto entre los árboles un campesino espera a los catorce soldados, entre ellos se encuentra el mayor de 50 años, les indica con una señal que se apresuren y emprenden, ocultos entre los árboles, una larga caminata  en la noche hasta las orillas del Tajo. En su margen, oculta entre los juncos y otros arbustos,  suben a una barca  que le llevará a la zona controlada por los nacionales”

            Aquél sorprendente soldado mayor de 50 años era el General de Intendencia ADOLFO MELENDEZ CADALSO, Intendente General del Ministerio de la Guerra cuando era presidente de Gobierno CASARES QUIROGA, y el cuál sin otra razón que un cambio de gobierno, fue cesado por el nuevo ministro de la Guerra General Castelló a finales de julio del 36, a pesar que los militares golpistas nunca contaron con el General  Melendez para rebelarse contra el régimen republicano. El 6 de agosto de 1936 fue detenido en casa de un hermano suyo por unos Milicianos que habían recibido la denuncia de un particular y tras pasar por las dependencias de la Dirección General de Seguridad  que dirigía Manuel Muñoz, fue encerrado en las Cárceles de San Antón primero y Alcalá de Henares después, hasta que fue absuelto del delito de desafección al régimen por los Juzgados Populares y de Urgencia, gracias a la influencia de un Juez del Tribunal Supremo que eligió un jurado de jueces afines.

            Tras salir de la Cárcel en Marzo de 1937 y tras algunas peripecias fuera de ella, logra introducirse en un edificio de la calle Velázquez, alquilado por la Legación de Rumanía y bajo la protección de este país, gracias a la mediación de la Organización Quintacolumnista de Rodríguez Aguado. Posteriormente en el mes de agosto, miembros de esta Organización logran evacuarlo a las líneas nacionalistas como se narra anteriormente.



            La vida militar del General MELENDEZ transcurre simultáneamente con la trayectoria del equipo de futbol del Real Madrid, donde fue uno de los primeros jugadores y posteriormente Presidente del Club antes de la Guerra Civil y terminada la contienda. Fueron grandes sus logros en la Junta Directiva del Real Madrid, desde la inauguración de nuevo campo del Club en la calle O’Donnell con Narváez en 1912. Terminada la guerra en abril de 1939 se decide reanudar las actividades del Club y es nombrado de nuevo Presidente de la Junta Directiva logrando conseguir un plantel de jugadores que le permita iniciar la andadura del Club, cediendo la presidencia en noviembre de 1940.


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