jueves, 18 de octubre de 2012

El verdadero papel de Gutiérrez Mellado en la sublevación del 18 de julio (Primera Parte)

La imagen de Gutiérrez Mellado plantándole cara a los guardias civiles que participaron en el asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981 dio la vuelta al mundo. Ese pequeño hombre, con grandes gafas y vestido de civil, había llegado a ser Capitán General y Vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez. Pocos saben cual fue su verdadera actuación durante la Guerra Civil española. Para muchos derechistas ambigua. Tras una profunda investigacion, guerraenmadrid analiza en dos entregas su participación durante la contienda, su intervención en el alzamiento, su detención y juicio posterior, su evacuación a la España franquista y posteriormente sus actividades dentro del SIPM (Servicio de Información y Policia Militar).

Gutiérrez Mellado durante el 23 de Febrero de 1981
Manuel Gutiérrez Mellado se había quedado huérfano muy joven. Con apenas 17 años ingresó en la Academia de Oficiales de Zaragoza, por lo que en 1936, ya era Teniente de Artillería y estaba destinado en el Regimiento de Artillería a Caballo en los antiguos cuarteles de Campamento (Carabanchel). En este acuartelamiento, de dimensiones enormes, convivían varias unidades del ejército como el Batallón de Zapadores de Madrid, Regimiento de Ingenieros, Escuela de Tiro y el ya mencionado Regimiento de Artillería a Caballo.

La sublevación militar arrancó en África la noche del 17 de julio de 1936, fecha en la que Gutiérrez Mellado prestaba servicio en su regimiento. Tras conocerse el alzamiento en Melilla, todas las tropas madrileñas se acuartelaron a la espera de recibir instrucciones. Nadie se atrevía a tomar decisiones. Entra los oficiales se producían acaloradas discusiones entre los que se mostraban partidarios del Gobierno y los que aceptaban de buena gana un alzamiento militar. La noche del 17, nuestro protagonista fue testigo de excepción de una extraña visita. Varios camiones de intendencia se presentaron en su cuartel con la intención de recoger mil bombas de aviación para que fueran trasladadas al aeródromo de Cuatro Vientos. El Gobierno quería que aviones de la fuerza aérea estuvieran preparados para bombardear posibles objetivos insurrectos en Madrid siempre y cuando se produjera un alzamiento en toda regla. Finalmente los camiones volvieron con las manos vacías. Los jefes del regimiento se negaron a entregar las bombas e invitaron a los soldados que habían acudido a recoger la munición a que marcharan.
Así transcurrió el primer día de alzamiento militar en los cuarteles de Carabanchel mientras otras guarniciones de toda España se levantaban contra el Frente Popular. La tarde del 18 de julio, el Comandante de Artillería Flores, militar de reconocido prestigio y muy cercano al Frente Popular, se presentó en el cuartel para recoger las bombas de aviación que no habían podido recoger el día anterior. Por segunda vez en menos de 24 horas, el Regimiento de Artillería a Caballo se negó a entregar los explosivos. De hecho, tras marcharse Flores, el teniente artillero Zubizarreta, compañero de Gutiérrez Mellado, recibió la orden de inutilizar todas las bombas por si el cuartel caía en manos de los milicianos. Esa misma noche se presentó en Campamento, el General Manuel Cardenal, que también estaba vinculado a varios partidos de izquierda. El recibimiento, según contaría años más tarde Gutiérrez Mellado, fue frío por parte de los oficiales porque “se mostró contrario a la sublevación en Madrid”. El General Cardenal fue invitado a marcharse de Carabanchel lo antes posible y las tropas acuarteladas allí ,esperaban de un momento a otro un posible ataque.
 
Los primeros combates
Esa misma noche, el General García de la Herrán, que se había hecho cargo de la sublevación en Campamento, ordenó a Gutiérrez Mellado que organizara una pequeña avanzadilla de hombres para frenar una posible incursión gubernamental en la carretera de Extremadura. Al frente de la avanzadilla estaba el capitán Fernández Herrerín, superior inmediato de Gutiérrez Mellado, que en esta ocasión fue subjefe del grupo.
Durante varias horas, la partida de Gutiérrez Mellado estuvo preparada para entrar en combate en las inmediaciones de la carretera de Extremadura. No sucedió nada. Al poco tiempo, la avanzadilla fue relevada por otra y los hombres del capitán Fernández Herrerín regresaron al cuartel. Nada más llegar, Manuel escuchó disparos en el Regimiento de Zapadores que estaba junto al suyo. Se había producido un tiroteo entre el Teniente Coronel Carratalá y su asistente y los zapadores que se habían sublevado. El incidente acabó con la vida de Carratalá que fue oficialmente la primera víctima mortal de la Guerra Civil española en Madrid.
Estado actual de los antiguos cuarteles de Campamento

 En el Regimiento de Artillería a Caballo había disparidad de opiniones entre los oficiales para mostrarse a favor o en contra del alzamiento militar. Al mando de este regimiento estaba el Coronel Enrique Cañedo Arguelles, un militar a la vieja usanza, que sin embargo se mostró indeciso durante las primeras horas de sublevación. En la sala de banderas del regimiento, Cañedo Arguelles llegó a decir a todos los oficiales que Miaja se había comprometido a desarmar a las milicias y que por lo tanto, él estaba a las órdenes de Miaja. Pese a todo se produjo una votación entre los oficiales para determinar la postura que tenían que adoptar los artilleros a caballo de Madrid. La situación era la siguiente: Gutiérrez Mellado y la mayoría de tenientes y capitanes se mostraron partidarios de la sublevación (el Comandante Iglesias llevaba la voz cantante). Los únicos que se oponían fueron los Comandantes Muro y Flores, que finalmente cedieron ante sus compañeros.
Tras la votación, todos los componentes del regimiento se prepararon para entrar en combate. El responsable del servicio telegráfico captó un mensaje cifrado del Gobierno en el que ordenaba a la aviación republicana bombardear los cuarteles de Campamento. Gutiérrez Mellado, con un pelotón de fusileros, subió a la azotea de su regimiento para situar dos ametralladoras antiaéreas. Entre las cuatro y las ocho de la madrugada del 19 de julio varios cazas sobrevolaron el cuartel dejando caer primero algunas octavillas invitando a los sublevados a rendirse y más tarde varias decenas de bombas. Durante esas cuatro horas, el teniente Manuel disparó su ametralladora antiaérea contra los aviones republicanos hasta que fue relevado por otro teniente artillero.

Una orden disparatada
Durante todo el 19 de julio se sucedieron los ataques gubernamentales por tierra y aire contra los regimientos sublevados en Campamento. Al día siguiente, García de la Herrán dio una orden disparatada: el Regimiento a Caballo tendría que salir de Campamento e ir a Madrid para entrar en contacto con el sitiado Cuartel de la Montaña. La orden del General era un auténtico disparate porque al igual que las unidades de la Montaña, en Carabanchel también estaban sitiados. Lo más normal es que esa decisión hubiera sido tomada un día antes.  Gutiérrez Mellado sugirió a García de la Herrán que su regimiento no marchara a caballo a la capital sino en camionetas o pequeños vehículos que no llamaran la atención de los aviones. A partir de ese instante empezaron a surgir las dudas entre los defensores de Campamento. Nadie se atrevía a tomar decisiones acerca de cómo llegar a Madrid y al mismo tiempo trabajar en la defensa de los cuarteles. Según Gutiérrez Mellado años más tarde:

“Se perdió un tiempo muy valioso mientras se recrudecían los ataques republicanos”
Al mediodía se dieron cuenta de que la salida del regimiento era imposible. Una enorme columna de milicianos y guardias de asalto se dirigían hacia Campamento, por lo que había que trabajar en la defensa. Una compañía de ingenieros, mandada por el capitán García Benítez, salió al encuentro de la columna consiguiendo frenar el ataque a costa de muchos muertos y heridos. A media tarde, los hombres de García Benítez tuvieron que regresar a Campamento porque estaban exhaustos. La estrategia había cambiado. Los regimientos de Carabanchel deberían atrincherarse en los cuarteles a la espera de recibir algún tipo de ayuda exterior.
Vestido de uniforme el General Gutiérrez Mellado
Anocheciendo, el coronel Cañedo Arguelles resultó herido y el comandante Iglesias se hizo cargo de la situación. La incertidumbre se apoderó a partir de ese instante de todos los sublevados hasta el punto de que llegaron a aparecer en un momento determinado dos banderas blancas. Gutiérrez Mellado aseguró que “fueron los comandantes Muro y Flores (los dos oficiales contrarios a la sublevación) los que las sacaron”. Al poco tiempo, las dos banderas fueron retiradas de la fachada del regimiento. En el exterior del recinto, los ataques por tierra se habían incrementado considerablemente con el paso de las horas.

Gutiérrez Mellado, en estos momentos de incertidumbre, se convirtió en el enlace entre los regimientos de Carabanchel. Su primer cometido fue contactar con García de la Herrán y pedirle refuerzos para el Regimiento de Artillería a Caballo. Al encontrarse con el General, supo que todo estaba perdido: "El General estaba disperso.
 
El ambiente en la zona en la que se encontraba García de la Herrán era lamentable. Faltaba una dirección y la tropa en muchos momentos tuvo comportamientos insubordinados”.
Los refuerzos nunca llegaron. Tras regresar a su unidad, Gutiérrez Mellado comprobó que la situación había empeorado más que nunca. Los muertos se contaban por decenas y otros habían empezado a entregarse a los milicianos. Tras pulsar el ánimo de los compañeros que aún quedaban con vida, decidió darse a la fuga y huir campo a través por la zona sur de los cuarteles. Junto a otros cuatro militares, Gutiérrez Mellado abandonó a toda prisa Campamento. Los oficiales huidos eran: los capitanes Ávila, Marcelo Díaz, García Benítez y un soldado falangista sevillano apellidado Olivares. Este pequeño grupo tuvo que abrirse paso disparando sus fusiles a la altura de la Escuela de Tiro que ya estaba en poder de las milicias.


Huida a Villaviciosa de Odón
Durante horas caminaron en dirección Villaviciosa de Odón, localidad en la que Gutiérrez Mellado se sentía como en casa. De niño había veraneado en este pueblo de Madrid y allí tenía varios familiares y amigos. El objetivo que tenían en mente los cinco fugados era llegar cuanto antes a la zona nacional y pasarse a los sublevados, tal y como había hecho el Batallón de Transmisiones de El Pardo. La expedición se alojó en una casa abandonada ubicada en las afueras de la localidad. Mientras sus compañeros de fuga descansaban, Manuel se adentró en el pueblo hasta llegar a casa de su primo, el abogado Mellado de Zulueta en busca de ayuda. Éste le acogió en su domicilio y le invitó a dormir unas horas (llevaba 72 horas sin pegar una cabezada). Al despertarse, su primo le comunicó que sus compañeros de escapada habían sido detenidos por un grupo de milicianos de Villaviciosa y trasladados a la Dirección General de Seguridad en la capital. En justo en este momento cuando surgen las dudas acerca de la actuación de Gutiérrez Mellado. ¿Abandonó a sus compañeros de fuga para ponerse a salvo él? o ¿Cuántas horas estuvo realmente dormido en casa de su primo a sabiendas de que sus compañeros podían estar en peligro? O ¿Fue una mera casualidad la detención del resto de militares? Cada cual que saque sus propias conclusiones. Gutiérrez Mellado alegó años después que “se quedó dormido en casa de su primo y que al levantarse le informaron de la detención de sus compañeros”.
El alcalde de Villaviciosa de Odón (del Frente Popular) conocía a Gutiérrez Mellado desde su infancia. Alguien del entorno del teniente artillero le comunica al alcalde que Manuel se encontraba en Villaviciosa y que necesitaba ayuda urgente. El alcalde se entrevistó con él en la casa de su primo. En ningún momento le delató y le recomendó que lo más sensato para él sería que se presentase a las autoridades republicanas. Después de varios días pensando la sugerencia del alcalde, Manuel se decidió entregarse el 7 de agosto. Escoltado por una numerosa patrulla de milicianos, Gutiérrez Mellado llegó a la Dirección General de Seguridad mintiendo en su primera declaración policial. Ante los agentes dijo que

“El 18 de julio se encontraba enfermo en Villaviciosa y que no participó en ningún momento en la sublevación del Regimiento de Artillería a Caballo"
CONTINUARÁ

Fuentes:
- Archivo Histórico General (Causa General)
- Centro Documental de la Memoria Histórica
- Consejo de Guerra a Gutiérrez Mellado
- Libro: Un militar del Siglo XX
Gutiérrez Mellado fue protagonista en el Golpe de Estado del 23 F. Cuando Tejero y sus hombres irrumpieron en el Congreso de los Diputados, el Capitán General fue de los pocos que no se tiraron al suelo. Lo primero que hizo al entrar Tejero en el hemiciclo fue pedirle explicaciones. Este video de Televisión Española refleja el papel de Gutiérrez Mellado aquel 23 de febrero de 1981

2 comentarios:

  1. Interesantísimo, profundiza lo que cuenta Luis Villamea en su libro y que yo utilizon en Al Final Perdieron y en La Tesis Prohibida que se inicia con el exyraño caso de Gabaldón...

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  2. Hola Blas. Gracias por tu comentario. Te felicito a tí también por tu blog y me pica mucho la coriosidad por leer 'Al final perdieron', así que en cuanto pueda me compro un ejemplar. Creo que hoy en día, en general, la investigación histórica e incluso las noveles sobre la guerra civil han dejado de tener calidad y objetividad. Algo debería cambiar o mejor dicho, tenemos que trabajar para que cambie. Un abrazo

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