lunes, 6 de enero de 2014

El Padre Huidobro, el jesuita que se convirtió en un héroe de la Legión durante la Guerra Civil

El padre Huidobro

-¡Padre!, ¡ocúltese…!... Que le van a matar.

Era una advertencia que constantemente le hacían al Padre Huidobro los legionarios de la 4ª Bandera, preocupados por él cuando le veían desplazarse de un lugar a otro de la primera línea del frente de batalla buscando heridos, mientras alrededor le silbaban las balas y caían los morteros.

-¡Qué me van a matar! –respondía con tranquilidad e incluso ironía- ¿Quiénes me van a matar? ¡…Los rojos!. No hombre, no; los rojos no  matan…la muerte la decide Dios.

Esta respuesta define las características humanas de aquél sacerdote jesuita: ejemplo de valor desplazándose siempre en línea de combate para realizar su misión sacerdotal con los suyos y por otra parte de respeto, amor y generosidad hacia sus enemigos, a los que no considera culpables de su muerte.

El Padre Fernando  Huidobro  nace en Santander en 1903, en  el seno de una familia acomodada de muchos hermanos, de hecho uno de ellos de nombre Ignacio también era jesuita. En su último año de bachillerato, decide ingresar en la Compañía de Jesús, ingreso al que su madre no se opone pero sí le solicita que inicie sus estudios universitarios hasta que realmente se encuentre convencido de su vocación.

En 1919 ingresa en la Compañía de Jesús al mismo tiempo que continua sus estudios universitarios en los cuales destacaba sobremanera. En el año 1931, vestido de seglar dada la situación anticlerical existente en España en aquella época, el Padre Huidobro trataba de conseguir su doctorado en Filosofía, para lo cual estuvo unos días examinándose en la Universidad Central de Madrid. Algunas fuentes cuentan la anécdota curiosa que aquél joven sacerdote impresionó de tal manera al Tribunal en el examen de Lógica, entre sus miembros estaba Julián Besteiro( de influencia tan importante al término de la Guerra Civil), que no tuvieron otra opción que darle matrícula de honor. En el examen que presidía Besteiro le pidieron que oralmente disertara sobre la teoría filosófica de Kant, aspecto éste que desarrolló con gran perfección y brillantez. Al termino de esa exposición de las ideas kantianas con el total acuerdo del Tribunal, al Padre Huidobro  no le pareció suficiente y disertó de nuevo durante largo tiempo sobre las razones por las cuales él no se encontraba acorde con dicha postura filosófica.

La República y el exilio

La llegada de la República generó una profunda preocupación en el Padre Huidobro. La quema de templos y conventos religiosos, la inseguridad pública y los múltiples asesinatos que se cometían por personas de tendencias políticas extremas había llevado al país a una difícil situación. En enero de 1932 el gobierno de la República decreta la disolución de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes. A este decreto había precedido previamente algunas quemas de instalaciones jesuitas (por ejemplo el colegio de Aranjuez en mayo del 1931). Los jesuitas fueron desterrados de España y encontraron cobijo en otros países europeos (Bélgica, Holanda,  Francia, Alemania, etc).
Convento ardiendo en Madrid antes de la Guerra

El Padre Huidobro se encontraba en Oña en aquella época, de cuyas instalaciones y con otros compañeros, fueron materialmente expulsados por el delegado gubernativo acompañado de la Guardia Civil; en su cuaderno personal, el religioso cuenta aquellos hechos En autobuses marcharon para salir de España por Irún; ya no volvería hasta iniciada la Guerra Civil.

España era su obsesión: a pesar de entregarse con entusiasmo al estudio en distintos países europeos, el concepto de España aparece siempre en su pensamiento, era como si su corazón nunca hubiera abandonado el país que le vio nacer. Y esta obsesión y entusiasmo por España aparece en todas las facetas de su vida: en sus cartas, en sus apuntes espirituales,  en su cuaderno de las intenciones de sus  misas, en trozos sueltos de papel que aún se conservan e incluso en sus conversaciones. El nombre de España salía de sus labios pronunciado siempre con veneración y cariñoso orgullo ante todos los extranjeros: el alemán Padre Maas definía a su condiscípulo Padre Huidobro con estas palabras:

“El Padre HUIDOBRO es para mi un fiel compañero en  mis paseos. Lo que principalmente me gustaba en él, era su grande apego a España por la que tenía profundo amor y entusiasmo”. En apuntes de puño y letra en su cuaderno diario en junio de 1935 : “Amor a la Compañía. Ella y mi madre y España; y por medio de  todos, la Iglesia me ha hecho y por la Iglesia Dios”

Siempre informado de los sucesos que ocurrían en España, el asesinato de Calvo Sotelo  le hizo escribir “…Me horroriza la noticia del asesinato de Calvo Sotelo. Dios le haya perdonado sus pecados de hombre. Era un cristiano y un caballero.  Señor, él te confesó a ti, cuando muchos  te negaban, yo creo que para Tí fue su último pensamiento.  Señor mio Jesucristo para Ti  y para España….¡Recibe Señor esta sangre generosa!....”.

El inicio de la sublevación
Legionarios jurando bandera en 1936
Al tener noticias del Alzamiento en España escribe al Padre General de la Compañía, R.P. WLADIMIRO LEDOCHOWSKI en aquella época, solicitando regresar a España para desarrollar en su patria su sacerdocio como verdadero “soldado de Cristo”. Y escribía pidiendo tal autorización con estas palabras:

 “Fundadamente creemos que la guerra será larga; y yo pienso ser conforme a nuestra tradición y espíritu de la Compañía de Jesús el irme a España; no para coger el fusil, sino para ejercitar nuestros peculiares ministerios: oir confesiones de los soldados que salen a combatir; consolar y esforzar los ánimos;  servir a los heridos en los hospitales o en los campos de batalla; recoger a los niños que tal vez se hayan quedado abandonados; mover las gentes, tras la victoria, a la misericordia y caridad cristiana. Me mueve a pedir esto, el considerar que nuestra Compañía se mostró siempre de las primeras en acudir a tales peligros de guerra, peste y hambres. Los jesuitas que están en España se mostrarán indudablemente dignos de nuestros mayores, pero  no faltará trabajo para los demás que acudamos. Y mostraremos a la vez nuestro amor al pueblo, si desde el destierro, en que nos encontramos, volvemos a la Patria cuando arrecia el peligro.Por lo que a mi toca, preferiría ser enviado allí donde los comunistas todavía dominan, -a Madrid, por ejemplo, o a Santander, mi región- y trabajar porque las almas se conviertan; si no abiertamente como sacerdote, al menos en la Cruz Roja, con obras de caridad, y aún ofreciendo mi sangre por los heridos.Si este ofrecimiento se juzga temerario en exceso, por lo menos envíenme a otras regiones liberadas a las que fácilmente se pueda entrar por Navarra, y en las que siempre encuentran los sacerdotes mies abundante.Salud no  me falta, y sobrellevo los trabajos corporales mas duros que me fatigan menos aún que los del estudio”.

El día 25 de agosto del 36 el Padre Huidobro sale del Colegio de los Jesuitas de Les Avins (Francia) y marcha por París, Hendaya, Elizondo y Pamplona,  donde permanece unos días, desde allí escribiría: “Pamplona 30 de agosto de 1936. Muy amado en Cristo Padre Sánchez Robles: entramos ayer en esta Navarra bendita. Hemos hablado con los requetés que lo llenan todo de religión, idealismo, Patria y hasta elegancia. Con sus boinas rojas y sus uniformes kakis, limpísimos y su correaje nuevo. ¡Que muchachos! ¡Cómo hablan de la muerte!. Antes de salir de Pamplona, ya nos confesamos y luego todas las noches rezamos el Rosario; por lo tanto, ¿para qué tenemos que tener miedo?. Confiesan y comulgan con mucha frecuencia y ellos son apóstoles de los otros….”.

Desde Pamplona, pasando por Burgos donde recibirá instrucciones, marchará hasta Talavera donde el Padre Huidobro se incorpora como Capellán de la Legión el 8 de septiembre, en la columna del Teniente Coronel AsensioEn Cáceres, mientras buscaba destinos para los jesuitas que le seguirían desde el exilio, tuvo  la oportunidad de conocer al General Franco, el cual según sus palabras le dijo cuando se despidieron, con muestras de gran estima por sus ministerios sacerdotales: “Trabaje usted Pater y sus compañeros cuanto pueda por el bien espiritual de nuestros soldados”.
Monolito que recuerda al Padre Huidobro en Madrid

Posteriormente al Padre Huidobro acompañarían otros jesuitas en las distintas Banderas de la Legión, de esta forma se organizarían: Padre García Martín (1ª) Padre Huidobro (4ª) Padre Allende Salazar (6ª) Padre Marín Triana (7ª) Padre Ilundaín (8ª) Padre Hermenegildo Val (9ª), Padre Caballero (10ª).

Si bien en el momento de su presentación ante la 4ª Bandera, el Padre Huidobro, causó una pobre impresión entre los legionarios por su aspecto juvenil casi imberbe(aparentaba unos 20 años),  sus gafas de concha, su pequeña estatura, etc. Sin embargo, muy pronto demostraría su heroísmo y celo apostólico, hasta el punto que muchos ante su comportamiento en la batalla tomarían conciencia de la llegada de un auténtico legionario que cumpliría a la perfección el  himno de la legión, “tan valiente y temerario…”,“de bravura sin igual”.

Su vida en las trincheras de Madrid

Desde su incorporación a la Legión, siempre tuvo como uno de sus ideales, además de su apostolado cristiano como Capellán Castrense, el Credo legionario: arrojo casi temerario sin miedo a la muerte. En la búsqueda y asistencia a los heridos en la batallas, incluso a los enemigos, se lanzaba fuera de las trincheras y parapetos cuando mayor era el batir de los obuses y fusilería con el fin de prestar apoyo a los heridos y/o darles la extremaunción antes de su muerte. Se desplazaba por las trincheras  y fuera de ellas a lugares donde los propios  camilleros no se atrevían a llegar. El padre Huidobro confesaba a otro sacerdote días antes de su muerte en la Cuesta de las Perdices
“Solamente el amor de Dios y el saber se hace muy grande bien a los legionarios durante su vida y en especial ayudándoles cuando ya se encuentran a punto de muerte, es lo que me mueve a ser Capellán y a estar en el frente”.

Hablaba de sus legionarios con tremendo cariño. Les conocía por sus nombres, sabía de sus vidas y de sus familias, pasaba con ellos largas horas en las trincheras como un soldado más, apenas dormía, no comía con los oficiales como así le correspondía por la graduación que le asignaban como Teniente Capellán, sino que prefería comer con los soldados su rancho, en los comedores e incluso en las trincheras,  a veces quedándose sin comer para no quitar comida a sus legionarios. Era humilde y sencillo, un auténtico proletario y si se inclinó hacia el bando nacional era por su amor a una España unida y católica, muy distinta a la otra España dominada por los “sin Dios” como llamaba a los del otro bando, hacia los que sentía piedad: “Su  piedad –afirma de él un padre que le trató en Alemania en sus últimos años- con ser filial y sentida y hasta tierna, como en San Ignacio, tenía tonos de clarines de guerra y rasgos de capitán en batalla; como en San Ignacio también. Su piedad eran esencialmente varonil y militar. En sus palabras espirituales y de apostolado había tintinear de espuelas. El era el Padre confesor ideal con que puede soñar un soldado, un obrero, un hombre. Es que se había entregado sin reservas, como un caballero sabe entregarse, al servicio de Dios y al entero sacrificio por su santa causa”.
Trincheras en las que estaba el Padre Huidobro en Madrid

Aquél comportamiento de auténtico legionario poco a poco le granjeaba el cariño de los soldados que le consideraban uno más entre ellos y su ejemplo de heroísmo les acercaba a la espiritualidad que tanto deseaba lograr. Más de uno llegó a decir de él:
"¡Con qué orgullo vestía el uniforme legionario el Padre Huidobro! En él existía una dualidad, su gran amor por España de ahí que vistiera con tal orgullo el uniforme de las tropas nacionales, y su gran amor por Jesucristo, de ahí su amor por la compañía de Jesús y la ausencia de miedo a la muerte con la que vivió la guerra el sacerdote. ¡Qué similitud entre Compañía de Jesús y Banderas de la Legión! Para el soldado de la Legión era característico el grito por España de ¡Viva la muerte!, para el soldado-sacerdote jesuita morir por Cristo era su auténtico ideal"
Existen innumerables testimonios  en relación al Padre Huidobro “El Padre  ganó  la voluntad de todos –afirma el legionario Francisco Quiles-; y en donde iba, íbamos todos con el corazón en la mano, sin temer a nada porque era gallardo y valiente y defensor de la Santa Fe de Dios y de la Patria. Pues él siempre estaba al lado de los legionarios, dándoles ánimos y diciéndoles “¡Valor que Dios está con nosotros!” Y estas palabras, animaban de tal manera a los legionarios”.

Así hablaban los legionarios del Padre Huidobro

Cuentan uno de sus biógrafos que en el avance hacia Madrid se encontraba un día parte de su Bandera en las cercanías de Santa Olalla de Toledo, ante una difícil posición de los republicanos atrincherados tras un grueso paredón: dudaban aún qué hacer, pues los legionarios eran muy pocos y no querían exponerse a un fracaso; de pronto en un arranque de entusiasmo, se pone en pie el primero el Padre Huidobro, enarbolando en su diestra el Crucifijo: “¡Adelante, muchachos! ¡Viva España! ¡Viva Cristo Rey!”. Todos enardecidos le siguieron y la posición enemiga se tomó. Refirió este hecho un sargento de la 4ª Bandera que meses mas tarde fue herido mientras luchaba en el frente de Aragón.

Un legionario herido en un Hospital hablaba así del Padre Huidobro: “Cuando asaltan las trincheras, el Padre va siempre en primera línea con ellos, les da a besar el Crucifijo y los bendice y absuelve. En ocasiones se ha traído a hombros, heridos de los rojos para confesarlos antes de morir”.El valor y heroísmo del Padre Huidobro y su entrega total a su ministerio era la primera impresión que veían los legionarios en él. Un soldado cuando avanza hacia el enemigo, gran parte de su valor lo obtiene al verse y ver a sus compañeros con su fusil y sus bombas de manos: se siente capaz de sobrevivir y seguir luchando. Por eso se sorprendían tanto cuando veían a su Capellán que sin estas armas se mostraba tan valiente como ellos.
Estampita del padre Huidobro

“A los dos o tres días de incorporarse a nuestra Bandera –escribe el Sargento Gutiérrez-, ya se empezó a decir lo valiente que era y la forma de andar entre los tiros. El marchaba en vanguardia, con su Crucifijo en la  mano y sin armamento alguno.Al levantarnos al día siguiente, le llamé aparte y le dije que aceptara una pistola, pues no se podía hacer lo que él hacía: Ir en vanguardia con solo el Crucifijo en la mano, expuesto a que lo  quitaran de en medio. No hubo forma de convencerlo. Todos mis argumentos eran refutados magníficamente por él y  me decía “¡Rafael: que yo no puedo matar!. Y no logré convencerlo”.

En este ambiente legionario, en el que se sentía completamente adaptado, escribía a su hermano Ignacio también jesuita: “Querido Ignacio: Sabe que te escribo (en las riberas del  Jarama, junto a Arganda) y cruzan por encima de la cabaña donde vivo, los proyectiles de la artillería. Aquí se engrandece el alma ruin en este ambiente de heroicidad, de contacto inminente con la muerte.Los peligros pasados no eran nada comparados con los que llevo esta última temporada. Pero así vive,  -muriendo-, toda esta 4ª Bandera, humildemente gloriosa entre todas. Yo no me puedo quedar atrás en hacer por las almas y por Dios lo que por Dios y por la Patria hacen ellos, con menos gracias. ¡Cuánto valen estos muchachos y como se desgarra el corazón cuando mueren los mejores!"Nunca agradeceré a Dios bastante el haberme traído. En los grandes heroísmos y en los grandes dolores que nos rodean, se entra en la vida, hasta lo mas hondo. Nunca como ahora había visto yo las entrañas de los hombres palpitantes por la herida horrible que la metralla o la bala explosiva abre en el cuerpo; nunca tampoco las almas que sufren, las grandezas que llevan dentro, los dolores. Mi educación, sin la guerra, hubiera sido defectuosa”.

Durante los meses de guerra no dejaba –a menos  de estar físicamente impedido-, su Misa diaria. Fue muy frecuente en él levantarse –descansando aún sus legionarios-, a las dos o tres de la mañana para no dejar de ofrecer el Santo Sacrificio antes de emprender la marcha militar o el ataque. Decía misa en cualquier parte: en las trincheras, en las tiendas, en descampados, incluso entre las ruinas del Hospital Clínico el tiempo que estuvo su bandera allí asentada.

La ofensiva sobre Madrid

El 5 de Noviembre del 36 el Padre Huidobro estaba en Brunete y escribía “Ahora mismo nos mandan salir para Móstoles. Espero que la próxima marcha será sobre Madrid”. El día 7 cayó herido en el combate de Retamares. Castejón, por su parte, ordenó avanzar desde los polvorines de esta posición hacia la Casa de Campo. En medio de aquella lucha feroz, resonaba irresistible en  los oídos de los legionarios la orden de su bravo Comandante que ya vertía copiosa sangre por la cadera rota: “¡Aguantad, muchachos, ni un paso atrás…!”.

El día 8 de noviembre, al atardecer, entraron por sorpresa en la Casa de Campo los legionarios de la 4ª Bandera, por un boquete abierto en la tapia. Se albergaron aquella noche en la Casita del patinaje muy cerca del Lago grande. Y antes de amanecer el día 9,  el choque fue feroz. Duelo a muerte. Muchas bajas. La Casita del patinaje se convirtió en Puesto de Socorro;  y muy cerca también, en primerísima línea, estaba el puesto de Mando.  Hacia las 8 y media de la mañana era tan grande el tiroteo y la cantidad de balas, que aún dentro del Puesto de Socorro y con todas las ventanas cerradas, habían muerto estando dentro 9 personas víctimas de ellas: los proyectiles en la casita entraban por todas partes.

Su primera herida grave 

En esa Casa de Socorro estaba el Padre Huidobro: mientras el número de heridos aumentaba sin parar el Padre, con el médico y dos o tres practicantes, se mostraba infatigable en organizar su salvamento y traslado. Estando en esta situación uno de los proyectiles que entraron dentro de la casa golpeó al Padre  junto a la rodilla en la rótula, atravesándole la pierna la bala y también le había interesado tendones, aspecto que le hacia sangrar mucho. A pesar de su herida,  no consintió ser evacuado del Puesto de Socorro a otras mas atrasados en la retaguardia, porque como él decía tenía que atender a los numerosos heridos que continuaban llegando. El mismo Padre Huidobro en carta escrita días después nos describe con brevísima sencillez un aspecto de este cuadro:
 “La mañana del mismo día 9 entró herido en la caseta donde yo estaba ya con el balazo, un Oficial de carros de combate. Me arrastré a su lado, y tendidos los dos en el suelo le confesé, porque tenía el pecho herido de un balazo de explosiva y estaba pálido como un muerto”

Lo evacuaron al Hospital de Griñón, que estaba instalado en el que fue Colegio de Hermanos de la Doctrina Cristiana, desde allí hechas las primeras curas es trasladado al Hospital de Talavera. Al respecto escribía:  “Mi herida me avergüenza. Ha sido una herida de postín un tirito de suerte para provocar homenajes y felicitaciones por eso que se llama el “bautismo de sangre”. Y tanto  me avergüenza que me consumo en deseos de volver al frente. Mientras yo estaba bien cuidado en la cama, -aunque sangrando el alma.-, iba llegando noticias de bajas y bajas, que de habían caído muertos éste y aquél, por quienes yo y por su salvación eterna, tenía ofrecida a Dios mi vida”  . De hecho apremiaba a los médicos del Hospital a que le dieran el alta aún sin estar restablecido del todo, incorporándose así cojeando a su Bandera.
En esta zona de la Casa de Campo resultó herido Huidobro


Una de las religiosas del Hospital de Talavera donde se recuperó finalmente de su herida, le dijo que puesto que  le habían dejado cojo, quizás en vez de volverse a la guerra se podía quedar en aquél Hospital de Capellán. El Padre Huidobro, con sonrisa bien significativa, le contestó de pronto “Cojo era San Ignacio y no fue Capellán de monjas”. El día 11 de diciembre de 1936 aparece firmado un resguardo que le entregó el Jefe de servicios del Hospital Militar de Toledo “Sale de alta a petición propia, para incorporarse al frente con su Bandera”.- Como el doctor le dijo: “Para cuidarse como usted se cuida, bien puede irse con sus legionarios si están en el Clínico”.

A pesar de la ayuda de su bastón, el viaje hasta la Ciudad Universitaria donde estaba su Bandera le resultó bastante penoso, y eso que su gran amigo el legionario Sargento RAFAEL GUTIERREZ se lo suavizó con su compañía, y después este Sargento comentaría

“Se recibe aviso en el Clínico de que el Padre Huidobro sale del Hospital para incorporarse. Habló él por teléfono desde campamento con el Jefe y después habló conmigo. Le prometí que alguno bajaría a recogerle pues el camino desde allí al Clínico estaba lleno de peligros; no había camino cubierto y todo él había que recorrerlo a pecho descubierto.Bien sabía yo que no le había de faltar un brazo de legionario en que apoyarse –ya que estaba cojo todavía- pero decidí bajar yo en persona por él, demostrándole de esa forma lo mucho que lo apreciaba. Bajé pues en el convoy. Al verme el Padre me abrazó como a uno de la familia. ¡Como se le notaba el contento que sentía de verse ya entre nosotros!Nos pusimos en marcha. ¡Fue un calvario!. Llovía torrencialmente. No teníamos camino ninguno, pues era necesario entrar despistando al enemigo, por el Parque del Oeste hasta llegar a la Escuela de Arquitectura y de allí al Clínico, entre un barrizal tremendo y una verdadera lluvia de balas, cañonazos y morteros. El se cogió de mi brazo y al fin conseguimos llegar. Pero, ¡cómo llegó el pobrecillo!¡Iba que daba pena!...La pierna no le dejaba andar…”.

El día 1º de enero, Circuncisión del Señor celebra la compañía de Jesús su fiesta titular. Los dos Padres Jesuitas destacados en la Ciudad Universitaria, Huidobro y Caballero la conmemoran con una comida, así como con los oficios religiosos (confesión y comunión) que corresponden en ese importante día y renuevan el Acto de Consagración de la Compañía al Corazón de Jesús. Estaban en la única habitación que aún quedaba casi intacta:  No había altar, el Padre Caballero se descubrió la bolsita que al pecho llevaba el Santísimo Sacramento, y los dos se arrodillan. El Padre Huidobro apoyado en una  mesa y sin  poder todavía doblar su pierna derecha, iba repitiendo completamente absorto y con grandísima devoción y sencillez la fórmula que el Padre Caballero rezaba. Era ya tarde y  los Capellanes se dan el abrazo de despedida correspondiente y rezan un Padre Nuestro por sus demás hermanos,  los jesuitas cautivos en aquél Madrid rojo tan cercano.
Ruinas del Hospital Clínico: murieron muchos legionarios allí

Participó activamente, como Capellán de su Bandera, en los enfrentamientos que tuvieron lugar en el Hospital Clínico entonces en poder de las fuerzas nacionales. El 13 de enero una mina, la segunda, sacudió el Hospital Clínico y arrancó de cimientos gran parte del edificio, dejando a la mayor parte de la Compañía allí situada, separada de su Comandante. Tras la importante sacudida explosiva se produce un asalto por parte de las fuerzas republicanas que es rechazado. Las explosiones se sucedieron mientras las distintas Compañías de la Bandera de la Legión resistían, unas de ellas la del 17 de enero del 36 quizás la más importante, arrancaron de sus cimientos dos grandes cuerpos del edificio de nueve pisos.

En su ejemplaridad el Padre Huidobro solía acompañar a los legionarios que se encontraban, por turnos, en la posición avanzada del Hospital Clínico, y sobre todo acompañando a los centinelas que parapetados, entre los pasillos tenebrosos y oscuros del Hospital, escuchaban los picos y palas de los milicianos encargados de colocar las minas explosivas que nunca sabían dónde ni cuándo iban a estallar.

Su muerte tras nueve meses de guerra

En el domingo 11 de abril de 1937 hacia el mediodía ante una fuerte contraofensiva del ejército popular, el Padre Huidobro muere a causa de un obús que explosiona en un chalet situado  en la Cuesta de las Perdices en la entrada al pueblo de Aravaca, y que los Legionarios utilizaban como puesto de socorro: acababa de entrar procedente de la primera línea de fuego, acababa de oír que le decían “Padre ocúltese que le van a matar, no ve como silban las balas” mientras buscaba heridos por el campo, acababa de presentir la necesidad de su ministerio en el Puesto de Socorro. En ese mismo lugar, tumbado en una camilla y envuelto en su capote,  permaneció dos días mientras se informaba a los Padres Jesuitas y se preparaba una caja de madera y se congregaban sus compañeros para el sepelio.
Nicho en el que fue enterrado el Padre Huidobro el Boadilla

“Acaba de perder la Legión un verdadero Padre, la religión un santo y España un  héroe” fueron las palabras pronunciadas por el Comandante de la 4ª Bandera.Fue enterrado en el Cementerio de Boadilla del  Monte al atardecer del día 13. En el Cementerio, con el General de la División Iruretagoyena y todo su Estado Mayor,  el Comandante Calvo, El Conde de Argillo (consuegro de Franco), el Capellán del Hospital de Boadilla y mas de cuarenta Guardias Civiles  se rezó un  responso, colocaron la caja en un nicho nuevo y algunos Guardias Civiles lo cerraron el con ladrillos. La emoción de aquél sencillo y humano acto,  silencioso y solemne al mismo tiempo, corrió como una brisa por el lejano frente de batalla donde se encontraba la 4ª Bandera, y muchos legionarios derramaban unas lágrimas, a la vez que lo hicieron aquellos que lo presenciaron.

El Teniente Coronel de Artillería Luis Alarcón en carta a su familia, decía “…todos le teníamos un gran afecto,  ya que sus condiciones de valor, virtud, talento, abnegación y sobre todo entereza de héroe, eran muy difíciles de reunir en una sola persona. Y este es el elogio póstumo que de él hacen desde sus Jefes al último soldado”.

Existen algunas controversias en relación a la muerte del Padre Huidobro. En primer lugar el punto exacto donde murió que algunos sitúan en el monumento que en su memoria existe en el kilómetro 8 de la carretera de La Coruña. La realidad es que la mayoría sostiene que no fue ese lugar en el que murió sino en las primeras casas donde se iniciaba el pueblo de Aravaca  y que el crecimiento de tal población impidió situarlo en el sitio justo. Otra fuente de discrepancia radica en cómo fue muerto. La mayoría de los historiadores opinan como se ha expresado antes, la metralla de un mortero que entra en el puesto de socorro donde solía situarse el padre Huidobro, pero otros historiadores como Paul Preston opinan que no fue la metralla del obús la causa de su muerte, sino que fue una bala amiga por la espalda la que terminó con la vida del Padre Huidobro y esto debido a la gran actividad y defensa que siempre mostró de los soldados enemigos que en el transcurrir de las batallas eran hecho prisioneros. Estos interrogantes, ocasionaron que el proceso de beatificación del Padre iniciado por la Compañía de Jesús se suspendiera.

Fuentes consultadas:

- Un capellán héroe de la Legión, Rafael Valdés
- El Holocausto Español, Paul Preston
- Archivo Militar de Ávila
- Causa General
- Archivo General de la Administración

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7 comentarios:

  1. Si es cierta la afirmación de los investigadores del Vaticano, me parece una falsificación muy burda, porque es muy fácil comprobar si un cadáver ha muerto a causa de una bala o por la explosión de un proyectil de artillería.
    Lo que está muy claro es que la Iglesia nunca fue buscando las conductas propias de un santo entre los clérigos muertos en la guerra civil, sino las muertes "gloriosas" y que los hubiera matado el bando republicano.
    Los curas muertos por el bando nacional no les valen para la causa, aunque fueran también asesinados.
    Desde luego, los escritos del padre Huidobro seguro que serían un quebradero de cabeza para más de uno y podrían haberle quitado apoyos internacionales al bando nacional entre los católicos de todo el mundo, si este asunto se hubiera conocido en el Vaticano.
    Saludos y enhorabuena por la entrada.

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    1. Gracias alidado. La polémica siempre estará encima de la mesa sobre la muerte del padre Huidobro. Es cierto que hubo mucha propaganda, sobre todo en la posguerra, pero creo que su figura tuvo algo más. Tras leer varios diarios de los legionarios, me he dado cuenta de que el padre Huidobro estaba hecho de una madera especial. Y por otro lado, yo estoy de acuerdo en cierta manera en la no beatificación de su figura si nos ceñimos a lo estrictamente religioso. El padre Huidobro murió en una acción de guerra y no como consecuencia de su fe. Es cierto que podía haber permanecido en la retaguardia y estar en primera línea de combate le exponía a la muerte. Eso es indudable, pero a él no le mataron porque era católico, sino en un lance del combate. Para mí, sí murió heroicamente, pero no tiene que convertirse en santo.

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  2. A Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Francisco de Borja y muchos otros más los declaron santos porque eran santos y no por matarles por católicos, si una persona es santa, pues lo es y el Padre Huidobro seguro que lo era.

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    1. Y los elefantes vuelan..... jajajajajaj madre mia como estan las cabezas...

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    2. Y los burros escriben, tú eres buena prueba de ello "Anónimo 2 de diciembre de 2014, 9:05".

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  3. Para aquilatar la santidad del P. Fernando Huidobro, es indiferente el objeto que le causara la muerte, un obús de artillería o una bala. El P. Huidobro murió ejerciendo su santo ministerio, habiendo dado sobradas muestras de santidad y heroicidad en el cumplimiento de su labor como sacerdote, atendiendo igualmente, según testigos, soldados del bando nacional y del bando enemigo. Era un Santo sin duda.

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  4. Por la espalda? Prácticamente todos los historiadores coinciden, no se sabe el lugar exacto y el fantasioso subjetivo Paul Preston sabe desde donde salió el proyectil. Jajjaja,siempre intencionado y con fines políticos Preston. En dos palabras "menudo payaso"

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