miércoles, 11 de junio de 2014

García Oliver, el anarquista que se opuso al independentismo catalán

García Oliver en la guerra

En esta época de crispación, dónde los políticos catalanes, tratan de adoctrinar a su electorado sobre la necesidad de la independencia, como intento de ocultar el fracaso y la corrupción de los gobernantes, buscando el chivo expiatorio “español”, un blogs sobre la guerra civil española obliga a tomar posición respecto a este tema, dado que la proclamación de Cataluña como república independiente fueron una de las causas que origen de la Guerra Civil.

Tras algunos intentos frustrados de Francesc Maciá por proclamar un estado independiente, para lo cual el pobre iluso estaba reclutando un ejército en Francia que invadiera Cataluña, y que el Estado Francés supo poner freno, a pesar de que no tuviese la valentía los seguidores de Maciá, como no la tienen ahora los independentistas catalanes, de reivindicar la parte francesa que perteneció al REINO DE ARAGON.

García Oliver líder anarquista, catalanoparlante y Ministro de la Justicia de la República Española durante el período de la guerra, ya se opuso con fuerza y rigor a la independencia de Cataluña. Natural de Reus (Tarragona) y camarero de profesión, permaneció muchos años en la cárcel con anterioridad a la guerra en su lucha por y para los trabajadores. Propugnador e ideólogo de un comunismo libertario y siendo líder del sindicalismo ácrata extendió éste a toda España: él apelaba a la unión de todos los trabajadores españoles de una manera igualitaria y sin hacer mención a regionalismos o separatismos.

Es curioso la similitud de este trabajador español con otro militar español, como él, nacido en Reus (Tarragona), nos referimos al General PRIM, hombre de estado para el que la importancia de España le llevó incluso al sustituir el reinado de los Borbones trayendo a España a Amadeo de Saboya. Hoy en día este General español tiene una de las más importantes Plazas de Reus lugar donde se celebran los principales acontecimientos de la ciudad, ¡qué paradoja!.

García Oliver describía a Companys como jefe del gobierno de una pequeña república mediterránea, que como lo habían sido todas los dirigentes de estas repúblicas italianas del renacimiento, se aburrían en la inmensidad de sus palacios de los que no podían salir a la conquista del mundo. Para García Oliver Companys, la Esquerra Republicana de Cataluña y la Generalidad eran de esencia burguesa, y decía que tenían que defender el sistema de vida burgués en casa propia: “Tener dos muchachas de servicio, dos automóviles, uno para ir al trabajo y otro, con chófer, para llevar a la señora de compras y a las visitas; pasar por los colmados para comprar jamón serrano y chorizos riojanos; y por la Mallorquina de la calle Petrixol a comprar ensaimadas y para el chocolate de la tarde y el tortell de crema para después de la comida o cena”.
Grupo de anarquistas entre los que están Oliver y Durriti


Y hoy ¿los trabajadores catalanes opinan como García Oliver?, ¿les van a pagar la pensión a sus ancianos padres que han vuelto a sus lugares de orígenes en Castilla, Galicia o Andalucia, después de trabajar muchos años en Cataluña?, ¿les disertaran en catalán sobre las excelencias de esa gran y antigua nación mediterránea?, o tal vez le pedirán que se queden con sus nietos los “Jordis” durante un mes de verano, para que de esa manera conozcan la lengua española y puedan en el futuro viajar al mundo en busca de trabajo, dado que con el catalán no pueden salir más allá de sus fronteras.

Invito a los lectores de este blog a que lean el siguiente capítulo que García Oliver escribió el 27 de febrero de 1932, mientras se encontraba preso en la Cárcel Modelo en su lucha por los trabajadores, también por los españoles. Dicho escrito aparece publicado en su libro “El eco de los pasos”.

“ Hace solamente unos quince años, los trabajadores de Cataluña dieron patentes pruebas de haber superado la tradición histórica de su pueblo. Cataluña, la Cataluña auténtica, la que trabaja y piensa, había relegado al olvido, como quien se desprende algo que por anticuado es inservible, el anhelo separatista que de una manera tan pobre e insustancial se empeñaban en sostener un puñado de sacristanes investidos de los atributos de la literatura. La Historia de Cataluña de Victor Balaguer, ni siquiera era leída por las personas más cultas de la intelectualidad catalana. El pueblo hacia tiempo que había dejado de leer los acaramelamientos patufetistas a lo Folch y Torres, quien solamente conseguía entretener los ocios de las estúpidas hijas de los burgueses.

El trabajador catalán pensaba y obraba por encima de sus estrechas fronteras locales. Todo lo más, recogiendo la parte sana de su espiritualidad, ofrecía a los pueblos ibéricos un tipo de organización proletaria que como la CNT, permitía dentro de sus amplios principios federalistas, la posibilidad de estrecha y fraternal convivenciade todas las regiones peninsulares. Cataluña se superaba ella misma, y aparecía ante el mundo revestida del más elevado sentido de universalidad.

La CNT dio un serio golpe a todos los localismos, regionalismos y separatismos de España. Por primera vez, los españoles encontraron un punto de convivencia y mutua compenetración. La espiritualidad federalista e internacionalista del anarquismo, habían obrado el milagro. Tocaba a un puñado de aventureros de la política, el ser los atentadores y destructores de este caso de simpatía y fraternidad ibérica, que ojalá pueda verse restaurado y hecho extensivo a todos los pueblos del globo.
Varios miembros de la CNT en las calles de Madrid


Mientras que por un lado la CNT se dedicaba a la gigantesca labor de dar una unidad federalista a los trabajadores españoles (elemento indispensable para poder realizar sobre bases sólidas la gran revolución social, que se proyectaba en nuestro país), había por otro lado en Cataluña, un pequeño núcleo de tenderos, curas y ratones de sacristía que se dedicaban a hacer política separatista. Nadie les hacia caso. Vivían ahogados por la gran gesta revolucionaria que llevaban a cabo los trabajadores de Cataluña y España. Pero vino la dictadura de Primo de Rivera y, con ella, la idiota política de perseguir a esos cuatro tenderos, curas y ratones de sacristía, produciendo una leve excavación (exaltación de aquél sentimiento de catalanidad que tan acertadamente definiera el poeta José Carner y que nada tenía en común con el sentido político separatista de los cuatro logreros de la política de cuatro barras y la estrella solitaria.

Con la persecución de los pocos separatistas, vino la desbandada hacia el extranjero y los complots ridículos de gentes que, inútiles para el trabajo, se pasaban el tiempo en las mesas de cafés diciéndose pestes unos de otros y demás tonterías por el estilo. Nada grande ni de importancia acometieron aquellos separatistas contra la dictadura priomoriverista, ni por la obtención de su cacareada independencia. París, el de la holganza, la bohemia y la golfería, se les ofrecía con todos los atributos de sus reducciones. ¿Quien de aquellos vividores, que se decían separatistas, pensaba sinceramente en la independencia de Cataluña?. Bien claro que se ha visto: ninguno.

El separatismo de los separatistas de Cataluña, la idealidad de esos hombres que hace unos meses, cuando dirigían sus operaciones al pueblo, se llenaban la boca con aquellas expresiones de "queridos hermanos" "os quiero como a hijos míos" y demás zarandajas paternalistas, ha quedado demostrado hasta la evidencia que tanto su separatismo como su idealismo quedaba reducido a un afán de comerse a Cataluña, a San Jorge y a la misma Generalidad antigualla carcomida que con muchas prisas y sudores extranjeros de los archivos históricos tan pronto como los gobernantes de Madrid tuvieran un poco sobre los patriarcales bigotes de Maciá.

De hombres y políticos traidores ¿qué se podía esperar?. El humillado por un superior gusta de humillar a sus inmediatos inferiores. Aquellos políticos hambrientos de sinecuras, arriaron la bandera del separatismo solamente porque se les tolerara el comer a dos carrillos. Por de pronto se comieron las barras y la estrella solitaria; después, todo cuanto ha caído bajo sus fauces abiertas, hasta su propia vergüenza.
Oliver dando un discurso en Barcelona


Pero había unos hombres, los anarquistas, que les estorbaban durante su cotidiano deglutir. Los anarquistas les decían a los trabajadores cuántos apetitos inconfesables esconden las melifluas palabras de los políticos, aun cuando esos políticos, se denominen de "la izquierda catalana". Y a medida que los anarquistas conseguían que el pueblo trabajador fuera dejando, despreciativamente, a los políticos que comían y a los que estaban a dieta esperando su turno, los hombres de ese partido que se denomina Izquierda Republicana de Cataluña, palidecían de ira al pensar que la propaganda anarquista, de seguir extendiéndose, amenazaba con arrancarles la pobre Cataluña que ellos se tragaban.

Fue entonces cuando los políticos agazapados en la Generalidad, se juraron el exterminio de los anarquistas. Aún retumba el eco de las palabras de amenaza pronunciadas por Lluhi Y Vallescá en el Parlamento, al referirse a los dirigentes de la Federación Anarquista Ibérica. Reciente aquella expresión rufianesca de Companys al decir después de la huelga general de septiembre, que había que apretarles los tornillos a los extremistas de Barcelona. Calidad y de actualidad resultan todavía, aquellas declaraciones de Maciá en las que decía que era de suma necesidad expurgar a Cataluña de los elementos morbosos.

Se han cumplido las amenazas de Lluhi y Vallescá, los deseos de Companys y las saludables intenciones de Maciá. Los hombres de la Federación Anarquista Ibérica, los extremistas, los morbosos, ya están presos los unos y ya marchan hacia la depuración los otros.

¿Que más os falta, señores de la Izquierda Republicana de Cataluña?¿Ya podéis comer y digerir bien?¿Para cuándo ese Estatuto ridículo que no podría servir ni para regir los destinos de una sociedad de excursionistas?

Desde hace años, la CNT, organismo anarquista y revolucionario, bajo sus principios federalistas acogía a todos los trabajadores de España, dándoles al mismo tiempo una unidad espiritual. Hoy, los elementos verdaderamente sanos de la CNT los no contaminados por el virus político y burgués que es casi decir todos sus militantes, han reemprendido la magna tarea de refundir en una sola idealidad los sentimientos del proletariado ibérico. Frente a los militantes anarquistas de la CNT, se levanta con su política localista y regionalista, aquellos cuatro tenderos, curas y ratones de sacristía de ayer muy bien enchufados hoy a las arterias de Cataluña, pretendiendo destruir la solidaridad del proletariado español.

Dentro del palacio de la Generalidad elaboraron un Estatuto que decían concretaba las aspiraciones de Cataluña. Hubo una farsa de plebiscito para su aceptación. El Estatuto será o no será aprobado por las Constituyentes. ¿Qué mas da?--- Cataluña y esta vez de una manera verdaderamente democrática ha dicho ya cuál tiene que ser su Estatuto, su auténtica manera de vivir para el futuro.... Cataluña, solidaria otra vez del resto de España, desprecia a sus políticos, y mientras que en Corral de Almoguer, Almarcha y otros pueblos hispanos izaban la enseña revolucionaria como símbolo de sus apetencias renovadoras Figols, Cardona, Berga, Tarrasa, en un bello amanecer, cuando las brumas se disipaban, descubrían al mundo un nuevo porvenir bajo el aleteo electrizado de sus rojos y negros.

Ya pueden los enchufados enemigos del proletariado catalán, amenazar a los componentes de la Federación Anarquista Ibérica y pedir que se aprieten los tornillos a los extremistas y propugnar exterminios de morbosos.

No importa, Cataluña ha dicho ya, y eso de una manera que no deja lugar a dudas, que quiere vivir sin políticos; sin burgueses, sin millonarios, sin curas, ni ratones de sacristía. El obrero catalán se funde otra vez con el obrero de España y del mundo entero. Por encima de la Izquierda Catalana y de sus encubiertos corifeos".

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