sábado, 28 de marzo de 2015

El espía de la República que conquistó Hollywood

Baltasar Fernández Cué, tras ser detenido tras
la Guerra Civil por pertenecer al SIM

Vivió tantas vidas que la suya podría haber servido para uno de los guiones que escribió en su etapa en Hollywood, pero su historia pasó prácticamente desapercibida en la prensa de la época. Hay que rebuscar en las hemerotecas para reconstruir quién fue Baltasar Fernández Cué (Llanes, 1878), un asturiano que dejó su tierra para descubrir mundo, y que estuvo a punto de ser ejecutado hasta en dos ocasiones por su papel en la Guerra Civil española.

Fernández Cué estudió en Francia y Londres, donde se hizo ingeniero, pero su verdadera vocación era la literatura. Con ese sueño se marchó a México a principios del siglo XX, y allí llegó a convertirse en todo un referente periodístico, tras dirigir varios periódicos de renombre en el país. Sus duras críticas contra el presidente mexicano Victoriano Huerta le costaron el exilio, y se marchó cuando algunos ya le habían puesto precio a su cabeza. De allí se marchó a Los Ángeles, ciudad humeante de estrellas de la gran pantalla, entre los que llegó a hacerse un hueco, primero como corresponsal de varios periódicos españoles y más adelante como guionista de cine. Allí trabajó en RKO y Universal, pero saltó a la fama por adaptar al castellano las grandes producciones de la época, entre ellas 'Drácula', donde coincidió con su amigo el actor Barry Norton, y otros títulos como 'Los que danzan' o 'La voluntad del muerto'.

Habitual en los rodajes de la época, solía codearse con los grandes directores de entonces y acudía a las fiestas privadas que daban los artistas en sus casas, lo que prueba su gran vida social en Los Ángeles. Hizo gran amistad con Bebe Daniels, famosa actriz del cine mudo que protagonizó títulos como 'El halcón maltés', y también estuvo muy unido al gran sex symbol de la época, Rodolfo Valentino, con el que compartió más de una fiesta en su mansión, como aparece bajo estas líneas (Valentino es el sexto por la derecha; Baltasar el tercero por la derecha).
Fernández Cue en una fiesta en Los Ángeles. Es el tercero de
la izquierda (Hemeroteca Nacional)

Años después regresó a Madrid para ejercer de periodista cultural y allí escribió crónicas de la filmografía de Hollywood en Debate y en Blanco y Negro, entre otros medios. Pero estalló la Guerra Civil, y Baltasar se convirtió en el corresponsal bélico del Daily Telegraph inglés y de la agencia norteamericana International News. No gozaba de la simpatía del Frente Popular, que le tachaba de conservador y su trabajo chocó contra la censura republicana, que consideraba sus crónicas "muy benevolentes" con el enemigo. Sus constantes enfrentamientos con el jefe de censura de Madrid, Arturo Barea, hicieron que fuera investigado a conciencia por los republicanos para conocer sus tendencias ideológicas, así que decidió cambiar de rumbo y entró a trabajar en el periódico El Socialista, para no levantar sospechas.

Por aquel trabajo cobraba 600 pesetas al mes, con las que se costeaba a duras penas una habitación en el Hotel Darde, cerca de la Gran Vía. Desde allí fue testigo de excepción los bombardeos de la aviación nacional y del terror frentepopulista que le costó la vida a otro cliente. Entabló amistad con dos sacerdotes que se habían ocultado allí haciéndose pasa por partidarios de la República, y uno fue descubierto y fusilado cerca del Cuartel de la Montaña, algo que le marcó profundamente.


Fichado por el SIM

Tras un año trabajando en el diario, el nuevo director de la publicación le encargó que escribiese los editoriales y coordinase la sección de opinión, algo que chocaba contra sus propias ideas, pero que tuvo que llevar a cabo. En ese puesto conoció a Ángel Pedrero, que fue nombrado director del Servicio de Información Militar, el SIM, que era el servicio de inteligencia republicano. Nunca congeniaron en exceso, pero Pedrero se fijó en él y le pidió que se incorporase al SIM, y Baltasar aceptó. Durante aquellos años, el SIM se encargaba de localizar a posibles franquistasinfiltrados en territorio republicano y desarticular a las organizaciones de la Quinta Columna que realizaban operaciones de sabotaje en la zona controlada por el Frente Popular. Muy pronto, el SIM se convirtió en el órgano opresor más contundente de la República, poniendo en su punto de mira no solo a los franquistas infiltrados, sino también a cualquier persona que no pensara igual que el presidente del Gobierno Juan Negrín. Bajo estas líneas, los miembros del SIM. Pedrero, sentado y con traje claro, es el primero por la derecha.
Fernández Cue de joven (Fundación
Pablo Iglesias del PSOE)

Fernández Cué se trasladó a trabajar a la sede del Ministerio de la Marina de Madrid, y a sus casi 50 años fue militarizado y nombrado teniente. Aunque empezó en la sección de traductores, acabó siendo uno de los responsables de la censura y Pedrero le encomendó una misión para acabar con las deserciones. En 1938, su tarea consistía en abrir el correo de los militares extranjeros que luchaban en el bando republicano y comprobar su fidelidad y entrega. Durante meses leyó cientos de cartas de brigadistas internacionales de Inglaterra, Escocia y Estados Unidos que enviaban a sus familiares; cuando daba con alguno "dudoso" por sus escritos, mandaba que fuera investigado por los agentes y algunos fueron detenidos y condenados. Aun así, Pedrero no parecía muy satisfecho con el trabajo del periodista, ya que consideraba que era demasiado benévolo, y decidió sustituirle en el cargo por un albañil, algo que le irritó tanto que presentó su dimisión. No fue aceptada, y su enfrentamiento a Pedrero casi le cuesta el fusilamiento, del que se libró por sus antiguos compañeros de El socialista.

Continuó trabajando en el SIM hasta la caída del frente catalán, y cuando la situación era muy crítica para los republicanos, Pedrero le consultó qué planes tenía si Madrid caía en manos de los nacionales. "Tengo pensado esconderme por si la primera embestida es ciega. Después pediré que se me juzgue porque no tengo nada sobre mi conciencia”, respondió Baltasar. Su respuesta hizo que Pedrero le acusara de alta traición, por lo que le detuvo y le amenazó con fusilarle si no salía de España, ante el temor de que denunciara a los miembros del bando ante los nacionales. Por suerte, Fernández Cué logró librarse de la muerte gracias al capitán Juan Sánchez Simón, un agente doble que trabaja para la inteligencia franquista desde el Servicio de Espionaje republicano. Su mediación, en plena noche, hizo que el periodista huyese de los calabozos del Ministerio de la Marina y se escondió en el Hospital Francés, que estaba protegido por la diplomacia francesa. De allí salió el 27 de marzo de 1939, cuando Pedrero y gran parte del SIM ya se habían marchado a Alicante para intentar salir de España. En un Madrid hambriento y destrozado por las bombas, trató de hacer una vida normal, pero por poco tiempo. El 11 de abril, a las ocho de la tarde y en pleno barrio de Salamanca, dos coches camuflados del Servicio de Información Franquista, el SIPM arrestaron a Baltasar por haber sido espía republicano.
Cárcel de Yeserías donde estuvo preso Fernández Cué

El Consejo de Guerra Permanente número dos de Madrid llevó a cabo su procedimiento sumarísimo de urgencia. Su Consejo de Guerra le acusaba de haber sido “colaborador durante el periodo rojo del periódico El Socialista y de haber ingresado voluntariamente en el SIM Rojo siendo asimilado de teniente”. El 29 de agosto de 1939 se hizo pública su sentencia a “pena de muerte” por un delito de “adhesión a la rebelión”. A los miembros del tribunal no les tembló el pulso a la hora de dictar su sentencia, pese a que nunca pudieron demostrar que Fernández Cueno tenía delitos de sangre.De hecho, en el sumario figuran varios informes positivos que habían elaborado de él, tanto la sección local de la Falange de Llanes, como los policías que le habían detenido a poco de terminar la guerra, pero eso no impidió que fuera condenado a muerte.


El destino volvió a sonreír al espía, y el 4 de noviembre de 1939 el General Franco le perdonó la vida y cambió la ejecución por una condena a cadena perpetua. Baltasar peregrinó entonces por varias cárceles madrileñas, entre ellas la de Toreno y Yeserías, y en la de Ocaña en Toledo, hasta que fue recluido en el presidio de la Isla de San Simón en Pontevedra, donde pasó varios años hasta que fue puesto en libertad. Desde Galicia consiguió escapar a Lisboa,y allí cogió un barco rumbo a Estados Unidos, donde llegó el 17 de octubre de 1945. Según la Fundación Pablo Iglesias, disfrutó de una pensión del gobierno norteamericano y se incorporó a la redacción de Cine Mundial como periodista y traductor hasta que murió en Vneice-Los Ángeles. Tenía 88 años, pero llevaba burlando a la muerte más de cuatro décadas, y lo consiguió.

Este artículo fue redactado y publicado por una de las autoras de este blog (Arancha Moreno) en el periódico digital lagaceta.es este 2015 tras investigar el Consejo de Guerra al que fue sometido Baltasar Fernández Cué. Este es el enlace del reportaje:



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