viernes, 15 de enero de 2016

La deserción del Comandante Lloro en marzo de 1939, ¿traición a Franco o locura transitoria?


Aunque la historia del Comandante Ramón Lloro Regales es una de las grandes desconocidas de la Guerra Civil Española, lo hechos protagonizados por este militar franquista en marzo de 1939 sirvieron de inspiración a Alberto Méndez para escribir el libro ‘Los Girasoles Ciegos’. ¿Se imaginan a un oficial de alta graduación nacional desertando al bando republicano cuando la guerra ya estaba vista para sentencia? Eso fue lo que sucedió realmente en un episodio de lo más extraño que la España de Franco trató de ocultar de todas las maneras. Desde www.guerraenmadrid.com vamos a dar un poco de luz a estos hechos tras investigar profundamente el Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro tras la contienda.

Antes de entrar de lleno en la deserción de Lloro en la recta final de la Guerra Civil, vamos a contextualizar su biografía que como veremos más adelante, será muy útil para entender este hecho. Ramón Lloro había nacido en 1896 en Ballovar, una pequeña localidad de Huesca de casi 900 habitantes. Hijo del Doctor Francisco, un médico rural que en 1930 se encargaba de la Campaña Antipalúdica del Bajo Cinca, en 1912 ingresó en la Academia de Infantería donde se forjaría como militar. Su progenitor había querido que siguiera los pasos de su hermano Carlos para corregir su carácter “rebelde y conflictivo”: con apenas diez años se escapó dos veces de casa por divergencias con sus padres.

Su hermano Carlos años más tarde se convertiría en aviador, coincidiendo en su promoción con el as de la aeronáutica española Joaquín García-Morato. Asimismo, la madre y la hermana de nuestro protagonista padecieron sendas enfermedades mentales (esquizofrenia) por lo que estuvieron internadas en dos sanatorios psiquiátricos, la segunda murió en el manicomio de la localidad de Reus (Tarragona) Pere Mata.

Un pasado cargado de problemas

Según consta en su hoja de servicios, tras salir de la academia como Alférez, Ramón Lloro Regales ascendería a Segundo Teniente de Infantería por promoción en 1915 y en 1922 a Capitán. Años antes de ser enviado al Protectorado de Marruecos (a mediados de 1922) tuvo que cumplir una pena de varios meses en prisión militar. En 1918 estuvo seis meses arrestado sin que se pueda determinar los motivos por los que estuvo internado en una cárcel castrense. En 1924 fue sometido a un tribunal de honor por parte del Cuerpo de Aviación, donde había ingresado al igual que su hermano. También fue expulsado en esta época del Centro del Ejército de la Armada por una deuda de juego y por haber mantenido un duelo de honor con un adversario en el que resultó herido su contrincante. En 1929 contrajo la sífilis, podemos intuir los motivos.

Según un artículo publicado por el profesor Virgilio Ibarz Serrat en el periódico ‘Alto Aragón’, Ramón Lloro se encontraba destinado en ‘Los Regulares’ antes de empezar la Guerra Civil, siendo enviado al Frente de Madrid en enero de 1937 (cinco meses después del inicio de la contienda). Por aquel entonces la ofensiva franquista sobre la capital se había detenido y se empezaba a estabilizar el frente madrileño en la Casa de Campo, Parque del Oeste y Ciudad Universitaria.
Con el número 12, Carlos Lloro Regales, hermano de Ramón

Antes de llegar a la capital, encontrándose en Tetuán, Ramón tuvo conocimiento de que su hermano Carlos había sido fusilado por los republicanos tras la sublevación de algunas guarniciones de Alcalá de Henares. Carlos se encontraba destinado en esta localidad en un cuartel del Ejército del Aire participando activamente en las confrontaciones que se vivieron durante los primeros días. Tras ser detenido por el Frente Popular, Lloro tuvo conocimiento de que fue asesinado en la cuneta de una carretera en julio de 1936.

Su llegada al Frente de Madrid en 1937

En enero de 1937, Ramón Lloro era Comandante y estaba habilitado a Teniente Coronel como máximo responsable del tercer regimiento de la 16º División Franquista (mandada por el famoso Coronel Losas).Ramón mandaba a más de 1000 hombres que combatían en primera línea, principalmente en la Casa de Campo, el Puente de los Franceses y las inmediaciones de la vía férrea situada en la entrada de Madrid. Su puesto de mando se estableció en el Cerro Garabitas, el punto más alto de la Casa de Campo donde se luchó de manera encarnizada durante toda la Guerra Civil y donde la artillería franquista bombardearía la capital casi a diario.

Desde que llegó al Frente de Madrid la relación entre Lloro y su jefe, el Coronel Losas, fue de lo más tirante. Aunque no sabemos con exactitud los motivos de esta tirantez, podemos intuir que el carácter complicado de Lloro y, en ocasiones, su falta de disciplina para tratar con sus superiores fueron las principales cuestiones que ocasionaron este desencuentro que fue aumentando a medida que avanzaba la guerra.

El motivo por el que la relación entre Lloro y Losas se rompió definitivamente fue que el segundo no quiso que nuestro protagonista tuviera mayor protagonismo en la Guerra Civil; durante algunos meses se especuló que podía mandar media Brigada, aunque finalmente no se consumó. Aunque Losas hizo alusión a que Lloro era “demasiado veterano” para hacerse cargo de media Brigada (tenía 43 años),lo cierto es que sentía una antipatía enorme hacia él, motivada entre otras cosas por su afición a la bebida. Nuestro Comandante fue apercibido al menos en dos ocasiones por Losas debido a esta circunstancia.


Central de telefónica en
el Cerro Garabitas
Una de las cosas que más le ofendió a Losas del comportamiento de Lloro fue que éste se saltara todos los protocolos posibles y se quejara de él públicamente ante el General Yagüe. Tanto Yagüe como el General Bartomeu se comprometieron a estudiar su caso, sin embargo, cuando quisieron mediar entre Losas y Lloro, la situación ya era insostenible y todo se había enquistado.

La tensión en la 16º División se respiraba entre todos los oficiales. A pesar de que muchos cuestionaban el liderazgo del Coronel Losas, casi todos los mandos de los regimientos nacionales que estaban desplegados en la Casa de Campo sabían que Ramón Lloro no tenía nada que hacer en su batalla particular contra el Coronel. La afición de nuestro protagonista por la bebida terminaría siendo determinante para que finalmente fuera relevado de su cargo cuando quedaba menos de un mes para que terminara la guerra.

Su destitución al frente del regimiento

Hemos tenido acceso al Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro al término de la contienda y en él se relata con todo lujo de detalles lo que sucedió el 7 de marzo de 1939. A las 22:00 Lloro estaba a punto de irse a dormir en su puesto de mando del Cerro Garabitas después de haber ingerido una cantidad importante de alcohol, como era habitual en él cuando caía la noche. Justo a esa hora, el responsable de transmisiones del puesto de mando, Anastasio Ruiz Barrero de 25 años, le informó de que había recibido un telegrama.

En ese telegrama se le indicaba que cumplimentase la orden número uno reservada. A su regimiento le habían ordenado que continuara con una operación llevada a cabo el 28 de febrero de 1939 y que tenía como objetivo cortar la línea de fortificaciones enemigas en caso de producirse la rendición de las guarniciones republicanas o la evacuación de las mismas. Tras leer a toda prisa la orden, Lloro hizo que llamaran a su estado mayor en el que se encontraban los también comandantes de infantería Miquel Maldonado, Pedro Nicolau y Francisco Arriaga. Mientras les explicaba la orden, la central telefónica del Cerro Garabitas recibió una llamada telefónica del puesto de mando de la Comandancia de Infantería que estaba situada en la Plazoleta de la Casa de Campo. Al parecer, Losas quería reunirse urgentemente con Lloro.

En plena noche, un vehículo del regimiento trasladó a Lloro y a Francisco Arriaga hasta la Plazoleta de la Casa de Campo. Arriaga se quedó en el coche mientras que Lloro se aproximó al despacho de Losas pensando que éste quería comunicarle algo relacionado con la operación que le habían encomendado. Según la versión que relataría en su Consejo de Guerra el propio Lloro, al entrar en el despacho, Losas mantenía una acalorada charla con otros cinco oficiales de su confianza. Se cuadró y tras presentarse ante el Coronel, éste le miró fijamente a los ojos y le dijo enérgicamente que “entregara inmediatamente el mando de su regimiento”. De acuerdo con esta versión, Losas no le dio ninguna explicación y Lloro no se la pidió limitándose a decir “a la orden” y retirándose inmediatamente.
Libro relacionado con el personaje

Aunque guardó las formas ante su superior, el hecho de perder el mando de su regimiento con el que se había jugado la vida en la Casa de Campo le afectó considerablemente. “Sentí un fuego interior muy grande, solo deseaba morir”, declararía meses más tarde Lloro ante los servicios psiquiátricos del Ejército. También les diría que sufrió “una excitación nerviosa, sugestionado por una idea interior que me mandaba pasarme al enemigo, tratar de huir, obedecer mi instinto y consumar mi deserción”. A partir de ese instante solo una cosa se le pasaba por la cabeza de manera obsesiva: debía marcharse a zona republicana porque pensaba que los propios nacionales iban a fusilarle por orden de Losas.

Así preparó su evasión a la zona republicana

Tras recibir la orden, Lloro regresó hasta su puesto de mando donde le estaban esperando los comandantes Maldonado y Nicolau a los que apenas dirigió palabra. Se marchó inmediatamente hasta la central telefónica de Garabitas donde se encontraba operando el alférez de transmisiones Anastasio Ruiz, un joven estudiante de 25 años, natural de Griñón. Leamos ahora la declaración de este joven oficial días después ante el SIPM: “Lloro cerró la puerta de la sala del teléfono y me ordenó que dejase incomunicado el puesto de mando. Me negué por dos veces, pero el comandante tomó con sus manos el cordón del auricular del teléfono, rompiéndolo de un tirón. Me ordenó que no utilizara la radio. Después se marchó a su habitación a cambiarse de botas y me dijo que se iba a pasar al enemigo”. Indudablemente, lo que pretendía Lloro rompiendo el cable del teléfono era cortar toda la comunicación de su puesto de mando con el exterior del Cerro Garabitas para facilitar su huida.

Tras este episodio con la central telefónica, nuestro protagonista pidió a su chófer Luis Sánchez Alonso, extremeño, que le llevara hasta las inmediaciones del puesto de mando del Tambor de Regulares que estaba cerca de la carretera de Castilla. Era la 01:00 de la madrugada. El chófer obedeció sin rechistar y le dejó muy cerca de la 'Granjilla' esperando a su superior. En esa posición estuvo hasta las 3:00 de la madrugada que se marchó del lugar al comprobar que su Comandante no había regresado. Luis notó a su jefe “muy bebido” y por este motivo decidió regresar a Garabitas al considerar que Lloro se podría haber quedado a descansar en el puesto de mando del Tambor.

Pero volvamos de nuevo al momento en el que Lloro abandona su coche y se dirige caminando hacia al puesto de mando del Tambor Sexto de Larache. A los pocos metros, el chófer le pierde de vista y en lugar de encaminarse al puesto de mando, Lloro se dirige hasta primera línea de combate. Un sargento del 521 batallón de la primera compañía (llamado Gerardo Luján Durán) fue el primero en verle a la 01:15 recorriendo los puestos ocupados a los republicanos días atrás por una sección de su compañía. Tras charlar unos pocos segundos con su superior, Lloro le ordenó al sargento que se marchara porque quería recorrer en solitario los puestos ocupados para pensar. El sargento trató de explicar a su jefe que estaban en plena vanguardia y que era muy peligroso caminar en solitario por aquellas posiciones. El Comandante hizo caso omiso y le volvió a ordenar a Gerardo que se marchara del lugar inmediatamente.
En esta lugar aproximadamente desertó el Comandante Lloro

Pocos minutos después y utilizando unos alicates, Lloro cortó una parte de la alambrada que separaba la zona nacional de la zona republicana para pasarse inmediatamente al enemigo. Nuestro protagonista contó que aquella noche era muy oscura y se estaba produciendo en los alrededores de Madrid una gran ventolera.

Un centinela franquista llamado Santiago Rodríguez Casado, que estaba haciendo guardia aquella noche frente a las posiciones enemigas, pudo haber sido testigo de excepción de la fuga de Lloro hacia zona republicana. Este centinela, escuchó unos ruidos a 40 metros de donde él se encontraba y oyendo las siguientes palabras: “Soy el Teniente Coronel Lloro, que voy”. Otro centinela que hacía guardia en otro parapeto próximo (llamado Nazario Nieto Delgado de 32 años de Salamanca) vio las cosas un poco más claras: “Vi venir a tres individuos enemigos hacia la alambrada de nuestra línea. De ella, a unos 20 pasos, vi salir a un individuo. Desde la trinchera enemiga escuché: alto, 'manos arriba', saliendo acto seguido dicho individuo hacia los tres que venían a donde estaban. Abrí fuego contra el grupo sin que pueda decir nada más”.

Su llegada a zona comunista

El Comandante Lloro fue detenido inmediatamente por fuerzas comunistas que se encontraban a esa hora de la madrugada en la Casa de Campo. Hay que recordar que aquel 7 de marzo, se estaba produciendo en el interior de Madrid una especie de Guerra Civil entre los propios republicanos, enfrentándose entre sí los partidarios de Segismundo Casado y los Comunistas que pretendían seguir la guerra, respaldados por Negrín.

Una avanzadilla comunista en la Casa de Campo fue la que detuvo a Lloro. En el momento de su evasión llevaba consigo una pistola marca Stra, su carnet militar, mil doscientas pesetas franquistas y algunos documentos particulares y de poco interés. Se presentó ante los comunistas como Teniente Coronel nacional que se había puesto en rebeldía porque Losas le había retirado el mando de sus hombres y encima lo había hecho delante de otros oficiales. Sus captores se mostraron tremendamente “confundidos” por su evasión ya que los franquistas estaban a punto de ganar la guerra. Con todo, en la trinchera republicana escuchó comentarios como: “Te iban a matar los tuyos pero ahora también”, “No te va a salvar ni la caridad”...
El Coronel Barceló siendo curado por una enfermera


Lloro fue trasladado esa misma noche hasta El Pardo, donde el Coronel Barceló había establecido el Cuartel General de los Comunistas que se enfrentaban por aquel entonces a los partidarios de Casado. Allí fue interrogado por el propio Barceló que ordenó que fuera encerrado en una habitación de el Palacio Real con una cama y una estufa.

Un episodio de lo más extraño

Lo que sucedió tras el interrogatorio al que fue sometido Lloro por el propio Barceló no ha quedado demasiado claro. Según la versión de Lloro, sufrió una serie de alucinaciones de lo más extrañas que provocaron que los propios republicanos le internaran en un hospital psiquiátrico de Madrid. Al parecer, en la habitación donde había sido encerrado empezó a escuchar unas voces que salían del tubo de la chimenea que le decían: “Ya has perdido el cuerpo. Solo tienes como solución hacerte comunista”. Sus alucinaciones tenían la voz de Barceló que le pedía que renunciara a sus ideas religiosas asegurando que él tenía el secreto para ganar la guerra. “Al igual que he hecho que te pases aquí, yo puedo hacer que se pase la persona que quiera”, le decían a Lloro aquellas voces.

A duras penas Lloro consiguió dormir aquella noche. Las alucinaciones le estaban haciendo sufrir excesivamente aunque logró conciliar el suelo unas horas. Nada más despertarse vio una mancha de color blanco en la pared en la que estaba reflejada la cara de su hermano con dos cuernos. La voz de su hermano Carlos también sonó en su cabeza: “Vas a morir de todas maneras. No te apartes de lo que nos enseñaron en casa. Soy el espíritu del mal hecho bien para tí”.

Tras pasar algunos días en El Pardo y después de que las tropas de Casado se impusieran a las comunistas, Lloro fue trasladado hasta el Ministerio de Hacienda para ser interrogado de nuevo. Allí coincidió con Julián Besteiro y con algunos mandos cercanos que comprobaron de primera mano que el Comandante sufría problemas mentales. Desde allí fue llevado en un camión de víveres hasta el Hospital del Depósito de Evadidos y Prisioneros donde permaneció un día. Después fue trasladado a la sala de Psiquiatría del Hospital Militar establecido en el Provincial de Madrid donde permanecería más de quince días. Allí le sorprendió el final de la Guerra Civil y allí fue detenido por los nacionales el día 7 de abril.

Su detención por el SIPM franquista

Tras su desaparición de zona nacional, el Coronel Losas realizó una profunda investigación para averiguar el paradero de Lloro. Aunque inicialmente se pensó que se había podido extraviar y pasarse por error al enemigo, finalmente se llegó a la conclusión de que había desertado voluntariamente. Al día siguiente de su fuga, el Servicio de Información y Policía Militar franquista confirmó que había desertado y se marcó como objetivo su detención en cuando cayera Madrid.

La detención se produjo el 7 de abril de 1939 en la misma sala de psiquiatría del Hospital Militar. Hemos tenido acceso al atestado policial que redactaron los dos agentes del SIPM que detuvieron e interrogaron a Lloro: “En Madrid, a las 23:30h del 7 de abril de 1939, comparece el capitán del SIPM del Distrito de la Latina para instruir este atestado al comandante de infantería habilitado para teniente coronel, Don Ramón Lloro Regales, detenido en este día a las 14:00h en la sala de psiquiatría del Hospital Militar número cuatro, establecido en el Provincial de Madrid, por los agentes de Policia Militar don José Gómez Fernández y Don Bonifacio López Andrés en virtud de orden recibida para efectuar el servicio por el capitán mencionado”.
Casa donde pasó sus últimos días Lloro tras ser puesto en
libertad en 1944

El SIPM del distrito de Latina le tomó declaración en la que Lloro explicaría de forma pormenorizada los hechos que motivaron su deserción el 7 de marzo. En todo momento el Comandante aseguraría que su comportamiento no fue voluntario y que actuó motivado por sus alucinaciones.

El ingreso en una cárcel franquista

Horas después de prestar declaración ese mismo 7 de abril, Lloro ingresó en la cárcel Porlier de Madrid, siendo trasladado posteriormente hasta la prisión del Paseo del Cisne de la capital. Aunque ya lo había hecho con varias personas en el mismo frente de la Casa de Campo, durante estos días el SIPM tomó la decisión de volver a interrogar a los protagonistas de aquel extraño suceso. El Comandante Arriaga volvió a relatar los hechos al igual que el alférez Ruiz y el sargento Luján.

Los días 10 y 11 de mayo, Lloro salió de la Prisión del Paseo del Cisne para volver a declarar ante las autoridades republicanas. Así lo hizo de manera intensa durante estos dos días ratificando sus declaraciones anteriores y dando más detalles de sus alucinaciones sufridas a los pocos minutos de su evasión. El médico de la Cárcel del Paseo del Cisne, Luis Sánchez, pediría al director de la prisión que Ramón Lloro fuera trasladado a un lugar adecuado a su enfermedad ya que se encuentra atravesando un “proceso demencial de tipo esquizoide con manifestaciones alucinativas y manía persecutoria”. En su petición, este médico aseguraba que podría ser “un peligro” para el resto de los internos de la cárcel. Finalmente el 8 de junio de 1939 sería trasladado al Centro de Especialidades Médicas de la calle Maudes.

La vista oral del Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro no empezaría hasta el mes de agosto de 1939. El tribunal que le juzgó pidió un informe forense a dos médicos del juzgado que reflejaron lo siguiente: “Presenta un síndrome de aspecto y fondo paranoideo que pudiera tener categoría psicótica si las interpretaciones que el reconocido da acerca de diversos hechos de su existencia y vida militar careciese de base objetiva y real. El reconocido presenta una personalidad piscopática, desequilibrada, con reacciones irrefrenables”.

Informes médicos

El tribunal que juzgó a Lloro recogió un gran número de testimonios y casi todos ellos avalaban la teoría de que este Comandante tenía problemas mentales. Sin ir más lejos, el Director del Hospital de Jaca, que conocía a Lloro y a su familia, explicó durante el juicio los antecedentes familiares de nuestro protagonista y calificó sus comportamientos como de “violencia extrema” en ocasiones.

Antonio Vallejo Nájera, psiquiatra que
trató Lloro
Durante el juicio también se valoró un informe médico que había elaborado sobre Lloro el Teniente Coronel Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército, Antonio Vallejo Nájera. Este prestigioso doctor se entrevistó muchas horas describiendo que su estado físico era realmente preocupante: larga barba, camisa sucia y desabrochada, sudores fríos... El diagnóstico que ofreció Vallejo Nájera a los tribunales es que Lloro sufre una “psicosis de situación de tipo pseudomencial alucinatorio delirante, integrada por componentes alcohólicos. Los análisis del líquedo cefalorraquídeo descartaron una neurosifilis”. Según este médico, “Lloro perpetró el hecho delictivo (la deserción) hallándose afecto a un trastorno mental transitorio”.

El 10 de agosto de 1939 se anunciaba que Ramón Lloro sería condenado a muerte, una pena que sería conmutada semanas más tarde por los treinta años de reclusión y luego veinte. Estuvo cinco años en la cárcel donde aseguran que experimentó una gran mejoría y donde no volvió a tener otro brote de alucinaciones. En 1944 obtuvo la libertad condicional y en 1946 la libertad vigilada. Tras salir de la cárcel se trasladaría a vivir a Barcelona y posteriormente a su localidad natal de Ballobar donde moriría en 1954 a la edad de 58 años. Murió solo. Sus padres habían fallecido poco después de la guerra, a su hermano lo habían asesinado en Alcalá de Henares y su hermana había perdido la vida en un hospital psiquiátrico.

Fuentes consultadas:
  • Archivo Militar de Paseo de Moret.
  • Archivo Militar de Segovia.
  • Revista de Historia Militar.
  • Artículo de 'Alto Aragón' sobre Ramón Lloro.
  • La Guerra Civil en Ciudad Universitaria de Fernando Calvo.
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7 comentarios:

  1. Una historia muy bien contada sobre un personaje absolutamente desconocido para mí y, supongo, que para mucha gente.
    Lo que me ha extrañado es que no le hubieran dado, previamente, la baja en su bando, al objeto de curarle, como intentaron hacer los republicanos o luego los franquistas, en la posguerra.
    Desde luego, en ese estado mental, era una persona muy peligrosa para mantenerla en el frente y con armas a su disposición.
    Saludos y enhorabuena por el artículo.

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  2. He leído otras versiones de esta historia, donde se dice que este militar se reunió, antes de pasarse a las filas enemigas, con el coronel Ríos Capapé, jefe de su división, y se echaron una partida de cartas. Al final, parece que Lloro le pegó al coronel y, por eso, se fue de allí apresuradamente.
    Al conocer Franco esta noticia, como conocía sobradamente a los dos, por haber sido compañeros en África, dijo: "Habrán bebido uno o los dos". Sin darle mayor importancia. Lo que temían es que se hubiera pasado al enemigo, junto con los planes de ataque, porque el ataque franquista, que se realizó al día siguiente, fue un absoluto fracaso. Parece ser que él no tuvo la culpa de ello.
    Efectivamente, en la posguerra, fue condenado a muerte, pero le conmutaron la sentencia gracias a los buenos oficios de varios amigos. Entre ellos, el mismo Ríos Capapé, que hizo gestiones ante Franco.
    Saludos.

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  3. Estimado amigo, muchas gracias por tu comentario y por haber tenido el detalle de seguir investigando al comandante Lloro y su apasionante historia durante la Guerra Civil. Estoy de acuerdo contigo con el hecho de que fue una temeridad por parte del mando nacional de mantener a Lloro en el frente de batalla, sin embargo, creo que hay algunas cuestiones oscuras sobre lo sucedido en 1939 que nunca sabremos. ¿No es extraño que no fuera ni un ápice consciente de lo que supondría pasarse en 1939? ¿Hubo despecho contra Losas en esa decisión o simplemente perdió el juicio? En el caso de estar cuerdo, ¿esperaba otro recibimiento en la España republicana? Y en relación a lo que aportas de Rios Capapé...Su nombre no aparece en ningún momento en las páginas del Sumario del Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro. Declaran varias veces oficiales de alta graduación de los nacionales, pero nunca Rios Capapé. De hecho, la versión de la partida de cartas, que puede ser real pero que no aparece en el sumario, hubiera sido reflejada al menos en alguna declaración a la que fueron sometidas las personas más cercanas a Lloro. No digo que no sea cierto, simplemente que no aparece en el sumario. Sin embargo, debo reconocer otra cosa. El estado de conservación del sumario deja un poco que desear. Hay páginas como alguna declaración de Losas que a día de hoy son ilegibles y esto es una verdadera pena. Lo dicho amigo, gracias por estar ahí, te mandamos un abrazo

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  4. Fenomenal recopilación.

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  5. Por error se menciona TAMBOR, cuando el nombre correcto es Tabor de Regulares. El tambor es un instrumento musical, el Tabor es una unidad militar de entidad batallón que se usa exclusivamente en el ámbito de las Fuerzas de Regulares.

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  6. en el libro Alberto Méndez los Girasoles ciegos, cuya lectura es recomendabilísima, hay cuatro cuentos: en el primero se narra una historia de alguien que por hastío se pasa a los perdedores, no quiere ser cómplice de esta guerra y parece muy coherente moralmente aunque la persona menos práctica del mundo. Muy poco que ver. Pero la película Los girasoles ciegos se basa solamente en la cuarta de las narraciones de este libro y ya no tiene nada que ver con esta historia. Debería quitar la foto de la película porque quien solo vea no encontrará nada de esta historia en ella.

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  7. De acuerdo con la recomendación del libro

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