domingo, 11 de marzo de 2018

El golpista del 23F que intentó asesinar a Largo Caballero en 1936

Largo Caballero en 1936 / Archivo Rojo
Fue una figura destacada durante el Golpe de Estado del 23F sin embargo no será protagonista de nuestro blog por los sucesos de 1981 sino por su papel en la antesala de la Guerra Civil. Ricardo Garchitorena Zalba había nacido en 1917 en el seno de una familia con raices militares. Su padre, Vicente Garchitorena Rigau era Comandante de la Guardia Civil y durante años recorrió junto a él media España siguiendo los destinos en los que se encontraba su progenitor

En los meses previos al inicio de la sublevación Ricardo tenía dos sueños: convertirse en militar al igual que su padre y defender los intereses de Falange, partido con el que se sentía identificado ideológicamente. Sabemos por la prensa de la época que en 1934 cursaba estudios en la Escuela de Auxiliares Industriales de Madrid aunque desconocemos si terminó su formación. Aunque él había nacido en Navalcarnero, por aquellos años vivía en un piso situado en el número 5 de la calle Donoso Cortés de la capital. 

El plan del ataque

En marzo de 1936 nuestro protagonista tomó una de las decisiones más importantes de su vida en compañía de su primo, Manuel Álvarez Zalba que años más tarde también se convertiría en un militar de renombre con cierto protagonismo en la transición democrática. Los dos primos, que formaban parte del movimiento falangista de Madrid, decidieron atentar contra la vida del socialista Francisco Largo Caballero, por aquel entonces  diputado y Secretario General de la UGT. ¿El motivo? Lo desconocemos completamente a día de hoy pero intuimos que se pudo deber a la tensa situación que se vivía en Madrid desde el punto de vista político. En marzo del 36 el gobierno del Frente Popular había empezado a clausurar los principales centros de reunión de Falange y deteniendo a sus principales dirigentes: José Antonio Primo de Rivera fue encarcelado en la Modelo de Madrid el 14 de marzo. 

Tanto Ricardo como Manuel eran vecinos del barrio de Chamberí y conocían perfectamente dónde residía Largo Caballero, en concreto en el número 39 de la calle Viriato. Por eso, el 15 de marzo del 36 y armados con dos pistolas automáticas decidieron aproximarse al domicilio del político del PSOE para tirotearle. Su idea era dispararle desde la calle y para ello trazaron un plan  que consistía en llamarle por teléfono. Sabían que el teléfono de la vivienda estaba junto a la ventana, por lo que  aprovechando la llamada tratarían de dispararle a pocos metros de distancia. 

Impacto de bala en la vivienda de Largo Caballero
(Periódico Ahora)
El ataque se produjo a las 21.00 de este 15 de marzo, sin embargo los dos jóvenes falangistas calcularon mal su plan y no pudieron acabar con la vida del dirigente socialista. Justo a esa hora Largo Caballero no estaba en casa, por lo que los disparos estuvieron a punto de alcanzar a una de sus hijas que salió ilesa del incidente. No sabemos con certeza absoluta si la hija que a punto estuvo de sufrir las consecuencias del ataque fue Isabel o Carmen. 

Inmediatamente después de tirotear el domicilio de Largo Caballero, los dos primos abandonaron la zona a la carrera con sendas pistolas en la mano. Por desgracia para ellos, los dos escoltas del político madrileño reaccionaron a toda prisa y persiguieron a los pistoleros por las calles de Chamberí. Los falangistas se refugiaron en el número 19 de la calle del Castillo, situada a escasos cinco minutos andando del escenario de los hechos. Lograron acceder a una vivienda que estaba desocupada pero en el pasillo de la misma fueron detenidos por un guardia de circulación (número de agente 132) que se había unido a los escoltas en su persecución.

Las detenciones en una calle cercana

Los policías incautaron a los arrestados tres pistolas de las marcas Start, Buffalo y FN, un revolver Smith, varios cargadores y una caja con munición. Justo antes de su detención intentaron desprenderse del material tirándolo por un retrete, aunque no lo consiguieron. El expediente de la Audiencia Provincial de Madrid que investigó el suceso también dijo que durante el registro al que fue sometido Ricardo Garchitorena por los agentes le encontraron un documento de Falange a nombre de Anastasio Matesanz, así como varias fotografías. 

Los detenidos fueron trasladados inmediatamente a la Dirección General de Seguridad donde fueron interrogados por la Brigada Especial que se puso en contacto inmediatamente con sus progenitores. El padre de Ricardo Garchitorena, Vicente, que se encontraba a punto de abandonar Madrid para marcharse a Lérida donde había sido destinado, acudió a ver a su hijo y trató de conseguir su libertad aunque no lo consiguió. 

Los dos jóvenes dijeron que no habían tenido nada que ver en el tiroteo de la casa de Largo Caballero y que habían echado a correr por miedo. También desmintieron pertenecer a Falange y en relación con el armamento y la munición que les encontraron  tan solo comentaron que eran suyas las balas y que las tenían para “hacer juguetes”. De hecho, el padre de Ricardo reconoció que hacía unas semanas había regalado unas pocas balas a su hijo para que hiciera con ellas soldaditos de plomo.
Informe sobre el atentado por parte del Ayuntamiento
de Madrid (PARES)


La prensa reacciona

A primera hora de la madrugada los falangistas pasaron a disposición judicial. Tenemos en nuestro poder una parte del sumario al que fue sometido y que a día de hoy descansa en el Archivo Histórico Nacional. Leamos el informe del Inspector de Policía Moya que fue uno de los encargados en investigar el tiroteo y que iba dirigido el Teniente de Alcalde del Distrito de Chamberí: 

“Tengo el honor de participar ante usted que a las 21.45h la casa número 39 de la calle Viriato en la que habita el diputado Francisco Largo Caballero. No ocurrió ninguna desgracia personal, siendo detenidos como autores Ricardo Garchitorena de 18 años, natural de Navalcarnero y domicilio en el número 5 de Donoso Cortés y Manuel Álvarez de 16 y natural de El Pardo, habitante en Bravo Murillo 65. Fueron recogidas dos pistolas cargadas y otras dos descargadas, interviniendo en la detención el guardia de circulación 132”. 

Un día después de los sucesos de la calle Viriato la prensa de la época se hizo eco de los disparos ante la vivienda de Largo Caballero. Periódicos como La Libertad, Siglo Futuro, Ahora o La Voz se hicieron eco de la noticia y apuntaron directamente a la Falange como responsable del ataque. Por este motivo, el partido azul emitió un comunicado de prensa el mismo día 16 desvinculándose totalmente de los hechos: 

“La jefatura de prensa y propaganda de la FE de las JONS hace público que dicha organización es completamente ajena a los sucesos ocurridos en las cercanías de la vivienda de Largo Caballero en la calle Viriato. Asímismo afirma que los dos primos detenidos Ricardo Garchitorena Balvá y Manuel Álvarez Balvá (se equivocan en el apellido) no han sido jamás afiliado a la Falange Española de las JONS”. 

Cruce de correspondencia

Lo cierto es que este incidente tuvo una gran repercusión dentro del socialismo. Hemos localizado en el Archivo Histórico Nacional una carta que le enviaron a Largo Caballero varios presos socialistas que se encontraban en la cárcel de Toledo en la que mostraban su preocupación por el intento de asesinato que había sufrido. En ese cruce de correspondencia también hemos logrado localizar la carta de Largo Caballero a aquellos individuos que se encontraban en prisión: 

“21 de marzo de 1936. Estimados camaradas. He leido con gran emoción la mencionada carta en la cual me felicitáis por haber resultado ileso del atentado que contra mí se intentó. Decís bien, el atentado no fue contra los guardias que hacen vigilancia en mi domicilio sino contra mí, como demuestra el hecho de que viviendo en un segundo piso hayan metido dos balazos en mis habitaciones. Ya veremos cuando el gobierno quiere poner coto al fascismo si no, tendremos que ponerlo nosotros. Seguimos ocupándonos con el mayor interés de vuestro indulto. Con un saludo fraternal para todos, quedo suyo y de la causa obrera y socialista”.

Los presos de la cárcel de Toledo no fueron los únicos que escribieron a Largo Caballero para mostrarle su apoyo tras el intento de asesinato. La Federación Obrera de Hostelería también le escribió el 18 de marzo, respondiendo el político socialista solo tres días más tarde con su “total agradecimiento”. 

Carta escrita a Largo Caballero por los presos
de la cárcel de Toledo tras el atentado
El juicio y la sentencia

El 23 de marzo de este 1936, solo ocho días después del tiroteo, se celebró el juicio contra los dos primos en la sala primera de la Audiencia Territorial de Madrid. Durante la vista prestaron declaración numerosas personas como los agentes de Policía que detuvieron a los jóvenes. Ante el tribunal declararon que “oyeron los disparos y salieron en persecución de Ricardo y Manuel porque la gente decía que habían sido ellos los que habían disparado”. Por su parte, los dos chicos fueron defendidos por el abogado Rafael Barrón que elaboró un pequeño informe para demostrar que sus clientes no habían disparado contra la casa de Largo Caballero. También declaró un profesor particular de ambos quién destacó que los dos jóvenes eran “excelentes personas”. 

Finalmente el tribunal condenó a Ricardo Garchitorena a dos meses y un día de arresto mayor por tenencia ilícita de armas. Mejor suerte tuvo su primo Manuel Álvarez que fue condenado a un mes y un día de prisión, gracias a que en el momento del ataque era menor de edad: tenía tan solo 16 años.  El fiscal del caso, el señor Poyatos, había pedido tres años de prisión para Ricardo y cinco meses para Manuel. 

¿Qué sucedió después con los implicados?

Tras cumplir sus respectivas penas de prisión, los dos jóvenes vivieron los meses previos al inicio de la sublevación militar como otros chicos de su edad que simpatizaban con la Falange. Tenemos conocimiento de que los dos participaron en la Guerra Civil y combatieron junto a las tropas franquistas en diferentes frentes. Ricardo Garchitorena terminó en agosto de 1937 el curso de alféreces provisionales en la Escuela Militar de Riffien, el famoso cuartel de la Legión que estaba situado en la carretera de Tetuán, a pocos kilómetros de Castillejos. Según el Boletín Oficial del Estado con fecha 10.08.1937 en esta fecha Ricardo fue promovido a “alférez de Infantería” y fue destinado a las órdenes del Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos. Terminada la guerra siguió en el Ejército y durante los años cincuenta combatió al Maquis en la montaña de Gerona, casi en la frontera con Francia. Su padre murió asesinado por milicianos descontrolados durante el verano de 1936 en Lérida donde como hemos dicho se encontraba destinado como segundo máximo responsable de la Comandancia de la Guardia Civil. Por su parte, su primo Manuel, con apenas 17 años, también ingresó en el Ejército en 1937 como alférez provisional y combatió al lado de los nacionales hasta el final de la contienda. 

Artículo de ABC en 1981 que habla de
Garchitorena el 23F
Ambos hicieron carrera en el Ejército y tuvieron cierto protagonismo durante los años convulsos tras la muerte de Franco. En 1981 Ricardo Garchitorena apareció en la prensa de la época por haber participado en el Golpe de Estado del 23F aunque su papel estuvo lejos del Congreso de los Diputados. Según relatan los periódicos de ese año, nuestro hombre intentó apresar al General Gobernador Militar de la Plaza de Madrid, Allende Salazar, horas después del asalto al Hemiciclo por parte de Tejero. Sobre las 23.00 el por entonces Coronel Garchitorena, que estaba destinado en Grupo Regional de Intendencia número 1, se presentó en el Gobierno Militar de Madrid acompañado por dos civiles armados. 

Una vez en el despacho del General y tras conocer las intenciones de Garchitorena, Allende sacó su pistola reglamentaria y se la puso en el pecho del Coronel, llamando posteriormente a la Policía Militar que le detuvo junto a los dos civiles. Aunque este hecho tuvo una gran repercusión mediática, a las pocas horas de producirse, la agencia EFE en un comunicado breve desmentía esta noticia afirmando que los hechos relatados “no eran ciertos”.Según relataba el Diario 16, Garchitorena también fue protagonista años atrás al intentar agredir a una alta autoridad militar durante el entierro de un jefe del Ejército asesinado por ETA en Madrid, “hecho por el que fue arrestado”. Parece ser que en el mes de junio, solo tres meses después de lo acaecido en el Gobierno Militar, Garchitorena fue arrestado en una operación denominada Galaxia 2 en la que estaban involucrados otros militares como el Comandante Sáez de Ynestrillas y el Coronel de Ingenieros Sicre. 

Manuel Álvarez Zalba llegó a ser Capitán General y en 1984 estaba al frente de la quinta región militar (Zaragoza). Tres años después de los incidentes protagonizados por su primo, él también tuvo cierto protagonismo tras realizar unas polémicas declaraciones en las que decía que Ceuta y Melilla se encontraban “indefensas” ante un posible ataque de Marruecos. Pocos días después de aquellas manifestaciones, el Consejo de Ministros tomó la decisión de destituir al General que se encontraba a punto de retirarse.

Fuentes Consultadas

Archivo Histórico Nacional. Fiscalía del Tribunal Supremo. Correspondencia cruzada entre Largo Caballero y varios presos de la cárcel de Toledo.
Archivo Histórico Nacional. Audiencia Provincial de Madrid. Sumario contra Manuel Álvarez Zalba y Ricardo Garchitorena Zalba.
Hemeroteca Nacionales
Periódico La Libertad
Periódico Ahora
Periódico Mundo Gráfico
Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca ABC
Hemerotea El Pais
Diario 16
'Un episodi dels maquis: els fets de la Vall de Bianya (1950)', Josep Clara.
'Lleida en la Guerra Civil Española', Joan Sagues

lunes, 1 de enero de 2018

El gran escapista de la Guerra Civil: el falangista Miguel Pereda Pelayo

Miguel Pereda Pelayo con el uniforme del
Ejército del Aire
Escapó hasta tres veces de la muerte durante la Guerra Civil Española y pese a ello, su nombre siempre permaneció en el anonimato. Hoy desvelamos la historia de Miguel Pereda Pelayo, un cántabro nacido en 1915 en  Bárcena de Cicero en el seno de una familia de labradores adinerados. Aunque empezó a cursar los estudios de perito mercantil, su verdadera vocación era el Ejército y soñaba con pilotar aviones. Por lo tanto, en 1934 ingresó en el Ejército del Aire como soldado voluntario de la guarnición militar del aeródromo de Getafe. A pesar de entrar en Aviación como soldado raso, el objetivo de Miguel era hacer carrera dentro de las Fuerzas Armadas y presentarse con el paso de los años a los cursos de piloto.

Su llegada al Ejército del Aire se debió, entre otras cosas, a la mediación del Comandante Alfonso Fanjul, hermano del General Fanjul que sublevaría más adelante el Cuartel de la Montaña. Al parecer un familiar de Miguel conocía al Comandante Fanjul y este le recomendó para que ingresara en las Fuerzas Armadas.

En 1935 ascendió a Cabo después de haber hecho un curso de armero de Aviación en Cuatro Vientos y los Alcázares. Justo este mismo año ingresó en la Falange Española y de las JONS, partido con el que simpatizaba desde su creación. Cuatro años antes había formado parte de las Juventudes Católicas de Gama (Cantabria). 


El inicio de la guerra en Getafe

Tras su ascenso a Cabo volvió a su destino anterior en el aeródromo de Getafe donde le sorprendió el inicio de la Guerra Civil ya como "maestro armero". Pese a las simpatías de nuestro protagonistas por los sublevados, el aeródromo de Getafe se mantuvo fiel a la República gracias al Teniente Coronel Antonio Camacho Benítez, una de las figuras destacadas de la Aviación republicana. No está muy claro el papel de Miguel durante estos primeros compases de la contienda pero para salir de dudas vamos a leer su Declaración Jurada ante las autoridades franquistas una vez terminada la guerra:
 "Al iniciarse el Glorisoo Movimiento Nacional prestaba mis servicios de armero en Getafe. Mi misión, señalada por el Teniente Manuel Mulas García, Jefe de la Escuadrilla, era que las bombas y ametralladoras de mi escuadrilla (1º del 31) fuesen ineficaces"
El Teniente Mulas, jefe de
Miguel Pereda en 1936
No sabemos si realmente fue "ineficaz" o no su actuación contra los sublevados, pero lo que está claro es que aviones procedentes de Getafe y Cuatro Vientos bombardearon varias veces el Cuartel de la Montaña en Madrid y el Parque de Artillería en julio del 36. En aquellos tiempos varios aviones de Getafe se fugaron del aeródromo pasando a zona nacional. Fue el caso de cuatro Breguet que se marcharon hasta Pamplona y Granada, ciudades controladas por las tropas franquistas. Muy a su pesar, Miguel Pereda no pudo abandonar Getafe en uno de esos aviones por carecer (todavía) de conocimientos reales de vuelo.

En el verano del 36 el Teniente Mulas (jefe directo de Pereda) fue detenido por la Policía republicana por "desafecto". Según la Declaración Jurada de Miguel, a partir de ese instante él se tuvo que dedicar a"hacer lo mismo que hacía anteriormente con Mulas pero a menor escala", es decir, continuar boicoteando el armamento de los cazas y bombarderos republicanos. Por cierto, Mulas fue trasladado el 23 de octubre de 1936 desde la cárcel de San Antón hasta la prisión de Figueras.


El Cabo Pereda siguió destinado casi todo el verano de 1936 en Getafe hasta que fue trasladado a diferentes campos de aviación de Extremadura como Don Benito, Herrera del Duque o Cabeza del Rey. A principios de enero de 1937 fue enviado hasta el aeródromo de Andújar, donde se estaban dirigiendo todas las operaciones militares aéreas contra el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, donde se habían atrincherado cientos de guardias civiles y sus familias contrarios a la República. 

Su llegada al Santuario

Su trabajo en Andújar consistía en preparar el armamento que iban a utilizar los Breguet XIX para bombardear el Santuario donde se encontraban los rebeldes. Según diría más adelante Pereda, solía "inutilizar" tres o cuatro proyectiles de los doce que llevaban los bombarderos para atacar el Santuario. También se dedicó a "acumular armas", "malgastar materiales" y "preparar" a unas veinticinco personas, casi todas de Aviación, para sublevarse si se diera el caso en el mismo aeródromo. Sinceramente no podemos verificar si estas afirmaciones que hizo tras la guerra fueron cien por cien verdaderas o las exageró para que nadie dudara de su lealtad a Franco.

La noche del 21 de enero de 1937, Miguel Pereda Pelayo tomó una de las decisiones más arriesgadas de su vida. Con apenas 21 años se atrevió a desertar y adentrarse en una bicicleta entre las líneas enemigas para pasarse a los nacionales que defendían el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza por una zona llamada 'Lugar Nuevo'. Con él se llevó datos relevantes sobre la situación de aeródromos republicanos en Andalucía y Extremadura, dos pistolas ametralladoras Astra, dos bombas de mano, un machete y un correaje de Aviación. 

Un centinela junto a las ruinas del Santuario de la Virgen de
la Cabeza en Andújar.
Los defensores del Santuario que le dieron el alto no se podían creer como aquel joven cántabro había decidido dejar su vida cómoda en la retaguardia republicana para meterse de lleno en una batalla perdida, la de los defensores del Santuario. Inmediatamente después de llegar hasta las posiciones franquistas, Pereda fue conducido hasta el despacho del Capitán Santiago Cortés, el jefe de los defensores, poniéndose inmediatamente a su disposición. Ambos congeniaron muy bien desde el principio y a partir de ese mismo instante le encomendó que ocupara puestos de centinela. 

A las pocas horas de la llegada del Cabo Pereda, el Capitán Cortés envió varias palomas mensajeras al General franquista, Gonzalo Queipo de LLano con el que estaba comunicado a través de este sistema. En esos mensajes, Cortés le informaba de un joven Cabo de Aviación al Santuario, así como de los datos militares de los republicanos. 

El papel en la defensa

Entre el mes de enero y abril de 1937, Pereda compaginó sus guardias en las posiciones avanzadas del Santuario con su trabajo como armero. Debido a sus conocimientos armamentísticos tuvo que arreglar un gran número de armas (fusiles y ametralladoras) que los nacionales dejaban caer en paracaídas sobre el Santuario y que en su mayoría estaban averiadas por el impacto con el suelo. 

En el expediente personal de Pereda Pelayo que existe en el Archivo del Ejército del Aire se puede ver como varios defensores del Santuario declaran a su favor tras la guerra por sus comportamientos heroicos. Fue el caso del Capitán Francisco Ruano Beltrán, nombrado años después 'Jefe de los Supervivientes del Santuario', quién dijo lo siguiente sobre Miguel: 


"A lo largo del periodo de cerco se prestó en todo momento voluntario para las operaciones más difíciles siendo siempre el primero en los combates en donde se veía su valor y fortaleza física. También se observaba su gran habilidad para el manejo y el lanzamiento de bombas de mano (misión especial ésta que tenía encomendada para todo el Campamento). Hizo que muchas veces el enemigo no consiguiese su propósito. En la operación de evacuación de Lugar Nuevo fue tal su comportamiento que fue felicitado por sus compañeros y sobre todo por sus oficiales.En el momento que los combates lo permitían se dedicaba al arreglo de las armas lanzadas por nuestra aviación y que caían estropeadas. En todo momento por su optimismo y por su buen humor era modelo de los soldados".

El 12 de abril, Pereda y los defensores del Santuario recibieron un mensaje firmado por Queipo de Llano en el que mandaba "ánimos" a los "héroes" de Andújar y les notificaba la siguiente información aprobada por el mismísimo Franco: "Autorizado por el Generalísimo, puedo ofrecer que todas las clases e individuos de tropa cuya actuación no haya incurrido en delito, obtendrán al ser liberados el ascenso al empleo inmediato. Pero si para la organización de estas fuerzas se tuviese la necesidad de ascender a algunos de sus subordinados, puede hacerlo dándome cuenta y de las divisas y galones que necesite que tendré el placer de regalar".  Esta notificación de Queipo de Llano venía a decir que una vez liberado el Santuario, Pereda Pelayo dejaría de ser Cabo y ascendería directamente a Sargento.

La ofensiva final

El 26 de abril de 1937, tres meses después de haber llegado al Santuario, Pereda resultó herido de gravedad por ráfaga de ametralladora en una gran ofensiva republicana. Fue un gran ataque de las Brigadas Mixtas que asediaban a los franquistas y que provocaron la muerte de 19 hombres (casi todos guardias civiles y algún falangista), 20 mujeres y 7 niños. Nuestro maestro armero fue trasladado junto con el resto de heridos al improvisado botiquín de campaña donde  permaneció apenas cinco días. Las heridas que sufrió fueron las siguientes según un improvisado parte médico que figura en su expediente personal en el Ejército del Aire: "Herida de bala, con orificio de entrada y salida en la cara posterior de la pierna izquierda y herida de bala con orificio de entrada (sin salida) en la cara posterior de la misma pierna". Los doctores del Santuario le diagnosticaron como herido "grave" por las "condiciones de material aséptico y el ambiente gangrenoso del campamento".
Defensores del Santuario, en calidad de prisioneros tras la
victoria republicana. Entre ellos podría estar Pereda

Solo cinco días después de resultar herido, el 1 de mayo del 37 el Santuario de la Virgen de la Cabeza cayó en poder de las unidades republicanas, resultando herido de muerte el jefe de los defensores el Capitán Cortés. Miguel Pereda, que se encontraba gravemente herido en el botiquín, fue hecho prisionero y trasladado inicialmente hasta el Hospital de Andújar donde fue sometido a una intervención quirúrgica por doctores del Frente Popular. El 8 de mayo fue trasladado, ya en calidad de prisionero, hasta Valencia, quedando ingresado en la zona penitenciaria del Hospital de Sangre de Benicalap que estaba situado en el antiguo convento de la Presentación, en el número 130 de la actual avenida de Peset Aleixandre.

Durante su estancia en Valencia, los Servicios de Propaganda del Gobierno Republicano intentaron, dado a su condición de evadido, que Miguel Pereda colaborara con ellos tanto para escribir en prensa como para hablar por radio. Lo que pretendían era que relatara su testimonio y elogiara a los republicanos por el "buen trato" que le estaban dando en calidad de 'prisionero-enfermo'. El cántabro se negó rotundamente y pese a las amenazas sufridas, siguió en el hospital de Benicalap hasta su casi total recuperación. El 14 de julio de 1937 fue dado de alta médica pero las autoridades judiciales le siguieron tachando de "prisionero de guerra" por lo que fue trasladado hasta el penal de San Miguel de los Reyes en el barrio de Orriols. Allí coincidió con otros defensores del Santuario y también con el Coronel de Aviación Moreno Abella que dio cuenta tras la guerra de los conflictos que tuvo Pereda con los diferentes Comités Revolucionarios que gestionaban el día a día de la prisión. 

El intento de fuga

Estuvo casi cinco meses en la prisión de Valencia pero el 11 de diciembre de  1937 fue conducido hasta el Campo de Trabajo de Tarancón (Cuenca) para trabajar en una línea de ferrocarril que se estaba construyendo. Como pueden imaginar nuestros lectores las condiciones de vida de los reclusos de este campo eran realmente duras ya que se trabajaba de sol a sol y la alimentación dejaba mucho que desear. La noche del 11 de marzo de 1938, "aprovechando la oportunidad de la noche", consiguió huir del Campo de Trabajo con el propósito de llegar esa misma madrugada a la localidad de Añover del Tajo (Toledo), municipio de vanguardia controlado por los nacionales.  

Lo cierto es que estuvo cerca de conseguir su propósito, sin embargo un error de orientación dio al traste con la fuga de Pereda que fue localizado por milicianos a la mañana siguiente. En el momento en el que le atraparon sus captores, Miguel pensaba que iba a ser fusilado como reconocería en su Declaración Jurada tras la Guerra Civil y mantuvo con ellos un fuerte encontronazo verbal. Unos meses más tarde, un periódico franquista, el Diario de Córdoba, explicaba de la siguiente manera como se sucedieron los acontecimientos: 

"A la noche siguiente una sombra avanza y avanza entre las sombras. El campo de prisioneros de Tarancón ha quedado muy atrás cuando clarea el nuevo día. Miguel Pereda, desorientado, ha de preguntar a un campesino que anda con sus útiles de labor: 

- ¿Voy bien por aquí para Añover del Tajo?
El campesino le da un informe pero también informa de su presencia a un grupo de milicianos. A los pocos minutos un grupo de milicianos rojos detiene a Miguel:
- ¿A dónde vas?
- A Añover del Tajo- contesta el Cabo Pereda. 
- Pero si Añover del Tajo es de los facciosos - le dice uno de los milicianos.
- Lo sé y por eso voy allí porque vosotros no tenéis corazón y tratáis a los hombres como bestias.- recalcaba Miguel - "Mirar estas manos en carne viva. Así las tienen todos los infelices que trabajan en el campo de Tarancón. Por eso me he escapado y por eso quería llegar a Añover".

Presos nacionales en un Campo de Trabajo en 1938.
Fotografía publicada por 'Mi Revista'
Los milicianos que le detuvieron le llevaron hasta la 9º División republicana que se encontraba en Aranjuez donde fue sometido a un interrogatorio. Al día siguiente, un oficial le "entregó al SIM (Servicio de Información Militar) de Madrid" que se encargaba directamente de tratar estos asuntos. En concreto fue el jefe del SIM del Ejército del Centro, Ángel Pedrero, el que fue a buscarle hasta Aranjuez y el que le llevó en su coche personal hasta el Ministerio de la Marina en Madrid, donde el Servicio de Información tenía su sede.

Durante el trayecto se vivieron momentos de tensión con amenazas por parte de Pedrero que le pedía que colaborase con el SIM en cuanto fuera encerrado en la cárcel.  En tono arrogante, Pereda le advirtió a su captor que si quisiera  "podría ahogarle" sin pensárselo dos veces. Con el paso de los minutos la tensión fue disminuyendo y antes de llegar a Madrid, Pedrero se ofreció a ayudarle en lo que fuera necesario. Creemos que el jefe del SIM, consciente de que la guerra estaba perdida para la República, buscaba congraciarse con los presos nacionales para tratar de garantizar su vida una vez terminada la contienda.

Una condena a muerte y la huida

 Fue encerrado en unos días en el Ministerio de la Marina y tras prestar declaración ante Pedrero fue trasladado hasta el Ministerio de la Guerra y finalmente hasta la cárcel de San Antón. Allí fue se enteró de que iba a ser juzgado por el Tribunal de Alta Traición y Espionaje que terminaría condenándole a muerte el 13 de abril del 1938, sentencia ratificada dos semanas más tarde. Varios periódicos republicanos como La Vanguardia o La Libertad se hicieron eco de la condena. 

Las autoridades dictaminaron que Pereda Pelayo fuera fusilado a las cinco de la madrugada del 28 de abril de 1938. Desde que se dio a conocer su sentencia a muerte, varias organizaciones de la Quinta Columna de la Falange Clandestina que operaban en Madrid empezaron a trabajar en un plan para salvarle la vida. Un militar de Infantería llamado José María Burgos Iglesias, que también estaba preso en San Antón, fue el encargado de dirigir la operación "Salvamento". Gracias a él y a otros quintacolumnistas, uno de los cuáles trabajaba como escribiente en las oficinas de la cárcel, consiguieron sacarle de la prisión la tarde antes de ser ejecutado simulando ser otra persona.

Artículo publicado en La Vanguardia en el que
aparece Miguel Pereda condenado a muerte

El plan elaborado por la Quinta Columna fue tan minucioso que Pereda llegó incluso a pisar el despacho del director de la prisión recogiendo unos supuestos enseres personales sin que éste sospechara de su verdadera identidad. Burgos Iglesias, el verdadero artífice de su liberación, también logró que la Policía republicana sospechara del propio director de la cárcel y de algunos funcionarios como "complices de la fuga", cuando en realidad nada tenían que ver. El director incluso llegó a ser destituido por el Director General de Prisiones y condenado a "cadena perpetua" por negligencia.  

La organización falangista que liberó a  Miguel consiguió esconderle en un primer momento en un despacho en la calle Eduardo Dato (antes así se llamaba a la Gran Vía), propiedad de un quintacolumnista llamado Juan José Tolosa Torregera, también originario de Santander. El despacho en realidad era un sótano de reducidas dimensiones, sin ventanas y con unas condiciones de vida poco recomendables. Al no poder salir de allí, un día a la semana le visitaba un colaborador de la Falange que le suministraba alimentos y algún periódico antiguo para que pasara el rato de la mejor manera posible. 

En su refugio de la Gran Vía permaneció hasta el 6 de junio del 38, fecha en la que decidieron evacuarle. Justo ese mes la Artillería franquista bombardeaba casi a diario los alrededores del edificio en el que estaba escondido Miguel por lo que su vida allí podía correr peligro. Además, el portero de la vivienda empezó a sospechar (por las extrañas visitas) de que alguien podía encontrarse escondido en ese sótano oscuro. 

Tras pasar unos pocos días en otras dos viviendas, la Quinta Columna por fin le facilitó un salvoconducto falsificado para que se pudiera desplazar desde Madrid hasta Aranjuez. Una vez allí tendría que esperar la llegada de un guía que colaboraba con los franquistas que le ayudaría a atravesar el Tajo y adentrarse de lleno en zona nacional. Vemos como relata el propio Pereda su marcha de la capital y su llegada a Aranjuez: 
"Me proporcionó la documentación un soldado de Artilleria. Dicho muchacho se encuentra en zona liberada pero por estar desempeñando misiones especiales no puedo citar su nombre de no ser necesario. Con dicha documentación pude llegar hasta el Frente de Aranjuez, donde esperé hasta la noche
Creemos que aquel "soldado de Artillería" al que se refiere Pereda puede ser uno de los hermanos Guardiola, uno de los jóvenes originarios de Aranjuez que trabajaban para el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) de Franco organizando expediciones de evadidos desde zona republicana a zona nacional. 

Su llegada a zona nacional

Miguel Pereda esperó la llegada de la noche para intentar atravesar el Tajo a través de una zona conocida con el nombre de 'La Barca de Añover'. Era mediados de junio del 38 y afortunadamente no hacía frío para llevar a cabo su objetivo. A través de una pequeña barcaza, preparada por la Quinta Columna, consiguió cruzar el río sin ser visto por los centinelas republicanos que vigilaban el Tajo. Una vez en la otra orilla se adentró de lleno entre la vegetación hasta toparse con las avanzadillas franquistas de Añover del Tajo (Toledo) que le detuvieron inmediatamente. Tras desvelar su identidad fue puesto en libertad pero con la obligación de trasladarse a la localidad de Olías del Rey (Toledo) donde prestó declaración ante el Estado Mayor Nacional que ordenó que se desplazara hasta Torrijos. Allí se encontraba la jefatura del SIPM que le interrogó de nuevo. Le estaban esperando, ya que la Quinta Columna había explicado a los agentes franquistas la liberación de Pereda y su "heroica actuación en el Santuario de la Virgen de la Cabeza", su posterior fuga del Campo de Trabajo de Tarancón y su condena a muerte en Madrid.

Inmediaciones de la Barca de Añover, la zona por la que
Pereda consiguió pasar a posiciones franquistas

Tras pasar por Torrijos fue enviado a Talavera de la Reina donde hizo una nueva declaración ante la Junta Clasificadora de Evadidos y Prisioneros que ordenó que a Miguel le fuera concedido el permiso el 20 de junio del 38 para visitar a sus familiares en Cantabria. Estuvo solo tres semanas en su pueblo porque en la Caja de Reclutas de Santander le comunicaron que tenía que incorporarse al Ejército Nacional siendo destinado en un primer momento  al aeródromo de León donde se incorporó como maestro armero el 16 de julio.

Antes de empezar a trabajar fue intervenido quirúrgicamente en la enfermería del aeródromo para extraerle la bala que permanecía todavía en su pierna izquierda. Aunque el trato en los hospitales republicanos fue "bueno y profesional", los doctores que le cuidaron durante su cautiverio prefirieron no sacarle el proyectil porque "no era necesario para su supervivencia".

Una nueva vida en territorio franquista

Tras unos días recuperándose, Miguel se incorporó al trabajo en el aeródromo de León encargándose de armar los aviones de la Legión Cóndor ya que allí estable establecido su Cuartel General. Nuestro protagonista dejó pasar unas semanas hasta notificar al Coronel del aeródromo a través de una instancia interna que por "méritos de guerra", tenía que ascender a sargento. Hizo alusión a la octavilla que lanzó Queipo de Lleno a los defensores del Santuario de la Virgen de la Cabeza en la que se comprometía a que los defensores "ascendieran al empleo inmediato al que tenían". Nunca llegó a ascender a sargento porque el 30 de septiembre fue convocado para efectuar el Curso de Piloto en la Base Aérea de Tablada (Sevilla) que empezaría el 20 de octubre. 

Tras dos semanas en Sevilla se tuvo que trasladar hasta la Escuela Elemental de Pilotos de Badajoz donde quedó haciendo prácticas durante casi un año. En Extremadura por lo tanto tuvo conocimiento de que la Guerra Civil Española había terminado. Después se marchó a la Escuela de Transformación de Jerez donde juró bandera ante el estandarte del Grupo de Escuelas de Pilotos del Sur el 14 de diciembre de 1939. Por haber terminado el curso "satisfactoriamente", Pereda fue promovido al empleo de Alférez provisional de Aviación con el título de piloto de guerra. De esta manera se hacía realidad uno de los sueños que venía persiguiendo desde que se incorporó al Ejército del Aire en 1934. 

Su primer destino ya como Alférez fue la Escuela de Observadores de Málaga donde se incorporó el 17 de diciembre del 39, tres días después de jurar bandera. Fue aquí donde le notificaron que Franco le había concedido varias condecoraciones por su actuación durante la Guerra Civil, la más significativa la Cruz Laureada de San Fernando (colectiva) por su papel en la defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza. También le entregaron una Cruz Roja del Mérito Militar, una Cruz de Guerra, una Medalla al Sufrimiento por la Patria y una Medalla de la Campaña. 

Un incidente "absurdo" pero de suma importancia

El 7 de agosto de 1940 fue destinado como profesor a la Escuela Elemental del Grupo de Pilotos de Levante donde permaneció más de un año en la localidad de Alcantarilla. En abril de 1941 sucedió un hecho que cambiaría para siempre la trayectoria militar de Miguel Pereda. Los acontecimientos tuvieron lugar en Andújar el 26 de abril, con motivo de un homenaje a los defensores del Santuario de la Virgen de la Cabeza, al que acudió Miguel en calidad de ex combatiente. Tras las entregas florales en el Santuario, militares, civiles y vecinos de Andújar celebraron un baile en la plaza del pueblo, organizado por la asociación 'La Peña'.

Durante el baile se produjo un incidente entre Miguel Pereda Pelayo y otro de los asistentes que se llamaba José Arnal Fiestas, Capitán Honorario del Cuerpo Jurídico Militar. Al parecer, Miguel pisó durante el baile al Capitán Arnal y el primero, tras un intercambio de insultos, le dio un puñetazo en el rostro. Como no podía ser de otra manera, el oficial del Cuerpo Jurídico denunció al protagonista de esta historia, celebrándose meses más tarde un consejo de guerra en el que hubo declaraciones contradictorias. Según el denunciante, Pereda actuó agrediéndole porque estaba "alineado" con el Capitán de la Guardia Civil de Andújar Manuel Rueda García (ex combatiente en el Santuario) y el Jefe de la Falange en el pueblo Rafael Garzón del Nido con los que Arnal tenía una mala relación. Leamos parte de la denuncia de Arnal: 

"Fui víctima de una provocación y agresión por parte de un Alférez de Aviación destinado en Murcia llamado Miguel Pereda Pelayo...Me encontraba bailando con la señorita Carmen Rico Garzón, prima hermana del Jefe de Falange en Andújar ,cuando el referido Oficial me pisó, lo que no me extrañó pensando que fuese un hecho casual. Al pasar por segunda vez junto a él, el Oficial me volvió a pisar, pensando que podía ser casualidad. La chica en tono de broma le reconvino por obstaculizar a los que bailaban. Al manifestar el declarante que lo ocurrido era natural si se estaba en un sitio donde se estorbaba, el Oficial contestó en tono airado que no estorbaba en ningún sitio. Solté a la muchacha para dar una explicación a fin de convencerle de que no había sido nunca su intención de decirle que estorbaba en el baile, el Alférez vino a mi encuentro en actitud violenta. Para evitar que continuara en ella, ya que el que habla vestía de paisano, le dije 'Soy Capitán', introduciendo acto seguido la mano izquierda en el bolsillo del pantalón donde llevaba la cartera militar. Mientras cogía la cartera, de manera brusca y por encima de la muchacha, el Oficial le dio un golpe en la barba con el puño cerrado y en el acto de reaccionar el declarante para repeler la agresión fue sujetado por ambas manos por el Capitán de la Guardia Civil Manuel Rueda García y rodeado por el Jefe Local de la FET y el hermano de éste. Según datos probatorios del que suscribe y ofrece a presentar, en un momento oportuno había sido previamente concertado (el incidente) entre el referido oficial y el jefe local de la FET y de las JONS, Rafael Garzón del Nido, existiendo además sospechas racionales de que también estuviese de acuerdo con ellos el Capitán de la Guardia Civil Manuel Rueda García". 

En su denuncia también dice que Pereda fue "utilizado instrumentalmente" por el Capitán de la Benemérita y el Jefe de la Falange. Sigamos leyendo su declaración: "Inmediatamente después del incidente fui tratado en público vejatoriamente y con todo desprecio de la dignidad y honor militar inherente a un Oficial del Ejército por el Capitán de la Guardia Civil, el Jefe Local de la FET. Y como los hechos relatados pueden ser constitutivos de delito lo pongo en conocimiento de la superioridad". 
Capitán de la Guardia Civil
Manuel Rueda

Como consecuencia de este suceso tuvo lugar un Consejo de Guerra contra Miguel Pereda por haber agredido a un Capitán del Ejército (Arnal), aunque éste vestía de paisano la noche del 27 de abril. El juez militar instructor del consejo tomó declaración a todas las partes implicadas. Leamos ahora la declaración de Miguel: 

"Me encontraba en el baile buscando a una chica y sin darme cuenta tropecé con un paisano que después me enteré que era Capitán. Le pedí disculpas pues había sido involuntario. Después tropecé con una chica que estaba bailando con el mismo señor, el cual lo tomó como una provocación por la coincidencia, diciendome que estaba estorbando. Entonces le di un empujón, apareciendo entonces el Capitán de la Guardia Civil y otros señores que nos llevaron fuera del baile para aclarar lo sucedido. Allí me enteré de que dicho señor era Capitán, poniendonos ambos de acuerdo y marchándonos del baile".

El Capitán de la Guardia Civil y el Jefe de Falange de Andújar también prestaron declaración en el Consejo de Guerra.El primero, sobre todo, defendió a Pereda y dijo que Arnal hizo un movimiento "extraño" llevándose la mano al bolsillo como si allí tuviera un arma, aunque luego se demostró "que no llevaba ninguna pistola sino tan solo su carnet militar". Pidió al Tribunal que no tuvieran en consideración la agresión de Miguel pues se trataba de una persona "heroica" que se había jugado la vida por el "España y el Generalísimo". El Jefe de Falange, por su parte, desmintió de una manera rotunda que hubiera preparado un plan para "desprestigiar" al Capitán Jurídico y calificó los hechos como un "incidente casual". 

Lo que parece claro es que existían rencillas personales entre el Capitán Arnal y el Jefe de Falange local y el Capitán de la Guardia Civil de Andújar. Arnal, nada más terminar la Guerra Civil, actuó como máximo responsable de la justicia castrense en la localidad jienense no permitiendo "interferencias de las autoridades locales" en las investigaciones que él llevó a cabo contra algunos defensores del Santuario. Esto le granjeó una gran mala fama y no sería de extrañar que los ex combatientes sintieran cierto recelo hacía él.

Sancionado

Documento firmado por Pereda
El 19 de diciembre de este 1941 un juez militar dictó sentencia. Consideraba que no hubo "premeditación" en el incidente", sin embargo calificó la conducta del Capitán de la Guardia Civil Manuel Rueda como "incorrecta, excediéndose en el cumplimiento de sus obligaciones con abuso de autoridad" contra el Capitán Jurídico. Al Alférez Miguel Pereda le impuso una sanción de "dos meses de arresto en un Castillo u otro establecimiento análogo como autor de una falta leve del artículo 335 del Código de Justicia Militar. Finalmente la sentencia fue reducida y Pereda fue sancionado a "catorce días de arresto en su domicilio" por una falta contra "el decoro de las clases militares y su comportamiento que deben dar en público como ejemplo de moralidad, decencia y compostura". 

Sabemos que Pereda Pelayo no cumplió la sentencia. En noviembre de este año, según aparece publicado en el Boletín Oficial del Ejército del Aire se "licenció" por "petición propia" del Ejército del Aire al parecer por "motivos familiares". Aunque quedó en situación de "disponible" en la Escala de Complemento de Aviación, Miguel se desvinculó voluntariamente de las Fuerzas Armadas un mes antes de conocer su sentencia. ¿Qué motivos le llevaron a tomar esta decisión y no hacer realidad su sueño de seguir pilotando aviones militares? No tenemos respuesta a esta pregunta pero podemos elaborar una hipótesis. Es probable que sintiera que la justicia militar había "menospreciado su honor" por el incidente de Andújar, olvidándose de que él había sido un "héroe de la Guerra Civil".

El Capitán de la Guardia Civil de Andújar, involucrado también en el incidente, falleció de una manera repentina en noviembre de 1941 víctima de una enfermedad, posiblemente contraída durante la defensa del Santuario. Por lo tanto, Manuel Rueda no pudo ser sancionado por los sucesos del día 27 de abril. En 1945 fallecería también fulminantemente el Jefe de Falange de Jaén. 

¿Qué sucedió después con Pereda Pelayo?

En los años cuarenta Miguel Pereda tuvo cierto protagonismo en la creación del Aeroclub de Santander que se instaló en los bajos del Hotel Bahía de la capital cántabra. Según el Boletín Oficial de la Provincia de Santander, en agosto de 1942 fue nombrado juez suplente de la Justicia Municipal de Bárcena de Cicero, su pueblo. 

Esquela de Miguel Pereda Pelayo en ABC
Al margen de este nombramiento, sabemos que en 1953 ocupaba un puesto de importancia en una empresa privada. Se trataba de la 'Compañía Agrícola del Qebir SA', dedicada a la explotación agrícola y ganadera de determinados territorios del norte de Marruecos. Miguel ocupaba el puesto de "director gerente" de esta empresa. 

En el año 1971 tenía una explotación ganadera en una finca llamada 'El Paseo' en la localidad de Griñón (Madrid) junto a José Tolosa Torregaray, curiosamente uno de los miembros de la Quinta Columna que le ayudó a escapar de la cárcel San Antón en Madrid en abril de 1938. En 1981 seguía dedicándose a la ganadería, gestionando un negocio de lecherías en la zona sur de la Comunidad de Madrid.

Miguel Pereda Pelayo fallecío en Madrid el 20 de abril de 1994, tenía 79 años. En la esquela de ABC venía reflejado que había muerto "este piloto y agricultor" y que había sido enterrado en el cementerio de Griñón. Seis años después, en 2001, fallecería José Arnal Fiestas, el Capitán que recibió la agresión de nuestro protagonista en Andújar. 

Fuentes consultadas

- Archivo Histórico del Ejército del Aire 
- Archivo General Militar 
- Archivo Militar de Segovia
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Causa General General de Aranjuez
- Causa General Base Aérea de Getafe
- Hemeroteca Nacional
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
- Hemeroteca ABC
- Hemeroteca La Vanguardia
- Boletín Oficial del Estado