viernes, 1 de septiembre de 2017

Secuestro y asesinato en la Posición Jaca en marzo de 1939

Imagen actual del bunker de la 'Posición Jaca'
Para los más altos oficiales del Ejército del Centro la 'Posición Jaca' era un lugar infranqueable. Excavado a  una profundidad superior a los 15 metros, el Cuartel General del Ejército del Centro era uno de los puntos más seguros de Madrid desde el verano de 1937, fecha en la que los jefes militares republicanos abandonaron los sótanos del Ministerio de Hacienda para instalarse en este magnífico refugio, ubicado en el emblemático Parque del Capricho de Madrid. 

A primeros de marzo de 1939, durante los durísimos enfrentamientos entre los propios republicanos, la 'Posición Jaca' tuvo un protagonismo inconmensurable por dos motivos: su estratégica situación (junto a la carretera de Barajas y a la de Barcelona) y por los importantes mandos militares que se encontraban. Hoy en www.guerraenmadrid.com vamos a analizar lo que sucedió allí entre el 6 y el 11 de marzo. 

A buen seguro que nuestros lectores conocen cómo transcurrió la conspiración del Coronel Casado para poner fin a la Guerra Civil, aislando por un lado al presidente Negrín y por el otro al Partido Comunista. Tras constituirse el Consejo Nacional de Defensa y después de una brillante alocución por radio del propio Casado y de Julián Besteiro (ambos hablaban de poner fin a la guerra cuanto antes), empezó una pequeña guerra civil dentro del bando republicano. ¿Los implicados? Por un lado los simpatizantes de Casado y por el otro las unidades comunistas que se oponían al Consejo Nacional de Defensa y que pretendían proseguir la contienda contra los nacionales.

En Madrid los combates arrancarían durante la mañana del 6 de marzo y tuvieron especial crudeza en las zonas de Nuevos Ministerios, Manuel Becerra y Chamartín. Desde un primer momento la 'Posición Jaca' se mantuvo leal al Coronel Casado y todos los mandos del Ejército del Centro que allí se encontraban apoyaron la conspiración. Sin embargo, desde un primer momento, Casado y sus ayudantes más próximos fueron conscientes de lo difícil que sería defender la 'Posición Jaca' por su estratégica situación: la 300 División de Guerrilleros (comunistas en su mayoría) mandada por el Mayor Santiago Calvo avanzaba a toda velocidad hacia el Capricho después de haber conquistado sin problemas Torrejón de Ardoz donde se unieron a los sublevados la 5º Brigada de Carabineros. De hecho, los escuchas franquistas del SIPM interceptaron a las 11.00 de la mañana de este 6 de marzo un mensaje enviado desde Alcalá de Henares por el propio Calvo a su superior, Domingo Hungría que se encontraba en Benimamet diciendo: “Sublevado el Estado Mayor del Ejército del Centro y constituida una junta facciosa, vamos a luchar contra ella de acuerdo con el Partido. Denme instrucciones”. 

Una posición muy estratégica

No hay que olvidarse tampoco de que la 'Posición Jaca'  se encontraba muy próxima a 'Villa Eloisa', el Cuartel General del Partido Comunista en Madrid y el escenario donde se estaba gestando el contragolpe a Casado. De manera clandestina, miembros del PCE se habían aproximado a la 'Posición Jaca' y habían comprobado que sus sistemas de defensa y protección no habían aumentado demasiado desde el inicio de los combates. Por este motivo, la 'Posición Jaca' se había convertido en uno de los objetivos más ansiados .
1º Vernardini, ayundante de Mera 2º Cipriano Mera
3º Segismundo Casado

Consciente de que la 'Posición Jaca' podía perderse, Casado envió el mismo 6 de marzo hasta allí a Cipriano Mera para comprobar de primera mano las defensas y con la intención de levantar el ánimo del Coronel Joaquín Otero Ferrer (Jefe de Información del Ejército del Centro) que se encontraba al mando de la posición. Mera y su asistente Antonio Vernardini llegaron al Capricho pasadas las 18.00h y comprobaron que el ambiente entre los oficiales era de desolación. Según relató Mera en sus memorias, el Coronel Otero le comentó nada más llegar que “había mantenido una conversación telefónica con las fuerzas guerrilleras” que se aproximaban cada vez más a la 'Posición Jaca'. Según Otero estas fuerzas guerrilleras le dijeron que no querían enfrentarse a las fuerzas del Consejo Nacional de Defensa y que tenían intereses de “parlamentar con el Coronel Casado y como éste exigiera que primero depusieran las armas, los mandos de los guerrilleros (el Mayor Calvo fundamentalmente) pidieron un plazo de dos horas para dar una respuesta, plazo que les fue concedido”. 

Pese a no ser militar profesional, Cipriano Mera tenía una gran intuición combativa y desde un primer momento alertó al Coronel Otero de que el propósito de los guerrilleros era “ganar tiempo para poder ocupar” la 'Posición Jaca'. Por este motivo el líder anarquista telefoneó al IV Cuerpo del Ejército (del que era principal jefe) que se encontraba en Alcalá de Henares y que por orden de Casado se había detenido tras aceptar la tregua de los guerrilleros. 

Pasaron las dos horas de tregua y los nervios en la 'Posición Jaca' crecían por momentos. No había noticias ni de Casado ni de los Guerrilleros Comunistas, por lo que el Coronel Otero empezaba a desesperarse. Otero Ferrer era un veterano oficial de Ingenieros que durante la Guerra Civil se había curtido luchando en Ciudad Universitaria y en la Batalla del Jarama donde  estuvo en el Estado Mayor de la famosa 'Agrupación Morata'. También participó en la preparación de la ofensiva republicana en Brunete y en otras operaciones de menor calado en la Casa de Campo. 

Una reunión in extremis

A las 21.00h las comunicaciones telefónicas de la 'Posición Jaca' habían dejado de funcionar. Posiblemente una incursión guerrillera en el Parque del Capricho había cortado las comunicaciones con el exterior, por lo que el asalto podía ser inminente. Según Mera a las 04.00h de la madrugada del 7 de marzo tuvo lugar una reunión en el interior del bunker en la que participaron, además de él y de su ayudante Verardini, los Coroneles Otero, José Pérez Gazzolo (segundo jefe del EM del Ejército del Centro) y Arnoldo Fernández Urbano (jefe de Organización del Ejército del Centro), el Teniente Coronel Villal, el capitán Artemio García y dos tenientes apellidados Dalda y Corella. En esa reunión se comunicó que casi todos los miembros del batallón de Carabineros de la 5º Brigada que se ocupaban de la defensa de la parte noroeste de la 'Posición Jaca' se habían pasado a los comunistas: les habían convencido los carabineros que se unieron a los Guerrilleros en Torrejón.

De esta manera, los únicos defensores del Cuartel General del Ejército del Centro eran  dos batallones de la 70 Brigada Mixta y una treintena de jefes y oficiales que se encontraban en el interior del búnker de El Capricho. Según el relato de Mera, el Coronel Otero le ordenó que acudiera a los exteriores de la posición y comprobara de primera mano si el enemigo se encontraba en las inmediaciones. Acompañado por su ayudante Verardini, por el Teniente Coronel Villal y el Teniente Corella, el líder anarquista comprobó con sus propios ojos que la 'Posición Jaca'  estaba en serio peligro puesto que los Guerrilleros y una unidad de tanques ya estaban tomando posiciones en los exteriores. Villal y Corella regresaron al búnker a dar cuenta a sus compañeros de lo que estaba pasando y con la advertencia de Mera de que era necesario “evacuar el puesto de mando inmediatamente”. 

Según Mera pasaron “unos minutos preciosos” y nadie evacuó la 'Posición Jaca', por lo que “me fui yo mismo al puesto de mando y les dije a los presentes: vengan conmigo, aquí ya no hay nada que hacer.  Dentro de cinco minutos los comunistas se habrán apoderado de las oficinas – Sí – me contestan – ahora vamos”. Tras permanecer unos instantes a la espera, Mera abandonó la 'Posición Jaca' junto Verardini, el capitán Artemio García y los tenientes Dalta y Corella. Los cinco se fueron del Parque de El Capricho a tiro limpio, resultando Corella herido en un brazo, hasta llegar a la zona de Canillejas donde tras engañar a una unidad Comunista, consiguieron contactar con el Coronel Casado.

Tres coroneles prisioneros

Sobre lo acontecido en el interior de la 'Posición Jaca' y los oficiales del Ejército del Centro tras la marcha de Cipriano Mera hay muchas dudas y también algunas especulaciones. Sabemos que la decisión final de asaltar la 'Posición Jaca' por parte de la columna Guerrillera corrió a cargo del Mayor Calvo con el beneplácito del Coronel Luis Barceló Jover. También sabemos mediante los testimonios de algunos guerrilleros (luego serían importantes maquis) que participaron en el asalto que los combates en el interior de la posición fueron encarnizados. Sin embargo, a primera hora de la mañana del 7 de marzo, la 'Posición Jaca' cayó en poder de los comunistas y la mayoría de oficiales que quedaban en su interior fueron arrestados allí mismo y a punta de pistola fueron sometidos a interrogatorio. Entre esos oficiales estaban los tres Coroneles al mando de la posición: Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. En el interior del búnker se produjeron algunos tiroteos con bajas por parte de los casadistas como explicaremos más adelante.
El Coronel Luis Barceló

La gran duda que nos surge en estos momentos es: ¿por qué estos tres Coroneles no escaparon al mismo tiempo que Cipriano Mera y su ayudante de la 'Posición Jaca'? ¿Esperaban un trato de favor por parte de los Comunistas? ¿Se habían planteado su lealtad al Coronel Casado? Por desgracia no podemos responder a estas preguntas de una manera objetiva. 

Pero sigamos con el desarrollo de los hechos en el interior de la 'Posición Jaca' después de que los Comunistas se hicieran con el control del puesto de mando. Sobre las 17.00 del 7 de marzo el Coronel Barceló hizo su aparición en la posición e interrogó personalmente a los detenidos. En su Consejo de Guerra, Barceló reconoció que tras llegar a la posición había  visto un charco de sangre en el suelo del búnker pidiendo explicaciones a sus colaboradores más estrechos. Estos le dijeron que se habría “producido una baja” como consecuencia de un “bombardeo”, algo poco probable en un refugio subterráneo. 

Los prisioneros en El Pardo

En cualquier caso, Barceló ordenó trasladar a los detenidos en la 'Posición Jaca' hasta el Palacio de El Pardo donde el comunista Guillermo Ascanio había  establecido su cuartel general. Los tres coroneles (Otero, Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández) coincidieron en su cautiverio en el palacio con el Teniente Coronel del bando franquista, Lloro Regales que por un “ataque de locura” había desertado ese mismo 7 de marzo y se había pasado al bando republicano. 

Según cuenta el periodista anarquista García Pradas, que también estuvo detenido en el Palacio de El Pardo, los tres coroneles fueron asesinados junto con el comisario político del PSOE Ángel Peinado Leal. El testimonio de García Pradas se puede leer en su libro 'La traición de Stalin': 

“Unas horas antes de llegar nosotros fueron sacados los tres, eran tres viejos de noble condición, leales del antifascismo durante la guerra, no afiliados a ningún sector político. Y desvalidos por consiguiente ante sus verdugos. Los metieron en un coche y se los llevaron junto al comisario socialista Peinado Leal a quien tal vez confundieron con otro prisionero. Los cuatro desgraciados, figuras sin importancia de la contienda, fueron abatidos por la misma ráfaga de ametralladora después de cavar su propia tumba”.

Desde nuestro punto de vista García Pradas especula sobre la muerte de los tres militares y Peinado Leal. ¿Cómo es posible que supiera que los “cuatro desgraciados” habían cavado su propia tumba y asesinados por ráfaga de ametralladoras? Cuando él llegó al Palacio de El Pardo, los otros cuatro detenidos ya habían sido sacados de sus celdas y trasladados en coche a un punto indeterminado. 

En cualquier caso, los combates en Madrid entre casadistas y comunistas terminaron a mediados de marzo. Todo el mundo sabía que los tres principales jefes de la 'Posición Jaca' habían desaparecido de su cautiverio de El Pardo y como era lógico se esperaba que hubieran sido asesinados. Sin embargo, en un artículo publicado en ABC el 14 de marzo se decía que los tres coroneles, junto a otros presos en Palacio, habían sido puestos en libertad por los comunistas horas antes de que las tropas de Casado tomaran El Pardo. Nada más lejos de la realidad. 

Aparecen los cadáveres

La confirmación oficial de que los máximos responsables de la 'Posición Jaca' habían sido asesinados por los comunistas se produjo el 23 de marzo (5 días antes de que los nacionales llegaran a Madrid). Tras interrogar a varios soldados centinelas de El Pardo, el Consejo Nacional de Defensa pudo averiguar que los tres militares y Ángel Peinado Leal habían sido ejecutados a las afueras de El Pardo y enterrados en una fosa común. A las 09.00 del 23 se abrió la fosa (ubicada en una zona boscosa) y se confirmó que los cadáveres que allí se encontraban con varios impactos eran los de Joaquín Otero Gómez, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. 
Periódico La Libertad, 24 de marzo

El 24 de marzo, en plenas conversaciones entre Casado y los emisarios franquistas para poner fin a la Guerra Civil, el diario ABC publicaba la noticia del hallazgo de los cuerpos de los tres militares y del comisario Peinado. El propio García Prada leyó un breve poema en Unión Radio en recuerdo a los asesinados recordando su heroísmo y su patriotismo hasta el final de su vida. 

Esa misma tarde del 24 de marzo se celebró el entierro que tuvo una gran transcendencia pública. De hecho fue el último gran acto republicano que se celebró en Madrid antes de que entraran las tropas franquistas. La capilla ardiente (o cámara mortuoria) se instaló en el edificio de la Secretaría de Defensa de Madrid. Según cuenta la prensa de la época los cuatro cadáveres estaban dispuestos en “féretros sencillos, cubiertos por ramos y coronas y los colores de la bandera republicana adornaban el fondo del local. Los féretros iban envueltos en la bandera nacional republicana y fueron sacados a hombros por los compañeros de los fallecidos y colocados en lujosos coches estufa atestados de coronas”. 

Según cuentan la prensa, se formó una comitiva militar que trasladó los cadáveres hasta el cementerio este. A la cabeza de la comitiva iba el General Miaja y detrás el resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa. Les seguían el gobernador de Madrid, el alcalde, el director de Seguridad, la ejecutiva del PSOE y todos los jefes militares del Ejército del Centro. También participaron en la comitiva el resto de organizaciones políticas y sindicales que integraban el Frente Popular. “Una columna de honor desfiló ante los cadáveres, integrada por representaciones de las diversas brigadas del Ejército Republicano comandadas por el General Martínez Cabrera. Al pasar ante ellas los cadáveres, las bandas de tambores y cornetas les rindieron honores en medio de un silencio impresionante, a pesar del gentío inmenso que presenció el cortejo desde los balcones y ventanas”.

Conclusiones

Se ha escrito muy poco sobre estos asesinatos, posiblemente porque los datos que se disponen son muy pocos. ¿Fue un crimen ordenado directamente por la cúpula  militar del Partido Comunista o fue un crimen aislado que pretendía silenciar los desmanes cometidos por los Guerrilleros en el asalto a la 'Posición Jaca'? Por desgracia no tenemos capacidad para responder a estas preguntas de una manera objetiva. Solo sabemos que el Consejo Nacional de Defensa quiso dar un castigo ejemplar por estos asesinatos a uno de los cabecillas del contragolpe comunista, el Coronel Barceló. Tras un Consejo de Guerra, el Coronel fue condenado a muerte y fusilado en el Cementerio Este de Madrid el 18 de marzo de 1939 a las 15.15. Agentes del SIM fueron los encargados de custodiar y trasladar a Barceló hasta el Cementerio. El piquete de fusilamiento lo formaban miembros de los batallones 1º y 2º de retaguardia que estaban mandados por el capitán Enrique Roldán Remonte. Sin embargo el oficial que estuvo al frente de la ejecución fue un joven teniente, natural de San Lorenzo de El Escorial llamado Eloy Martín Herranz que tras la guerra fue hecho preso por los franquistas y estuvo varios años encerrado en el Fuerte de San Cristóbal. Un capitán médico llamado Eloy Martín Herranz (fallecido en 1993) emitió el certificado de defunción del Coronel Barceló en el mismo cementerio.

¿Quiénes eran realmente los asesinados por los Comunistas?

El Coronel Pérez Gazzolo tenía 47 años cuando fue fusilado en El Pardo. Al estallar la guerra era Comandante de Infantería. Tuvo un papel destacado ya desde los inicios de la contienda y en agosto de 1936 acompañó a Miaja en su intento de ocupar Córdoba. En octubre de este año ascendió a Teniente Coronel y figuraba como uno de los ayudantes más cercanos a Miaja. El 18 de diciembre fue nombrado Jefe del EM del Ejército del Sur y participó en la evacuación de la población civil de Málaga. También fue uno de los encargados de dirigir las operaciones militares del asalto al Santuario de Santa María de la Cabeza con la XVI Brigada Mixta y el diputado comunista Pedro Martínez Cartón. Por aquellos días hizo amistad con el poeta Miguel Hernández que estuvo presenciando el asalto. 
Certificado de la muerte de Luis Barceló, enterrado en
el Cementerio Este de Madrid

El 30 de mayo de 1937 fue trasladado como segundo jefe al Estado Mayor del Ejército del Centro.  Fue el encargado de dirigir el traslado del Ejército del Centro del Ministerio de Hacienda a la 'Posición Jaca. A principios de marzo de 1939 fue ascendido a Coronel, ascenso que fue publicado en la gaceta del Ministerio de la Guerra. Su viuda se llamaba Carmen de Sostoa Erostarbe y en la década de los 80 empezó a cobrar la pensión por los trienios cosechados por su marido en su época militar.

Arnoldo Fernández Urbano murió a los 56 años. Al inicio de la guerra era Comandante de Infantería, diplomado del Estado Mayor. Largo Caballero, en el mes de septiembre de 1936, lo incluyó entre los miembros del EM del Ministerio de la Guerra, ascendiendo a Teniente Coronel. Fue muy próximo a Vicente Rojo y contribuyó a la Defensa de Madrid. Ascendió a Coronel en marzo de 1939. 

Joaquín Otero Ferrer. Como antes hemos dicho, al empezar el golpe de Casado él era el máximo responsable de la 'Posición Jaca'. Se había curtido durante toda la Guerra Civil luchando en Ciudad Universitaria y el Jarama. También preparó la ofensiva de la Batalla de Brunete.

Fuentes consultadas

'1939. Agonía y victoria'. Ricardo de la Cierva
'La traición de Stalin'. García Pradas
Cipriano Mera, memorias de un anarcosindicalista
'Así cayó Madrid'. Segismundo Casado.
'Así terminó la Guerra de España', Ángel Bahamonde
Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca Nacional (periódico La Libertad)
Hemeroteca ABC
Archivo Histórico Nacional (Causa General): Consejo de Guerra Luis Barceló Jover


miércoles, 12 de julio de 2017

El ayudante que traicionó al General Miaja en el invierno de 1937

Miaja y su ayudante a finales de verano de 1936
Luis Fernández-Castañeda era uno de los pocos militares de carrera de los que todavía se fiaba el General Miaja en enero de 1937. Desde que se constituyó la Junta de Defensa de Madrid, con la huida a Valencia del Gobierno de la República y la inminente llegada de los franquistas, pocos eran los oficiales profesionales que se mostraban leales al militar asturiano. Sin embargo el Capitán Fernández-Castañeda, pese a simpatizar con los sublevados desde el inicio de la Guerra Civil, sentía cierto afecto por Miaja que le había protegido en más de una ocasión cuando milicianos de la FAI habían tratado de detenerle. 

Nacido el 17 de enero de 1898, Fernández-Castañeda había ingresado en la Academia General de Infantería en 1912, con apenas 14 años.  En 1916 ya figuraba como teniente segundo, en el regimiento Tetuán 45, pasando a partir de ese momento por un sinfín de regimientos con los que combatió en las campañas militares de Marruecos. Al estallar la Guerra Civil, Fernández-Castañeda ya era capitán de Estado Mayor (tenía 38 años) que compaginaba su vida militar con la docencia: impartía clases en la Academia Martos de Madrid, situada en el número 9 de la calle de la Cruz, en la que preparaba a aspirantes a funcionarios de la Dirección General de Seguridad. 

Lo cierto es que nuestro protagonista, aún teniendo ideales conservadores y compartiendo cierta simpatía hacía los sublevados, tenía buena fama entre militares izquierdistas de carrera. De hecho, en 1934 participó, durante un Consejo de Guerra, en la defensa de seis suboficiales que estaban acusados de sedición por haber formado parte de la UMA (Unión de Militares Antifascistas). 

Con todo, al estallar la Guerra Civil fue perseguido por varios grupos anarquistas que pretendían detenerle por "desafecto" al régimen republicano. Miaja, que había coincidido con él en destinos anteriores, consiguió ponerle a salvo y situarle en su entorno más cercano. De hecho, cuando se constituyó la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el propio Miaja,  le nombró tercer máximo responsable militar de la Junta solo superado por el militar asturiano y por el Teniente Coronel, José Pérez Mártínez su ayudante más próximo. Este cargo, como número tres de la Junta, aparece publicado en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra con fecha 15 de enero de 1937: figura como 'Secretario General de la Junta de Defensa' de Madrid.

Ayuda a la diplomacia argentina 

Sabemos que por estas fechas, Luis Fernández-Castañeda se puso en contacto con el máximo responsable de la Embajada de Argentina en Madrid, Edgardo Pérez Quesada al que le pidió que le ayudara. Le comunicó que  "su espíritu y honor de militar" no le permitían seguir más tiempo en zona republicana y por este motivo le pidió que "por favor" le ayudara a pasarse a zona nacional. Aunque nuestro protagonista empezaba a tener cierto caché dentro del Ejército Republicano y muchos ya le consideraban un héroe en la defensa de Madrid por estar al lado de Miaja, él sentía la necesidad de pasarse a la otra zona, porque se identificaba mucho más con los ideales nacionales. 
Pérez Quesada, diplomático argentino

Pérez Quesada se comprometió a guardar con sumo secreto el ruego de Fernández-Castañeda y le recomendó que siguiera haciendo su vida normal junto a Miaja hasta que pudiera encontrar la manera de sacarle de España. Y eso fue lo que haría unas semanas más tarde. Mientras tanto,  el 05 de febrero de 1937, pocos días después de aquella conversación con el diplomático argentino, el Diario oficial del Ministerio de la Guerra anunciaba que el capitán Fernández-Castañeda había sido ascendido a Comandante. 

Mientras Pérez Quesada pensaba la mejor manera de evacuar de Madrid a uno de los ayudantes del archifamoso Miaja, el diplomático argentino recibió un encargo de lo más extraño procedente de París. Al parecer, el embajador de Argentina en París (doctor Lebreton) le había ordenado  que tratara de organizar lo antes posible la fuga de la España republicana de uno de los fundadores de Falange, Ramón Serrano Suñer que estaba preso en Madrid. El prestigioso médico Gregorio Marañón había pedido encarecidamente al embajador argentino en Francia que intercediera para evacuar al cuñado de Franco. 

A principios de febrero de 1937 Pérez Quesada mantuvo una reunión secreta con Fernández Castañeda al que ofreció un trato. Se comprometió a sacarle de la España republicana en un barco de la marina argentina a cambio de que él también ayudara a escapar a dos personas perseguidas:  Serrano Suñer y un capitán de Artillería llamado Eusebio Álvarez Miranda (34 años), marido de Matilde Álvarez, hija de Melquiades Álvarez, asesinado en la cárcel Modelo el 22 de agosto de 1936. 

El plan de fuga

Entre el ayudante de Miaja y Pérez Quesada trazaron el plan de fuga. Fernández-Castañeda tendría que convencer a su jefe (Miaja) de que iba a hacer un viaje oficial en un vehículo del Ministerio de la Guerra desde Madrid y hasta Valencia para reunirse supuestamente con el Capitán General de esta ciudad al que le entregaría unos documentos. Sin demasiados problemas, Miaja le permitió hacer el viaje aunque le sugirió que se llevara a un suboficial como guardaespaldas porque los controles de los milicianos de la CNT-FAI eran "más peligrosos que el enemigo". Fernández-Castañeda le hizo ver que no era necesario llevar escolta y se comprometió a telefonearle nada más llegar a Valencia. 
Fernández Castañeda en 1957 / ABC

Pérez Quesada, en colaboración con diplomáticos holandeses, habían conseguido rescatar de un hospital penitenciario a Serrano Suñer (disfrazándose éste de mujer) y trasladarlo hasta una vivienda segura, perteneciente a la embajada argentina. Una vez allí, fue informado del plan de fuga que empezaría a las 17.00 del día siguiente (estamos hablando del día 8 o 9 de febrero de 1937).

El día siguiente Serrano Suñer fue trasladado a un coche de la embajada argentina hasta el número 57 de la calle Núñez de Balboa, una casa que servía de refugio para las expediciones de refugiados que solía organizar Pérez Quesada. Después sería trasladado en un coche conducido por José María Jardón (responsable civil de la embajada de Argentina) hasta la vivienda de un ginecólogo apellidado Hervías que estaba enrolado en un batallón de dinamiteros pero que en realidad trabajaba para la Falange Clandestina. Allí Serraño Suñer se encontró con el capitán Álvarez Miranda. Ambos estuvieron en esta vivienda varias horas hasta que a las 06.00 de la mañana, tal y como habían acordado con los diplomáticos argentinos, salieron de la misma.

En las inmediaciones de la calle Serrano les estaba esperando un vehículo oficial del Ministerio de la Guerra con dos banderines en la parte delantera con sendas banderas republicanas. El conductor era el ya Comandante Luis Fernández-Castañeda que les saludó con un escueto "buenos días camaradas". Aquel coche tenía que trasladarles desde Madrid hasta Alicante, pero el trayecto no sería ni mucho menos sencillo.

Aunque Fernández-Castañeda se había provisto de los salvoconductos oportunos para trasladarse desde la capital hasta Alicante, el verdadero problema eran las identidades de sus dos compañeros de viaje. El militar había tenido que conseguir en el mercado negro, jugándose el tipo, dos identidades falsas que correspondían a dos militantes de la CNT que habían muerto en Ciudad Universitaria. El oficial había tenido que pagar un precio desproporcionado a un anarquista "desencantado" que había vendido los carnets de sus compañeros fallecidos en combate. 

Un viaje accidentado a Alicante

El trayecto a Valencia fue de lo más intenso. A poco de salir de Madrid el vehículo del Ministerio de la Guerra fue obligado a detenerse en un control de la FAI situado en Vallecas. Tras superarlo sin demasiadas complicaciones, el coche conducido por Fernández-Castañeda se volvió a encontrar con un segundo control, en este caso en el Puente de Arganda. También en esta ocasión, los tres fugados consiguieron salir airosos de las preguntas incómodas de los milicianos. 
Listado de los refugiados que salieron de
España gracias a la embajada argentina.
Entre los refugiados está Fernández
Castañeda

Desde ese instante y hasta Albacete el trayecto fue de lo más plácido. Sin embargo, cerca de Almansa el vehículo empezó a dar tirones hasta que se detuvo en la entrada del pueblo. El coche se había quedado sin gasolina y en la localidad albaceteña no era posible posible encontrarla. Tanto Fernández-Castañeda como Álvarez Miranda se plantearon pasar la noche allí, pero la insistencia de Serrano Suñer fue determinante. Según cuenta el falangista en sus memorias, "mendigamos gasolina y entre un garaje y la casa de un pariente del Alcalde y conseguimos una pequeña cantidad de combustible, con lo que pudimos llegar"

Esa misma noche, Fernández-Castañeda y sus dos acompañantes llegaron hasta Alicante. El Comandante dejó a Serrano Suñer y Álvarez Miranda en el Consulado de Argentina en esta ciudad mietras que él siguió rumbo a Valencia para entrevistarse con el Capitán General. Aquella entrevista, protocolaria cien por cien se celebró con total naturalidad. De hecho, desde la Capitanía de Valencia Fernández-Castañeda telefoneó a Miaja para decirle que había llegado sin contratiempos a su destino y que volvería a la capital en cuestión de horas. Lo que no le dijo al veterano militar asturiano es que ya no iba a regresar nunca más a Madrid. 

A la mañana siguiente cogió el mismo coche con el que había ido a Valencia y se desplazó hasta Alicante. Al igual que habían hecho el día anterior Serrano Suñer y Álvarez Miranda, el Comandante Fernádez-Castañeda también consiguió acceder al Consulado argentino gracias a las gestiones realizadas por el cónsul argentino Lorenzo Barreda. 

Nuestro protagonista pasó varios días en el Consulado de Argentina a la espera de ser evacuado en barco a las costas francesas. Mientras tanto, desde Madrid, el General Miaja se empezó a preocupar por la ausencia de su ayudante que ya llevaba varios días "desaparecido". La Junta de Defensa de la Capital organizó dentro de Madrid una intensa búsqueda ya que algunos pensaban que el Comandante podía haber sido secuestrado tanto por los franquistas como por los anarquistas. Lo cierto es que una semana después ya se daba por hecho que Fernández-Castañeda había desertado. Sin embargo, no causaría baja oficialmente del Ejército Republicano hasta el 25 de junio de 1938, fecha en la que se publicó su baja de las Fuerzas Armadas en el Diario oficial del Ministerio de Defensa Nacional. 
Baja del Ejército Republicano a Fernández
Castañeda

Fernández-Castañeda esperaba con el resto de refugiados en el consulado de Alicante la llegada del barco que tendría que evacuarles de la España republicana. Una tarde de mediados de febrero de 1937, llegaron hasta el consulado un grupo de marineros argentinos, mandados por un tipo al que llamaban el cabo Velázquez, con la intención de empezar a evacuar a los refugiados y subirles a bordo del acorazado argentino Tucuman. Los marineros entregaron a Fernández-Castañeda, Serrano Suñer y Álvarez Miranda unos uniformes de la marina argentina con un membrete en la gorra que ponía 'Tucuman'. Aquellos marineros fueron los cómplices directos de la fuga de nuestro protagonista de la España republicana. 

Ayudado por el cabo Velázquez, Fernández-Castañeda al igual que Serrano Suñer consiguió llegar al acorazado Tucuman que estaba anclado en el puerto de Alicante. Allí estuvo durante veinte días a la espera de que llegaran más refugiados procedentes de Madrid. A finales de febrero, el barco zarpó, llegando unos días más tarde a Marsella. El plan de fuga del ayudante de Miaja había sido un éxito.

Después de la Guerra Civil

Como militar de carrera, Fernández-Castañeda se puso a las órdenes de Franco al llegar primero a Salamanca y después a Burgos. Una de las primeras acciones que aparecieron publicadas en el Boletín Oficial del Estado franquista, fechada a 8 de julio de 1937 (cinco meses después de llegar a la España nacional) fue "dejar sin efecto el ascenso a Comandante"  que había conseguido el oficial en zona republicana. 

En agosto de este año pasó a "disponible gubernativo" y en el verano del año siguiente pasó a estar disponible para el General Jefe del Ejército del Norte. Fue precisamente el 29 de junio de 1938 cuando nació su hijo Luis en La Coruña. 
Esquela de Fernández Castañeda

Una vez terminada la Guerra Civil, Fernández Castañeda siguió haciendo carrera dentro del Ejército, retirándose como General de División. Llegó a ser director general de Enseñanza de las Fuerzas Armadas. Murió el 26 de agosto de 1976 a la edad de 78 años. Su mujer, Salud Álvarez Osorio, moriría cinco años después. Algunos de los hijos de ambos fueron militares de carrera mientras que otros se dedicaron a la religión: fue el caso de José Luis que fue un importante jesuita en la América Latina Meridional que falleció en 2008 mientras ejercía como misionero.

No tuvo tanta suerte el capitán Eusebio Álvarez Miranda, su otro compañero de fuga, ya que murió en combate en la Batalla del Ebro.



Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Fundación Serrano Suñer
- Hemeroteca ABC
- 'Diplomacia Humanitarismo y Espionaje en la Guerra Civil', Antonio Manuel Moral Roncal
- 'Entre dos fuegos. Melquiades Álvarez y su familia', Sarah Álvarez de Miranda. 

martes, 20 de junio de 2017

Así fue la entrega del aeropuerto de Barajas el 29 de marzo de 1939

Imagen tomada solo dos semanas después de la Guerra
Civil
Al estallar la Guerra Civil el aeropuerto de Barajas no era ni una mínima parte de lo que conocemos actualmente. En realidad en julio de 1936 llevaba muy poco tiempo funcionando, en concreto empezó en 1931, aunque los primeros vuelos comerciales no despegarían hasta 1933.

Antes de entrar en materia y analizar como se desarrolló la entrega de las instalaciones a las tropas de Franco el 29 de marzo de 1939, queremos abordar un suceso que nunca hasta la fecha había salido a la luz y que estaba directamente relacionado con el aeropuerto de Barajas. Se trata de relatar el triste desenlace que sufrió durante los primeros meses de guerra el alma máter, fundador e ingeniero principal del aeropuerto, el teniente coronel Rogelio Sol Mestre. Originario de Lleída, este ingeniero militar había vendido en el año 1929 un total de 164 hectáreas que tenía en su propiedad al Gobierno de la República para que levantara un campo de aviación en la zona de Barajas.

 A los pocos meses de comenzar la guerra, Rogelio apareció asesinado en una carretera de Vallecas el 12 de noviembre de 1936. Junto a él también apareció el cuerpo sin vida de Felipe  Gómez-Pallete, también teniente coronel de Ingenieros cuyo hijo llegó a ser médico personal de Azaña (que luego se suicidaría en Francia en 1940). Tanto Gómez-Pallete como Rogelio Sol eran considerados reaccionarios y derechistas. En los archivos de la Audiencia Provincial de Madrid hay un sumario judicial con la investigación de estas muertes.

Esquela tras la guerra de Rogelio
Ahora centrémonos en la razón de ser de este artículo  que es la forma en la que se produjo la entrega de Barajas a las tropas de Franco.  Lo primero que hay que destacar es que en marzo de 1939, tras producirse el golpe de Casado, el General Hidalgo de Cisneros dejó de ocupar la jefatura de las Fuerzas Aéreas de la República. De hecho, el militar vitoriano se marchó de España el 05 de marzo junto a Negrín y otros miembros destacados del PCE dejando desvalidos a un sinfín de mandos, jefes de escuadrilla y pilotos que confiaban en la capacidad de mando y carisma de Hidalgo de Cisneros. 


Tras el triunfo del Coronel Casado sobre los comunistas en la zona republicana solo quedaba negociar el fin de la Guerra Civil y la entrega del armamento a las fuerzas de Franco. Como sabrán nuestros lectores, el día 23 de marzo de 1939 se mantuvo una negociación secreta en la base aérea de Gamonal (Burgos) entre emisarios republicanos y militares franquistas para pactar la entrega de la capital y poner punto final a la guerra. Una de las exigencias de los nacionales durante aquella negociación era la entrega inmediata de la aviación republicana, como tarde, el 25 de marzo. Se solicitaba que todas las aeronaves del Frente Popular aterrizaran en los aeródromos franquistas de Navalmoral, Cáceres, Badajoz, Mérida, Córdoba, Getafe, Griñón, Velada (Talavera) y Teruel.

La reunión en Gamonal fue tensa. Los emisarios republicanos que participaron en aquel encuentro fueron el teniente coronel Antonio Garijo Hernández y el Comandante Leopoldo Ortega Nieto. Ambos llegaron hasta Gamonal pasadas las 11.00 de la mañana a bordo de un Douglas DC-1, acompañados por tres agentes del SIPM (Servicio de Información y Policía Militar del bando nacional) que trabajaban como infiltrados en Madrid. Sabemos la identidad de dos de estos tres agentes del SIPM, José Centaño de la Paz y Enrique Guardiola. Los emisarios republicanos fueron recibidos por el teniente de aviación Juan Ignacio Pombo, famoso aviador que consiguió unir Santander y México el 13 de mayo de 1935. 
Segismundo Casado

Tanto Garijo como Ortega comunicaron a los representantes del bando nacional que realizar la entrega de toda la aviación republicana en apenas dos días era "casi imposible". De todas formas dijeron que esta exigencia la expondrían ante sus superiores del Consejo Nacional de Defensa en cuanto llegaran a Madrid. Volvieron a la capital pasadas las 17.00h y en el mismo aeropuerto de Barajas comunicaron a los ayudantes más próximos de Casado que la entrega de la aviación era uno de los requisitos más relevantes que habían solicitado los nacionales durante la negociación. 

El Consejo Nacional de Defensa debatió durante la madrugada del 23 de marzo las peticiones de los franquistas en la reunión de Gamonal y todos los presentes coincidieron en la imposibilidad de entregar el día 25 toda la aviación. Por un lado era realmente complicado preparar una entrega completa y por el otro, los aviones eran la mejor vía de escape para abandonar España por parte de personas comprometidas. 

Con el objetivo de retrasar los plazos de la entrega de la aviación, Casado solicitó una nueva reunión con los oficiales franquistas para el 25 de marzo, fecha en la que ya se tendría que haber entregado la aviación. Según un informe interno del SIPM nacional, las Fuerzas Aéreas de la República contaban a finales de marzo con un total de 138 aviones: 12 bombarderos, 54 naves de reconocimiento y bombardeo ligero, 45 de caza y 27 de transporte desplegados en Albacete, Alicante, Ciudad Real, Cuenca, Madrid, Murcia, Toledo y Valencia. 

Finalmente el 25 de marzo de 1939 se celebró una nueva reunión entre franquistas y republicanos en Gamonal: los participantes en aquel encuentro fueron los mismos que en el encuentro del día 23. Curiosamente, Antonio Garijo y Lepoldo Ortega estuvieron a punto de perder la vida antes de partir rumbo a Gamonal ya que un grupo de comunistas pretendían atentar contra ellos en las inmediaciones de Barajas donde iban a coger el Douglas para desplazarse de nuevo a zona nacional. Las fuerzas de seguridad del Consejo evitaron lo que hubiera sido una tragedia. Los emisarios republicanos llegaron más tarde de lo previsto al segundo encuentro en Gamonal, aterrizando pasadas las 15.00.
Caza Polikarpov en la Guerra Civil

Durante la reunión los representantes nacionales se mostraron indignados con el Consejo Nacional de Defensa por no haber entregado la aviación el día y a la hora acordada. La conversación se cortó de manera abrupta por orden de Franco, "harto de tantas dilaciones", según explica Ricardo de la Cierva en su libro 'Agonía y Victoria'. Franco estaba dispuesto a llevar a cabo una ofensiva , en cuestión de horas, de gran tamaño que terminaría finiquitando la contienda.

Durante la conversación, el Coronel Ungría (jefe del SIPM) les preguntó a los republicanos de manera maliciosa si la aviación tenía previsto "venir esta tarde a nuestra zona". Garijo contestó que no sería posible "por el mal tiempo", así como por "no tener en la mano todos los aparatos". Sin embargo sí hizo saber que el jefe de las Fuerzas Aéreas estaba dispuesto a ser él quien se entregase con el personal de su confianza, pero no respondía de los demás aparatos por el temor de que las tripulaciones, una vez en el aire, se expatriasen". También dijo que "honestamente", no creía que la entrega de la aviación se pudiera llevar a cabo en la fecha indicada por "dificultades de orden técnico", teniendo en cuenta la serie de aparatos que tiene: supermosca, mosca, chato, natacha, katiuska, así como el despligue de estas fuerzas que precisaban hacer escala para llegar a los campos señalados.

Garijo afirmó que la Fuerza Aérea Republicana estaba teniendo grandes dificultades para asegurar el "paso completo" de toda la aviación a zona nacional. De hecho, relató un incidente que se produjo en el campo de aviación de Totana donde desertaron tres aparatos tipo 'Dragon' con veinte persoans a bordo. "Estos aparatos fueron puestos en marcha por amenazas de elementos comunistas al jefe del aeródromo", afirmó Garijo.
Ministerio de HAcienda a principios del siglo XX

Garijo y Ortega trataron de ganar tiempo diciendo que su regreso a Madrid podría ser peligroso ya que las condiciones metereológicas para volar eran totalmente adversas: había ventisca en Somosierra y la luz es escasa para hacer la vuelta con todas las garantías. Con todo, el Cuartel General de Franco ordenó a los emisarios republicanos que partieran inmediatamente, rompiendo de esta manera todas las negociaciones. 

Tras regresar los negociadores a Madrid, el Consejo Nacional de Defensa celebró una nueva reunión de urgencia en los sótanos del Ministerio de Hacienda que empezó a las 23.30 y que todavía estaba presidida tanto por el General Miaja como por el Coronel Casado. Allí se analizó la situacion y Casado informó a los presentes de que otros seis cazas republicanos habían desertado. La reunión terminó a las 24.15 y se tomó la decisión de pedir a los agentes del SIPM franquista emboscados en la capital que transmitieran por radio el siguiente mensaje de manera "urgentísima": 

"Mañana lunes se entregará toda la aviación. Rogamos fijen hora. Imposible hoy por servidumbres tecnicas".

 Este mensaje fue recibido por los escuchas del SIPM en la localidad de Torre de Esteban Hambrán a las 02.15h de la madrugada y descifrado a las 02.40. Este no fue el único mensaje que los agentes nacionales enviaron desde Madrid aquella madrugada a petición del Consejo Nacional de Defensa. Pasadas las 03.00h los escuchas volvieron a recibir otro mensaje cifrado que decía:

 "Ampliamos radio anterior para manifestar que tal vez sea posible la entrega de la aviación en la tarde de hoy. En este caso se comunicará oportunamente".

Pese a la insistencia del Consejo de enviar estos mensajes, Franco ya había tomado una determinación horas antes. A las 20.15h (coincidiendo con la llegada a Madrid de Garijo y Ortega) del 25 de marzo el General ya había transmitido a sus tres ejércitos la orden de realizar la última operación militar a gran escala para finiquitar la guerra. 
Exhibición tras la Guerra Civil

El día 26 amaneció nublado sobre Madrid y tanto en la Casa de Campo como en Ciudad Universitaria algunos soldados ya empezaron a confraternizar, conscientes de que la guerra había terminado. El Consejo Nacional se reunió por última vez en Madrid, en esta ocasion sin Miaja que ya se había marchado a Valencia.  Fue una última reunión puramente ceremoniosa ya que no se tomaron decisiones de interés más allá que informar al pueblo de Madrid por radio de la situación. 

Durante la noche del 26 al 27 de marzo, la Quinta Columna empezó a trabajar en Madrid ya de una manera visible controlando las principales líneas de abastecimiento de la capital así como el subsuelo y el transporte público. Precisamente el día 27 fue una jornada de despedidas ya que los principales miembros del Consejo Nacional realizaron un último discurso por radio antes de abandonar Madrid y dirigirse a Valencia. 

El 28 de marzo Madrid estaba plagado de banderas blancas en los balcones y terrazas. Casado realizó uno de los últimos vuelos de un avión republicano trasladándole desde el aeródromo de Algete (todavía republicano) hasta el aeropuerto de Manises en Valencia. Según hemos podido leer en el magnífico blog http://aerodromoalgete1936-39.blogspot.com.es/ la marcha de Casado de Madrid fue a través de un avión Douglas que estaba semioculto entre unos árboles de la finca 'Soto Heredad de la Torre' situada en el noroeste del aeródromo. Muy recomendable la lectura de este blog al que nos referimos para conocer de primera mano como fue la triste marcha de Casado de la capital. En el mismo avión también viajaban José García Pradas (interesante testimonio describiendo la llegada hasta Algete), Eduardo Val y Manuel Salgado Moreira.

Justo este día 28 se celebró en el aeropuerto de los Llanos en Albacete una reunión crucial entre los principales jefes de la aviación republicana entre los que estaban los coroneles Antonio Camacho Benítez (jefe de aviación de los Ejércitos del Centro y del Sur), Manuel Cascón Birega (jefe de aviación y máximo responsable de los Llanos) y los tenientes coroneles Luis Alonso Vega y Leocadio Mendiola Núñez. En el encuentro se acordó que los aviones volaran a Barajas al día siguiente (29 de marzo) y no a Griñón como se había pensado con anterioridad. Se dio libertad a los pilotos de entregarse voluntariamente o expatriarse fuera de España. Los tres mandos, salvo Manuel Cascón, decidieron exiliarse abandonando España en los pocos katiuskas que quedaban en los Llanos. 

Sin embargo hubo otros jefes republicanos que decidieron entregarse en Barajas tanto ellos a título particular como sus escuadrillas. Fue el caso de Francisco Hernández Chacón que rindió casi íntegramente al grupo 30 de Natachas junto a los jefes de la 3º y 4º escuadrilla con un total de 16 tripulaciones. El investigador militar Jesús Salas Larrazabal se carteó mucho años después de la Guerra Civil con Francisco Hernández Chacón que le contó como fue el último vuelo de los Natachas de su grupo. 
Conversación ente Franco con el jefe
de la Legión Cóndor

Según este testimonio, antes de volar desde Albacete hasta Barajas, las tripulaciones decidieron pintar de blanco las banderas de los timones y las franjas de fuselaje. El objetivo era que los cazas franquistas les permitieran entregar las naves con total seguridad en el aeropuerto madrileño de Barajas. Según la versión de Chacón “fue el servicio más desagradable, anodino y acaso peligroso de toda la guerra”. Dijo que varios de sus compañeros les aconsejaban que se fuera a Argelia ya que podían correr el riesgo de ser fusilados en Barajas. 

Lo cierto es que el viaje hasta Barajas de la 3º escuadrilla empezó con el peor de los augurios. Uno de los aviones que estaba pilotado por el teniente Bartolomé Munuera Vera se estrelló en Albacete poco después de su despegue. Según varios testimonios, el teniente Munuera se le ocurrió efectuar “un picado violento” con el objetivo de dar una “espectacular pasada sobre el terreno”. Por desgracia para él, el plano derecho del avión se desprendió y entró en barrena. Munuera (que no era militar profesional) no consiguió hacerse con el control y el natacha cayó contra el suelo. El avión se incendió pero tanto él como su observador, Miguel Mulet Alomar, pudieron salir por su propio pie de la nave malheridos. Ambos fueron trasladados al hospital de Albacete: Munuera moriría horas más tarde mientras que Mulet consiguió sobrevivir pero con una importante cojera en la pierna. 

A día de hoy nadie sabe por qué Munuera realizó aquel movimiento tan extraño que le costó la vida. ¿Quería disfrutar de su último vuelo como aviador antes de entregarse? o ¿pretendía quitarse la vida? Eso nunca lo sabremos.

Los natachas de Chacón no fueron los únicos que viajaron hasta Barajas para entregarse. También decidió volar hasta allí desde Albacete la 2º escuadrilla del grupo 16 de chatos con el capitán Francisco Viñals al frente y el teniente Joaquín García Calvo. 

En Barajas se entregaron un total de 39 tripulaciones republicanas. Veamos como describe el teniente Joaquín Calvo Diago, uno de los que se entregaron, su llegada a Barajas junto a Viñals:

"Aquella mañana, la del 29 de marzo, llegamos a Barajas los pilotos de tres de las cuatro patrullas que componían dos escuadrillas de 12 aviones. Veníamos a entregarnos por orden de nuestros mandos. En Barajas no había ni un alma. Serían las nueva. Yo podía haberme marchado a mi casa y desaparecer pues vivía en Canillejas pero decidí quedarme. Al poco llegaron dos aviones alemanes Messerschmitt, de uno de ellos descendió uno de los jefes de la Legón Cóndor, Wolfran Von Richtoffen, sobrino del famoso Barón Rojo, as de la aviación alemana en la I Gerra Mundial. Se dirigió a nosotros con la frase: 'Ayer enemigos, hoy amigos'. Fue muy amable. Los alemanes estaban fascinados con los chatos, nuestros cazas biplanos Polikarpov I-15 con cuatro ametralladoras tras el motor único. Su maniobrabilidad les tenía seducidos.Nos pidió verlos. Yo le acompañé. Luego le pedí ver su avión y me lo enseñó. Mientras nuestros aparatos tenían los mandos hechos con bolitas de madera, los alemanes eran de ámbar y otras lindezas. Poco después llegó el infante Alfonso de Orleans, uno de los jefes de la aviación de Franco. Me presenté a él militarmente y entonces me espetó: 'Pero si tú eres un mierda y un mocoso'. Yo tenía 19 años y un aspecto aniñado"
Poco después de la llegada de estos dos aviones alemanes a Barajas hizo entrada un avión nacional con un alferez a bordo que repartió agua y algo de leche condensada entre las tripulaciones republicanas. Después, como ya se ha dicho, llegaría Alfonso de Orleans que ordenaría a los republicanos formar junto a la pista de aterrizaje y pidió que los jefes de escuadrilla que dieran un paso adelante. Según varias versiones Alfonso de Orleans insultaría a los responsables de estas escuadrillas, versión que se parece a la facilitada por Calvo.
Libro dedicado a Arquímides Gómez

Los pilotos republicanos, ya en calidad de prisioneros, pasaron la noche en Barajas y fueron trasladados al día siguiente hasta la cárcel Porlier y no hasta Alcalá de Henares como estaba previsto. Entre los pilotos que se entregaron se encontraba un maestro de escuela albaceteño llamado Arquímides Gómez Palazón, que durante la Guerra Civil había hecho un curso de piloto en la Unión Soviética. Llegó a ser jefe de escuadrilla del grupo 24 de katiuscas y estuvo a las órdenes directas de Leocadio Mendiela. Fue juzgado en julio de 1939 y trasladado posteriormente a Valencia donde fue sometido a un Consejo de Guerra, junto a otros 32 aviadores republicanos, que le condenó a muerte. Fue fusilado el 09 de noviembre de 1939 en el cementerio de Paterna, sin embargo al resto de sus compañeros les conmutaron la pena por cadena perpetua. A día de hoy sigue siendo un misterio el fusilamiento de Arquímides Gómez y la salvación de sus compañeros. 

También fue fusilado al terminar la guerra el responsable de la aviación republicana que había decido entregarse, el coronel Manuel Cascón que pudo haber escapado con otros altos oficiales a Argelia pero que prefirió quedarse en España asumiendo "todas las consecuencias". Fue juzgado el 20 de julio de 1939 y durante la sesion, cuando el fiscal se refirió a él como "coronel de la Aviación roa", Cascón le replicó e la siguiente manera: "De ninguna manera. Soy coronel de la aviación republicana. Yo no me rebelé nunca. Quiénes os habéis rebelado habéis sido vosotros". Murió fusilado en Paterna el 3 de agosto de 1939.

Terminada la Guerra Civil, también fue juzgado en Valencia Joaquín Calvo Diego, el teniente republicano que tuvo el encontronazo con Alfonso de Orleans en Barajas. Se le acusó de haber asesinado al aviador nacional Carlos de Haya al que se había enfrentado en la Batalla de Teruel y que moriría en combate en 1938. La esposa de De Haya declaró como testigo de cargo en el juicio y destacó que a su marido "no le habían asesinado sino que había muerto en combate". De esta manera Joaquín Calvo pudo salvar la vida, permaneciendo solo tres años en prisión. La Democracia le reconoció en 1984 el grado de Coronel y en sus últimos años y hasta 2010 fue presidente de la Asociación de Aviadores de la República. 

Fuentes consultadas

- 1939, Agonía y Victoria, Ricardo de la Cierva
- Así cayó Madrid, Segismundo Casado
- Ases de la aviación republicana, Rafael A. Permuy López
- Arquímides López Palazón, un Quijote con alas rojas, Otelo Fuentes
- Hemeroteca ABC
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Hemeroteca Nacional
- Causa General
- Blog: Aeródromo de Algete 1936-1939

martes, 30 de mayo de 2017

El error que casi le costó la vida a cuatro reporteros de guerra en la Casa de Campo

A la izquierda el periodista uruguayo Sciutto. A la derecha
Manuel Casanova, director del Heraldo de Aragón
21 de noviembre de 1936. Son las 20.00, es noche cerrada y cae sobre las carreteras cercanas a Madrid un descomunal aguacero. Hace ya seis horas que la caravana de periodistas ha salido del opulento Hotel Jardín de Ávila, cuartel general en la ciudad castellana de los corresponsales de guerra acreditados por el Ejército de Franco.  

En esta ocasión los responsables de propaganda del bando nacional han permitido a una veintena de periodistas españoles e internacionales aproximarse al frente de batalla de Madrid y conocer de primera mano lo qué está pasando en la Casa de Campo y Ciudad Universitaria. Será una visita corta, durará menos de 24 horas ya que los riesgos son enormes porque las posiciones adquiridas por las avanzadillas de ambos ejércitos en la zona son todavía endebles. A los corresponsales no se les permite viajar en sus propios coches y no les queda más remedio que hacerlo en un vehículo militar conducido por un suboficial del Ejército que ejerce también como enlace de prensa. 

La caravana formada por seis coches se ha detenido en la carretera de Húmera, justo al lado del muro de la Casa de Campo. Sobre el suelo mojado hay restos de la batalla: varios cadáveres de soldados a los que no se permite fotografiar, agujeros provocados por la artillería, parapetos improvisados entre unos riscos... En pocos minutos la expedición abandona la carretera y se dirige hacia el cerro del Águila donde está previsto que los periodistas pernocten  en unas posiciones mucho más tranquilas que las inmediaciones de Húmera y Pozuelo. 

Uno de los coches se ha rezagado del resto de la caravana. Un corresponsal uruguayo llamado Luis Alberto Sciutto, conocido con el seudónimo de 'Wing' le ha pedido encarecidamente al suboficial que conduce su vehículo que se detenga unos segundos. Pese a la oscuridad de la noche quiere fotografiar un puente destrozado por la aviación. Está más tiempo de la cuenta fotografiando los escombros y vuelve a subir al coche recibiendo una buena reprimenda del militar que va al volante. 

Además del periodista uruguayo (corresponsal de 'El Pueblo de Montevideo' entre otros diarios) viajan en su mismo coche Manuel Casanova, director del 'Heraldo de Aragón', Miguel Martín Chivite, fotógrafo de este diario y el redactor gallego José Meiras Otero, ex periodista de 'El Debate' que años atrás había sido secretario político de Calvo Sotelo. El conductor del vehículo militar es un maestro armero del Parque de Artillería de Zaragoza llamado Miguel Zamora Vicente.
En el centro de la foto, con un círculo, José Meiras Otero
Es una fotografía junto a Calvo Sotelo y otros políticos

El vehículo avanza muy lentamente como consecuencia de la lluvia. El conductor parece desconcertado hasta que surge de entre la oscuridad un soldado al que le preguntaron la mejor forma de llegar al 'Cerro del Águila' donde se encontraría el resto de la expedición de la prensa. No consiguen ver las insignias del militar pero por su forma de hablar se percatan de que podría tratarse de un soldado del ejército republicano. Se palpa el nerviosismo en los periodistas y en el conductor, pero no pasó nada. El militar, con gesto amable, les da las indicaciones pertinentes y les desea buen viaje. 

La detención

El coche sigue circulando cerca de Húmera pero tan solo unos segundos. Se acaba de colocar justo delante del vehículo un teniente de milicias que ha surgido de entre las tinieblas con una pistola ametralladora. Junto a él hay un grupo de ocho milicianos: todos apuntan al coche y ordenan al conductor y a los pasajeros que se bajen inmediatamente con los brazos en alto.

De esta manera se produjo el apresamiento de los cuatro periodistas y su conductor militar por una avanzadilla de milicianos en las inmediaciones de la Casa de Campo en noviembre de 1936. Según la versión del uruguayo Sciutto, el teniente que dirigió su arresto, les interrogó junto a su coche preguntándoles su identidad y su procedencia. Tras conocer que los informadores procedían de zona controlada por los franquistas y que el conductor era un militar del Ejército Nacional, ordenó inmediatamente que los detenidos fueran conducidos  hasta una trinchera abandonada. "Hay que fusilarlos inmediatamente, que se forme el pelotón y prepárense para hacer fuego camaradas", dijo el oficial republicano. 

La descripción de este episodio está perfectamente reflejada tanto en el libro que escribió Sciutto 'Una aventura en España' como en el libro de Manuel Casanova 'Se prorroga el estado de alarma', ambos escritos al final de la Guerra Civil. Según sus versiones estuvieron a punto de ser fusilados. Incluso Martín Chivite (el fotógrafo) retó al pelotón de fusilamiento  diciendo "ya podéis tirar". Sin embargo, la ejecución no se llevó a cabo, al menos en ese instante. 

Veamos ahora lo que sucedió a partir de ese momento, según la versión que ofreció en 1938 el 'Diario de la Marina, el famoso periódico cubano, decano de la prensa hispano americana que tenía a varios corresponsales cubriendo la guerra de España:

"Cuando faltaban dos o tres segundos para que sonara la descarga apareció un capitán republicano que preguntó:

- ¿Qué es lo que pasa aquí?
El teniente dijo:
- Son faciosos. Vienen del campo rebelde, dicen que son periodistas - El teniente fue diciendo los nombres
Entonces el capitán ordenó:
- Estos deben saber muchas cosas. Hay que hacerles cantar. Ya los matarán en Aravaca. Mandádlos bien escoltados al puesto del comandante"

Efectivamente, los cinco prisioneros fueron trasladados en un camión descubierto hasta Aravaca, en concreto a una casa semidestruida donde se encontraba el puesto de mando del Batallón 25 de Julio, que era el encargado de cubrir el sector de Húmera donde fueron arrestados los periodistas. Los miembros de este batallón, muchos de ellos vinculados a Izquierda Republicana, procedían en su mayoría de Albacete: de hecho esta unidad llevaba este nombre porque fue la fecha en la que Albacete fue reconquistada por las fuerzas de la República. 

El reencuentro

Fuertemente custodiados, los periodistas y su conductor fueron encerrados en una habitación minúsula a la espera de que hiciera acto de presencia el comandante del batallón. A las dos horas de espera, apareció un militar fornido, vestido de uniforme y con una pistola Astra en el cinto. Antes de empezar el interrogatorio y cogiendo con la mano una vela, el Comandante republicano fue acercándose a cada uno de los detenidos hasta que se detuvo como alarmado tras ver a Miguel Zamora Vicente, el conductor. 
Martín Chivite con un círculo en el año 1950

Sin mediar palabra, el comandante se fundió en un abrazo con Miguel diciéndole "vaya lío en el que te has metido, hermano". El mando republicano se llamaba Francisco Zamora Vicente y según hemos localizado en el Archivo Histórico Nacional, ya en 1935 estaba afiliado al Partido Comunista, aunque otras fuentes señalan que también estuvo vinculado con el partido derechista Acción Popular. 

El Comandante Zamora habló unos minutos en privado con Miguel en otra zona del puesto de mando y tras llevar a su hermano con el resto de los detenidos, dijo en voz alta, "que los lleven a todos al Ministerio de la Guerra, estos deben saber mucho". Sabemos que no quiso interrogar personalmente a los detenidos y prefirió alejarlos lo máximo posible del frente de batalla donde su vida podía correr peligro. Además era consciente de que en el Ministerio los arrestados serían tratados como prisioneros de guerra y su vida quedaría prácticamente garantizada. 

De esta manera tan sutil, los cuatro periodistas y el militar franquista habían vuelto a salvar la vida la noche del 21 de noviembre, curiosamente el día después de la muerte de Durruti en Madrid. Ya durante la mañana del día 22, los detenidos llegaron al Ministerio de la Guerra donde fueron sometidos a diferentes interrogatorios por parte de personajes tan ilustres como el General Vicente Rojo o 'El Campesino'. 

En el Ministerio de la Guerra los cinco prisioneros fueron separados e incomunicados. El objetivo que perseguía la República con este incomunicación era, por un lado verificar que no se trataba de "espías enemigos" y por otro obtener la mayor información posible de cada uno de los interrogados.  Ya en el mes de diciembre de 1936 fueron trasladados a un edificio de la Dirección General de Seguridad ubicado en la calle Serrano donde antiguamente estaba el Ministerio de Industria. Allí volvieron a ser interrogados, en esta ocasión por policías vinculados con el Partido Comunista. Por aquel entonces, la prensa internacional ya se había hecho eco de la detención de su detención. Tenemos a nuestra disposición un artículo publicado en el diario francés L´Express du Midi en el que se cuentan algunos detalles de interés sobre el arresto de los informadores.

Sciutto separado de sus compañeros

Fue en ese momento cuando Luis Sciutto, el periodista uruguayo comunicó a sus interrogadores que él era un ciudadano uruguayo, que nada tenía que ver con la guerra en España y que deseaba ver a los diplomáticos de la Embajada de Uruguay que se encontraban por aquel entonces en Madrid con el objetivo de obtener su libertad. Sin embargo, su petición quedó en saco roto. Desde octubre de este año, todos los diplomáticos uruguayos habían abandonado Madrid después de que se produjeran dos hechos lamentables: el asesinato de las tres hermanas del Viceconsul honorario de Uruguay (las tres con pasaporte diplomático) a manos de anarcosindicalistas y la expropiación por parte del gobierno republicano de la finca San Pablo, cerca de la capital, propiedad de la Asociación Civil del Uruguay que estaban bajo protección consular. 


Periódico francés L´Express
hablando de los periodistas
Estos dos motivos tan truculentos propiciaron el abandono de Madrid de los pocos diplomáticos uruguayos que quedaban en la capital en otoño de 1936. A partir de esta marcha, se hizo cargo de todos los asuntos relacionados con Uruguay el encargado de negocios de la Embajada de Argentina en la capital, Edgardo Pérez Quesada. A finales de diciembre, Pérez Quesada recibió una notificación por valija del embajador argentino en España, que se encontraba en San Juan de Luz, en la que le pedía que tratara de salvar la vida del periodista uruguayo Sciutto. Al parecer, el embajador había recibido presiones de la Oficina de Prensa de Burgos que ya conocía que cuatro periodistas "suyos" habían sido detenidos por el Frente Popular. 

Gracias a las negociaciones de Pérez Quesada con el gobierno republicano, Sciutto fue trasladado en solitario hasta Valencia a finales de 1936 y encerrado en la prisión celular de esta ciudad a la espera de que el gobierno del Frente Popular decidiera ponerle en libertad. El profesor universitario Nial Binns publicó recientemente un artículo sobre Sciutto llamado "Aventura y aprendizaje en Wing", que recordaba el paso de Sciutto por la prisión valenciana: 

"Recordaba mis días en Burgos, en tiempos de lo que yo llamaba la otra vida. Con frecuencia iba a la Cartuja de Miraflores, el más bello rincón del mundo para vivir su sueño de arte y su perfume místico. Admiraba la suave vida de los cartujos; la placidez de su andar que ya tiene algo de celestial; su obstinado silencio, la franciscana pobreza de su celda; el pan de Dios, pasado a través del agujero de la puerta; su incomunicación... Y como la celda de la prisión valenciana es igual a la de los cartujos de Miraflores, la noche del 4 de diciembre quedé convertido en un cartujo laico".

Sciutto estuvo un mes exacto encerrado en Valencia hasta que el 4 de enero recibió una comunicación en su celda en la que se le decía que iba a ser puesto en libertad en pocas horas. Efectivamente, al mediodía recibió un salvoconducto para que se pudiera trasladar hasta el puerto de la ciudad para embarcarse en un buque de guerra de la Marina de Estados Unidos que le trasladaría hasta Génova (Italia). El periodista uruguayo había conseguido su libertad gracias al esfuerzo del argentino Pérez Quesada que trabajó sin descanso para obtener su liberación.

 Sciutto llegó hasta Génova el 7 de enero de 1937 y nada más llegar a puerto realizó una serie manifestaciones ante la prensa italiana criticando "la barbaridades que hacía la República" en Madrid. Afirmó de manera exagerada que en la capital "se escuchaban permanentemente a los pelotones de fusilamiento" y que hasta la fecha ya habían sido ejecutadas "20.000 personas". También reconoció que uno de los momentos más dramáticos que vivió mientras cubría la Guerra Civil fue presenciar  "la muerte en combate de dos mujeres milicianas jóvenes en la zona de Navalcarnero". 

El juicio y el canje posterior

Mientras que Luis Sciutto conseguía su libertad, sus cuatro compañeros de cautiverio (los tres periodistas y el militar) siguieron soportando duros interrogatorios hasta que fueron trasladados también a Valencia. En la capital del Turia permanecieron casi un año hasta que fueron sometidos a juicio por el Tribunal Popular número 2, acusados de "adhesión a la rebelión". 

Periódico La Libertad
el 02 diciembre de
1937
El juicio contra los tres periodistas del Heraldo de Aragón y el militar empezó el 2 de diciembre de 1937 y terminó una semana más tarde. El tribunal, además de escuchar la declaración de los procesados, hizo llamar a una serie de personas que conocían bien a los periodistas para que declararan en calidad de "testigos". Fue el caso de Roberto Castrovido, político y periodista, que conocía bien a los tres informadores del Heraldo de Aragón. También prestó declaración la escritora Magna Donato (hermana de Margarita Nelken), el dibujante Salvador Bartolozzi y el actor Benito Cibrian.

A los pocos días del juicio, la prensa dio a conocer que los periodistas y su chófer habían sido condenados a muerte, sin embargo, la sentencia no se llegó a producir gracias a las presiones realizadas por el Cuerpo Diplomático Internacional. A finales de este año, 'La Gaceta' (antiguo BOE) publicaba el indulto de los tres periodistas del Heraldo y del militar, a cambio tendrían que soportar penas de treinta años de internamiento en un campo de trabajo. 

Si los meses previos al juicio fueron especialmente duros para nuestros protagonistas, también los fueron las jornadas posteriores al mismo, ya que los periodistas tenían que asimilar que su aventura iba a terminar ante un pelotón de fusilamiento. Contaba Manuel Casanova tras la guerra que debido al estrés sufrido durante su cautiverio su pelo se convirtió en canoso totalmente. 

Los presos no se podían imaginar que mientras esperaban su veredicto, la Cruz Roja Internacional negociaba en secreto su canje por otros cuatro periodistas vascos que habían sido detenidos tras la toma de Bilbao. El canje como tal no se haría efectivo hasta el 24 de octubre de 1938, fecha en la que serían trasladados hasta el puente internacional de Hendaya donse se realizó el canje. La primera persona a la que vieron los tres periodistas cautivos y su conductor fue a su compañero de cautiverio Luis Alberto Sciutto que llevaba casi un año en libertad. Todos se fundieron en un abrazo. Eran libres. 

¿Qué sucedió tras la guerra con cada uno?

- Una vez puesto en libertad, Manuel Casanova volvió hasta Zaragoza donde siguió dirigiendo el Heraldo de Aragón, manteniendo una estrecha amistad con los periodistas estrellas del momento a nivel nacional como Manuel Aznar, Víctor de la Serna o Agustín de Foxa. Al terminar la guerra, dejó aparcada su actividad periodística para convertirse en Gobernador de Toledo, ciudad en la que conocería a su futura mujer. Al poco tiempo se marchó a Madrid donde fue nombrado Jefe Nacional del Sindicato del Espectáculo, perteneciendo también a la junta directiva de la Asociación de la Prensa. Dirigió el semanario taurino 'El Ruedo' y el Diario Marca en 1946 y 1947. En el año 1961 falleció en un accidente de coche junto a su esposa María Gómez Olibera en el término municipal de Almansa. En el accidente también resultaron heridos sus hijos Rafael y María. Manuel, en el momento de su muerte, tenía 62 años.
Sciutto a la izquierda de la fotografía

- Miguel Martín Chivite siguió ejerciendo como fotógrafo en el Heraldo, al menos hasta el año 1965, año en el que recibió un homenaje por parte de Franco. En la actualidad se peden encontrar y comprar por Internet un gran número de fotografías antiguas realizadas por Martín Chivite durante los años en los que estuvo activo en Zaragoza. 

- En relación con José Meiras Otero, sabemos que el 14 de abril de 1939 fue nombrado juez instructor para la depuración del Cuerpo Técnico Administrativo del Ministerio de Obras Públicas. El los años 50 y 60 trabajaba a título particular como abogado. Fue director del Balneario de Mondariz y en Internet hemos encontrado cierta vinculación de Meiras con el círculo más próximo a Don Juan.


- Luis Alfredo Sciutto continuó ejerciendo como periodista al término de la Guerra Civil Española. Si antes de la guerra había brillado como cronista deportivo (acababa de cubrir los Juegos Olímpicos de Munich en 1936), después de la contienda siguió centrándose en el aspecto deportivo. Fue el único periodista deportivo que vio y cubrió todos los mundiales de fútbol desde 1930 hasta 1994. Regresó a España muchas veces para dar conferencias y participar en actos de confraternización con periodistas españoles. Escribió también varios libros entre los que destacan 'Siento ruido en la pelota, crónica de medio siglo' (1975). Recibió tres galardones de la FIFA (1984, 1986 y 1993). La escuela de periodistas deportivos La Plata lleva el nombre de Diego Lucero (uno de sus seudónimos) en su honor. Murió el 3 de junio de 1995 a los 94 años.

- Miguel Zamora Vicente era el único militar de la expedición. Tuvo la suerte de que fue tratado por la justicia republicana de la misma manera que los periodistas, por lo tanto fue canjeado junto a sus compañeros de cautiverio. No tenemos muy claro que sucedió con él, tan solo que en 1942 su mujer (Manuela Rubio Fernández) solicitaba su pensión tras la muerte de su marido que en esa época figuraba como "maestro armero". Su hermano, el Comandante republicano Francisco Zamora Vicente fue detenido por el SIM (servicio de espionaje republicano) el 8 de noviembre de 1938, solo unos días después del canje de su hermano. 

Informe y declaración sobre Francisco Zamora
Vicente (AHN)

Le acusaban de haber pertenecido antes de la guerra a Falange y a Acción Popular, dos partidos claramente derechistas. Sin embargo, estas acusaciones contradecían al hecho de que en 1935 ya estaba afiliado al Partido Comunista. Estas acusaciones eran "curiosas" ya que durante toda la guerra había defendido al bando republicano en diferentes frentes de batalla: Casa de Campo, Guadarrama o Jaén. Cuando fue detenido era Comandante del Cuerpo de Carabineros, cuerpo al que había accedido en 1937. Estuvo preso hasta enero de 1939, fecha en la que su causa le fue sobreseida. Salió en libertad provisional por estas fechas y aquí le perdemos la pista. 

Fuentes consultadas:

- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca Prensa Histórica
- Hemeroteca Diario La Marina de Cuba.
- Biblioteca Virtual de la Defensa.
- Hemeroteca ABC
- Hemeroteca La Vanguardia
- 'Una aventura en España', Luis Alfredo Sciutto
- Artículo "Aventura y aprendizaje en Wing", Nial Binns. Revista Letral.
- 'Se prorroga el estado de alarma' Manuel Casanova
- 'Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil Española', Antonio Manuel Moral Roncal.
- Archivo Histórico Nacional (Causa General). Sumario contra Francisco Zamora Vicente. FC-CAUSA_GENERAL,187,Exp.42