domingo, 29 de diciembre de 2013

El doctor Bethune y la primera transfusión de sangre de la Guerra Civil


El doctor Bethune en el año 1937 / PCE
A muchos de los lectores de este blog, el nombre de Norman Bethune seguro que no les suena de nada, sin embargo, para cientos de personas su papel durante la Guerra Civil Española fue decisivo. Este doctor canadiense salvó la vida a un número elevadísimo de soldados republicanos que resultaron heridos en el frente de batalla de Madrid. Además de ser un médico brillante, con una amplia experiencia en medicina de guerra por haber ejercido durante la I Gran Guerra, fue el pionero de las transfusiones de sangre en pleno campo de batalla. Gracias a ellas, muchos milicianos que resultaron heridos de gravedad en la Casa de Campo, Usera o la Ciudad Universitaria pudieron recuperarse de una manera milagrosa.

El doctor Bethune había llegado a España en noviembre de 1936 procedente del hospital Sacré-Coeur de Montreal. Afiliado al partido comunista, decidió venir a nuestro país con la idea de ayudar a la República y combatir el avance del autoritarismo: aterrizó en España después de haber comprado en París una ambulancia e instrumentos médicos de lo más novedosos. Su llegada a Madrid se produjo cuando los nacionales se encontraban a las puertas, por lo que el médico cadaniense tomó la decisión de enrolarse inmediatamente en las Brigadas Internacionales. Con su ambulancia trabajó intensamente, sobre todo en el frente de la Casa de Campo formando parte del Batallón Mackenzie-Papineau, una unidad norteamericana formaba por canadienses y ciudadanos de Estados Unidos con ideas izquierdistas.

Sabemos que rechazó hacerse cargo de la dirección de los servicios médicos de la República porque lo que a él le gustaba realmente era el trabajo de campo. Por eso, decidió poner en marcha un Servicio de Transfusión de Sangre cuya sede se instaló en la calle Príncipe de Vergara, en un precioso edificio requisado al asesor jurídico de la embajada alemana. Por medio de una  impresionante campaña de radio y prensa, cientos de madrileños, sobre todo mujeres, acudieron hasta este servicio de transfusión para ayudar con su sangre a la causa republicana.

Las autoridades de la Junta de Defensa de Madrid nunca le pusieron problemas para que pudiera ejercer su trabajo en los diferentes frentes de Madrid. Nadie dudaba de los ideales del doctor Bethune y aunque pocos creían que las transfusiones pudieran salvar vidas, le dejaron trabajar a sus anchas en las trincheras de la capital. En diciembre de 1936 ya disponía de refrigeradores e incubadoras que actuaban con gasolina y keroseno, es decir, sin necesidad de corriente eléctrica: ideales para ser transportados en la unidad móvil de transfusión.
Uno de los frigoríficos médicos de la unidad 

La Junta de Defensa de Madrid entregó a Bethune una camioneta Ford que estaba equipada con un frigorífico y un estirilizador para trasladar la sangre de los madrileños al punto de transfusión en el frente de batalla. Con el doctor canadiense trabajaban codo con codo los médicos españoles Goyanes y Sanz y Cecilio Greenpan y una americana que tenía la misión de conducir la camioneta anteriormente mencionada hasta la zona de combate. Otra de las personas que más creyó en las transfusiones de sangre del médico canadiense fue el checo Bedrich Kisch, el responsable médico de las Brigadas Internacionales.

La hora de la verdad

El 23 de diciembre de 1936 se produjo el gran acontecimiento. Bethune, acompañado por Kisch acudió a la Casa de Campo donde se había producido una ofensiva republicana contra posiciones franquistas que ha sido un fracaso. Los muertos se cuentan por docenas y los heridos se amontonan sobre el barro de esta zona de Madrid. Era el momento de intentarlo. Bethune eligió a su candidato. Se trataba de un joven anarquista de veinte años que tenía el brazo completamente destrozado tras sufrir la detonación de un mortero. El chaval presentaba todos los síntomas de shock por pérdida de sangre: piel fría y húmeda, labios flojos y las mejillas hundidas. No había tiempo que perder, el galeno canadiense le hizo la transfusión de dos bolsas de sangre y el miliciano consiguió sobrevivir. Un testigo explicaba de la siguiente manera la primera transfusión de la Guerra Civil:

"El chaval tenía el brazo izquierdo muy destrozado. Era joven y fuerte, pero había perdido tanta sangre que apenas podía mover los ojos. Cuando comenzamos la transfusión el paciente me recordaba al Cristo yacente. Conforme la sangre entraba en sus venas, su rostro cambiaba de color. Desde la blancura de la muerte hasta el rosa pálido. Cuando Bethune le cosía el brazo se quejaba, cosa que no había hecho cuando se lo abrían. Trató de hablar, pero estaba muy débil. Al dejarle, se vendaba él mismo y levantaba el puño hasta la frente"

La ambulancia del doctor Bethune / Crónica

A partir de ese instante, las transfusiones en el Frente de Madrid fueron un éxito y la unidad canadiense se ganó todos los elogios de la prensa. Más adelante, un investigador inglés llamado John Burdon se incorporó al equipo de trabajo de Bethune en la unidad canadiense de transfusión de sangre. Este científico británico explicaba en una entrevista el modus operandi de nuestro protagonista:

"En la clínica donde yo trabajaba en compañía de mis amigos canadienses, iban a donar sangre con un intervalo de quince días una docena de camaradas, sobre todo mujeres. Las diferentes clases de sangre, convenientemente preparadas, eran enviadas rápidamente a los diversos hospitales donde se necesitaba. El hospital que yo más frecuentaba estaba dirigido por un doctor alemán. Ocupaba un edificio escolar a pocas millas del frente y era bombardeado con frecuencia sin que hasta entonces hubieran acertado".

El doctor Bethune ya era una eminencia en España cuando tuvo que hacer frente a una tragedia inconmensurable en 1937. El canadiense se desplazó hacia Málaga cuando la ciudad andaluza estaba a punto de caer en manos de los franquistas: su objetivo era socorrer a la población civil que huía de la Costa del Sol. Durante tres días, él y sus ayudantes ayudaron como pudieron a los civiles que estaban siendo masacrados en la carretera de Málaga a Almería. Esta traumática experiencia le llevó a escribir un artículo en la prensa titulado el 'Crimen de la carretera':
Una mujer donando sangre en 1936 / Crónica
"Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos. Nuestro coche se abría paso a duras penas… Los refugiados pasaban al lado del camión, como si no lo vieran. Seguían caminando cansinamente, con los ojos entornados hacia el suelo como síntoma inconsciente de extenuación… Las mujeres avanzaban lentas con sus vestidos oscuros… Tenían la cara y los ojos congestionados por el polvo y el sol de cuatro días, y levantaban hacia nosotros, en sus brazos cansados, los cuerpecitos de sus hijos… Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol… Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio… uatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas. Esos aviones pasaron sobre nuestras cabezas. Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y  Heinkels alemanes. Se lanzaron hacia la carretera y, como una maniobra de tiro rutinaria, sus ametralladoras trazaban dibujos geométricos entre los refugiados que huían…"

Meses después de aquello Bethune abandonó España. El 6 de junio de 1937 comenzó una gira mundial para recaudar fondos para la lucha contra el fascismo en España. Sabemos que en 1938 viajó hasta China para reunirse con los comunistas de este país que estaban liderados por Mao Zedong en su lucha contra los japoneses. Allí volvió a prácticar la medicina de guerra realizando operaciones quirúrgicas en el frente y formando a médicos y enfermeros chinos. A finales de 1939 sufrió un percance durante una operación: se produjo una herida en el dedo de una de sus manos lo que le provocó una infección en la sangre que se propagaría por todo su cuerpo. Murió el 12 de noviembre de 1939 muy cerca de Pekín.

domingo, 22 de diciembre de 2013

La Navidad en el Frente de Madrid durante la Guerra Civil Española

Ilustración del periódico Crónica, diciembre 1936

La Navidad durante la Guerra Civil española se celebró de una manera bien distinta en las zonas de Madrid controladas por la República y en aquellas que estaban en poder de los sublevados. Aunque los hombres de uno y otro bando festejaron, como pudieron, estos días tan señalados, fueron los militares franquistas los que vivieron con más intensidad los días de Nochebuena y Navidad.

El 24 de diciembre de 1936, casi todo el hospital Clínico de Madrid estaba controlado por los nacionales. Una bandera de la Legión vigilaba entre cascotes sus posiciones intentando olvidar la pesadilla que se había vivido días atrás: varias minas republicanas habían estallado en el corazón del hospital sepultando para siempre a casi cuarenta legionarios. Las ruinas de este hospital madrileño se habían convertido en el punto de vanguardia más adelantado de los franquistas y uno de los lugares más peligrosos de la Guerra Civil. Pese a ello, entre piedras, cascotes y polvo se celebró una emotiva Misa del Gallo impartida por el famoso padre Huidobro, que moriría en abril de 1937 en la Cuesta de las Perdices (hoy carretera de La Coruña).

Aquella Misa del Gallo del hospital Clínico estuvo marcada por el silencio y la emoción de todos los presentes. Ante el temor de alertar al enemigo, el padre Huidobro dirigió la ceremonia religiosa entre susurros y velas. Pese a ello, los legionarios consiguieron traer del antiguo Asilo de Santa Cristina un altar, una virgen de metro y medio, candelabros y hasta un belén. Peiró SJ, autor del libro 'Fernando de Huidobro, legionario y jesuita', recordaba lo siguiente en su obra:
"Los legionarios llevaron unos Reyes Magos al Clínico montados en caballos orientales, la mula y el buey, y como centro de todo, el Niño Jesús reclinado en su cunita. Ante este altar improvisado por unos legionarios que vivían a dos pasos de la muerte, con permiso del sepulturero, como ellos festivamente decían, el padre Huidobro festejó la Misa del Gallo en el Clínico, con villancicos y adoración del Niño cuyos pieceditos fueron besando muy lentamente todos los miembros de la IV Bandera de la Legión"

No todos los militares franquistas que estaban en el Clínico pudieron celebrar la misa. Los hombres que estaban de guardia en las zonas más elevadas del mismo tuvieron que quedarse sin ella aunque cuentan las crónicas que el padre Huidobro también les llevó la comunión a aquellos soldados que estaban situados en uno de los puntos favoritos para barrer por las ametralladoras republicanas.
Misa de campaña del Ejército Nacional en Madrid


En la zona republicana, la Nochebuena también se celebró aunque sin apenas tintes religiosos. Los soldados que se encontraban en las avanzadas de Ciudad Universitaria, Parque del Oeste y la Casa de Campo tuvieron ración extra de comida, en lo que se llamó la cena del miliciano. Socorro Rojo Internacional repartió en el frente de Madrid más ve 20.000 tabletas pequeñas de turrón, así como mazapanes. Esta institución entregó a cada uno de los soldados que estaban en las trincheras de Madrid un quit que estaba formado por turrón, ración de frutas, embutidos y algo de tabaco. Además, contaban con una felicitación navideña escrita en varios idiomas, destinada directamente a los miembros de las Brigadas Internacionales.

Un portavoz del Socorro Rojo Internacional aclaró sobre la celebración de la Navidad al periódico La Voz de Madrid que estos festejos no tenían absolutamente nada que ver con la Religión:
"No es una cena de Nochebuena, nosotros no tenemos que celebrar una fiesta católica. Es un recuerdo sentimental que expresa la gratitud de todos los hombres antifascistas"

Al día siguiente, algunas dotaciones republicanas tuvieron un rancho de Navidad de lo más suculento.
Aunque no todas las trincheras comieron los siguientes manjares, algunas de ellas, sobre todo las de Usera y las de Carabanchel sí que disfrutaron de una buena comida el 25 de diciembre de 1936. La Intendencia de Madrid publicó el siguiente menú en todos los periódicos de la época:
Cena de Nochebuena del Miliciano. Diciembre 1936 / Cronica

- Desayuno: Pan con mantequilla, galletas y café.
- Comida de Navidad: Tortilla de jamón, cordero asado con patatas y arroz con leche.
- Cena: Fabada asturiana y carne con guisantes y jamón

Los bombardeos en Nochebuena

No todo fueron misas y turrones durante el día de Nochebuena. Aunque en las trincheras de la Casa de Campo y Ciudad Universitaria hubo poco movimiento en cuanto a ofensivas de infantería, este día, la aviación jugó un papel muy importante. Los partes de guerra informaron de una internada de varios chatos republicanos en Leganés, una de las zonas de la retaguardia franquista donde se habían establecido algunos cuarteles generales. Allí, los aviones soviéticos dejaron caer algunas bombas incendiarias, ametrallando posiciones enemigas. Ha llegado hasta mis oídos por medio del Coronel Solans, un veterano militar ya retirado hace muchos años, una historia conmovedora, la de su padre.

Con poco más de 25 años, el padre de este Coronel, que era teniente nacionalista durante la Guerra Civil, se desplazaba en su coche junto a un sacerdote y su conductor al frente de la Casa de Campo para entregar turrón a los soldados que se encontraban en las trincheras más avanzadas. A la altura de Cuatro Vientos, muy cerca de Leganés, hicieron su aparición los chatos republicanos que ametrallaron el coche de este oficial. El sacerdote y el conductor consiguieron, in extremis, sobrevivir, el padre del Coronel Solans no. Murió casi en el acto en plena Navidad de 1936. Su triste y anónima historia es una de tantas de las que se produjeron durante la contienda española en etas fechas.

Aunque lejos de Madrid, otro bombardeo aéreo marcó la vida de otras tantas familias. Durante la mañana del día de Nochebuena de 1936, la aviación de Franco se percató que a la altura del pueblo de Villanueva de la Reina (Jaén), se encontraba circulando un convoy de once camiones de campaña que trasladaba a Bailén a un centenar de personas procedentes de pueblos como El Carpio, Villa del Rio, Montoro y Bujalance. Ante el avance de los nacionales, muchas mujeres, ancianos y niños fueron evacuados de estos puntos en estos camiones que estaban perfectamente identificados con los símbolos de la Cruz Roja. Pese a ello, una escuadrilla de cazas franquistas ametrallaron el convoy junto a un olivar matando a una treintena de personas de ellas niños de corta edad.

Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional: periódicos La Voz, el Sol y Crónica
- La Batalla de Madrid, Jorge M Reverte
- La Guerra Civil en Ciudad Universitaria, Fernando Calvo González Regueral
- Fernando de Huidobro, legionario y jesuita, Fernando SJ
- Archivo Rojo

jueves, 12 de diciembre de 2013

El cementerio militar musulmán de Griñón, un lugar mágico donde descansan cientos de moros muertos en la guerra

Imagen actual del cementerio militar musulmán de Griñón

Los cementerios de la Guerra Civil Española tienen algo de magia. Independientemente del bando, pisar uno de los camposantos en el que yacen cientos de soldados que perdieron la vida durante la contienda tiene algo enigmático. Quién diga lo contrario miente. El cementerio musulmán de Griñón tiene algo de especiál. Aquí las lápidas brillan por su ausencia. Las fotografías a inscripciones tampoco son comunes entre las tumbas de este pequeño rincón de la Comunidad de Madrid en el que se encuentran enterrados más de 200 'moros' de Franco que murieron en la Casa de Campo, el Parque del Oeste o Ciudad Universitaria.

Aunque todavía se siguen realizando enterramientos de musulmanes en el cementerio de Griñón, fue durante la Guerra Civil Española cuando los enterradores tuvieron más trabajo. Una vecina de origen hispano-marroquí fue la encargada de ceder un terreno de su propiedad a las tropas de Franco en noviembre de 1936 después de tener conocimiento de que sus compatriotas estaban muriendo en un número muy elevado en los combates del Frente de Madrid. Ahora mismo, el Consulado d Marruecos en España se ha hecho cargo de la gestión del cementerio que a diferencia de un camposanto católico es menos ostentoso y más austero. Pequeñas placas colgadas verticalmente e inscritas en árabe indican el nombre del fallecido y el año en el que perdió la vida. Todas están orientadas a la Meca.
Cementerio católico junto al musulmán


En 2013, el cementerio militar musulmán de Griñón todavía sigue operativo. A diferencia de épocas anteriores, los enterramientos que aquí se registran nada tienen que ver con el Ejército: aquí hay marroquíes, iraníes, egipcios, sudaneses y españoles que se han abrazado a la fe musulmana.


La Guerra Civil y el cementerio musulmán

Nada más estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, la localidad madrileña de Griñón se puso del lado de la República, siendo controlada por unos 200 milicianos anarquistas y socialistas. El colegio de La Salle fue convertido en cuartel general de la FAI después de que se produjeran varios asesinatos de sus hermanos-profesores. El 27 de octubre de este año, el General Varela consiguió llegar a Griñón después de haber controlado los municipios de Illescas y Torrejón de Velasco.

Muy pronto, los oficiales franquistas convirtieron el colegio de La Salle en hospital de campaña en el que se instalaron varios quirófanos. En noviembre de 1936 los muros de este imponente edificio empezaron a recibir heridos de todos los frentes de batalla de Madrid: pese a encontrarse en retaguardia, este hospital tenía muy buenas comunicaciones con la zona de combate. Los heridos nacionalistas llegaban tanto por carretera como por tren a este hospital que pasó a ser uno de los más importantes de la Guerra Civil. Un ramal del ferrocarril llegaba hasta la mismísima puerta del hospital.
Varios soldados moros en la Guerra Civil


Muchos de los heridos que llegaban al hospital fallecían al poco tiempo de entrar. Otros perdían la vida como consecuencia de virus e infecciones que se propagaban por sus enormes habitaciones. La morgue llegó a ser de grandes dimensiones a finales de 1936, por eso, las autoridades nacionales decidieron construir un cementerio con su parte católica y con su parte musulmana. Se cree que en total, allí estuvieron enterrados unos 20.000 combatientes de Franco, aunque este dato me da la impresión de que es una exageración de los historiadores.

Sabemos que muchas familias decidieron tras la Guerra Civil sacar a sus familiares del que era conocido como el cementerio militar de Griñón. Poseemos un recorte del 7-11-1968 en el que el Ministerio de Defensa autorizaba, de nuevo, a los familiares de los fallecidos a trasladar (si querían) los restos de los soldados al Valle de los Caídos. Mientras tanto, en este enigmático lugar se seguían produciendo enterramientos, en este caso de los miembros de la Guardia Mora de Franco que seguían protegiendo al Caudillo tras la contienda fratricida.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El misterioso avión derribado que convirtió Paracuellos en un enigma

Potez derribado durante la Guerra Civil Española

Muy poco se ha escrito sobre un suceso que conmocionó a Francia durante la Guerra Civil Española pero que fue silenciado prácticamente en nuestro país pese a ocurrir en Guadalajara. Este mes de diciembre se han cumplido 77 años del misterioso derribo de un avión de la embajada francesa en el término municipal de Pastrana. A bordo del Potez 54, propiedad del gobierno francés, iba el delegado de la Cruz Roja Internacional Georges Henny, los periodistas Louis Delaprée y André Chateu y dos niñas menores de doce años.

El derribo del avión francés, que actuaba semanalmente como correo entre Madrid y Toulouse, fue tachado por la prensa republicana como "una nueva salvajada de la aviación franquista". Durante toda la Guerra Civil la propaganda republicana hizo creer a la población de la capital que los cazas de Franco habían abatido a un avión civil francés de una manera "indiscriminada y premeditada". Muchos años más tarde se ha podido comprobar que no fueron los cazas de Franco los que protagonizaron el ataque. Casi con toda seguridad podemos decir de que se trató de una operación dirigida directamente por los servicios secretos de la Unión Soviética que operaban en España durante la contienda. Pero no anticipemos acontecimientos y repasemos cronológicamente como sucedieron los hechos.

 07 de diciembre de 1936, antes del ataque

El avión que tenía que trasladar al doctor Henny y a los periodistas franceses desde Madrid hasta Toulouse iba a salir este día rumbo a Francia, sin embargo, una 'supuesta' avería en uno de los motores retrasó el despegue 24 horas. Se trataba de un aparato militar francés transformado y controlado por la compañía Air France. Tenía el número 228 del catálogo castrense galo y la matrícula F-A000.  Antes de ese día, Henny se había relacionado durante su estancia en Madrid con Edgardo Pérez Quesada, encargado de negocios de la Embajada Argentina en Madrid y Félix Schlayer, cónsul de la Legación de Noruega. Los tres habían recabado gran cantidad de datos sobre las sacas de Paracuellos habiendo llegado a reunirse incluso con el general Miaja y Carrillo para expresarles su inquietud por los presos derechistas encerrados en las cárceles de Madrid y el gran número de asesinatos que se producían en la capital.
El doctor Henny junto a Schlayer y Quesada


De forma paralela a las investigaciones del doctor Henny se desarrollaba la historia del periodista Delaprée. El informador galo había llegado a España justo al empezar la Guerra Civil como enviado especial del periódico de tendencia derechista Paris-Soir. Una de sus entrevistas más importantes durante el conflicto se la hizo al General Kleber, una de las figuras más destacadas de las Brigadas Internacionales. Aunque Delaprée era  uno de los periodistas más objetivos del momento, los bombardeos contra la población civil por parte de la aviación de Franco le hicieron ponerse muy pronto del lado de la República. Esto generó un importante tira y afloja con la línea editorial de su periódico hasta el punto de enviar un cable de lo más duro a su editor anunciando que se despedía después de haber sido censurado en más de una ocasión. El cable decía lo siguiente:
"Usted sólo ha publicado la mitad de mis artículos. Yo sé que es su derecho. Me hubiera gustado que me hubiera avisado para ahorrarme un trabajo inútil. Durante las últimas tres semanas me he estado levantando todos los días a las cinco de la mañana para que usted pudiera obtener las noticias de Madrid en sus primeras ediciones. Ya he está bien. Boy a volvar de vuelta el domingo a menos que sufra el mismo destino que Guy de Traversay. De esta manera ya tendría usted su propio mártir. Hasta entonces no le voy a enviar otra cosa. No vale la pena. El asesinato de un centenar de niños es menos importante que un suspiro de la señora Simpson, la puta del rey" (Se refería a un lío de faldas de la familia real inglesa). 

Louis Delaprée en 1936
 De esta manera se despidió Delapree de su editor y de Madrid. Sus contactos con la embajada francesa en la capital de España le permitieron coger el avión que le tenía que trasladar a Toulouse dejando para siempre la Guerra Civil. Arturo Barea, jefe de prensa de la Junta de Defensa de Madrid y encargado de la censura en la capital durante ese mes de diciembre, explicaba cómo fue la despedida de Delaprée de Madrid:
"Me dijo que iba a tener unas palabras serias con sus amigos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia sobre la conducta claramente fascista del consulado francés en esta guerra. Me dijo que odiaba la política que era un hombre liberal y humanista. Así se marchó".

08 de diciembre de 1936, el derribo

El avión despegó a primera hora de la tarde de un aeródromo de la capital. Además del doctor Henny, los dos periodistas franceses y dos niñas pequeñas formaban la expedición que también estaba formada por dos pilotsos galos, uno de ellos apellidado Boyer. El aeroplano era perfectamente reconocible para cualquiera con un poco de vista. Además de llevar la bandera francesa en el timón de cola, en el fuselaje también se podía leer perfectamente una inscripción que decía "Ambassade de France".
Un caza republicano en la guerra


A la altura de Pastrana, sobre las 18:00, un avión de guerra se puso muy cerca del Potez francés. Lo que podía ser un acercamiento amistoso de un posible caza republicano se convirtió muy pronto en una pesadilla para todos los ocupantes del avión. Sin agresión de ninguna clase por parte del avión francés, un caza que también se encontraba próximo abrió fuego con su ametralladora contra el Potez causando graves destrozos en un ala así como en el fuselaje. La metralla impactó en la pierna del doctor Henny y también en el periodista Delaprée.

Pese a estar terriblemente dañado por los impactos de ametralladora, el piloto del Potez logró hacerse con el control del aeroplano. De manera casi milagrosa, consiguió hacer un aterrizaje de emergencia en un campo de cereales de Pastrana aunque al tocar tierra, dio varias vueltas hiriendo todavía más a sus pasajeros. El diplomático noruego Felix Schlayer realizó una investigación del derribo y así lo reflejó en su libro 'Diplomático en el Madrid rojo':
"...A la altura de Guadalajara, es decir, a pocos kilómetros de Madrid, se cruzó de frente con otro avión que al principio le pasó a bastante distancia. Llevaba los distintivos del gobierno rojo. El francés lo saludó como es habitual haciendo señas con las alas, es decir, moviendolas dos veces arriba y abajo para ser reconocido a pesar de que tenía grandes dinstintivos franceses. El avión rojo pasó de largo, se alejó, giró, volvió y se colocó bajo el francés. Después le disparó desde abajo con su ametralladora. Luego escapó con rapidez. El asustado piloto francés me hizo personalmente esta narración"

Los heridos y las atenciones médicas
Transfusión de sangre / Archivo Rojo


Felipe Ezquerro, un prestigioso periodista e investigador de la Guerra Civil, consiguió hablar con el doctor Cortijo, el médico de Pastrana que atendió a los heridos primeramente:
"El aparato estaba panza arriba con las ruedas al aire. Tenía unos 30 impactos de bala en dos filas que agujereaban la cabina a ambos lados de la parte central. En cuanto a los pasajeros, estaban semitumbados, abrigados y reflejándose en el rostro el miedo y el terror pasado en el aire, recelando también de las personas que llegaban. Los heridos de bala eran tres hombres jóvenes y dos niñas cn lesiones pequeñas. Los dos pilotos estaban ilesos y atendían y animaban a todos los heridos".

Según leemos en la apasionante página web 1936-1939 , el doctor Cortijo relataba también que los heridos, para soportar el frío, habían hecho una fogata prendiendo un maletín de cuero y varios papeles. Es más que posible que los papeles que estaban quemando los supervivientes del ataque fueran las pruebas reales que quería mostrar Henny a la Cruz Roja de los fusilamientos en masa que se habían hecho en Paracuellos del Jarama.

Los heridos trasladados a los hospitales

La noche del 8 de diciembre, después de conocer el ataque que había sufrido el avión francés, se presentaron en Pastrana unos cincuenta responsables políticos y militares del Frente Popular. Todo el mundo quería saber que había sucedido y cómo se encontraban los heridos tras el derribo del Potez 54. Entre las personalidades que estuvieron en esta localidad alcarreña se encontraba Mihail Koltsov, miembro de la inteligencia soviética que trabajaba en Madrid de forma encubierta como periodista del periódico Pravda.

9 de diciembre de 1936

El espía soviético Mihail Koltsov escribió en su libro 'Diario de la Guerra de España' que el 9 de diciembre de 1936 también acudió a los hospitales militares de Guadalajara para ver a los heridos del avión derribado en compañía de Georges Soria, periodista francés de origen tunecino. Así lo reflejó en su diario:
"Los periodistas heridos yacen en una habitación en dos camas contiguas. Su estado es grave. A Chateu, una bala explosiva le ha roto y deshecho la tibia. Ayer se habló de amputarle la pierna, hoy parece que su estado ha mejorado (días más tarde se la terminarían cortando). A Delaprée la bala le penetró por la ingle y le salió por detrás después de haberle roto los órganos internos. Sólo se le puede operar en Madrid. El dolor le deforma el pálido y hermoso rostro. Me ha dicho que posiblemente, de ésta no me levanto. Ha agradecido la visita y el haber llamado a su mujer en París" 

Al parecer, Delaprée relató al propio Koltsov con todo lujo de detalles como vivió el derribo por parte de aquellos enigmáticos cazas. Según él, las reflexiones del francés fueron las siguientes: "No llevábamos en el aire más de diez minutos. De repente, sobre nosotros apareció por un lado un caza. Dio una vuelta, por lo visto nos estuvo contemplando a su gusto. Es imposible que no viera las señales distintas. Desapareció por unos minutos y luego de golpe, por abajo, a través del piso de la cabina, empezaron a penetrar las balas. Caímos heridos por los primeros disparos. El piloto quedó ileso. Se dirigió bruscamente al aterrizaje. El avión dio un golpe muy fuerte contra el suelo, se puso vertical sobre la proa. Gravemente heridos, desangrándonos, caímos uno encima de otro. Me parece que se inició un incendio, ya no comprendía nada. Unos minutos después aparecieron unos campesinos, rompieron la portezuela y nos sacaron con todo cuidado".
Mihail Koltsov, espía ruso

Las víctimas del ataque

Delaprée fue el peor parado del ataque. Tras varios días hospitalizado, el periodista francés había perdido mucha sangre y falleció como consecuencia de las heridas el 31 de diciembre de 1936. Así recordaba Arturo Barea la triste muerte del periodista francés:
"Murió en un hospital de Madrid. Fue una muerte lenta y dolorosa. Corrían rumores de que el atacante era un avión republicano, pero el mismo Delaprée negó en sus horas finales esa posibilidad. Yo tampoco podía creerlo"

El otro periodista, Chateu, sufrió la amputación de su pierna y por últiimo, el doctor Henny se pudo recuperar casi al completo y a los pocos días abandonaba España a través de Barcelona en otra expedición de la Cruz Roja.

¿Quién protagonizó el ataque?

Aunque la prensa republicana calificó el ataque como un atentado franquista contra la Cruz Roja Internacional e incluso contra el Gobierno de Francia, se ha demostrado muchos años después que fueron los propios cazas republicanos los que derribaron el Potez. García Lacalle, jefe de la caza de la República, reconoció en su propia biografía que los pilotos que habían derribado el avión francés eran los soviéticos G. Zajarov y N. Shimelkov. Hemos podido investigar algo sobre estos dos pilotos que pudieron derribar el Potez y estas son las conclusiones que hemos extraido. Gueorgui Zajarov era teniente aviador de caza cuando vino a España en octubre de 1936. Nacido en 1908, tenía 28 años durante la Guerra Civil, y poseía la condecoración de la orden de la Estrella Roja. Volvió a la Unión Soviética en abril de 1937. El otro piloto se llamaba Nikolai Shmelkov y también era teniente aviador. Al igual que Zajarov, llegó a nuestro país en octubre de 1936 aunque regresó a la URSS por enfermedad el 23 de enero de 1937. Más adelante se convertiría en un héroe de la aviación soviética.

L´Humanite confirma la muerte Delapree

Además de García Lacalle en su libro, el periodista Sefton Delmer (amigo de Delaprée) también confirmó que el ataque contra el Potez francés había sido realizado por la aviación republicana. Este informador confesó en uno de sus libros que Delaprée le había confesado en el hospital que los responsables del derribo habían "sido dos cazas rojos". Este periodista, que años más tarde pasaría a la historia por haber entrevistado a Hitler, se atrevió a asegurar en los años sesenta que Alexander Orlov (jefe de los espías rusos en España, NKVD) había ordenado el derribo a dos pilotos soviéticos. ¿El motivo? Las indagaciones que había estado realizando el doctor Henny de la Cruz Roja sobre los asesinatos en masa de Paracuellos del Jarama.

Curiosamente, el derribo del Potez se produjo el 8 de diciembre de 1936, tres días antes del famoso discurso de Julio Álvarez del Vayo ante Naciones Unidas en el que atacaba directamente a Alemania e Italia de intervenir en España y causar la muerte a miles de mujeres y niños a través de bombardeos indiscriminados. ¿Cómo hubiera reaccionado Naciones Unidas si el doctor Henny hubiera aportado sus datos objetivos de la represión republicana en Madrid y de las ejecuciones en masa que se estaban llevando a cabo en Paracuellos? Nunca lo sabremos.

Hasta hace unos años, los archivos de la Cruz Roja Internacional durante la Guerra Civil Española eran un auténtico misterio. Tras su última desclasificación, se ha podido comprobar que hay un documento escrito de puño y letra de Henny bajo el título de 'Lista 208'. Se trata de una lista que llevaba el responsable de la Cruz Roja durante el derribo del avión en la que se hablaba de 973 prisioneros derechistas que fueron sacados de la cárcel Modelo de Madrid en noviembre de 1936.
Segundo a la izquierda, Sajarov, el piloto que derribó el Potez


La revista Tiempo publicó hace dos años un reportaje en el que se decía, entre otras cosas, que los ocupantes del Potez derribado quemaron algunos documentos en tierra, algunos de los cuáles eran de vital importancia sobre las sacas de las prisiones; lo hicieron mientras esperaban a las autoridades de Madrid. Todavía no se sabe si lo hicieron por frío o por temor a posibles represalias. De la quema se libró la 'Lista 208' en la que aparecían los nombres de los asesinados durante los días 6,7 y 8 de noviembre. El documento al que tuvo acceso Tiempo tenía una nota manuscrita en francés en varios folios con el membrete de la CICR que decía: "Los días 6,7 y 8 de noviembre estos 973 hombres fueron sacados de la cárcel Modelo y sus cuerpos encontrados unos días más tarde en los alrededores de Madrid".

Fuentes consultadas:

- La Forja de un rebelde, Arturo Barea
- Morir en Madrid, Louis Delaprée
- Diario de un diplomático en el Madrid rojo, Felix Schlayer
- Artículo Felipe Ezquerro 1991: Revista Historia Militar
- Artículo Revista Tiempo 2011
- Artículo 1936-1939
- Archivo de la Guerra Civil de Salamanca
- Hemeroteca Nacional
-Los rusos en la Guerra Civil, Fundación Pablo Iglesias
- Diario de la Guerra de España, Mihail Koltsov
- Mitos y verdades, García Lacalle

Otros artículos relacionados

- El capitán Maccagno, el piloto italiano abandonado en Vicálvaro
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/11/carlo-alberto-maccagno-el-piloto.html

- Vincent Patriarca, el piloto del Brox que luchó junto a Franco
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/02/vicent-patriarca-el-piloto-del-bronx.html

- El primer kamikaze de la historia fue un aviador republicano
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/11/el-primer-kamikaze-de-la-historia-fue.html



domingo, 1 de diciembre de 2013

Los 'pacos' durante la Guerra Civil, ¿francotiradores reales o invención republicana?

Imagen de un francotirador

Santiago Carrillo aseguraba en una entrevista que durante su época como responsable de orden público de la Junta de Defensa de Madrid, uno de sus principales "quebraderos de cabeza" eran los 'pacos'. El famoso dirigente comunista se refería indiscutiblemente a los francotiradores franquistas que se emboscaron en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil Española atacando desde ventanas y azoteas  tanto a los milicianos como a las fuerzas de seguridad.

Antes de entrar en materia es conveniente explicar de donde viene el término paco, una palabra que nada tiene que ver con el nombre propio Francisco y sí está relacionada con el sonido de un disparo. El origen de este término viene de las guerras de África. Los soldados españoles utilizaban el sobrenombre de 'paqueo' como sinónimo de la palabra tireoteo. ¿Por qué? Por el sonido de los disparos de fusil. El paco, por lo tanto, era el tirador enemigo que por norma general disparaba oculto entre las rocas de las montañas.

Muchos historiadores han puesto en duda la existencia de los pacos durante la Guerra Civil Española. Muchos de ellos acusan, y con razón, a la República de inventarse la existencia de falsos francotiradores como excusa a las detenciones y asesinatos en masa de derechistas. En algunos caso fue así. En otros, podemos decir todo lo contrario. En una conversación con el profesor de historia Javier Cervera, Carrillo explicaba quiénes eran y cómo actuaban estos tiradores contrarios al bando republicano:
“Te freían desde los tejados y muchas personas lo atribuían a la Quinta Columna. Lo cierto es que estas personas disparaban desde allí porque pensaban que los nacionales iban a entrar en Madrid muy pronto"

Carrillo se refería sobre todo a los primeros meses de la Guerra Civil Española. Algunos nacionalistas, a los que el inicio de la contienda les sorprendió en Madrid, estaban convencidos de que la capital iba a caer en cuestión de semanas en manos de Franco, por eso quisieron poner de su parte ayudando a los sublevados desde dentr de la ciudado. Por norma general eran militares sin destino o  agentes de Policía que habían sido declarados "desafectos" por las autoridades republicanas. A continuación, veamos algunos casos de pacos que sí actuaron como francotiradores durante el conflicto fraticida.
Milicianos en la Guerra Civil Española


Un periodista alcanzado por un francotirador

La guerra acababa de comenzar el Madrid. El 23 de julio de 1936, sólo cinco días después de que empezaran los combates, el periodista de 'El Liberal' Alfonso Cerradas fue alcanzado por un paco en las inmediaciones de la zona de Pacífico. El informador se encontraba a punto de cubrir una información en uno de los cuarteles que hay cerca de la estación de Atocha cuando fue alcanzado por un disparo de un rifle en el pecho. Las autoridades no pudieron encontrar al francotirador pero sí que descubrieron que la bala procedía de una azotea próxima.

Un niño falangista cazado por los milicianos

Antonio solo tenía 16 años cuando estalló la Guerra Civil. En agosto de 1936 dos de sus hermanos, también afiliados a la Falange como él, fueron detenidos y trasladados a la cárcel Modelo. Durante casi una semana el joven 'Antoñito', como le conocía su familia, estuvo disparando en plena noche desde su ventana a patrullas de milicianos que pasaban en vehículos en plena noche; nunca hizo pleno. El chico solo buscaba venganza por la detención de sus hermanos y utilizaba una escopeta de caza propiedad de su padre que se encontraba fuera de Madrid al estallar la contienda. La casa de Antonio, situada en la calle Covarrubias, en pleno barrio de Chamberí, fue asaltada de madrugada por las milicias de retaguardia tras comprobar que los disparos venían desde el tercer piso. El joven murió luchando tras un intenso tiroteo con los milicianos.
Joven aprendiendo a disparar


Los francotiradores de la Policía contra la República

En noviembre de 1936 las fuerzas de seguridad de la República consiguieron localizar y detener a dos policías que se habían convertido en pacos durante los primeros meses de la Guerra Civil. Los dos fueron detenidos en el barrio de Arguelles en dos operaciones diferentes. Un inspector que residía en el número 31 de la calle Gaztambide fue detenido el 11 de noviembre tras atacar a una patrulla de milicianos a pie. Dos días más tarde, otra patrulla de las milicias de retaguardia detuvo en el número tres de la calle Alberto Aguilera a otro agente de Policía que había realizado varios disparos desde un tejado.

El francotirador asesinado en Barcelona

El 24 de julio de 1936, solo unos días después de que la sublevación fracasara en Barcelona, el comerciante falangista José Forcada se escondió en una especie de prostíbulo situado en la Ronda de Santa Mónica. El hombre, que conocía bien aquella 'pensión', al sentirse perseguido decidió esconderse en el negocio de Madame Irurita, la mujer que regentaba el local, un piso inmenso de cerca de 200 metros cuadrados con varias habitaciones.

El 26 de julio, dos días después de llegar al prostíbulo, José empezó a sentir un pánico exacerbado. Armado con una pistola ametralladora, que tenía de antes de la guerra, se pasaba las horas mirando por la ventana esperando ser detenido por los milicianos. Un vehículo del POUM se paró justo delante del prostíbulo y Forcada, pensando que los milicianos iban a detenerle, abrió fuego desde la ventana contra ellos. Alcanzó a uno en una pierna pero no al resto que se refugiaron en un portal.

Desde ese instante, el francotirador de la Falange y los milicianos empezaron un intenso tiroteo que acabó en tragedia. Apoyado por otra patrulla del sindicato metalúrgico, los milicianos consiguieron acceder al prostíbulo empeando, en ese instante, un tiroteo dentro de las habitaciones. Forcada fue alcanzado por los disparos muriendo casi en el acto. Madame Irurita también se vio envuelta en el fuego cruzado siendo alcanzada por las balas. Ella, sin embargo, sobrevivió para contarlo.
Declaración de Sebastian / AHN


El falso paco y el odio de una portera

Sebastián Alcalde Careta se encontraba ya retirado cuando estalló la Guerra Civil Española. Nunca había estado afiliado a ningún partido político y nunca se había sido excesivamente militarista, sin embargo, en 1936 fue detenido acusado de Auxilio a la Rebelión. El 19 de octubre de 1936 fue arrestado por las milicias en su casa de la calle Tutor acusado de realizar disparos desde una de las ventanas de su domicilio. Era falso. Ni siquiera tenía armas en su domicilio. Los falsos disparos que se habían realizado desde su casa eran una invención de aquellos anarquistas que pretendían detener a uno de los hijos de Sebastián, que era sacerdote y que  estaba en la casa junto a su padre aquellos meses. La portera de la vivienda había realizado la denuncia motivada por unas rencillas personales.

Sebastian fue encerrado en la Prisión de Hombres número 5 de Madrid durante unos meses. Fue sometido a un juicio por parte de un Tribunal Popular que decidió ponerlo en libertad en marzo de 1937 tras las presiones realizadas por todos los vecinos del inmueble que aseguraron ante las autoridades que los disparos "fueron una invención de la portera".

Fuentes consultadas:

- Fiscalía del Tribunal Supremo
- Causa General: Tribunales Populares de Madrid
- Hemeroteca de La Vanguardia
- Hemeroteca Nacional: periódicos El Liberal, El Sol
- La Guerra Civil en Ciudad Universitaria

Noticia relacionada:

El duende de Gózquez: el francotirador republicano de la Batalla del Jarama:

http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/el-francotirador-de-gozquez.html

domingo, 24 de noviembre de 2013

La maldición rojiblanca: el trágico final de seis jugadores del Atlético de Madrid durante la Guerra Civil

El once del Atlético de Madrid en los años veinte / Crónica

Si un equipo de fútbol se vio golpeado por la irracionalidad de la Guerra Civil española ese fue el Atlético de Madrid. Hasta seis futbolistas del equipo rojiblanco perdieron la vida violentamente entre 1934 y 1939 con motivo, tanto de la Revolución de Asturias como del conflicto fraticida que asoló nuestro país. Hombres como el portero García de la Mata o Monchín Triana murieron asesinados en Madrid por sus ideales derechistas.

Otros jugadores del Atlético como el defensa Alfonso Olaso o Vicente Palacios murieron en el frente de batalla: el primero en la batalla de Teruel y el segundo en la capital de España. Pololo, el mítico capitán rojiblanco en los años veinte sería asesinado dos años antes de la Guerra Civil en la Revolución de Asturias.

Pololo, el capitán rojiblanco que murió en la Revolución de Asturias

Nacido en un pueblo asturiano llamado Lugones, Miguel Durán, más conocido por el sobrenombre de Pololo, vino a Madrid muy joven para estudiar la carrera de Ingeniero de Minas. Presionado por su padre que era director de la Fábrica de Explosivos de Coruño, Pololo decidió cursar esta ingeniería para no defraudar a su progenitor, sin embargo, en la capital descubrió su gran pasión, el fútbol. Cuando el balompié todavía no era un deporte profesional en España y ni siquiera se había puesto en marcha oficialmente el Campeonato de Liga, Pololo encontró su verdadera vocación en el deporte. En 1919, con apenas 18 años, ya estaba jugando con el Atlético de Madrid.


Pololo, capitán del Atlético
Defendiendo los colores rojiblancos, Pololo llegó a ser capitán del equipo e incluso formar parte del once que inauguró el Metropolitano en mayo de 1923. En 1924, tras finalizar sus estudios se marchó otra vez a Asturias aunque durante dos años siguió defendiendo con el Atlético de Madrid. Cuentan desde Asturias que este habilidoso defensa cogía la moto todos los fines de semana y se desplazaba hasta la capital durante los fines de semana para seguir jugando en su equipo de toda la vida. En 1926, cansado de tantos viajes, se incorporó a la disciplina del Real Oviedo donde se le pierde la vista como jugador de fútbol. También fue internacional con España disputando dos partidos amistosos ante Portugal.

Como futbolista era un hombre de carácter. Sus compañeros aseguraban de él que su carisma y su optimismo tanto dentro como fuera del campo "podían hacer cambiar el rumbo de un partido adverso". Tenía las ideas claras y era un gran lanzador de penaltis. En una entrevista llegó a decir que se tenían que lanzar de la siguiente manera: "Disparar a toda fuerza y atacando el balón para que entre con fuerza aproximadamente a un metro del suelo".

En octubre de 1934, fecha en la que se produjo la Revolución de Asturias, Pololo ya se había desvinculado casi completamente del fútbol. Aunque seguía practicando otros deportes como la natación y la hípica, el balompié era para él agua pasada. Con 33 años, una mujer y una hija, su vida había dado un giro por completo. Trabajaba como ingeniero de la Unión Española de Explosivos en Lugones (una parroquia de Siero), la localidad en la que se había criado de niño.

 Al llegar la sublevación a su localidad, el exfutbolista del Atlético de Madrid intentó por todos los medios que la fábrica en la que él trabajaba como responsable no cayera en poder de los revolucionarios. Era una misión imposible. Solo defendían la fábrica tres parejas de la Guardia Civil y varios de los empleados: enfrente había cientos de mineros que querían hacerse con los explosivos para enfrentarse de tú a tú con el Ejército.

En un momento de desesperación, Pololo trató de huir de la fábrica con el resto de defensores. En una pequeña camioneta, propiedad de su empresa, consiguió recoger a su mujer e hija y a toda velocidad emprendió la huida buscando la protección en un cuartel cercano de la Guardia Civil. Estuvo a punto de conseguirlo. En su camino, se encontró en plena carretera con una barricada obrera. El que fuera capitán del Atlético de Madrid no se lo pensó dos veces y pisó el acelerador a fondo tratando así de continuar su camino: se llevó por delante todos los sacos de arena y a un par de enemigos, sin embargo, a los revolucionarios les dio tiempo a disparar. Dos balas le perforaron el pecho, pero consiguió llegar conduciendo al cuartel de la Guardia Civil. Allí moriría pasadas tres horas. Tenía 33 años.

Alonso Olaso y su muerte en el asedio de Teruel

Alfonso Olaso en primer plano / Mundo Gráfico

Siempre estuvo a la sombra de su hermano Luis Olaso Anabitarte, una de las estrellas del Atlético de Madrid en la época de los años veinte. Alfonso llegó al conjunto colchonero en 1922 y a diferencia de su hermano, jugó toda la vida como defensa. Al igual que Pololo, Alfonso Olaso fue internacional con la selección española con la que disputó un partido amistoso en Bolonia ante Italia. Curiosamente, aquel 29-5-1927, los hermanos Olaso se convertirían en los primeros hermanos en jugar a la vez un partido internacional con España: después les llegaría el turno a Luis y Pedro Regueiro. Nuestro protagonista también pasaría a la historia por ser el primer futbolista en marcarse un gol en propia puerta.

En 1936, al empezar la Guerra Civil, Alfonso Olaso llevaba dos años retirado del fútbol. Se alistó a los requetés navarros con los que combatió durante toda la Guerra Civil, participando activamente en la Batalla de Brunete. Un documento del Ministerio de Defensa en nuestro poder demuestra que en noviembre de 1937 fue ascendido a Alférez siendo trasladado hasta el frente de Teruel pocos días después.

Sabemos que el día 15 de diciembre de 1937 estaba al frente de un batallón de infantería defendiendo las posiciones franquistas en la Muela, un alto que se encontraba en las proximidades de Teruel, muy cotizado por el enemigo.Durante aquellos días de diciembre el frío estuvo a punto de acabar con la vida de Olaso y sus hombres. Situados en lo alto de una loma, tuvieron que afrontar casi a la intemperie temperaturas de veinte grados bajo cero. Cuentan las crónicas que murieron congelados cientos de soldados de los dos bandos; para evitar la congelación, los militares optaban con dormir apretados (semiabrazados) para darse calor los unos con los otros.
Varios soldados en el frente de Teruel / Batallón Lincold

Al iniciarse la ofensiva republicana en Teruel ese 15 de cieimbre, Olaso tenía una única misión, defender hasta las últimas consecuencias su posición. Con apenas tres piezas de artillería, tanto él como sus hombres intentaron resistir los ataques de un Ejército Republicano mucho más curtido que en fechas anteriores. Los hombres de líder cominista Etelvino Vega, de la 34 división, fueron los encargados de combatir de manera encarnizada en ese alto de la Muela. La tarde del 18 de diciembre, después de una intensa nevada y tras un asedio de lo más contundente, la posición franquista cayó. La suerte de Teruel estaba decidida a favor del bando republicano.

Olaso recibió un disparo en el torso y otro en el hombro, pero no murió. Fue hecho prisionero junto a varios de sus hombres y asistido inicialmente por los doctores republicanos. Fueron trasladados al interior de Teruel, ciudad que estaba a punto de caer en manos de la República. Solo un puñado de militares dirigidos por el Coronel Rey D´Harcourt en el Gobierno Militar y otros edificios esperaban la llegada de refuerzos. La ayuda llegó a los pocos días pero fue ineficaz. El General Aranda no pudo reconquistar la plaza y los pocos franquistas que seguían con vida en el interior de Teruel decidieron arrojar la toalla y rendirse el 7 de enero de 1938 después de 20 días de intenso asedio.
Un periódico confirma la muerte de Olaso


De Olaso no hay casi noticias durante ese tiempo en el que estuvo cautivo y solo se sabe que murió en el interior de Teruel. Algunas fuentes aseguran que falleció desangrado como consecuencia de la herida de bala sufrida en los enfrentamientos de la Muela mientras que otras afirman que fue ejecutado por los hombres del Campesino al ser oficial. En cualquier caso, el que había sido defensor del Atlético de Madrid perdía la vida en Aragón a los 32 años.

Tras la Guerra Civil, la prensa le rindió tributo en más de una ocasión y desde los años cincuenta la Federación Española de Fútbol decidió poner en marcha el premio Alfonso Olaso en su recuerdo. El premio Olaso galardonaba al mejor juvenil de la temporada futbolística.

Manuel García de la Mata, asinado en el túnel de la muerte

García de la Mata, portero del Atlético. 100 años del ATM

No hay muchos datos sobre Manuel García de la Mata durante la Guerra Civil Española. Fue el portero del Atlético de Madrid cuando se inauguró el Metropolitano en mayo de 1923 y durante varias campañas jugó como titular compaginando el deporte con su profesión, la de ingeniero.

De los pocos datos que hemos podido extraer, sabemos que durante la Guerra Civil vivía o pasaba varios días en una pensión que estaba situada en el centro de la capital, regentada por una señora de ideología derechista. Conscientes de que esta señora tenía amistad varios individuos con pasado falangista o tradicionalistas, un grupo de oficiales de la 36 Brigada Mixta decidieron tenderla una trampa. Hemos sabido que el capitán Juan Cabrera, de dicha Brigada, y Casimiro Durán Muñoz, del Servicio de Información Militar fingieron pertenecer a la causa de los nacionales engañando a varias de las personas que residían en esta pensión así como otros individuos que se encontraban como refugiados políticos en embajadas.

Aprovechando la desesperación de sus víctimas, estos dos oficiales aseguraron a sus nuevos 'amigos' que ellos sabían como pasarse a la zona nacional a través del Barrio de Usera. De una manera muy convincente le dijeron al guardameta del Atlético y a otros residentes de la pensión que ellos habían construido un túnel subterráneo que atravesaba la zona 'roja' y llegaba hasta la zona franquista. Era una trampa de lo más macabra.
Dos cadáveres exhumados del tunel de la muerte


Desde principios de octubre de 1937 estos dos militares republicanos ayudados por otros miembros de la 36 Brigada Mixta iniciaron unas  expediciones que tuvieron un final de lo más trágico. En grupos de cuatro y previo pago de cientos de las antiguas pesetas, los expedicionarios salían de la pensión pensando que se pasarían a la zona nacional puesto que se encontraban perseguidos por su ideología. Nunca llegaron a su destino. Aún engañados, sus captores les llevaban en automóviles hasta un chalet de tres plantas de Usera, allí se darían cuanta del engaño que habían sufrido. En las bodegas, el capitán Cabrera había preparado una especie de cárcel clandestina: en ella las víctimas sufrían todo tipo de torturas tras un interrogatorio brutal. Tras ser desposeídos de sus pertenencias, sus verdugos les ejecutaban a sangre fría con varios disparos a muy poca distancia. Manuel García de la Mata formó parte de una de estas expediciones: el 30 de octubre de 1937 fue trasladado hasta este chalet de Usera donde fue ejecutado junto a otras siete personas.

El 29 de octubre de 1939, siete meses después de terminar la Guerra Civil, los forenses Piga y Aznar, representando a la Escuela de Medicina Legal de Madrid, se encargaron de la exhumación de los cadáveres que se encontraban en fosas comunes de Usera. Casi todas las víctimas habían muerto como consecuencia de "disparos de armas de fuego", pero muchos de ellos "presentaban síntomas de asfixia o de estrangulamiento". Uno de los cadáveres apareció rodeado  de una cuerda en forma de lazo.
Cripta donde están enterrados los asesinados en el túnel

De los 67 cadáveres que localizaron las autoridades franquistas solo 26 pudieron ser identificados por sus familiares.
Casi todas las víctimas del túnel de la muerte, como fue conocido desde entonces, fueron enterradas en los sótanos del Convento-Colegio de las Religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción, situado en el Barrio de Usera. Allí se conserva un trozo de pared del chalet en el que fue asesinado García de la Mata en la que un compañero suyo de cautiverio escribió con la hebilla de su cinturón: "Me han preparado una encerrona y traído a esta casa con otros quince más, espero nos fusilarán. Cúmplase la voluntad de Dios".


La historia de Manuel García de la Mata apenas tuvo repercusión tras la Guerra Civil. No era un jugador tan tan famoso como Monchín Triana, además, su trayectoria futbolística había sido mucho más corta ya que había dejado el fútbol muy pronto para dedicarse a su verdadera profesión, la de ingeniero.

Monchín Triana, el futbolista que murió fusilado en Paracuellos


Monchín Triana
Cuando estalló la Guerra Civil Española, Ramón 'Monchin' Triana tenía 34 años. Nacido en Fuenterrabía en 1902, siendo prácticamente un adolescente empezó a defender la elástica del Atlético de Madrid. Antes incluso de que el Metropolitano fuera construido, este habilidoso centrocampista ya vestía de colchonero, equipo en el que estuvo un total de nueve temporadas y con el que ganó varios títulos regionales así como dos subcampeonatos de Copa. En 1928 se marchó fichado al eterno rival, equipo en el que terminaría su carrera como futbolista en 1931 para dedicarse a negocios familiares.

Al pertenecer a una familia de clase adinerada y residente en el Barrio de Salamanca de Madrid, a los pocos días de estallar la Guerra Civil tanto 'Monchín' Triana como sus hermanos fueron objetivo de una terrible persecución por parte de milicianos exaltados. El periodista de Marca, Miguel Ángel Lara, reconstruyó en 2012 en su sección 'El poder del balón' el acoso que sufrió la familia Triana tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Cuenta Lara que durante días Triana se tuvo que esconder de los milicianos en diferentes lugares de Madrid mientras que su domicilio era registrado y arrasado casi a diario.

El padre de Monchín Triana, conocido por Don Luis, también se encontraba perseguido por la milicia puesto que había sido secretario general de la Cofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón. Un familiar afiliado al Partido Comunista le escondió en su casa aunque los tres hermanos tomaron la determinación de presentarse ante las autoridades ya que se encontraban en busca y captura. Miguel Ángel Lara, relata que fueron encerrados en la cárcel Modelo de la capital "sin saber de qué se les acusaba".
Posiblemente, en la cárcel Modelo coincidió con Ricardo Zamora, el mítico portero madridista que también fue encerrado en esta preisión acusado de haber escrito crónicas deportivas para el diario católico Ya.

Cementerio de Paracuellos del Jarama

 En la madrugada del 7 de noviembre, 'Monchín' Triana y otros cientos de presos fueron sacados de su celda, subidos a un autobús de dos plantas y trasladados a Paracuellos del Jarama. El gran jugador del Atlético y del Real Madrid murió fusilado junto a a un gran número de personas que tenían alguna vinculación con la derecha o con la religión católica. Sus hermanos fueron trasladados a la calle General Porlier y también terminaron fusilados en Paracuellos del Jarama.

Por mediación de la embajada de Cuba, los padres de Monchín Triana y sus dos hijas consiguieron salir de la España republicana e instalarse posteriormente en San Sebastián hasta que terminó la Guerra Civil. Tardaron tiempo en enterarse de la trágica muerte de los tres varones de la familia. Al igual que con Olaso, Monchín Triana también dio nombre a un premio deportivo. Entre 1952 y 1968 el diario Marca y el Arriba entregaban el trofeo Triana a la deportividad y a la fidelidad a su equipo.

Las otras tragedias de colchoneras 

Ángel Arocha murió en la Batalla del Ebro

Aunque no jugó en el Atlético de Madrid de los años veinte, Ángel Arocha sí defendió la casaca atlética durante los años treinta tras pasar por el Barça. Este gran delantero canario, alistado durante la Guerra Civil en un batallón falangisca de intendencia, murió como consecuencia de un bombardeo republicano durante la Batalla del Ebro en 1938.

Vicente Palacios fue un jugador del Atlético de Madrid que pasó a la historia tras anotar el primer gol rojiblanco en la competición oficial d Liga en el año 1929. Aunque había nacido en Gijón (Asturias), la Guerra Civil le sorprendió en Madrid trabajando como frutero. Con sus ahorros del fútbol había montado una pequeña frutería en el Barrio de Chamberí. No hemos podido averiguar detalles de su muerte, solamente hemos sabido que murió en agosto de 1936 en la capital. Desconocemos si murió en combate o si por el contrario falleció asesinado.

Joaquín Ortiz de la Torre era otro de los grandes jugadores del Atlético de los años veinte. Él no murió durante la Guerra Civil sino que falleció de muerte natural en otoño de 1929. Su muerte no fue trágica pero sí que fue sorprendente y conmocinó al fútbol ya que solo tenía 31 años. Murió de manera súbita, creemos que de un infarto, cuando trabajaba en África como ingeniero.

Gómar, uno de los ilustres deportistas del Atlético de Madrid de los años veinte, también murió de manera prematura antes de empezar la Guerra Civil Española. Su muerte también fue natural tras una larga enfermedad a los 34 años.

Fuentes consultadas: 

- El deporte durante la Guerra Civil, Julián García Candau
- Causa General, Túnel de la Muerte de Usera
- Hemeroteca Mundo Deportivo
- Diario Marca, artículo de Miguel Ángel Lara
- Hemeroteca de La Vanguardia
- Tesis universitaria 'El fútbol en Madrid'

martes, 19 de noviembre de 2013

Émilienne Morin, la francesa que amó a Buenaventura Durruti

Durruti y Morin en el año 1928
Compartir la vida con Buenaventura Durruti no siempre era fácil. Su duro carácter, su increíble rudeza y sobre todo, su implicación en la lucha anarquista le convertían en una persona con la que era muy complicado vivir. A Émilienne Morin le daba igual. Ella se enamoró del revolucionario leonés tal y como era, con sus "muchas virtudes y sus muchos defectos".

Nacida en Angers (Francia) en 1901 en el seno de una familia humilde con orígenes sindicalistas, Emilienne se instaló en París cuando apenas tenía 15 años. Primero trabajó como secretaria del periódico 'Ce Qu´il faut diré' y más adelante pasó a formar parte del Círculo de Jóvenes Sindicalistas del Sena. En 1924 se casó con el famoso anarquista italiano Mario Cascari, conocido en algunos círculos con el nombre de Cesario Tafani con el que terminaría separándose pasados tres años.

Fue en 1927 cuando conoció a Durruti en la librería anarquista de París situada en la rue des Praires. Por entonces, Buenaventura se encontraba en la capital francesa trabajando en la Renault después de haber huido de España donde se le acusaba de asesinato y de pertenencia a grupos terroristas. Desde principios de esta década, el líder sindicalista había formado partes de grupos como 'Crisol' o los 'Justicieros' que habían asesinado entre otras personas al gobernador de Vizcaya o el cardenal Soldevila, personas muy activas en la lucha contra el 'pistolerismo'.

Antes de llegar a París y antes de conocer a Émilienne, Durruti y su amigo Ascaso estuvieron en América trabajando en Cuba, México, Perú, Chile y Argentina, paises en los que protagonizaron algunos asaltos espectaculares a bancos con intereses españoles. En 1927, ya en Francia, fueron detenidos por la Gendarmería gala después de que el Gobierno de Primo de Rivera solicitara su extraditación. El movimiento anarquista francés se movilizó al máximo impidiéndolo.
A la iquierda Morín y Durruti en 1929

Fue en este contexto cuando Durruti y Émilienne empezaron a conocerse. Nunca llegaron a contraer matrimonio, pero fue prácticamente un amor a primera vista. Así recordaba la mujer de su vida los primeros pasos de su relación.
"Durruti y yo no nos casamos nunca, por supuesto. ¿Qué se figura usted? Los anarquistas no van al registro civil. Nos conocimos en París. Él acababa de salir de la cárcel. Había habido una campaña inmensa en toda Francia y el gobierno hacía cedido. Fue liberado. Durruti salió esa misma tarde, visitó a unos amigos. Yo estaba llí, nos vimos, nos enamoramos a golpe de vista y así seguimos" 

En julio de 1927 el gobierno francés cedió a las presiones y terminó expulsando a Durruti que fue acogido por Bélgica, marchándose a vivir a Bruselas. Morín, con 26 años, decidió seguir sus pasos viviendo los dos en la capital belga como podían: allí se quedó embarazada del líder anarquista. Así fueron sus años en Bruselas según una carta que escribió nuestra protagonista a un periódico español en 1937:

"Las autoridades belgas nos dejaron vivir casi tranquilos. Vivimos muy dignamento de nuestro trabajo esperando a que llegara nuestro momento de regresar a España. La caída de la monarquía española fue como un rayo de luz para nosotros"

En 1931, tras la proclamación de la II República en España, la pareja regresó hasta Barcelona donde nació la hija de ambos (Colette). Durruti siguió teniendo problemas con la justicia durante el periodo republicano, sobre todo con el mandato de las derechas, quedándose Émilienne a cargo de su hija durante largos periodos. Sabemos que antes de estallar la Guerra Civil la joven francesa trabajaba como acomodadora en el Teatro Goya de Barcelona.
Durruti con su pareja y su pequeña Collet en Barcelona

Al empezar la contienda, Morin se enroló en la Columna Durruti, dirigida por Buenaventura en el Frente de Aragón. La pequeña Colette se quedó con la amiga de la pareja Teresa Margalef mientras su madre trabajaba como responsable de prensa de la Columna. Cuando Durruti decidió marcharse a Madrid para defender la capital del avance franquista, Émilienne optó por marcharse a Barcelona y quedarse al cuidado.
La noticia de la muerte de Durruti el 20 de noviembre de 1936 le sorprendió en su casa de Barcelona. Un importante dirigente de la CNT acudió en persona hasta su casa para comunicarle que Buenaventura había muerto en combate en las inmediaciones del Hospital Clínico de Madrid. A ella siempre le dijeron que Durruti había fallecido como consecuencia de un enfrentamiento armado con una avanzadilla franquista. No fue así. Su muerte, casi 80 años después, todavía hoy sigue siendo un misterio.

Morin siguió trabajando para la CNT en España hasta 1938, fecha en la que decidió volver a Francia donde siguió trabajando en tareas propagandísticas a favor de la República Española. Colaboró años más tarde con Solidaridad Internacional Antifascista trabajando desde la clandestinidad después de que los alemanes tomaran París durante la II Guerra Mundial. Finaliza la contienda, Émilienne se marchó a vivir a la Bretaña muriendo en Cornualles el 14 de febrero de 1991, a los 90 años.

Trece años antes de fallecer (1978), Morin contrató a un abogado parisino para solicitar su pensión de viudadad commo familiar de "español fallecido a consecuencia de la Guerra Civil Española". Este letrado escribió una carta al periódico El País en la que daba a conocer el interés de la viuda de Durruti de ampararse al real decreto ley del 16 de noviembre de 1978. El abogado reconocía que la "prueba más difícil sería hacer ver a las instituciones la existencia de Buenaventura. Efectivamente, no estaban casados ni civil ni canónicamente. No obstante su unión fue una realidad, una cuestión de hecho, cierta y contrastable, existiendo incluso una hija, Colette, inscrita en el Registro Civil de Barcelona"

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Salvador de Híjar, el fraile 'republicano' que desafió a Franco durante la Guerra Civil


Salvador de Híjar en 1937
El fraile Salvador de Híjar llegaba al Puerto de Valencia en una situación lamentable a mediados de octubre de 1937. Vestido todavía con su  manchado hábito y con unas sandalias medio rotas se bajaba con cierta dificultad del vapor inglés que lo había trasladado desde Gibraltar. En el muelle le esperaban una treintena de personas, entre ellas el gobernador de la ciudad y varios responsables de segunda línea del Gobierno de la República. También le esperaban algunos reporteros gráficos que querían cubrir en primicia la llegada a la España republicana del 'cura rojo' como muchos ya empezaban conocer a este capuchino de 28 años.

Antes de su llegada a Valencia, Manuel Cardona Íñigo, más conocido por todos con el nombre de Fray Salvador de Hijar, tuvo que hacer frente a un calvario que a punto estuvo de acabar con su vida. El inicio de la Guerra Civil Española sorprendió a este capuchino en su convento de Zaragoza situado en el precioso barrio de Venecia. El triunfo del alzamiento militar en la capital aragonesa en 1936, propició que desde el principio que las patrullas de falangistas y de requetés dominaran las calles de la ciudad, tomándose en muchas ocasiones la justicia de su mano. Los asesinatos y ajustes de cuentas se prolongaron durante todo ese verano como relataba el propio fraile a su llegada a la zona republicana:
"Una extraña congoja se apoderó de nosotros. Nadie dormía en la comunidad pensando en lo que de puertas afuera del convento se desarrollaba durante aquellas interminables noches lúgubres de tiroteos. Alguien nos dijo que a pocos metros del convento llegaban automóviles todos los días y sin respeto a la ley de dios asesinaban a la gente por no pensar como ellos"

Fray Salvador de Hijar, que había sido muy conocido en Zaragoza antes de la Guerra Civil por sus intensos y emocionantes sermones, vivía con angustia los primeros días de la contienda. Con otro fraile de su convento escuchaban durante muchas noches casi todas las emisoras de radio posibles, incluidas las republicanas. Su objetivo era enterarse "absolutamente de todos los detalles de la guerra".
Artículo periodístico de Salvador de Híjar en 1937


Uno de los episodios más dramáticos que tuvo que vivir a finales de 1936 fue la ejecución de una persona a cien metros de su convento acusada de distribuir propaganda comunista. Un grupo de falangistas le detuvo con unas cuantas cuartillas fusilándole casi en el acto: antes de la ejecución el detenido solicitó la confesión, por lo que fue requerido el fraile superior del convento, el padre Ruperto de Arizaleta. Salvador de Híjar escuchó escondido la confesión del presunto comunista, algo que le llenó de tristeza al fraile capuchino que no entendía todavía lo injusto de una guerra:
"Al día siguiente se discutió con violencia en nuestro comedor lo que había pasado. Nueve de nuestros religiosos eran navarros y eran fervientes partidarios del requeté. Protesté con demasiada vehemencia de aquellos asesinatos y el superior me miró con una frialdad de hielo diciendo: No faltaría más que entre los frailes de esta casa hubiera uno partidario de los rojos"

Después de aquel incidente, nuestro protagonista dio misa en la SEO de Zaragoza criticando durante la homilía a los exaltados que asesinaban sin razón de ser porque "aquellas matanzas eran más propias de gentes sin creencias que de seres cristianos". Cuando regresó al convento, su superior le anunció que debía abandonar la ciudad y descansar lejos durante una temporada. El 30 de julio de 1936, doce días después de arrancar la sublevación militar de Franco, Salvador de Híjar se marchaba a Pamplona donde también quedó traumatizado por las ejecuciones:
"Cierta mañana volví horrorizado al convento de Pamplona. Había contemplado dos montones de cadáveres de más de sesenta, muchos estaban completamente mutilados. Volví a protestar ante mi superior de allí. Acabaron enviándome a Tudela. Era inútil, en nuestra orden no se discuten los mandatos superiores"

Desde el 17 de agosto de 1936 hasta el 29 de junio de 1937 estuvo en Tudela haciendo vida contemplativa y rezando casi las 24 horas del día. Por medio de terceras personas, Fray Salvador de Híjar escuchó que "Franco y los militares sublevados estaban dando un escarmiento al claro vasco por su apoyo a los nacionalistas". Su situación allí empezaba a ser angustiosa hasta que tomó la decisión de marcharse al frente voluntario como capellán castrense. "Me parece muy acertada la idea. Así verá usted la guerra y la pureza de los ideales del Generalisimo", le dijo su superior en el convento.

Carta del Cardenal Gomá sobre Manuel Cardona
El 30 de junio de 1937 ya estaba en Escalada, un pequeño pueblo burgalés situado en la carretera de Burgos a Santander donde estaba el centro de operaciones del General Sagardia. Fue nombrado capellán del sexto batallón de la Falange donde le sorprendió enormemente , según él, "lo blasmemos que eran los falangistas".


Es aquí donde se le pierde la pista. Sabemos por medio del Archivo del General Gomá que a mediados de septiembre de 1937 consiguió abandonar la zona norte de España y desplazarse (no sabemos muy bien como) hasta Algeciras consiguiendo pasar a Gibraltar a través de La Línea. Según Gomá, Manuel Cardona (Fray Salvador de Hiijar) había pedido a la Oficina de Información del Cuartel General de Franco un documento para salir de España que nunca le fue entregado. En cualquier caso, el 27 de septiembre de 1937 se encontraba en Gibraltar, alojado en Workers Union.

Por mar y a bordo de un barco con bandera inglesa, consiguió llegar a Valencia en octubre de 1937, ciudad en la que le estaba esperando su hermano. Hasta el final de la Guerra Civil Española se convirtió en un personaje de lo más notorio dentro del bando republicano. Sus conferencias en las que entremezclaba la religión, el comunismo y el republicanismo llenaban los cines y los ateneos. El periódico La Vanguardia, decían de él que "era la luminosa floración del espíritu de tolerancia religiosa y de libertad de conciencia de este sublime pueblo español". Merece la pena rescatar un fragmento de un artículo suyo publicado en la prensa madrileña en invierno de 1938 bato el título de "Franco ní, Cristo sí.
"La santidad de las constumbres no se logra con la violencia de las armas, sino por el retorno de los corazones al evangelio. Lo ignoraban aquellos hombres que alzaron bandera de guerra al grito de ¡ Por Dios y por la Patria! Supongo que la Patria no quería la sangre de sus hijos para disfrutar de paz.Porque la Iglesia, cuando sale de su atmósfera, que es lo espiritual, y se sumerge en los asuntos terrenos, atenta contra su vida"

Pasaporte de Fray Salvador tras salir rumbo a México en 1939
Sabemos que nuestro protagonista abandonó España cruzando la frontera por Cataluña rumbo a Francia en enero de 1939, fecha en la que Franco decidé avanzar sobre Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Al igual que otros muchos republicanos españoles, en el país vecino estuvo recluido en un campo de concentración hasta que consiguió un barco para marcharse a México. El 27 de julio de 1939, cuatro meses después de terminar la Guerra Civil, estaba entrando en el puerto de Veracruz como exiliado español, país en el que residiría hasta el fin de sus días dedicado a la escritura y a la enseñanza. En su nuevo pasaporte, en el apartado dedicado a su profesión, no aparecía nada que le identificara como sacerdote. Su única distinción era la de escritor.






Fuentes consultadas: 

- Archivo Histórico Nacional
- Archivo Gomá
- Ministerio de Asuntos Exteriores
- Hemeroteca Nacional de México

Noticias relacionadas:

- Fernando de Santiago, el capuchino que se convirtió en Beato tras ser asesinado en el Cuartel de la Montaña:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/10/fernando-de-santiago-el-capuchino-que.html

- La supervivencia en el Madrid republicano de dos religiosos anónimos:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/la-supervivencia-de-dos-religiosos.html