jueves, 10 de diciembre de 2015

El drama de los descendientes de Cristóbal Colón en la Guerra Civil

El Duque de Veragua en el año 1934, descendiente directo de
Cristóbal Colón. Asesinado dos años más tarde en Madrid
Si un linaje nobiliario sufrió como nadie las iras de la Guerra Civil Española ese fue el de los Duques de Veragua, más conocidos por ser los descendientes directos de Cristóbal Colón. En julio de 1936, el heredero más directo del Descubridor de América era Cristóbal Colón y Aguilera, noble madrileño nacido el 12 de septiembre de 1878, famoso por sus negocios vinculados con las ganaderías de toros.

El inicio de la sublevación sorprendió al Duque de Veragua en su imponente palacete de Madrid situado entre las calles San Mateo y Beneficiencia, un precioso palacio que todavía hoy sigue en pie muy cerca del Museo Romántico. Al no tener descendencia directa, el Duque vivía en la planta baja del palacio junto a su ayudante de cámara Agustín Pérez, un gran número de sirvientes y una decena de caballos árabes de pura sangre. Tres días después del asalto al Cuartel de la Montaña, su palacete estuvo a punto de ser incautado por las organizaciones del Frente Popular, circunstancia que no sucedió gracias a la actuación de la Policía que había sido alertada por el Cuerpo Diplomático residente en la capital. Al ser una persona muy reconocida en Chile, Argentina y Uruguay, los embajadores de estos países en Madrid pidieron a las Fuerzas de Seguridad que velaran por la vida de Don Cristóbal al considerar que podría correr riesgo de ser detenido o asesinado. 

El 25 de julio de 1936, en plena hora de la siesta, un grupo de Milicianos de Telefónica irrumpieron en el Palacio del Duque de Veragua anunciando a los sirvientes del noble (que no estaba en el palacio) que el edificio estaba requisado hasta nueva orden. En la tercera planta del palacio colocaron una bandera republicana. Justo en ese instante hizo su entrada en el palacete el Duque acompañado por su cuñado, Manuel Carvajal (Marqués de Aguilafuente) que acababan de llegar de mantener una reunión con el Cuerpo Diplomático. Tras una fortísima discusión y después de que llegaran miembros de los Círculos Socialistas del Sur y Madrileños, el palacete de la calle San Mateo fue literalmente saqueado. Un gran número de tapices, obras de arte y objetos de oro y plata fueron robados “supuestamente” para ser trasladados a un “lugar seguro”, propiedad de Patrimonio Nacional. Nunca jamás se ha vuelto a saber nada de todas aquellas obras de arte de incalculable valor. 

Pese al saqueo y a la incautación de sus obras de arte, el Duque siguió viviendo en su palacete de la calle San Mateo intentando hacer una vida más o menos normal en aquel Madrid bélico. El diplomático chileno Carlos Morla le ofreció asilo en su embajada donde ya estaban empezando a llegar centenares de perseguidos y amenazados por las organizaciones frentepopulistas. Otros diplomáticos de Argentina y Santo Domingo también insistieron en la necesidad de que abandonara cuanto antes su palacete ya que tenía todas las papeletas de ser detenidos. El Duque de Veragua rehusó en todo momento aquellas invitaciones. Tal y como aseguraría el noble a algunos de sus sirvientes, pensaba que “respetarían su vida” ya que se trataba del único descendiente directo de Colón. 

La detención del descendiente de Colón

27 de agosto de 1936. Varias camionetas de milicianos se situaron justo en la entrada del Palacio de Veragua. En esta ocasión los que entraron en el palacete eran los componentes del Círculo Socialista de la calle Velázquez, un grupo de militantes socialistas que estaban liderados por Zacarías Ramírez, conocido con el apodo de ‘El Cojo’. Los milicianos ya no buscaban obras de arte sino llevarse detenido al propio Duque de Veragua, a su cuñado Manuel Carvajal y a su ayudante de cámara Agustín Pérez. Para tranquilizarles los milicianos les dijeron que se solo prestarían declaración y que esa misma noche podrían regresar al palacio sin ningún tipo de problema. No fue así, ya nunca jamás regresarían. 
Palacio del Duque de Veragua / Madrid Histórico
El Círculo Socialista de la calle Velázquez donde fue trasladado el Duque de Veragua era una checa que estaba situada en el número 50 de la misma calle Velázquez. Zacarías Ramírez, el máximo responsable de este Círculo, se había incautado del local tras detener allí a varias religiosas dominicas que habían establecido una especie de convento clandestino a los pocos días de empezar la Guerra Civil. A la checa la denominaron formalmente Destacamento de Información del Círculo Socialista del Sur y parte del dinero que requisaban en sus actuaciones era entregado o al Ministerio de Hacienda o directamente a Margarita Nelken. 

Sabemos que el Duque de Veragua y su cuñado estuvieron casi quince días encerrados en la checa de la calle Velázquez donde además de ser maltratados, fueron obligados a firmar tres cheques de 15.000, 10.000 y 20.000 pesetas para que fueran cobrados por los miembros del Círculo Socialista “a cambio de su libertad”. Consciente de que su vida pendía de un hilo, Don Cristóbal también fue obligado a firmar un traspaso de sus fincas de Toledo a Zacarías Ramírez ‘El Cojo’. Pese a todo, su libertad nunca llegaría a producirse. 

Paralelamente, los sirvientes y familiares del Duque de Veragua y su cuñado sufrían arresto domiciliario en el palacete de la calle San Mateo. Conscientes de los contactos que tenía el Duque con las diferentes embajadas, el objetivo del Círculo Socialista era que nadie informara a los diplomáticos de la detención que había sufrido. La legaciones diplomáticas no se enteraron de su desaparición hasta el 18 de septiembre de ese 1936, fue demasiado tarde. 

Un día antes, el 17 de septiembre, el Juzgado del pueblo de Fuencarral había recibido una notificación de que habían aparecido dos cadáveres en el kilómetro 3 carretera de Colmenar con signos de violencia. Se trataba del Duque de Veragua y de su cuñado que habían sido asesinados durante la madrugada del 16 de septiembre. Hemos tenido acceso al certificado de defunción del Duque en el que se afirma que había muerto como consecuencia de dos disparos, uno en la sien y otro en la nuca. Asimismo indicaba el certificado que su cráneo presentaba un gran número de hematomas después de haber recibido un gran número de culatazos. El cuerpo del Duque apareció vestido con su chaqueta de seda cruzada y su pantalón gris. No aparecieron ni los gemelos de su camisa ni la medallita de la virgen de las Angustias que siempre llevaba consigo. 

¿Posible implicación de Carrillo en el asesinato?

Este certificado de defunción del Duque de Veragua contrasta con un reportaje que publicó en su día el Diario Alcázar hace más de tres décadas en el que se acusaba directamente a Santiago Carrillo de haber cometido el asesinato. Este reportaje, ampliado más adelante por el Diario YA en su edición digital, contaba con la versión de un individuo, apodado ‘El Estudiante’ que habría sido testigo del asesinato del Duque por parte del que fuera líder comunista. Veamos lo que dijo ‘El Estudiante’:
Santiago Carrillo, varias décadas después de la Guerra Civil

“Al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un ‘forito’, ocho cilindros muy viejo y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos y el quinto, el jefe de las checas, que aún yo no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: Pionero, estudiante ven aquí. ¿Sabes quién es éste? Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre. Este es el Duque de Veragua, el fascista número uno de España. Esto añadió Carrillo mientras sacaba una pistola debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente del nueve de largo) y disparó tres tiros sobre el cráneo del Duque que ya estaba bien muerto”. El testimonio del Estudiante también relata como el propio Carrillo ordenó cortar el dedo al Duque para sacarle el anillo que portaba. 

Desde www.guerraenmadrid.com no queremos restar credibilidad a la versión dada por este testigo, sin embargo, hay algunos aspectos que nos llaman la atención y que sería conveniente matizar. Según el certificado de defunción del Duque de Veragua al que hemos tenido acceso, el descendiente de Colón había fallecido como consecuencia de dos disparos en la cabeza (en la sien y en la nuca). Sin embargo, según la versión de ‘El Estudiante’, el Duque primero fue acribillado a balazos por disparos de una ametralladora y después recibió tres (no dos) disparos en la cabeza efectuados supuestamente por Santiago Carrillo. 

El segundo dato que no coincide sobre la versión de ‘El Estudiante’ es la fecha de la muerte del Duque de Veragua. Según ‘El Estudiante’ la ejecución se produjo el 24 de agosto de 1936, una fecha que no coincide con nuestros datos, ya que sabemos que el Duque aquel día estaba en libertad; sería detenido el 27 de agosto y asesinado el 16 o 17 de septiembre. ¿Cómo es posible que haya casi 20 días de diferencia?


Artículo publicado en
ABC
En relación a Santiago Carrillo, nosotros tampoco hemos encontrado vinculación directa con el asesinato del Duque. Esto no quiere decir que no participara en él, simplemente que no la hemos encontrado. De hecho, tras la Guerra Civil, después de ser detenido Zacarías Ramírez (luego ampliaremos detalles), en ningún momento de su declaración hace alusión a la participación en el crimen de Carrillo. Insistimos, esto no quiere decir que el que fuera líder del PCE no ordenara o participara en el asesinato.

El cuerpo diplomático se entera del crimen

La familia del Duque de Veragua se enteró de los asesinatos de los dos nobles el mismo día 18 de septiembre después de recibir una notificación del Juzgado de Fuencarral en la que se pedía que acudieran hasta este pueblo para reconocer dos cadáveres. Familiares y sirvientes del noble confirmaron la trágica noticia e informaron inmediatamente a los amigos del Duque pertenecientes al Cuerpo Diplomático. 

En el diario de  Carlos Morla  se puede leer como el Cuerpo Diplomático se enteró del asesinato el 19 de septiembre de 1936, un asesinato que indignó de sobremanera especialmente a las embajadas Latinoamericanas que mantenían vínculos con el Duque de Veragua. 

Con el asesinato del Duque de Veragua, que murió sin descendencia, surgía un grave problema ya que había desaparecido el último descendiente directo de Cristóbal Colón, el Descubridor de América. Este hecho supuso un punto de inflexión entre las naciones americanas que necesitaban encontrar un sucesor al Duque de Veragua que siguiera siendo un referente en todos los aspectos. A los pocos días lo encontraron. 

Desde el mes de septiembre se había tenido conocimiento de que un sobrino del Duque de Veragua se encontraba encarcelado en Bilbao desde el inicio de la Guerra Civil. Se trataba del capitán de caballería Ramón Colón Carvajal, militar con amplia experiencia en las guerras de África, que había sido arrestado por los republicanos durante los primeros días de la sublevación militar en San Sebastián. Tras pasar unas semanas encerrado en el Buque Prisión Biscarramendi, fue trasladado a otro buque llamado Aranzazumendi. 

Salvar al descendiente de Colón

Las embajadas de Chile y Argentina movieron todos sus hilos para tratar de salvar la vida de Ramón Colón Carvajal y se pusieron en contacto con el Ministro de Estado Álvarez del Vayo para pedir su liberación. No fue él sino el ministro vasco sin cartera Irujo el que puso todas las facilidades posibles para trabajar en su posible puesta en libertad. Irujo llegó a proponer tanto a Carlos Morla como a Tito Pérez Quesada (encargado de negocios de la embajada de Argentina) poner un avión del gobierno vasco para que les trasladara primero a Bilbao para recoger a Ramón Colón y después a Francia atravesando las “líneas rebeldes”. 

Las negociaciones lideradas por las embajadas de Argentina y Chile fueron de lo más fructíferas y a mediados de octubre de 1936, Ramón Colón fue liberado y trasladado posteriormente hasta el buque inglés Escort donde fue “recibido con honores” y posteriormente a San Juan de Luz de Francia. Aunque algunos periódicos de la época aseguran que su puesta en libertad fue el 9 de octubre, esta fecha contrasta con el libro de Carlos Mola quién asegura que el día 13 las negociaciones todavía se encontraban “estancadas”. 
Artículo publicado en Evening News de EEUU
sobre la liberación de Ramón Colón

De cualquier modo creemos que la fecha más exacta de la liberación de Ramón Colón coincide con la celebración del Día de la Hispanidad. Según un ejemplar del periódico estadounidense Evening News al que hemos tenido acceso la liberación se produjo el día 12 de octubre de 1936. 

Terminada la Guerra Civil

Una vez finalizada la Guerra Civil, Ramón Colón se convirtió en el nuevo Duque de Veragua. Su hermana Piedad terminaría contrayendo matrimonio con Manuel Valdés Larrañaga, uno de los grandes artífices de la Falange Clandestina en la retaguardia madrileña durante la contienda. Uno de los hijos de Ramón Colón, llamado Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto (que también fue Duque de Veragua) moriría asesinado por la banda terrorista ETA en el año 1986.

Pero volvamos de nuevo al asesinato del Duque de Veragua durante la Guerra Civil Española. Pese a las denuncias de las embajadas extranjeras por el mencionado crimen, el gobierno de la República se negó a investigar el asesinato del último descendiente directo de Cristóbal Colón. Álvarez del Vayo, que era el único que daba la cara ante los medios de comunicación, fue objeto de grandes críticas de la prensa internacional, unas críticas que obviamente se censuraban a la opinión pública madrileña.

Tuvieron que pasar casi dos años del fin de la Guerra Civil hasta que los servicios de información franquistas consiguieron arrestar en 1941 a Zacarías Ramírez 'El Cojo', el principal responsable de la checa del número 50 de la calle Velázquez y por lo tanto, principal sospechoso del asesinado de Cristobal Colón. Su apresamiento fue de lo más novelesco. Durante la noche del 14 de diciembre de 1940 varios policías vestidos de paisano entraban en el domicilio-despacho de Zacarías situado en la calle Almagro de Zaragoza con una orden de detención firmada por las más altas esferas. 

Durante casi dos años, Zacarías se había hecho pasar por Comandante de Ingenieros y Doctor en Derecho. Vestido de uniforme casi todo el día, se había instalado en un despacho de la calle Almagro donde ejercía la abogacía, especialmente para “ayudar” a las familias de los presos políticos republicanos que estaban en las cárceles de Aragón. Esto fue lo que propició su captura. 

De los durísimos interrogatorios a los que fue sometido 'El Cojo' se recogen algunos aspectos biográficos que desconocíamos del que fue posiblemente el principal responsable del asesinato de Cristóbal Colón. Al parecer en 1940 tenía 36 años, era natural de Medina del Río Seco (Valladolid) y antes de la Guerra Civil había trabajado como sastre en diferentes comercios de la capital. En Madrid residió en la calle Caravaca hasta que las tropas de Franco estuvieron a punto de entrar. Fue entonces cuando tomó la decisión de abandonar Madrid y marcharse a Alicante con la intención de coger un barco al extranjero. Fue demasiado tarde, ya no quedaban barcos por lo que fue apresado junto con otros de sus compañeros de la checa. Antes de ser detenido había tirado algunas de las joyas que llevaba encima al mar para evitar ser acusado de robo. 
Diario ABC

Con un nombre ficticio, Zacarías pasó varios meses realizando trabajos forzosos en un batallón disciplinario de Franco hasta acabar en el campo de concentración de Albatera. Después fue puesto en libertad y no sabemos todavía demasiado bien como llegó a Zaragoza ya en 1940.

El juicio contra Zacarías Ramírez

Tras su apresamiento en diciembre de 1940 relató con pelos y señales toda su historia durante la Guerra Civil Española explicando que inicialmente formó parte del Círculo Socialista del Sur para marcharse posteriormente a combatir a la Sierra de la mano del capitán Condés. Después regresaría a Madrid, ciudad en la que sería nombrado jefe del Servicio de Información del Sur, dependiendo del Comité de Investigación Pública cuya sede estaba en el Círculo de Bellas Artes. Reconoció haber participado al menos en unas 50 detenciones y registros domiciliarios a petición del Círculo de Bellas Artes o de la Dirección General de Seguridad. 

Zacarías desmintió con rotundidad haber dado la orden él de detener al Duque de Veragua sino todo lo contrarió. Fue 'El Cojo' quién mandó detener a un policía “republicano” que se había excedido durante el registro al palacete del Duque. Más tarde reconocería que efectivamente el Duque estuvo en el número 50 de la calle Velázquez y que ninguna persona preguntó por él durante el tiempo en el que estuvo preso. 

Con el objetivo de salvar el pellejo, Zacarías Ramírez delató durante los primeras horas de su interrogatorio a los que habían sido sus compañeros antifascistas una vez terminada la Guerra Civil. Hemos tenido acceso al sumario a las diligencias policiales y en ellas se explica que Zacarías reconoció que el hecho de ejercer de abogado en Zaragoza e ir vestido de Comandante de Ingenieros de un lado a otro no era tan solo un hecho aislado para sobrevivir a una situación complicada. 'El Cojo' reconocería que formaba parte de una basta organización antifascista clandestina que tenía como objetivo poner en libertad al mayor número de presos políticos. 

En su primera declaración policial Zacarías daría nombres, apellidos y direcciones de los miembros de esta organización antifascista que tenía ramificaciones en Madrid, Valencia y Zaragoza. En menos de un mes más de treinta personas estaban entre rejas gracias a la 'valentía' de 'El Cojo'.

Pese a toda este información que compartió Zacarías con la Seguridad del Estado, éste terminaría siendo ejecutado en el año 1942 pese a contar con informes positivos por parte de los servicios de información franquista que estaban muy agradecidos con 'El Cojo' por su colaboración. 

Fuentes consultadas

- Sumario y diligencias policiales contra Zacarías Ramírez
- Hemeroteca ABC
- Hemeroteca Nacional
- Diario de Morla Linch
- El Terror Rojos de Julius Ruiz

lunes, 16 de noviembre de 2015

Andrés Revesz, periodismo y espionaje en el Madrid republicano

Fotografía de Andrés Revesz publicada por el diario ABC
Hablaba siete idiomas, se carteaba con el Rey Alfonso XIII y fue jefe de internacional de ABC, pero además de todo esto, Andrés Révész llegó a coordinar una de red de espionaje en el Madrid de la Guerra Civil. Una historia que no reveló ni a su familia, pero que quedó registrada en varios sumarios encontrados en el Archivo General Militar de Madrid. Húngaro de orígenes judíos, dejó Francia para instalarse en España en 1915, y Manuel Aznar, abuelo del expresidente del Gobierno, le abrió las puertas para entrar en el diario El Sol. Llegó a ABC en 1922, y no tardó en labrarse una envidiable carrera, en la que se codeó con el cuerpo diplomático y entrevistó a personajes como Albert Einstein y Benito Mussolini.

Pero al estallar la contienda en julio de 1936, Andrés Révész quedó fuera de juego: el ABC fue incautado y la Oficina de Prensa Extranjera no le renovó su acreditación por su «reputación reaccionaria» debido a la posición que mantuvo en cuestiones internacionales. Sin embargo, no detectaron su verdadera amenaza: el gobierno de Hungría le ordenó obtener información de los republicanos para facilitársela a su país y a los sublevados. Trabajaba en la sombra a favor del bando nacional.

La red de espionaje se formó en 1937 para controlar los movimientos de los oficiales y soldados húngaros alistados en las Brigadas Internacionales y ubicar las posiciones republicanas en el frente de Madrid. Según consta en un sumario judicial de 1938, Révész estaba al frente de esta organización, que tenía a su cargo a una docena de agentes secretos desplegados en la retaguardia madrileña.
Solían acudir al Café Ivory, sito en la esquina de la calle Alcalá con Cedaceros, donde intercambiaban averiguaciones sobre el enemigo. Uno de los agentes era el propio barman del local, Julio Morhach, que aprovechaba su posición para emborrachar a los oficiales de las Brigadas Internacionales y sonsacarles información. 

Imagen antigua del café Ivory, punto importante de reunión 
El local era frecuentado por otras dos agentes alemanas: Herta Bjornsen, en deuda con Révész después de que lograse sacarla de la cárcel de mujeres de Ventas, y una periodista apellidada Mahlau, que entregó a Morhach algunas posiciones de baterías antiaéreas republicanas en la capital, como confirma el corresponsal en el sumario. Completaban la red José Gruber, cocinero de la embajada de Hungría que escondió en su casa a dos derechistas buscados por la justicia, y el manager de boxeadores Carlos Sipo. Los tentáculos de la organización llegaban hasta el Cuartel General de Intendencia de Pacífico, el Hospital de la Cruz Roja de Ocaña y la Audiencia Provincial de Madrid.

Por valija diplomática

La información recogida en el Ivory y los soplos que recibía Révész mientras paseaba por la calle Alcalá eran enviados por valija diplomática a Budapest y los enlaces franquistas desde la embajada húngara, con ayuda del canciller Bela Ferencz. Se transmitía de manera cifrada, bajo clave numérica en los márgenes de libros escritos en húngaro o como cartas de los trabajadores de la embajada a sus familiares. También llegó a usar la valija diplomática francesa, y la de las embajadas de Turquía, Austria y Chile. El enlace en París era José Quiñones de León, quien los enviaba a Burgos por medio del Sifne (Servicio de Información del Noroeste de España), uno de los servicios de espionaje exterior de los sublevados.

La situación empezó a torcerse el 28 de junio de 1938, cuando la policía republicana irrumpió en el domicilio madrileño del periodista húngaro, en la calle General Pardiñas, y le detuvo acusándole de espionaje. Pasó más de un mes en la cárcel de Porlier, hasta que se celebró su juicio el 3 de agosto. Para defenderse, el corresponsal aportó cartas escritas por el líder socialista francés León Blum, la política republicana Victoria Kent y el político italiano antifascista Francesco Nitti, como recoge el libro «Andrés Révész: Un puente en la Europa dividida», de Fernando Díez e Ignacio Szmolka.
Finalmente, fue absuelto por el Tribunal Especial de Guardia número 3. Pero cuando iba a ser liberado, agentes del SIM (el Servicio de Información Militar republicano) ordenaron nuevamente su detención. Uno de los miembros de la red, el húngaro Ladislao de Berena, fue detenido y señaló a Révész como jefe de la trama. En pocos días todos fueron arrestados y trasladados a Valencia, para ser juzgados acusados de espionaje y alta traición. Sus interrogatorios están recogidos en un informe del SIM demarcación Levante, donde todos reconocen su papel como espías durante la Guerra Civil española.
Articulo publicado por nuestra compañera
en el periódico ABC del 8 de noviembre

Révész pasó siete meses más entre rejas, cinco incomunicado en la Cárcel del Preventorio número 1 de Valencia. Así lo contó en un artículo de ABC el 29 de marzo de 1940: «El SIM me acusaba de espionaje, y un martes y trece, a las 8 de la mañana, tras seis horas de interrogatorio ininterrumpido, firmé que, en efecto, reconocía haber cometido ese crimen. Era preferible eso a que conocieran mi verdadera actuación». Un artículo en el que no escondía su papel en la contienda, pero con el que sembraba la duda sobre su verdadera tarea, secreto que se llevó a la tumba el 13 de junio de 1970. 

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional (Tribunales Populares y Tribunal Supremo).
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca ABC
- Archivo Fotográfico ABC
- Causa General
- Libro: Revesz, un puente en la Europa dividida de Ignacio Smolka y Fernando Díez Pérez
- Testimonios descendientes de Revesz

Nota: 

Artículo publicado por Aranzazu Moreno, colaboradora de este blog, en el Diario ABC el domingo 08,11,2015. En el siguiente enlace se puede leer el artículo que también se encuentra en la web de ABC:

Otros artículos relacionados:

- Sandro Pistolesi, de espía en Madrid a corresponsal de ABC en el Vaticano

http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/06/sandro-pistolesi-de-espia-en-madrid.html

- El espía de la República que conquistó Hollywood

http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2015/03/el-espia-de-la-republica-que-conquisto.html

- José Banús, espía de Franco

http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/02/jose-banus-espia-de-franco-durante-la.html


lunes, 2 de noviembre de 2015

El asesinato del alcalde de Las Rozas durante la Guerra Civil

Fotografía realizada al cadáver de Blas Riaza en La Almudena

La localidad madrileña de Las Rozas fue el escenario de combates durísimos durante la Guerra Civil Española hasta el punto de que tuvo que ser reconstruida al completo al  término de la contienda. Todavía hoy quedan visibles en su término municipal  un gran número de fortines y nidos de ametralladoras, algunos de ellos con un excelente estado de conservación. Sin embargo, desde www.guerraenmadrid.com no nos vamos a centrar en las ofensivas que  aquí se desarrollaron, sino en una historia que también  demuestra la crueldad de la guerra. Una historia que ha quedado oculta más de 75 años, hasta hoy. Con este artículo pretendemos dar a conocer nuestra investigación alrededor del asesinato de Blas Riaza Bravo, el último alcalde de Las Rozas antes de que empezara el conflicto fratricida. 

En la página web del Ayuntamiento de Las Rozas hay una breve sección histórica en la que se hace referencia a todos los alcaldes que ha tenido esta localidad entre 1500 y 2015. En esa lista figura Blas Riaza Bravo como alcalde roceño en el año 1935, antesala de la Guerra Civil Española. Además de esta pequeña aparición de Blas Riaza en el portal del consistorio, no figuran prácticamente más datos en Internet que demuestren que realmente fue alcalde en aquel periodo. Pese a todo, nosotros hemos confirmado que  fue el máximo responsable político de Las Rozas durante aquel año tras encontrar su nombre en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, con fecha del 12 de febrero de 1935. En este boletín aparece publicado un escrito firmado por “Blas Riaza Bravo, como alcalde constitucional interino de esta Villa, Las Rozas de Madrid”. El documento, a todas luces intrascendente, simplemente informaba de la existencia de un joven roceño que no había sido localizado para realizar el servicio militar.

Después de esta pequeña introducción, hemos empezado a recomponer pieza a pieza el asesinato de Blas Riaza, un crimen sin lugar a dudas político que tuvo lugar en el mes de septiembre de 1936. Los asesinos que le ejecutaron, dos meses después de que empezara la guerra, sabían perfectamente que había sido alcalde de Las Rozas aunque algunos libros de historia (incluida la Causa General) no hayan relacionado su muerte con las actividades políticas de Blas en 1935.

Como alcalde de Acción Popular en 1935

Al estallar la Guerra Civil Española Blas Riaza tenía 28 años. Hijo de una familia acaudalada de Las Rozas y con numerosas propiedades (especialmente fincas), su trayectoria política era bien reconocida en su pueblo ya que como antes hemos dicho había sido alcalde interino en el año 1935. Su ideología política era conservadora y cristiana (pertenecía a Acción Popular) al igual que la gran mayoría de su familia: su padre, también llamado Blas había intentado llegar a la alcaldía roceña en el año 1911. Pese a todo, dentro de la familia Riaza Bravo también había personas que se mostraban contrarios a esta forma de pensar: un primo de Blas, llamado Ángel Bravo Suárez, era militante del Partido Comunista y nada más estallar la guerra fue designado presidente del Comité Revolucionario de Las Rozas.
Documento que confirma que Blas fue alcalde
de Las Rozas en 1935
Hemos tenido acceso a una investigación que realizó el juez municipal de Las Rozas, Joaquín Lázaro en el año 1941 sobre los hechos que sucedieron durante la Guerra Civil en esta localidad. Por medio de esta investigación hemos averiguado que el 7 de agosto de 1936 el que era alcalde roceño Francisco Gómez del Pozo y el presidente del Comité Revolucionario (primo de Blas) ordenaron entregar 15.000 pesetas a una serie de vecinos, supuestamente con “grandes posibilidades” económicas. Entre estos vecinos estaba el antiguo alcalde, Blas Riaza, al que amenazaron con detenerle si no entregaba el dinero en un plazo de 48 horas. Tanto a él como a otros cinco roceños les dijeron que serían trasladados a Madrid si no ayudaban económicamente al Comité Revolucionario del pueblo. 

Durante la noche del 7 de agosto, Blas se dirigió hasta el Hotel Los Azucarillos de Las Rozas donde el comité revolucionario había establecido su sede después de incautarse del hotel, propiedad de la familia de Eduardo Martínez Cierra. Muy a su pesar, nuestro protagonista entregó en mano a su primo todo el dinero que tenía en su casa, evitando ser detenido aquel terrorífico mes de agosto. Hemos encontrado en el periódico 'La Hoja Oficial del Lunes' con fecha 24 de agosto de 1936, un artículo en el que se habla de un donativo que hizo el Secretario del Comité Revolucionario de Las Rozas a Victoria Kent de 442 pesetas recaudadas por el vecindario. Es más que posible que parte de ese 'donativo' perteneciera a Blas, al que obligaron a entregar parte de sus ahorros. El mismo comité también regaló este mismo día un convoy de alimentos con destino a los combatientes republicanos formado por los siguientes productos: 450 huevos, 440 gallinas, 15 arrobas de vino, 14 sacos de patatas, 50 cajas de galletas, 50 libras de chocolate, 30 jamones y 19 quesos

Su detención el 25 de septiembre

Aquella amenaza que sufrió Blas en  agosto fue la antesala de lo que vendría un mes más tarde. La noche del 25 de septiembre de 1936 se personaron en Las Rozas tres coches cargados de milicianos con salvoconductos de la Dirección General de Seguridad procedentes de El Escorial donde habían registrado un hotel propiedad de Ruiz de Velasco. Al frente dellos estaba un antiguo funcionario de Patrimonio Nacional, que antes de la Guerra Civil también había estado destinado en el Ministerio de Hacienda. Se llamaba Luis Pastrana Ríos y pese a sus modales refinados ordenó la detención de Blas Riaza. Varios milicianos, pistolas en mano, fueron hasta su casa de Las Rozas para practicar la detención. 

Nada más identificarse como miembros de la Escuadrilla del Amánecer, los milicianos inmovilizaron al antiguo alcalde de Las Rozas y le subieron a uno de los coches indicando a su familia que regresaría en menos de 24 horas después de ser interrogado en la Dirección General de Seguridad. Además de acusarle de "desafecto", los miembros de la Escuadrilla del Amanecer (uno de los grupos frentepopulistas más sádicos que operaron en la retaguardia madrileña) le dijeron que querían que respondiera a unas preguntas sobre un suceso que tuvo lugar el 24 de julio de 1936 en Las Rozas. Al parecer, aquel día, se produjo un tiroteo en esta localidad entre los ocupantes de un vehículo y unos milicianos en un puesto de control cercano a la carretera de La Coruña. La Escuadrilla insinuó que Blas podría haber tenido que ver algo en ese tiroteo que provocó la muerte de uno de los ocupantes del coche y heridas graves a otros dos. Blas no tenía absolutamente nada que ver con aquel suceso que fue tildado por la prensa de la época como "atentado terrorista" de la Quinta Columna aunque más adelante se demostraría que los ocupantes del coche nada tenían que ver con los sublevados: eran miembros de la CNT que acababan de regresar de luchar en Navacerrada a las órdenes del teniente Carbó. 

Los familiares de Blas Riaza se despidieron de él en mitad de la noche pensando que regresaría a la mañana siguiente. A pesar de que a Las Rozas llegaban rumores de los 'paseos' que se estaban produciendo en Madrid capital, lo cierto es que nadie podía ni imaginar en la localidad roceña lo que estaba a punto de suceder con su antiguo alcalde.  

El asesinato

El ex alcalde de Las Rozas nunca llegó hasta la Dirección General de Seguridad. Nada más pasar por las inmediaciones de Ciudad Universitaria, Luis Pastrana ordenó que Blas se bajara del vehículo inmediatamente. Nada más poner el pie en tierra, dos impactos de bala golpearon su cabeza acabando con su vida en el acto. Uno de ellos entró por la sién y el otro por la cara.  A día de hoy desconocemos si el autor de los disparos fue directamente Luis Pastrana o si por el contrario su asesino fue otro miembro de la Escuadrilla del Amanecer, una escuadrilla que días antes del asesinato de Blas había sido aclamada por la prensa republicana por "su eficaz trabajo" a la hora de detener a los enemigos de la República. Blas tenía 28 años y toda una vida por delante.
Milicianos durante la Guerra Civil Española


A primera hora de la mañana del 26 de septiembre, alguien encontró el cadáver de Blas Riaza y se puso en contacto con la Policía que lo trasladó inmediatamente hasta el cementerio de La Almudena. Como sucedió otras muchas veces en aquel terrorífico mes de septiembre, los agentes realizaron una fotografía al cuerpo sin vida del antiguo alcalde de Las Rozas que por cierto no llevaba identificación alguna. Estas fotografías serían enseñadas días más tarde a sus familiares más cercanos cuando se personaron en la Dirección General de Seguridad preguntando por Blas. Allí les enseñaron una serie de fotografías de cadáveres sin identificar: allí estaba el de su ser querido. La Escuadrilla del Amanecer se lavó las manos en relación con el crimen afirmando que tras prestar declaración Blas aquella noche, fue puesto en libertad a la mañana siguiente. Una gran mentira. Los Tribunales Populares nunca investigaron el asesinato. 

Luis Pastrana en Patrimonio Nacional

El asesino o inductor del asesinato de Blas Riaza tenía un nombre propio. Al término de la Guerra Civil los juez militares que investigaron su asesinato culparon directamente del crimen a Luis Pastrana Rios, que como antes se ha comentado era uno de los máximos responsables de la Brigada del Amanecer. En Internet se puede encontrar varios datos sobre él en los que se afirma que había sido funcionario de Hacienda y que incluso había sido sancionado por este Ministerio antes de la guerra por malversación. 

Desde www.guerraenmadrid.com ofrecemos más detalles sobre la figura de este oscuro personaje. En el Archivo Histórico Nacional nos hemos encontrado con una denuncia efectuada por los funcionarios administrativos de Patrimonio Nacional en el que acusan directamente a Luis Pastrana de formar parte del Comité Revolucionario de dicho organismo que funcionó en el Palacio Real (conocido como Palacio Nacional durante la guerra) entre 1937 y 1939.
Investigación abierta en Las Rozas para averiguar todos los
detalles del asesinato 

Los funcionarios de Patrimonio Nacional acusaban a Pastrana de haber realizado un desfalco el 25 de enero de 1937 en las arcas del Palacio Real que provocó un saldo acreedor de casi 1.500 pesetas. Consideran que tuvo que ver con "alguna anomalía" en el libro de Caja de la administración de Patrimonio Nacional. También le acusaban de haber participado, como miembro del Comité Revolucionario, en la persecución de "aquellos elementos que eran considerados desafectos por el gobierno rojo". Esta circunstancia, provocó la detención y el posterior asesinato de Manuel Anguiano, jefe de contabilidad del Palacio Real, Antonio López Madrid, habilitado del Palacio, Constancio Alonso, subalterno y Manuel Luxan, presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional. El comité del Palacio Real también tuvo que ver con el asesinato del Coronel Médico Pedro Bouthelier, padre del famoso quintacolumnista durante la Guerra Civil Antonio Bouthelier. 

Nunca se ha sabido con exactitud que otras personas pudieron participar directamente en el asesinato del alcalde de Las Rozas. La investigación que emprendió el juez municipal de esta localidad en el año 1941 determinó el el asesino fue Luis Pastrana que llevó a cabo la acción tras una denuncia prestada por el Comité Revolucionario de Las Rozas, presidido por el primo de Blas. Aunque la investigación afirma que "ningún" roceño participó directamente en el crimen, sí que considera que los miembros del comité podían haber evitado la detención

Desde www.guerraenmadrid.com hemos seguido la pista de Luis Pastrana Ríos para saber que sucedió con él tras la guerra y desgraciadamente no hemos sabido nada de él. Desconocemos completamente su murió durante el conflicto o si por el contrario se exilió de España al igual que otros muchos republicanos. Lo que si sabemos es que el primo de Blas Riaza abandonó nuestro país en 1939 para marcharse a Francia posteriormente. Allí le perdemos la pista. 

Otros crímenes que se cometieron en Las Rozas

Iglesia de San Miguel destruida tras la
Guerra Civil
En Las Rozas murieron cientos de combatientes de los dos Ejércitos durante la Guerra Civil, muchos de ellos como consecuencia de la Batalla de la Niebla que se desarrolló en toda la zona noroeste de Madrid. Sin embargo, hasta que se empezó a combatir con dureza, en el municipio roceño se trataba de hacer una vida normal. Con todo, pocos días después del alzamiento, aparecieron en el término municipal cerca de diez cadáveres sin identificar. El primero de todos apareció en la Dehesa de Navalcarbón el 27 de julio de 1936. Un agricultor encontró el cadáver de un hombre muy grueso de unos cincuenta años con diez pesetas en el bolsillo. Al parecer se trataba de un sacerdote.

En septiembre aparecieron más cadáveres, uno de ellos pertenecía a un hombre llamado Niceto García Rivero de 65 años en la zona conocida como el Puente de la Retorna (si algún lector sabe donde quedaba ese puente que nos lo diga). El 24 de septiembre, en la carretera de El Escorial aparecieron los cuerpos sin vida de dos hermanos de 24 y 22 años, "al parecer vecinos de Aravaca", uno de ellos con ropa de pijama. Por estas fechas también aparecieron otros dos cadáveres sin identificar en el número 19 de la carretera de la Coruña (un hombre de 25 y otro de 40), otros dos en el kilómetro 16 de esta vía y otro en la zona de la Fuentecilla. Ninguno de esos asesinatos fue esclarecido tras la Guerra Civil. 

Fuentes consultadas

- Archivo Histórico Nacional. Sumario del Juez Municipal Joaquín Lázaro sobre Las Rozas. 
- Causa General. Fotografías. 
- Sumario 24548 contra Luis Pastrana Ríos y otros. 
- Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 
- Hemeroteca Nacional.

sábado, 26 de septiembre de 2015

El campo de concentración de Azaña en Alcalá de Henares

Varios presos en la Casa de Trabajo de Alcalá antes de la
Guerra Civil Española
 A pesar de que muchos puedan pensar lo contrario, los campos de concentración no solamente se instalaron en la Alemania Nazi o en la Antigua Unión Soviética. España también puso en marcha instalaciones de estas características, antes incluso de que empezara la Guerra Civil Española. Alcalá de Henares, curiosamente la ciudad natal de Manuel Azaña, fue pionera en acoger estos centros de reclusión en el año 1933, coincidiendo con la puesta en marcha de la Ley de Vagos y Maleantes impulsada por el propio Azaña.

Desde www.guerraenmadrid.com no vamos a entrar en polémicas acerca de lo bueno o lo malo de esta Ley, nos vamos a limitar a informar a nuestros lectores de cómo fue el primer campo de concentración de España y los sufrimientos que padecieron los que allí fueron encerrados durante la Guerra Civil. Al empezar la contienda, la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares, que era como se llamaba aquel campo de concentración, llevaba más de tres años funcionando. Allí eran encerrados inicialmente los delincuentes comunes de Madrid a los que se aplicaba un régimen disciplinario severo, combinando la reclusión con el trabajo agrícola o la construcción de carreteras. Muchos de aquellos primeros internos eran básicamente alcohólicos y drogadictos que cometían todo tipo de desmanes con el fin de subsanar sus propios vicios. El trabajo duro para ellos era supuestamente “la mejor manera” de lograr la reinserción en la sociedad.  

Ubicada en un antiguo edificio llamado La Galera, la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares era sin lugar a dudas un lugar de lo más siniestro. En su fachada se podía leer un mensaje de lo más clarificador: “Un mundo aparte, vagos y maleantes, Casa de Trabajo, Dirección General de Prisiones”. Su edificio principal en su día había sido cárcel de mujeres aunque con la aprobación de la Ley de Vagos y Maleantes, aquella prisión femenina terminó siendo rehabilitada completamente para acoger este primer campo de concentración de la historia de España. 

Fachada de la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares
Diario Crónica, año 1933
Sabemos que al empezar la Guerra Civil, casi todos los presos comunes de la Casa de Trabajo de Alcalá fueron puestos en libertad. Sus instalaciones, sin embargo, empezaron a acoger a un sinfín de derechistas y militares que eran trasladados allí, en la mayoría de los casos, para cumplir sus penas o bien a la espera de que su juicio se llevara a cabo. En muchos casos, los presos que eran enviados hasta allí estaban esperando a que se aplicara la pena de muerte. La República considera que fueran fusilados aquellos individuos, podían ser útiles a la causa del Frente Popular realizando trabajos forzados. La Casa de Trabajo pasó en muy poco tiempo a denominarse Campo de Trabajo nº 3 de Madrid. Los reos, en muchos casos, eran obligados a colaborar estrechamente con los diferentes batallones disciplinarios que se encargaban de la fortificación de la zona de Nuevo Baztán. 

Durante la guerra los condenados eran obligados a hacer trabajos forzosos a favor de la causa republicana.Los prisioneros, entre los que se encontraban algunos nombres que luego fueron distinguidos en la época de Franco, trabajaban de sol a sol y a medida que pasaban los meses las condiciones se convirtieron en infrahumanas por la escasez de alimentos y medicinas. Sin embargo, para estos presos lo más importante era la supervivencia en sí, ya que a pocos kilómetros del Campo de Trabajo se habían producido los terribles fusilamientos en masa de Paracuellos de Jarama. 

Prisioneros ilustres en la Casa de Trabajo

Entre las personas que estuvieron presas en la Casa de Trabajo de Alcalá mencionamos a José Banús Masdeu, que tras la Guerra Civil se convertiría en uno de los grandes constructores del régimen de Franco. Fue uno de los grandes impulsores del Valle de los Caídos y el gran artífice del Puerto Banús (Marbella), que es como hoy en día todo el mundo lo reconoce. José Banús fue detenido por la policía republicana acusado de ser espía de Franco y condenado a muerte en el año 1938. Mientras esperaba que se cumpliera su pena, que finalmente no se llevó a cabo, tenía que esperar haciendo trabajos forzados en el campo de concentración de Alcalá. 
Periódico La Estampa de 1935 donde se habla abiertamente
de Campo de Concentración

Banús no fue el único 'huésped' ilustre de la Casa de Trabajo. El que fuera General laureado Claudio Rivera Macías también estuvo allí después de ser condenado por desafecto al régimen republicano el 27 de enero de 1937. Rivera fue detenido en su casa de Madrid tras negarse a combatir con la República y trasladado a la cárcel de Ventas. Después lo llevarían a Alcalá. Para nuestros lectores que no sepan quién fue Claudio Rivera, les diremos que en el año 1926 recibió la Laureada como consecuencia de su participación en la Guerra de África, al frente de una sección del Grupo de Fuerzas Indígenas de Alhucemas nº 5. El 20 de mayo de 1926, Rivera dirigió una ofensiva en el sector de Axdirt en la que perdió a más del cincuenta por ciento de sus hombres. Su participación en aquellos combates y su valentía en la dirección de la tropa le hizo merecedor de esta condecoración.

Pero sin lugar a dudas uno de los presos más relevantes de los que estaban en la Casa de Trabajo era Andreu Nin, líder del POUM detenido en Barcelona por agentes del SIM con la colaboración del NKVD de la Unión Soviética. Hemos tenido acceso al reportaje que publicó en el año 2000 Vicente Sánchez Moltó en el Diario de Alcalá bajo el título: “Las mentiras de la historia: Nin fue asesinado en Alcalá”. En este artículo se cuenta que el primer destino de Nin tras llegar a Madrid fue la Casa de Trabajo de Alcalá, aunque pocos días después de estar allí sería sacado “de manera irregular” para instalarlo en el chalet que era propiedad del General del Aire Republicano Hidalgo de Cisneros y su esposa, Constanza de la Mora. En ese chalet u hotelito, como se llamaba entonces, se cree que pudo haber sido asesinado. El autor de este reportaje no descarta que Nin fuera sometido a torturas en la misma Casa de Trabajo de la que estamos hablando. 

El campo de trabajo franquista

Cuando estaba a punto de terminar la Guerra Civil (tan solo quedaban unos días para que los franquistas entraran en Alcalá de Henares), los responsables de la Casa de Trabajo pusieron en libertad a todos los presos que se encontraban allí encerrados. Conscientes de que su cautiverio había tocado a su fin, los prisioneros franquistas celebraron su libertad destrozando las instalaciones de la Casa de Trabajo. Cuando entraron las tropas nacionales el aspecto de este campo de concentración era desolador. Las autoridades penitenciarias del nuevo régimen tuvieron que rehabilitar completamente las instalaciones que pasaron a denominarse 'Talleres Penitenciarios para la Redención de la Pena'. Allí también fueron encerrados y obligados a hacer trabajos forzosos cientos de prisioneros republicanos que habían sido capturados durante los últimos días de la Guerra Civil. 

Aunque el trabajo físico fue menos intenso que en la época del Frente Popular, sí tenemos conocimiento de que en los Talleres Penitenciarios de Alcalá se utilizó a la población reclusa principalmente en tareas de imprenta. Allí se estableció una imprenta de grandísimas dimensiones en la que se editaban boletines oficiales, cartografías y folletos informativos. Se cree que en 1940 había una población de 2.800 reclusos. 

Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional. Periódico Crónica y La Estampa
- Hemeroteca ABC
- Fundación Andreu Nin
- Fundación Francisco Franco
- Evolución Histórica de la Legislación Penitenciaria de España, Felipe Burgos Fernández
- Los campos de concentración durante la Guerra Civil: www.sbhac.net 
- Diario de Alcalá

lunes, 7 de septiembre de 2015

'Casa Camorra', un avispero en plena Cuesta de las Perdices

Casa Camorra durante la Guerra Civil / Díaz Casariego
Antes de que estallara la Guerra Civil Española, la Casa Camorra era un lugar distinguido para los madrileños, especialmente para aquellos cuya economía era superior a la media. Justo al final de la Cuesta de las Perdices estaba situado uno de los restaurantes de fin de semana más famosos de Madrid, especialmente famoso por su arroz con pollo y sus paellas de verdura. Alfonso Rey, conocido con el sobrenombre de Alfonso Camorra, era el propietario de un local que frecuentaban, especialmente los domingos, los amantes de la velocidad, es decir, los conductores más osados de coches y motocicletas que solían salir a quemar motor en primavera y verano. Antes de Alfonso, su padre Enrique Rey llevaba las riendas del local que ya estaba abierto durante la segunda década del siglo XX. 

Lo que en su día fue un lugar de esparcimiento para los madrileños, se convirtió en un amasijo de escombros durante la Guerra Civil. En 1939 eran pocos los que recordaban aquellos idílicos fines de semana en Casa Camorra durante los años previos al conflicto. Mucho antes de que estallara la sublevación,  ya utilizaba la publicidad para atraer a sus clientes. Sin ir más lejos, el Nacional publicaba lo siguiente en 1915: 

"La conocida Cuesta de las Perdices, uno de los lugares más agradables y pintorescos para los madrileños, goza de justa fama, no solo por el agradable panorama del que allí se disfruta sino por el renombre adquirido por la Casa Camorra. Esta casa está instalada en espaciosos locales donde no falta el menor detalle de confort moderno: tiene grandes salones y comedores independientes, esplendidos jardines, garajes y magníficas caballerizas. Cuenta con tiro al blanco y tiro de pichón. Su esmerado y siempre bien atendido restaurant a la carta es reputado por las excelencias de su buena cocina. Es también de justicia un elogio a su despacho de cerveza, refrescos, vinos de todas clases y licores. Satisfecho puede sentirse su propietario, Don Enrique Rey, competente y activo industrial".

Al términar la Guerra Civil la Casa Camorra resultó devastada como consecuencia de los combates que se sucedieron a ambos lados de la Carretera de la Coruña. No fue el único restaurante que se vio afectado por los durísimos enfrentamientos de la Cuesta de las Perdices, otros muchos locales también sufrieron las consecuencias de la contienda, al igual que los chalets de fin de semana de la zona que ya se estaban empezando a consolidar. Los dos Ejércitos se sirvieron de estas edificaciones para constituir nidos de ametralladoras, fortines de toda clase e incluso puesto de mando avanzado. 

En cuanto a Casa Camorra se puede decir que entre 1936 y 1939 esté mítico restaurante pasó por diferentes manos. Hasta el 9 de enero de 1937 estaba controlada por las diferentes unidades republicanas que combatían en la Cuesta de las Perdices, una zona que hasta ese momento no contaba con apenas accidentes geográficos. De acuerdo con el magnífico blog http://frentedebatallagerion.blogspot.com  edificaciones como Casa Camorra fueron utilizados inicialmente como parapetos  y resguardo de los soldados. 
Postal de la Casa Camorra antes de la Guerra Civil

 Sin embargo, durante la madrugada del 9 al 10 de enero, un golpe de mano del Ejército Franquista aisló a varias dotaciones enemigas que estaban a un lado de la Carretera de la Coruña. Una de las unidades republicanas defendió hasta la extenuación la Casa Camorra hasta que cayó definitivamente en manos del bando nacional durante la mañana del 10 de enero. A partir de ese día, las tropas sublevadas y las republicanas empezaron a fortificar los metros que habían ganado en aquel combate. 

Inicialmente, los nacionales utilizaron los dos pisos de Casa Camorra para constituir un nido de ametralladoras elevado. Desde sus dos balcones que daban a la Carretera de la Coruña, los observadores franquistas vigilaban semi escondidos para evitar ser detectados, los movimientos republicanos al otro lado de la Cuesta de las Perdices. Los dos balcones del antiguo restaurante fueron objeto durante semanas de un sinfín de bombardeos por parte de la artillería del Frente Popular. Tras conquistar la Casa Camorra en enero de 1937, la 20 División del Primer Cuerpo del Ejército Nacional se estableció allí, creando a su alrededor una complicada red de trincheras que siempre iban a parar al viejo restaurante, donde con el paso de los meses se instaló un puesto de mando avanzado. La Guerra Civil avanzaba y el frente de Ciudad Universitaria de Madrid se había empezado a estabilizar. Ahora arrancaba la guerra de las trincheras, de las minas y de los golpes de mano. En la Cuesta de las Perdices las tropas de los dos Ejércitos se atrincheraban en cada palmo de terreno aprovechando los pocos edificios que aún seguían en pie. 

¿Una destrucción parcial de la Casa Camorra?

Hemos tenido acceso al ejemplar del 2 de julio de 1937 del periódico Solidaridad Obrera, el órgano de prensa de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en cuyo interior se habla de un ataque republicano  a la Casa Camorra que terminó por destrozar el histórico restaurante madrileño. Aunque esta es la versión que relata el diario oficial de la CNT, esta información hay que cogerla con alfileres ya que la supuesta destrucción no aparece registrada en ninguno de los documentos de los dos bandos sobre operaciones concretas sobre la Casa Comorra a finales de junio, principios de julio. 

Con todo, no queremos decir que la supuesta destrucción de la Casa Camorra sea una invención de la prensa republicana, nada más lejos de la realidad. En aquellos instantes las pequeñas ofensivas y golpes de mano eran habituales en una zona como la Cuesta de las Perdices. No es descartable que una ofensiva artillera aquel mes de julio de 1937 dejara seriamente dañada la Casa Camorra, sin embargo, una destrucción total del edificio nos parece bastante extraño.
Periódico Solidaridad Obrera de julio de 1937

Según Solidaridad Obrera, la Casa Camorra estaba situada a un kilómetro de la Carretera de la Coruña y desde allí los nacionales hostigaban muy seriamente a los republicanos que estaban desplegados a sus alrededores. Teniendo en cuenta esta circunstancia, cuenta Solidaridad Obrera, "el alto mando leal estimó oportuno una operación a fondo de la artillería sobre la zona, logrando conseguir los objetivos. Los cañones leales dispararon con gran precisión sobre los focos rebeldes en la zona, localizando muy pronto la Casa Camorra. Al poco tiempo de iniciado el combate el edificio estaba totalmente destruido, pereciendo entre sus escombros las fuerzas que lo defendían y que en su mayor parte estaban integradas por requetés y falangistas". 

Con cierta sarna, Solidaridad Obrera aseguraba que quedaba destrozado un restaurante famoso por sus "juergas de aristocracia y chulos con lances picarescos". Acusaba este diario a los "militarotes, banqueros y políticos" de frecuentar sus salones a los que calificó como la "canalla dorada". 

La Casa Camorra como puesto de mando avanzado

Pese a la supuesta destrucción de la Casa Camorra aquel verano de 1937, sabemos que sus cimientos aguantaron en pie todavía más de un año y medio, convirtiéndose muy pronto en un puesto de mando avanzado de los nacionales. El 27 de agosto de 1938, ocho meses antes de que terminara la contienda, desde la Casa Camorra se coordinó una operación del ejército franquista para arrebatar a la República varios edificios que se encontraban en poder de los republicanos y que estaban situados justo delante del mítico restaurante. El blog Frente de Batalla tuvo acceso en su día al parte de operaciones de la 20 División franquista en el que se explicaba esta ofensiva: "A las 15.15 del 27 de agosto de 1938, tres secciones ofensivas se lanzaron sobre tres casas ocupadas por el enemigo junto a la carretera de la Coruña, en la Cuesta de las Perdices, desalojándolos de ellas, ocupándola y haciéndoles muertos, heridos y prisioneros, progresando luego por los ramales de acceso hasta donde lo permitió la fuerza disponible". 
A la izquierda la Casa Camorra / Diario Crónica de Madrid

La ofensiva franquista, gestada por los oficiales sublevados desde la Casa Camorra, fue precedida de un ataque artillero y de mortero que duró más de diez minutos. Los hombres que participaron en la ofensiva formaban parte del 2º Batallón de Toledo, el 8º Batallón de San Quintín y varias secciones de Zapadores. El ataque inicialmente fue un éxito, arrebatando a los republicanos la Casa Amarilla y la Casa de Cubas, dos edificios que pocas semanas más tardes se establecerían como puntos de observación para el Ejército de Franco. 

Pese al éxito inicial, aquellas edificaciones se convirtieron en un avispero para los hombres de los dos bandos. En menos de 24 horas dos compañías republicanas llevaron a cabo un gran contraataque que fue especialmente duro entre las 20:00 y las 3:00 de la madrugada. Aunque terminaron reconquistando el terreno perdido, los republicanos no pudieron aguantar el tirón y tuvieron que retirarse de aquellas posiciones que habían vuelto a conquistar. En los combates, las fuerzas leales hicieron explotar una mina que destrozó casi por completo el Moto Club. 

Tras la Guerra Civil

La fama de la Casa Camorra se esfumó prácticamente tras la Guerra Civil Española. El estado en el que había quedado el edificio era ruinoso y los alrededores estaban repletos de chatarra como consecuencia de los combates. Después de que la zona fuera limpiada (literalmente) por los buscavidas que en los años posteriores se dedicaban a recoger los restos del combate para vendérselos a los chatarreros de Madrid, la Casa Camorra fue prácticamente demolida. En su lugar, la familia Camorra levantó otro establecimiento que a buen seguro que a nuestros lectores les suena un poco más: La Pérgola, un restaurante que ha seguido funcionando como tal hasta hace bien poco, gestionado por los descendientes del mítico Don Alfonso. 

La prensa de los años 60 hablaba del restaurante La Pérgola como el heredero de la mítica Casa Camorra, con un lema que en muy poco tiempo terminó siendo muy conocido en el Madrid del franquismo: "En las Perdices se respira bien.....pero se come mejor. La antigua Casa Camorra y su dueño recuerdan a sus clientes y amigos que sigue siendo el preferido por su buena cocina y ubicación". Hasta 2012 seguía existiendo una sociedad (ya extinguida) que gestionaba La Pérgola y que se llamaba Camorra-La Pérgola SA. 

Durante los años posteriores a la Guerra Civil, Alfonso Camorra también gestionó otro local de Madrid que alcanzó un gran prestigio, la Terraza del Riscal que estaba situada en el número 11 de la calle Marqués de Riscal de la capital. Durante aquella época se convirtió en el lugar de encuentro y de referecia de los adinerados del régimen franquista, donde se dejaban caer de cuando en cuando algunas estrellas cinematográficas y otros conocidos artistas. 

Fuentes consultadas

- Blog Frente de Batalla
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca Prensa Histórica
- Solidaridad Obrera (CNT)

jueves, 13 de agosto de 2015

La Guerra Civil Española en diez libros publicados recientemente

Dos soldados leen durante la Guerra Civil
Por fin ha llegado el verano y muchos de nuestros lectores (no todos) seguro que están disfrutando de sus merecidas vacaciones. Uno de los mayores placeres de agosto es disfrutar de un buen libro con vistas al mar o a la montaña, sin embargo, ese libro que cogemos con tantísimas ganas tendría que hacernos disfrutar enormemente. Desde http://www.guerraenmadrid.com  hemos recomendado diez libros sobre la Guerra Civil, publicados todos ellos recientemente (en 2015), que nos alegrarán a buen seguro el verano. 

Salvo dos o tres excepciones, estos diez libros que recomendamos no suelen estar muy visibles en las librerias de los grandes almacenes españoles. Por eso invitamos a nuestros lectores a que los busquen en alguna de las pequeñas tiendas de libros que hay en nuestro país o bien que investiguen por Internet para tratar de localizarnos en determinadas plataformas digitales. Con todo, ayudaremos a facilitar esta tarea a nuestros amigos del blog. 

No hemos realizado esta selección de libros en base a ninguna ideología política, ni siquiera a afinidad histórica por ninguno de los dos bandos que combatieron en la Guerra Civil. Es una selección cuidada y objetiva de novedades literarias que pueden atraer a los amantes de la historia reciente de España. Allá vamos. 

'La Batalla de las Ondas', la radio como arma secreta


La Batalla de las Ondas
Un gran experto en la Guerra Civil como es Daniel Arasa (Tortosa 1944) ha publicado este 2015 'La Batalla de las Ondas' (Ed Gregal), un libro que se adentra de lleno en la guerra propagandística llevada a cabo por los dos bandos mediante el uso de la radio. La utilización de este magnífico medio de comunicación en el conflicto español resultó muy útil tanto para los franquistas como para los republicanos, convirtiéndose en una gran herramienta de la guerra psicológica. 

El libro explica el tipo de propaganda que se utilizó durante la Guerra Civil, cuáles eran las principales emisoras de España, los locutores más potentes del momento y alguno de los discursos políticos que pasaron a la historia. Además de todo esto, la radio también permitía que las emisiones de un bando, pudieran ser escuchadas de manera clandestina en territorio enemigo, algo que estaba perseguido y penado ya que podría minar la moral del adversario. 

Teniendo en cuenta que el autor nació en Tortosa, uno de los escenarios de la Batalla del Ebro, 'La Batalla de las Ondas' analiza de manera muy cuidada cómo se utilizó la radio en este combate decisivo para el devenir de la Guerra Civil. Un libro, desde luego, muy recomendable para entender el conflicto fratricida desde otro punto de vista. 


'La Casilla de Guadarrama', una historia real de la guerra


La Casilla de Guadarrama
A nuestro juicio es una de las novedades más interesantes de todo lo que se ha escrito sobre la Guerra Civil este 2015. La novela 'La Casilla de Guadarrama', escrita por Carmen Delia Díaz García-Fuentes, es fruto de años de investigación histórica y familiar, basada en la historia real de César Diez Echeverría, abuelo de la autora. Carmen Delia había escuchado en voz de su abuelo su historia durante la Guerra Civil, que años más tarde plasmaría por escrito en una especie de memorias. 

A raíz de este primer relato, la autora empezó a investigar intensamente los hechos que su abuelo había relatado. Además de consultar un sinfín de archivos históricos y militares, consiguió localizar el lugar concreto donde transcurren los hechos de la novela, una caseta de peones camineros situada en la Sierra de Guadarrama de Madrid: en concreto se ubica en la curva de Tablada, justo antes de llegar al Alto del León. 

Gran parte de la novela, basada por supuesto en hechos reales y con una rigurosa investigación histórica a sus espaldas, en esa casilla de peones camineros que durante la Guerra Civil fue un puesto de sococrro avanzado. Desde el pasado 5 d ejunio está a la venta en librerías, en amazón y en el blog  http://casillaguadarrama.blogspot.com.es/ 

'Voces en la trinchera', las cartas de los soldados republicanos

Voces en la trinchera

El tercer libro que recomendamos para este verano se ha publicado también este 2015. 'Voces en la trinchera' (Alianza Editorial) es la culminación del proyecto literario de James Matthews que ha decidido recuperar un gran número de fragmentos de cartas enviadas desde el frente de batalla. Los autores de estas cartas eran soldados del Ejército republicano que enviaban a sus seres queridos entre 1936 y 1939.

"Nosotros no podemos salir de la trinchera ni para orinar siquiera que nos cosen a morterazos y a cañonazos. Para un tiro que nosotros tiramos, ellos tiran cientos". Este era el fragmento de una carta escrita por un joven soldado a sus padres y que aparece entre las misivas que ha decidido sacar a la luz Matthews.

Muchas de las cartas publicadas se han obtenido como consecuencia de la desclasificación de archivos militares. Durante la Guerra Civil el servicio de censura militar conservó estas cartas en las que se pueden leer los miedos, reacciones y deseos de aquellos jóvenes que se pasaron la guerra dentro de las trincheras republicanas. Un buen libro, en definitiva, para entender lo que se puede sentir en el interior de una trinchera. 



La novela inédita de Pio Baroja durante la guerra


Imagen de archivo de Pío Baroja
'Los caprichos de la suerte', así es como se llama la novela inédita que se ha descubierto recientemente de Pio Baroja y de la que algunos medios de comunicación se han hecho eco durante los meses de junio y julio. Se trata de un libro inédito que forma parte de la trilogía del escritor donostiarra sobre la Guerra Civil: los otros dos libros que tiene al respecto son 'El cantor vagabundo' y 'Miserias de la guerra'. 

El descubrimiento del libro escondido de Pio Baroja se ha producido de una manera de lo más novelesca. Se encontraba en una carpeta perdida del caserío de Itzea, la casa familiar de los Baroja en Bera (Navarra). Aparece 65 años después de haber sido escrito y eso sí, los lectores de www.guerraenmadrid.com no podrán leerlo este verano sino que tendrán que esperar hasta el mes de noviembre que es cuando será editado por Espasa. 

Está previsto que tenga dos presentaciones: la primera será la novela como tal con un prólogo y la segunda en la colección Austral, con un prólogo de José Carlos Mainer, encargado de esta edición y de las obras completas de Baraoja en Galaxia Gutenberg.

'El final de la Guerra Civil' , el último libro escrito por Paul Preston

El final de la Guerra Civil

Debo aclarar que Paul Preston no es de los escritores que más simpatía me ha generado a lo largo de los últimos años, además de considerarlo un historiador de la clase media. Sin embargo, su último libro llamado 'El Final de la Guerra Civil', es mucho más recomendable que otros tantos que ha escrito. Preston se centra en esta ocasión en un periodido de la contienda española que no ha sido investigado todavía de manera intensa. 

En 'El Final de la Guerra Civil', Preston aporta nuevos datos y detalles de este periódico, así como testimonios inéditos interesantes del conflicto que hubo en marzo de 1939 entre los Casadistas (partidarios de terminar la guerra) y los comunistas que con Negrín a la cabeza estaban dispuestos a resistir con todas las consecuencias. 

El libro empieza con la siguiente frase desgarradora: "Esta es la historia de una tragedia humanitaria evitable que costó muchos miles de vidas y arruinó decenas de miles más". Al ser Paul Preston un autor con importante número de ventas, a buen seguro que nuestros lectores no tienen problemas en hacerse con un ejemplar en cualquiera de los grandes almacenes y librerías que tenemos en España. 



'Enfermeras de guerra', historias de humanidad en la guerra

Enfermeras de guerra

En nuestra web ya hemos tratado antes el papel de las enfermeras durante la Guerra Civil Española, un papel desconocido que hasta hace unos pocos años casi todos los autores habían pasado por alto. No ha sido el caso de las profesoras Anna Ramió y Carme Torres que han publicado este 2015 'Enfermeras de guerra' (Ediciones San Juan de Dios), un testimonio histórico de la enfermería durante el conflicto español. 

Este magnífico libro, que pertenece a la colección Hospitalidad, es el fruto de la recopilación de los relatos biográficos de las enfermeras que trabajaron en Cataluña durante la Guerra Civil Española. El papel de estas sanitarias fue determinante, especialmente en la Batalla del Ebro, una de las más crudentas de la contienda y que se desarrolló en su mayoría en territorio catalán. 

Muchas jóvenes españolas se ofrecieron voluntarias para trabajar en hospitales de sangre , algunas sin apenas experiencia en la medicina de guerra. El libro relata que ellas "no hacían distinción partidista" a la hora de tratar a sus pacientes demostrando así su responsabilidad social y también su valentía. El libro que recomendamos es un buen testimonio para seguir creyendo en el ser humano pese a la barbarie que se vivió durante la Guerra Civil. 


'El final de la Guerra Civil al lado del General Miaja', según su sobrino


El final de la guerra civil
Volvemos a referirnos a un libro que habla del final de la Guerra Civil Española. En esta ocasión, 'El final de la Guerra Civil al lado del General Miaja' (Editorial Marcial Pons, ediciones historia) escrito por Fernando Rodríguez Miaja, sobrino y asistente personal del General Republicano, explica como vivió el militar los últimos días de la contienda. 

El libro es un testimonio muy interesante con una descripción muy rigurosa de los últimos coletazos de la Guerra Civil, vividos desde el punto de vista de la jerarquía militar republicana. El escrito incluye documentos inéditos que se encuentran en el Archivo de Emigración de Columbres en Asturias. 

La figura de Fernando Rodríguez Miaja es sumamente interesante y por este motivo, además de invitar a nuestros lectores a que lean el libro, les pedimos que lean alguna de las entrevistas que concedió en los últimos años a diferentes medios de comunicación. En una entrevista concedida a El País, Fernando explicaba que fue asistente de Miaja desde los 19 hasta los 22 años, edad que tenía cuando terminó la Guerra Civil. Es un testimonio enriquecedor para comprender algunas de las decisiones que tomó su tío durante aquellos años terribles. 



'La persecución del Santo Cáliz en la Guerra Civil'


La persecución del Santo Cáliz
El libro 'La persecución del Santo Cáliz' se refiere a la historia de las personas que escondieron el Grial durante la Guerra Civil Española, basándose en los diarios, cartas y declaraciones de los protagonistas, así incluso como de alguno de los perseguidores. El académico Francisco Ballester-Olmos ha utilizado muchos documentos inéditos que hasta ahora se encontraban en la Cofradía del 
Santo Cáliz de Valencia. 

A partir de estos documentos el autor ha podido reescribir el relato de lo sucedido aquellos años, aportando también los lugares exactos donde estuvo escondida la reliquia tanto en Valencia como en la localidad de Carlet. También muestra testimonios de interés como son las conversaciones con los hijos y sobrinos de los que se jugaron la vida durante la Guerra Civil.

Todavía hoy seguimos sin ser conscientes del papel que jugaron todas aquellas personas anónimas que jugándose su propia vida, decidieron esconder el Santo Cáliz por sus fuertes creencias religiosas. En el libro se pueden apreciar las fotografías de Sabina Suey Vanaclocha y su hermana María Milagro, hijas de María Vanaclocha, la casera del piso donde se hospedaba Elías Olmos que fue el encargado de esconder la reliquia. 


'La Guerra Civil como moda literaria', el análisis de los libros de la guerra

La Guerra Civil como moda literaria

La Guerra Civil Española se ha convertido en los últimos años en una auténtica moda literaria tanto para escritores consagrados como noveles. Consciente de esta circunstancia, David Becerra Mayor ha escrito el libro 'La Guerra Civil como moda literaria' que explica los motivos por los que se ha desarrollado este fenómeno. La narrativa del conflicto, según el autor,  se ha desideologizado y despolitizado por tesis revisionistas y postmodernistas. 

Los libros de Javier Cercas, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes o Dulce Chacón son analizados por David Becerra que se pregunta, ¿a qué se debe esta eclosión de títulos que parecen cuestionar el pacto de silencio y de olvido de la transición?, ¿son novelas que reivindican la memoria histórica o utilizan solo la Guerra Civil como telón de fondo? O bien se cuestiona, ¿cómo nos están contando la Guerra Civil las novelas que se escriben en la actualidad?

El autor de este libro realiza un estudio riguroso sobre los libros de la Guerra Civil confirmando que en efecto, es una moda común de editores y novelistas. El autor tiene una importante trayectoria profesional ya que es doctor en Literatura Española por la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de diferentes medios de comunicación social tanto digitales como en papel. 

'El General Invierno y la Batalla de Teruel', la crudeza de la guerra y el frío


El General Invierno y la Batalla de Teruel

Escrito por Vicente Aupi y presentado el pasado 18 de junio en la Librería Senda de Teruel, el libro 'El General Invierno y la Batalla de Teruel' (Ed Dobleuve comunicación) refleja la crudeza de la Guerra Civil con las duras condiciones metereológicas. La Batalla de Teruel supuso la congelación de más de 15.000 combatientes de los dos bandos, un hecho que está perfectamente explicado en este libro. 


El frío de la Batalla de Teruel fue solo comparable por otros momentos históricos como el que tuvieron que soportar las tropas de Napoleón en Rusia o incluso las unidades nazis durante la II Guerra Mundial. Durante la presentación, además de intervenir el autor del libro, intervino Ramón Buckley, encargado de hacer el prólogo. 

La Batalla de Teruel tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938. Fue la única gran ciudad de España que consiguieron recuperar las tropas republicanas durante la Guerra Civil  con una gran resistencia del Coronel Rey d´Hancourt. Finalmente, las unidades franquistas consiguieron recuperar la ciudad que estaba prácticamente en ruinas como consecuencia de los combates.