domingo, 11 de diciembre de 2016

Así fue la purga comunista en el Batallón Alpino del Guadarrama

Miembros del Batallón Alpino del Guadarrama en 1938
El Batallón Alpino del Guadarrama, que operó durante toda la Guerra Civil en la Sierra de Madrid, siempre ha gozado de muy buena prensa por parte de los estudiosos de la contienda. De hecho, algunos historiadores han investigado toda la trayectoria de este batallón de montaña publicando libros con infinidad de información sobre sus miembros y recordando sus "ilustres hazañas". Sin embargo, estos historiadores no le han dado ninguna importancia a un capítulo de lo más oscuro dentro del Batallón: la purga que hicieron entre sus propios miembros los comisarios políticos, afiliados en su gran mayoría al Partido Comunista. 

Luis Rodríguez Manteola era un abogado riojano, afincado en Madrid desde hacía años, que vivía en el número 121 de la calle Lagasca al estallar la sublevación. Justo el día después de las elecciones de febrero de 1936 tuvo un encontronazo en el café Saratoga de Madrid (calle Espoz y Mina 8) con un humorista que se mofó de las mujeres que habían simpatizado con las derechas en aquellos comicios. Rodríguez Manteola, que por aquel entonces era un joven impulsivo (tenía 29 años) y una complexión bastante fuerte, a punto estuvo de golpear al humorista y tuvo que ser separado por el resto de clientes del local. Aquel incidente, a priori sin importancia, le terminaría costando la vida apenas un año más tarde.

A poco de iniciarse la Guerra Civil Rodríguez Manteola fue arrestado por miembros de la checa de Fomento acusado de ser derechista. Según su hermano Fernando (también abogado de profesión), consiguió obtener la libertad un día después de su arresto gracias a un conocido de la familia que formaba parte de la checa. Al parecer el conocido le recomendó, tras ponerle en libertad,  que se enrolará cuanto antes en el ejército republicano para evitar nuevos arrestos y le aconsejó que se marchara lo más lejos posible de Madrid para salvar su vida. Eso fue lo que hizo. En febrero de 1937 se alistó como voluntario en el Batallón Alpino que operaba en la Sierra de Guadarrama, incorporándose inmediatamente a la 4ª compañía el día 27 de febrero.

 Precisamente, el día de su incorporación en el puesto de mando de la compañía situado en el Puerto de Cotos (en el albergue del Club Alpino Español), tuvo lugar otro incidente que marcaría para siempre su historia. Un soldado de la compañía le reconoció nada más incorporarse y le denunció ante el comisario político de su unidad: al parecer ese soldado había sido testigo del altercado que Luis Rodríguez Manteola había tenido en febrero de 1936 en el café Saratoga. 

En el punto de mira

A partir de ese instante los diferentes comisarios políticos del Batallón Alpino siguieron de cerca a nuestro protagonista intentando buscar "desplantes, detalles de insubordinación y actividades ilícitas contra el gobierno de la República". Pese a los esfuerzos de los comisarios, nadie consiguió coger en un renuncio a Rodríguez Manteola que siempre se mostraba dispuesto a ayudar a sus compañeros y a llevar a cabo las tareas encomendadas. Como miembro del Batallón Alpino Rodríguez Manteola participó (muy a su pesar) en la ofensiva republicana hacia Segovia entre el 30 de mayo y el 4 de junio de 1937. Sabemos que participó en los duros combates que se produjeron en el Cerro de Cabeza Grande.   
Posición  del Cerro de Cabeza Grande donde combatió
el soldado Rodrígue Manteola en 1937

Pese a ello, desde un primer momento fue consciente de que estaba en el ojo del huracán ya que empezó a tener fama de "faccioso" al poco tiempo de llegar a su compañía. Por este motivo, a través de un compañero de permiso en Madrid, consiguió enviar un mensaje de auxilio a su hermano Fernando diciéndole que en caso de "ser asesinado por los rojos, vengara su muerte". Ante este mensaje agónico, Fernando hizo lo imposible para salvar su vida de su hermano llegando a contactar en el otoño de 1937 con el mismísimo Gregorio Peces Barba Brio (padre de Gregorio Peces Barba Martínez, uno de los padres de la Constitución) que era el Presidente del Tribunal Militar del Primer Cuerpo del Ejército. Le advirtió de que su hermano se sentía amenazado dentro del Batallón Alpino y le pidió que intercediera para que le cambiara de unidad. Peces Barba intercedió, pero fue demasiado tarde. Luego lo veremos con más detalle. 

Mientras Luis Rodríguez Manteola trataba de llevar una vida "normal" dentro de la 4ª Compañía, los comisarios políticos del Batallón (pertenecientes en su mayoría al Partido Comunista) se plantearon como llevar a cabo una purga entre los soldados sospechosos de ser "desafectos al régimen republicano" y simpatizantes del POUM, entre estos soldados estaba nuestro protagonista. El comisario político del Batallón se llamaba Alberto Palmer Xamena (hermano de Julio Palmer que en la época de Franco sería presidente de la Junta Nacional de Ópticos), que también ejercía como máximo responsable del Servicio de Información Periférico de la República (SIEP) en la Sierra de Guadarrama, y se convertiría en uno de los principales instigadores de esta purga. Alberto Palmer pertenecía a una familia que sentía devoción por los deportes de invierno, de hecho dos de sus hermanos eran grandes esquiadores y formaban parte de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara durante la II República. En 1937 tenía 32 años, antes de la guerra trabajaba para la Casa Philipis Ibérica y residía en el número 45 del Paseo de las Delicias. 

¿Posibles responsables?

A mediados de noviembre de 1937, el comisario Alberto Palmer y el máximo responsable del Batallón, el Capitán Alejandro Gutiérrez Rivera mandó llamar hasta el Monasterio de El Paular de Rascafría (donde se encontraba el puesto de mando del Batallón) al capitán de la 4ª Compañía y al comisario político de la misma. Recordamos que en esta compañía se encontraba el soldado Rodríguez Manteola. El capitán de la compañía se llamaba Jesús Velázquez Bellido y el comisario Antonio Sánchez Muñoz. Según la versión de este último en la Causa General (1939), el capitán del Batallón (Alejandro Gutiérrez) "ordenó que fuese eliminado el soldado Rodríguez Manteola" sin especificar los motivos. Esta versión contrasta con la que ofreció también en la Causa General Jesús Velázquez quién afirmó que la orden  la dio el comisario político del Batallón Alberto Palmer y no el Capitán Gutiérrez. En cualquier caso, de esa reunión a cuatro bandas en el Monasterio de El Paular salió la orden de asesinar a nuestro protagonista.
Miembros del Batallón Alpino cerca de Cotos /Crónica
Tras regresar a Cotos, donde estaba por aquel entonces destacada la 4ª Compañía, Jesús Velázquez y Antonio Sánchez (jefe y comisario político de la misma) decidieron inicialmente ignorar la orden que habían recibido en Rascafría. Los dos eran conscientes de que se iba a poner en marcha una purga dentro del Batallón Alpino y querían alargar los tiempos lo máximo posible para evitar un derramamiento de sangre exagerado. Una semana después, recibieron una llamada del puesto de mando de Rascafría preguntando si la orden se había podido llevar a cabo a lo que respondieron negativamente. Tras ser amenazados con un consejo de guerra si no realizaban el cometido que se les había asignado, tomaron la decisión de preparar el asesinato con detalle del soldado Rodríguez Manteola.
Al día siguiente de la llamada, el capitán de la Compañía organizó una reunión en su despacho en la que también estaba presente el comisario Antonio Sánchez. Ambos hicieron llamar al sargento Julián Igualador Gómez, un tipo duro que mandaba con mano de hierro a la compañía ya que antes de la Guerra Civil había sido boxeador profesional compitiendo en los Pesos Ligeros. Igualador era también un gran esquiador y curiosamente el año anterior al inicio de la contienda terminó segundo en una carrera de esquí de fondo organizada por la Sociedad Deportiva Excursionista en Navacerrada. A esta reunión también fue convocado el soldado Enrique Juez de Diego (26 años) y el cabo Ángel Juberías Herranz.

La versión de los autores materiales

Terminada la guerra, el sargento Igualador y Enrique Juez declararían como transcurrió aquella reunión. Igualador dijo que el comisario de la Compañía Antonio Sánchez dio la orden de asesinar a Rodríguez Manteola con el visto bueno del capitán Velázquez. El planteamiento del asesinato era muy sencillo. Se le haría creer a la víctima que había sido llamado al puesto de mando de otra Compañía del Batallón en el Puerto de Navacerrada por lo que tendría que desplazarse caminando desde Cotos hasta el Hotel Victoria, situado muy cerca de la estación de ferrocarril, donde se encontraba esta compañía. A mitad del trayecto sus acompañantes le dispararían por la espalda acabando con su vida. Al resto de miembros del Batallón se les haría creer que Rodríguez Manteola había tratado de desertar y que por este motivo tuvieron que matarle.
Filiación del sargento Julián Igualador /AHN

El capitán Velázquez decidió que el sargento Igualador y el soldado Enrique Juez acompañaran a Rodríguez Manteola hasta el Puerto de Navacerrada y acabaran con su vida. De hecho, el oficial le entregó al sargento su pistola del nueve corto para que llevara a cabo su cometido en el trayecto desde Cotos hasta el Hotel Victoria. El cabo Juberías tendría que fingir ante los compañeros de Rodríguez Manteola que éste había tratado de desertar a los nacionales.

Y así se realizó. Pasadas las 14.00 horas, la expedición formada por Rodríguez Manteola, Julián Igualador  y Enrique Juez salió rumbo a Navacerrada de Cotos después de que el cabo Juberías le comunicaran a Rodríguez Manteola que había sido llamado por el puesto de mando de Navacerrada. Leamos a continuación como describe Igualador el momento del asesinato en octubre de 1939:

“El asesinato se cometió al llegar a la Carretera de Navacerrada a Cotos. La víctima iba confiada porque pensaba que iba a incorporarse a Navacerrada, haciendo todo el camino sin sospechar lo más mínimo. Y como todo estaba cubierto de nieve, yo (Igualador) iba el primero abriendo paso. Al cansarme, Rodríguez Manteola ocupó mi lugar después de ofrecerse a abrir paso. Enrique de Juez ocupó el segundo lugar de la expedición y yo el tercero. Al llegar al punto indicado saqué la pistola, mejor dicho la del Capitán e hice un disparo sobre la víctima sobre la espalda, creyendo que le alcanzó el corazón y cayendo al suelo mortalmente herido. Después continuamos haciendo disparos dos o tres en la cabeza. Enrique de Juez también hizo un disparo a la víctima cuando estaba en el suelo. Una vez producido el asesinato y cumpliendo la orden que se nos había asignado por parte del comisario, tiramos el cadáver por un terraplén, el único que existe en la carretera y tiene bastante profundidad. Calculo que el cadáver fue rodando unos 200 metros por encima de la nieve parándose tras golpear en unos pinos”.

De esta manera tan rotunda, Julián Igualador confesó tras la Guerra Civil ser el autor material del asesinato de Luis Rodríguez Manteola. Estas declaraciones fueron realizadas por el propio Igualador ante los servicios de seguridad franquistas el 20 de octubre de 1939, desconocemos si hubo tortura o no por parte de la Policía franquista para forzar la confesión. Lo que sí sabemos es que terminada la guerra Igualador permaneció en libertad hasta finales de agosto de 1939, fecha en la que un juez dictó una orden de busca y captura contra él y contra Alberto Palmer. Ambos fueron arrestados aquel verano y sometidos a un Consejo de Guerra. 

Enrique Juez y su versión

Conozcamos ahora la versión de Enrique Juez, el otro soldado que intervino en la ejecución de Rodríguez Manteola. Este individuo tenía 26 años, era soltero y residía en el número 43 de la calle Mesón de Paredes. Su profesión antes de la guerra nada tenía que ver con la de militar sino que se dedicaba a trabajar el cuero fabricando bolsos y cinturones. Se afilió a la UGT en octubre de 1936 y al igual que Rodriguez Manteola se incorporó al Batallón Alpino en enero de 1937. Leamos ahora su declaración ante la Causa General en octubre de 1939:

"El comisario de la Compañía dio la orden de llevar al soldado Rodríguez Manteola por la carretera de Cotos al Puerto de Navacerrada en Dirección a la Comandancia pero se nos dijo que el soldado no llegase nunca a su destino". 

En su declaración Enrique Juez también reconoció que Julián Igualador fue la persona que hizo los disparos contra Rodríguez Manteola aunque afirmó que él también participó en los disparos y que tras asesinarle, tiraron su cadáver por un terraplén. Esto sucedió a última hora de la tarde cuando ya se encontraba anocheciendo. 

Tras llevar a cabo el asesinato, Igualador y Juez llegaron ya sin el soldado Rodríguez Manteola hasta el Puerto de Navacerrada donde fueron recibidos por el Teniente Francisco Molina que estaba al corriente de la 'misión' que tenían que llevar a cabo. Tras preguntarles por su cometido, Igualador aseguró haberlo cumplido, por lo que pidió telefonear hasta Cotos para comunicar al Capitán Velázquez y al comisario político que habían cumplido la orden sin "mayores sobresaltos".
Hotel Victoria en Navacerrada

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, el sargento Igualador y el soldado Juez regresaron hasta el lugar en el que habían asesinado a Rodríguez Manteola con la intención de enterrar su cuerpo. Acudieron a la zona acompañados por otros dos soldados que participaron en el enterramiento. Arrebataron a Rodríguez Manteola todos sus objetos personales y la documentación particular (cartilla identificativa y de racionamiento) para que nadie pudiera descubrir más adelante qué soldado se encontraba bajo tierra con más de cinco impactos de bala. Sabemos que Enrique Juez se desharía de la pistola con la que disparó a Rodríguez Manteola en el tramo final de la Guerra Civil tras vendérsela a otro soldado del Batallón ya que él tenía previsto incorporarse al Cuerpo de Intendencia. 

Peces Barba padre, trató de investigar

Oficialmente, dentro del Batallón Alpino se comunicó que Rodríguez Manteola había muerto tras intentar desertar a los nacionales que se encontraban en la zona de los pinares de Valsaín. Aunque se trató de llevar con discreción el asunto, los componentes de la 4ª Compañía sabían que se había producido el asesinato de manera predeterminada. 

Dos semanas después del asesinato, Peces Barba (Presidente del Tribunal Militar) se presentó en el Puerto de Cotos con su coche oficial después de que el hermano de Rodríguez Manteola le comunicara que Luis temía por su vida. Tras llegar al puesto de mando de la 4ª Compañía fue informado de que el soldado había fallecido por un "intercambio" de disparos cuando trataba de pasarse al enemigo. Peces Barba había llegado demasiado tarde. 
Escrito desde el Batallón Alpino en 1938 sobre el soldado
Rodríguez Manteola

Con cierto sentimiento de culpabilidad, tomó la decisión de abrir una investigación oficial para esclarecer la muerte de Rodríguez Manteola y averiguar los nombres de los implicados. Desde el Batallón Alpino se trató de tapar de todas las maneras posibles el crimen y el primero en ocultarlo fue el por aquel entonces Mayor del Batallón, Alejandro Gutiérrez quién envió un escrito a Peces Barba. En ese escrito relataba que el 30 de diciembre de 1937, Rodríguez Manteola fue muerto "al intentar pasarse al enemigo y ser sorprendido por la tropa de su Compañía que hicieron fuego contra él, causándole la muerte, según el parte del Capitán de dicha compañía". Obviamente el escrito del máximo responsable del Batallón Alpino era una gran mentira ya que la víctima llevaba muerta más de un mes y en ningún momento se había intentado pasar a los nacionales. 

Pese al escrito del Jefe del Batallón, Peces Barba mandó declarar ante el Tribunal Militar a todos los implicados en la muerte. Entre ellos declaró Jesús Velázquez, el capitán de la 4ª Compañía en la que estaba Rodríguez Manteola. En esta declaración Velázquez mantenía la misma versión que su Jefe diciendo que el soldado había intentado pasarse al enemigo muy cerca de la Peña Citores. Calificaba a Rodríguez Manteola como un sujeto "indisciplinado que protestaba con suma frecuencia por asuntos pequeños" y que le tenían como una persona "sospechosa", teniéndole sometido a "vigilancias". 

El cabo Ángel Juberías también declaró ante Peces Barba. En esta ocasión  relató la que supuestamente era la versión oficial de la muerte de Rodríguez Manteola, una versión totalmente inventada. Aseguró que él se encontraba de guardia en Cotos durante la noche previa al crimen, cuando se percató de la ausencia del soldado. Acto seguido llamó al sargento Julián Igualador (que estaba durmiendo) para informarle de la desaparición de un hombre de su Compañía. El suboficial supuestamente realizó una batida para dar con Rodríguez Manteola dando con él en las inmediaciones de los pinares de Valsaín, muy cerca de las posiciones nacionales. Según Juberías realizó varios disparos acabando con su vida antes de que consiguiera desertar. 

Tras estas y otras declaraciones, a Paces Barba no le quedó más remedio que dar por cerrado el caso de Rodríguez Manteola en el verano de 1938, ocho meses después de su asesinato. Hemos tenido acceso a la sentencia de Peces Barba que dice lo siguiente: "Ha quedado plenamente demostrado que las fuerzas que causaron la muerte del soldado Rodríguez Manteola lo hicieron en cumplimiento de su deber, cumpliendo previamente con las formalidades militares y reglamentarias y evitando que llegase a realizar el delito que pretendía realizar".

Terminada la Guerra Civil, Peces Barba también declararía pero en este caso ante las tropas de Franco por el asunto Rodríguez Manteola. Dijo que no recordaba "en concreto" este caso porque durante toda la contienda ayudó a un gran número de soldados que se encontraba perseguidos y no podía recordar el nombre de los mismos. En relación a la investigación que puso en marcha en 1938 para esclarecer el asesinato, dijo que al igual que otros casos, no había pruebas concluyentes para hablar de un crimen de estas características.

Terminada la guerra

Varios de los implicados en el asesinato de Rodríguez Manteola fueron detenidos una ve terminada la Guerra Civil. El autor material de su muerte, el sargento Julián Igualador fue fusilado el 17 de julio de 1940 en las tapias del Cementerio Este de Madrid. También fue fusilado ese mismo día el otro militar republicano que participó en el crimen: Enrique Juez de Diego.

Jesús Velázquez Bellido, capitán de la 4º Compañía del Batallón Alpino, y uno de los instigadores del asesinato, también murió fusilado en el Cementerio Este el 1 de julio de 1940. No tenemos tan claro lo que sucedió con el máximo responsable del Batallón Alpino, Alejandro Gutiérrez Rivera una vez terminada la contienda. Solo sabemos que en octubre de 1939 estaba preso.
Con un círculo, Alberto Palmer en la cárcel de Yeserías
tras la guerra. 'El Batallón Alpino del Guadarrama'

Lo mismo sucedió con Alberto Palmer Xamena, comisario político del Batallón que también estuvo en la cárcel de Yeserías con otros miembros de la unidad como se puede ver en una fotografía que hemos obtenido del libro: 'El Batallón Alpino del Guadarrama' de Jacinto M.Arévalo. Con todo, creemos que Palmer sobrevivió a la posguerra e incluso hemos observado que en el año 1949 patentó un invento llamado "Juguete de Gravedad". También sabemos que en agosto de 1969, un individuo llamado Alberto Palmer (podría ser el comisario del Batallón Alpino) participó en la travesía a nado de la Laguna de Peñalara con 64 años de edad y perteneciente al club  'Deportiva Excursionista'. Estuvo casado con una mujer llamada Elena Trompeta.

Otras víctimas del Batallón Alpino

El soldado Rodríguez Manteola no fue la única víctima del Batallón Alpino. Otra persona que perdió la vida durante la contienda en la Sierra de Guadarrama fue Gonzalo Blanco Caro, un joven escritor de 23 años, colaborador de la revista Blanco y Negro e hijo de Belmonte Caro, redactor jefe de ABC. Blanco Caro, antes de la guerra, era miembro de la Sociedad Española de Alpinismo de Peñalara. 
Según declararía ante la Causa General Antonio Bernal, su cuñado, fue asesinado por orden de Alberto Palmer a finales de 1938 acusado de espionaje. Palmer, que además de ser comisario político del Batallón era miembro del SIEP, le acusó de ser miembro del servicio de información de Falange. 

Al parecer dos guerrilleros mandados por Palmer se presentaron ante la compañía de Blanco Caro para decirle que le habían destinado a Valencia a una fábrica de Armamento, ya que él había cursado los estudios de técnico industrial. Fue trasladado en coche en dirección Villalba y en el cruce de las carreteras de Collado Mellado con la carretera de la Granja fue ejecutado a sangre fría. Su cadáver fue trasladado a Torrelodones. Sobre su asesinato también ha escrito Pedro Corral en su libro 'Desertores, la guerra civil que nadie quiere contar'.

Tres asesinados tras una deserción

La mayoría de ejecuciones del Batallón Alpino del Guadarrama tuvieron lugar entre otoño de 1937 y otoño de 1938. Al igual que a Rodríguez Manteola (2º Compañía), en la 1º Compañía también se produjeron asesinatos como los de Emiliano Aguado Salvador, José María Muñagorri Alcorta y Ángel Alonso de los Santos. Según se dice en la Causa General, el capitán de la 1º Compañía, Ángel Tresaco Ayerra ordenó ejecutar a sangre fría a estos tres soldados acusados de ser derechistas el día después de que se evadiera a zona nacional el soldado Chavarri Aburto. Según un miembro de esta compañía (José Luis Mena Montesinos), los autores materiales del crimen fueron Juan Pereira Menéndez y Carlos Herrera Almodóvar, ambos ejecutados tras la guerra. También estuvo implicado en los asesinatos un tal Francisco Hurtado.

Tenemos a nuestra disposición la declaración ante la Policía franquista de Carlos Herrera Almodóvar el 16 de enero de 1942. Afiliado a la UGT antes de que empezara la guerra, Herrera trabajaba como camarero en un bar de la Corredera Baja (nº 30) de Madrid. Su trayectoria por el Batallón Alpino fue distinguida, especialmente en la 1ª Compañía donde recibió la orden, a finales de noviembre de 1937 junto con Juan Pereira, de tomar las medidas oportunas para frenar las deserciones. En esta declaración relata que el capitán Ángel Tresaco dio la orden de asesinar a los tres soldados en cuestión. Herrera reconoció haber ayudado a engañarles (diciéndoles que tenían que marchar a otra posición de la sierra), pero que los disparos los habían realizado por la espalda Pereira y Hurtado.
El Capitán Ángel Tresaco / Desnivel

Emiliano Aguado Salvador era empleado del Banco Internacional de Industria y Comercio. Muñagorri Alcorta se incorporó al Batallón Alpino después de haber trabajado para la delegación de Euzkadi en Madrid. Previamente había sido detenido tras el asalto a la Embajada de Finlandia. Su cadáver fue exhumado de una fosa de la zona de Siete Picos con un tiro en la nuca. Ángel Alonso de los Santos había sido empleado de la Editorial Espasa Calpe. En el año 1941 el Juzgado Militar número 4 de Madrid convocó a los familiares de estos tres jóvenes para recabar más información sobre su muerte
.
Sobre el Capitán Ángel Tresaco (supuesto instigador de los asesinatos), diremos que antes de que empezara la Guerra Civil era uno de los pioneros de la escalada española. De hecho, antes de comenzar el conflicto  escribía en la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara que editaba la sociedad del mismo nombre. Llama la atención que en el año 1931, seis antes de que empezara la guerra, escaló junto con Teógenes Díaz  la cara sur del Naranjo de Bulnes. Curiosamente, Teógenes Díaz también formó parte del Batallón Alpino como comisario político antes de la llegada de Alberto Palmer. 

El Capitán Tresaco fue encarcelado tras la guerra y tras ser puesto en libertad se marchó a vivir a Bilbao y más adelante a Burgos. En el año 1977 participó en la inauguración de la fuente de los Peñalaros en Camarmeña. Murió en el año 2004. 

Teógenes Díaz, su compañero del alma y comisario político del Batallón, también sobrevivió a la posguerra en la cárcel, aunque participó como preso en la construcción del Valle de los Caídos. Este comunista reconocido, fue acusado de preparar el asesinato del cadete de infantería Rafael Larraz de Redondo en abril de 1937. Al parecer el joven cadete trató de pasarse a zona nacional desde la 'Casa Fortificada', una posición de vanguardia republicana que se encontraba en las Siete Revueltas. Por este motivo, fue detenido e inmediatamente fusilado en la Fuente de los Geólogos, en la carretera que va al Puerto de Navacerrada.

El alcalde de Cercedilla pidió colaboración

Leyendo la hemeroteca de ABC, llama la atención que en septiembre de 1939, el alcalde Cercedilla publicó un anuncio en el que se pedía la colaboración ciudadana. En ese anuncio, Francisco Segovia afirmaba que durante el 10 y 11 de diciembre de 1938 fueron asesinados nueve soldados del Batallón Alpino de la tercera compañía (1º y 2º sección) llegados al Puerto de Reventón. Al parecer "carecían de carnet rojo" y eran sospechosos de ser de derechas. En el anuncio se indica que se conocía el lugar donde estaban enterrados (los 9 juntos), aunque no se sabía el nombre de las víctimas.

Fuentes consultadas

- FC-CAUSA_GENERAL,1561,Exp.17
- FC-CAUSA_GENERAL,1561,Exp.18
- El Batallón Alpino del Guadarrama, Jacinto M Arévalo
- Desertores, la Guerra Civil que nadie quiere contar, Pedro Corral
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca ABC
- Biblioteca Virtual de la Defensa

jueves, 17 de noviembre de 2016

La muerte del teniente Mónico, ¿linchamiento público o suicidio?

Ernesto Mónico, Archivo Central del Estado Italiano
El teniente aviador Ernesto Mónico fue la primera víctima mortal de Italia en la Guerra Civil Española. Su muerte, el 30 de agosto de 1936, está envuelta en un halo de misterio que todavía hoy no ha podido resolverse. ¿Fue realmente Mónico linchado por los milicianos que le capturaron tras saltar en paracaídas cerca de Talavera de la Reina o decidió suicidarse antes de que fuera hecho prisionero?

En este nuevo artículo de www.guerraenmadrid.com trataremos de responder a estas preguntas sobre una muerte que generó un intenso conflicto diplomático de carácter internacional en el que se verían envueltas tanto la España de Franco como la II República. Por otro lado, trataremos de esclarecer otras muchas cuestiones sobre este episodio desconocido de la contienda como son la fecha exacta de la muerte de Mónico o si verdaderamente fue el primer italiano que perdió la vida en la guerra. Algunas personas dirán que  el primer italiano en caer fue el teniente Dante Olivero que falleció el 3 de septiembre de 1936. Pues bien, nuestro protagonista falleció tres días antes que Olivero y su muerte se produjo tras un combate aéreo al sur de Talavera. Dante, por su parte, perdió la vida tras estrellarse su avión en  las inmediaciones de la base aérea de Tablada (Sevilla).

De la vida de Mónico antes de participar en el conflicto español no se sabe demasiado. Tenemos conocimiento de que había nacido en la localidad de Altavilla, muy cerca de Vincenza, donde actualmente existe una calle en su memoria. A sus 29 años, el teniente Mónico había llegado hasta Melilla, ciudad controlada por los franquistas, el 14 de agosto de 1936. Llegó junto con otros 17 pilotos de la Regia Areonáutica Italiana casi de manera clandestina en un carguero que había partido del Puerto de la Spezia (Italia) con una docena de cazas italianos Fiat CR32 que estaban desmontados. Decimos que los pilotos llegaron de manera 'casi clandestina' porque todos los miembros de la expedición llevaban pasaportes falsos. Mónico se hacía llamar el "Señor Prety".

Gracias a las fotografías que hizo durante la travesía hasta Melilla el capitán Vicenzo Dequal, hemos podido ver el rostro de Mónico antes de llegar a territorio español. Durante aquella calurosa travesía hasta Melilla el joven, atlético y sonriente piloto italiano ni siquiera se le pasó por la mente lo que iba a sufrir en apenas unas semanas en las tierras áridas de Castilla la Mancha. A las pocas horas de llegar a Melilla, el cónsul italiano en Tetuán recibió a sus pilotos que fueron inmediatamente inscritos en el Tercio de Extranjeros, marchándose días más tarde hasta Nador. Desde allí serían trasladados hasta la base aérea de Tablada en Sevilla donde las tropas nacionales ya controlaban la ciudad.
Mónico en el barco de camino a España en agosto de 1936

En la capital andaluza los italianos formaron una primera escuadrilla en la que se dedicaron, entre otras cosas, a proteger a la infantería franquista de posibles ataques aéreos en las operaciones de Andalucía o dando escolta a los bombarderos S.81 que ya estaban empezando a actuar. Estas primeras acciones en las que participaron Mónico y sus compañeros fueron especialmente difíciles para los pilotos italianos, sobre todo desde el punto de vista de la orientación ya que casi todos los cazas carecían de brújulas y sistemas de navegación.

Una arriesgada misión sobre Madrid

A finales de agosto, a varios de los pilotos italianos les ordenaron desplazarse hasta Cáceres y luego a Navalmoral para participar en un gran número de operaciones próximas al frente de Madrid. El 30 de agosto los Fiat CR 32 de Ernesto Mónico y el sargento Castellani regresaban a su base en Navalmoral  tras haber realizado, según el mando italiano, "una arriesgada misión aérea" sobre el frente de Madrid. Se trataba de una misión de reconocimiento que tenían que hacer sobre el aeropuerto de Barajas y los aeródromos de Cuatro Vientos, Getafe y Alcalá de Henares. Al final de la misión, también tenían como objetivo bombardear el aeródromo de Talavera, ciudad que los franquistas se harían con el control el 3 de septiembre. Fue precisamente a altura de Talavera,  cuando los cazas italianos fueron sorprendidos por tres Dewoitine republicanos con los que mantuvieron una desigual batalla. Los Dewoitine salieron victoriosos del combate aéreo y dañaron considerablemente el caza de Castellani que, pese a tener un gran número de impactos de bala, consiguió tomar tierra y fue salvado de manera milagrosa por un grupo de Regulares.

El CR32 de Mónico no tuvo tanta suerte y se incendió casi por completo en el aire. El aviador italiano logró saltar en paracaidas, cayendo a las afueras de Talavera, en la zona sur de la ciudad, territorio todavía controlado por los Republicanos que se batían a duras penas con los franquistas. Antes de comprobar que es lo que sucedió con Mónico tras saltar en paracaídas, veamos como describió este combate aéreo en el cielo de Talavera de la Reina el Coronel Bonomi,  el por aquel entonces, máximo responsable de los pilotos italianos en España: 
Imagen de civil de Ernesto Mónico

"El 4 de septiembre de 1936, el teniente Ernesto Mónico, en patrulla con el sargento Castellani, despés de haber realizado una arriesgada misión aérea sobre Madrid, en el trayecto de retorno son sorprendidos por tres aviones Dewoitine cerca de Talavera de la Reina. Cuando se dan cuenta, los tienen en cola. Es demasiado tarde, aunque están al límite de su autonomía aceptan el combate. Mónico no puede hacer otra cosa que lanzarse en paracaídas. Esta en territorio enemigo y apenas toca suelo es capturado. Sometido a interrogatorio declara su nacionalidad, negándose a dar cualquier otra información sobre los pilotos italianos y de la Aviación Legionaria".

La fecha a la que hace referencia Bonomi no es la correcta. Dice que el combate se produjo el 04 de septiembre cuando en realidad se produjo el 30 de agosto, justo antes de la toma de Talavera por parte de los franquistas como veremos más adelante.

Las teorías de la muerte

Mónico cayó capturado inmediatamente por las tropas Frente Popular que estaban sufriendo lo indecible para defender de la mejor de las maneras sus posiciones en Talavera de la Reina (por aquel entonces llamada Talavera del Tajo). De lo que sucedió posteriormente con él, todavía hoy sigue siendo un misterio. Algunos libros como 'Historia Militar de España' de Hugo O´Donell apuntan a una ejecución pública del piloto italiano. Otros como el propio Coronel Bonomi explican los hechos de otra manera en su libro 'Viva la muerte' y sitúan el lugar en el que saltó en paracaídas a siete kilómetros de Talavera, frente a la localidad de Oropesa

"Hecho prisionero, un grupo de milicianos que había estado en retirada le mataron con un revólver. A continuación las tropas nacionales habrían localizado a sus asesinos y fueron fusilados",
Otras teorías son más sensacionalistas como la elaborada por Vincenzo Patriarca, otro piloto italiano que sobrevivió a la Guerra Civil pese a ser derribado días más tarde que Mónico:

 "Un informante nuestro fue testigo de los hechos e informó a nuestro comando en Cáceres. Nos dijo que había sido tratado de forma inhumana. Entregado a una multitud de mujeres enfurecidas que simpatizaban con los republicanos. Le arañaron, escupieron y le rasgaron la ropa. Bajo el sol ardiente, le unieron los brazos y piernas del arnes a cuatro caballos que se lanzaron cada uno en una dirección diferente. Descuartizado su cuerpo, la gente se volvió loca y complacida"
Causa General Las Herencias: aparición del cuerpo de Mónico
 Realmente no le vamos a dar mucha credibilidad a la teoría de Patriarca. Creemos que el piloto que derribó a Mónico en Talavera fue el as de la aviación republicana Andrés García Lacalle que en el verano de 1936 estaba participando en combates por Madrid y sus aeródromos en la sierra, Extremadura y el Valle del Tajo. Este dato lo hemos encontrado en el libro 'Ases de la Aviación Republicana' escrito por Rafael A Permuy López. En este libro se explica que el 1 de septiembre de 1936 García Lacalle fue ascendido a alférez después de haber derribado a dos Fiat CR32 italianos (se supone que días atrás). Esto demostraría que estos dos cazas italianos por los que fue condecorado Lacalle eran los de Mónico y Castellani. 

 Este episodio aparece recogido por la revista republicana 'La Estampa' del día 12 de septiembre de 1936 y aunque no hablan expresamente de Mónico, sí que dicen que tras el combate aéreo con el caza de García Lacalle, un piloto italiano consiguió saltar en paracaídas aunque al llegar a tierra "se suicidó" cuando iba a ser apresado por unos campesinos.

Desde www.guerraenmadrid.com apostamos por la teoría del suicidio y posiblemente por la ejecución a sangre fría a la que hacía referencia el Coronel Bonomi. Hemos tenido acceso a un expediente elaborado por la Causa General tras la guerra en la localidad cercana a Talavera de 'Las Herencias'.

Según el documento, a finales de agosto de 1936 fue encontrado el cadáver de Ernesto Mónico en la parte occidental del pueblo en una zona conocida como los 'Arenales del lobo'. El cuerpo tenía una "herida de bala en la sien derecha con salida en la parte alta del occipital" Mónico es descrito en esta Causa General como individuo de "robusto, pelo negro rizado, moreno de piel y vistiendo un mono de color caqui". Su cadáver fue trasladado al cementerio italiano para oficiales en Zaragoza. Teniendo una herida de bala en la sien con salida en el occipital, creemos que podría haberse disparado a sí mismo o bien que alguien le hubiera disparado en la cabeza a quemarropa. En cualquier caso, la versión de Patriarca del descuartizamiento queda totalmente descartada.

Un documento muy valioso

A los pocos minutos de la muerte de Mónico, fue enviado a inspeccionar su cadáver así como los restos de su avión, Moisés Gamero (PSOE), presidente del Comité del Frente Popular de Talavera de la Reina. El General José Riquelme le ordenó directamente a inspeccionar los restos de Mónico para recoger los documentos y órdenes que portase el piloto, así como las placas de la aeronave. Posteriormente se las llevó hasta el Ministro de Estado (Exteriores), Julio Álvarez del Vayo, el cual los emplearía ante la Sociedad de Naciones para denunciar la intervención italiana a favor de los nacionales.

También tenemos a nuestra disposición un breve artículo publicado el 6 de octubre de 1936 en el periódico de la CNT 'Solidaridad Obrera' en el que se hace referencia al derribo de Mónico. Este diario recoge la copia exacta de un documento que recogió Moisés Gamero entre los restos de Mónico. Al parecer era una orden firmada por el General Kindelán, fechada en Cáceres el 29 de agosto de 1936 en la que se decía lo siguiente:

 "Orden del Jefe del aire a jefes de escuadrilla. Asegurarán el servicio de 5.30 a 09.00 la escuadrilla Breguete. De 9.00 a 12.00 la escuadrilla Junkers. De 12.00 a 14.30 la escuadrilla Breguete. Las escuadrillas caza Niuport y Fiat estarán por turno en servicio de alarma, actuando por patrullas o parejas desde el aeródromo de Navalmoral". 

Avión italiano con una dedicatoria a Mónico en el fuselaje
La muerte de Mónico generó una gran repercusión a nivel internacional hasta el punto de que el Gobierno de Musollini "ordenó prudencia" a sus pilotos y les prohibió cruzar la línea de frente. Esta orden sentó francamente mal a los aviadores que consideraron denigrante esta orden que terminarían desobedeciendo la decisión de il Duce. Por parte del gobierno republicano, el derribo de Mónico sirvió para que el Ministro de Estado (Exteriores), Álvarez del Vayo demostrara ante la Sociedad de Naciones, con pruebas en la mano, que Italia estaba aportando material bélico y hombres al bando franquista.


El 29 de junio de 1937, diez meses después del derribo de Mónico, el diario ABC en su edición de Madrid (republicana) publicaba una noticia en la que se informaba a sus lectores de que el Ejército del Centro había captado un mensaje narrado por una emisora de radio italiana llamada Radio IMX. En ese mensaje se reconocía públicamente ante todos los italianos que 25 pilotos de este país habían muerto durante los primeros meses de la Guerra Civil. Entre esos 25 pilotos se facilitaba el nombre de Ernesto Mónico.

Hasta casi el final de la Guerra Civil la mayoría de pilotos italianos rindieron varios homenajes a Mónico. La mayoría de ellos llevaron el nombre de MÓNICO PRESENTE pintado en el fuselaje de sus Fiat, recordándole con el apelativo "ángel de la caza". Le fue concedida a título póstumo, la medalla al valor militar.

Fuentes Consultadas

- Archivo Histórico Nacional, Causa General
- 'Viva la Muerte', Coronel Bonomi
- Archivo Central del Estado Italiano
- Hemeroteca Nacional (La Estampa y Solidaridad Obrera)
- 'Ases de la Aviación Republicana', Rafael A Permuy
- 'Historia Militar de España', Hugo O´Donell
- Hemeroteca ABC

lunes, 10 de octubre de 2016

El Parque del Oeste durante la Guerra Civil: desolación y muerte entre los árboles de Madrid

El Parque del Oeste durante la Guerra Civil
El Parque del Oeste ha sido desde su inauguración en 1905, todavía hoy lo sigue siendo, uno de los lugares más románticos de Madrid. Sin embargo durante la Guerra Civil se convirtió en uno de los campos de batalla más mortíferos de la capital, quedando totalmente calcinado en 1939 como consecuencia de la artillería de los dos Ejércitos. Tras la contienda, los caminos del parque eran un auténtico peligro para los paseantes del parque por la cantidad de proyectiles que habían quedado en él sin estallar.

A día de hoy los resquicios de la Guerra Civil en el Parque del Oeste todavía son apreciables. Seguro que nuestros lectores han oido hablar un sinfín de veces, e incluso visitado, los tres fortines en forma de torre que se encuentran levantados a escasos metros de la actual avenida de Séneca. Se trataba de una de las posiciones franquistas más avanzadas de Madrid. En realidad, estas construcciones que datan del 1938, estaban ubicadas en una compleja red de trincheras franquistas que miraban a la capital. Las tres torres de hormigón, que todavía conservan los impactos de la artillería republicana, cuentan con dos aberturas para introducir una ametralladora. En una de ellas, todavía se puede apreciar la inscripción que realizaron la unidad nacional que se encargó de construirlas: Zapadores número 7.

"El Parque del Oeste "mutó su fisionomía por el fuego y la zapa", decía el periodista republicano Clemente Cimorra. Lo cierto es que la imagen que hemos utilizado para iluminar inicialmente la entrada de este blog lo dice absolutamente todo: el parque resultó devastado durante los tres años que duró la guerra y todos los árboles desaparecieron por completo como consecuencia de las bombas. Edgar Neville, cronista de origen inglés que apoyó al bando franquista, decía en 1939: "Los troncos de los árboles del Parque, sin savia, ni hojas, llagados de metralla, tomaban formas humanas, formas torturadas de muertos clavados en la tierra".
Imagen actual de uno de los fortines del parque

Uno de los grandes estudiosos de la Guerra Civil en Madrid es Fernando Calvo González-Regueral, autor del gran libro "La Guerra Civil en la Ciudad Universitaria". Él ha recopilado en esta obra magistral los hitos que marcaron la historia del Parque del Oeste durante el conflicto fratricida.

Pero centrémonos en cuestiones más concretas del Parque del Oeste durante la Guerra Civil. Los combates entre 1936 y 1939 fueron encarnizados, basados en golpes de mano de unidades avanzadas de los dos Ejércitos. Ganar un palmo de terreno o conquistar una pequeñísima posición enemiga podían ser misiones suicidas para cualquier unidad militar. El bando republicano ocupaba la mayoría del parque, según Fernando Calvo, "aprovechando su accidental topografía, en especial en la vaguada central de grandes pendientes, ora para sus acciones defensivas, ora para lanzar sus ataques contra el flanco sur de la cuña enemiga". Lo cierto es que los republicanos contaban con la cárcel Modelo (ubicada donde hoy esta el Cuartel General del Ejército del Aire) y el Cuartel Infante Don Juan para dar cobertura a sus avanzadas en las trincheras del mismo parque.

La ofensiva de un cabarinero

Podríamos quedarnos con cientos de hombres (a los que la prensa les llamaba héroes) que destacaron enormemente en las luchas que tuvieron lugar en el Parque del Oeste. Uno de ellos se llamaba Antonio Ortega y antes de la Guerra Civil era teniente de Carabineros en Irún. Estrechamente vinculado al PCE, Ortega terminaría ascendiendo a Coronel por acciones de guerra entre las que destacan sus operaciones en el Parque del Oeste. Una de las más arriesgadas que llevó a cabo su unidad, formada principalmente por milicianos de origen vasco, fue la conquista de la cascada del Parque del Oeste.
A la derecha Ortega y a la izquierda su ayudante de campo David

La toma de la cascada se produjo el 28 de enero de 1937 y además de arrebatar una posición muy bien defendida por los franquistas que contaban con superioridad numérica, el por aquel entonces Teniente Coronel Ortega consiguió adueñarse de una trinchera enemiga y cuatro ametralladoras.

Leamos lo que decía el parte de guerra republicano aquel 28 de enero facilitado a las nueve de la noche:

"En Madrid durante las primeras horas del día, nuestras tropas han ocupado una línea de trincheras enemigas, situadas a unos 300 metros de las nuestras en el frente del Instituto Nacional de Higiene y la Fundación del Amo". 

El parte de guerra es escueto debido a la inmediatez de la noticia pero toda la prensa madrileña se hizo eco de aquella importantísima victoria para elevar la moral de la población. A la mañana siguiente, el General Miaja convocó a los medios de comunicación, sobre todo a los extranjeros, para dar una rueda de prensa y explicar junto con el Coronel Prada "que se había conquistado casi todo el Parque del Oeste" y que a "los faciosos solo les quedaban 50 metros de trincheras". Obviamente,  a Miaja (muy amigo de las exageraciones) decidió dar una alegría desmesurada a los madrileños.

Imagen del barrio de Arguelles y el Parque del Oeste

Si la guerra de minas se convirtió en una constante en el Hospital Clínico y en los edificios aledaños de Ciudad Universitaria, el Parque del Oeste tampoco fue una excepción. Pocos datos hemos podido encontrar en las hemerotecas y archivos militares sobre la explosión de una mina militar en las trincheras del parque que acabó en 1938 con casi 100 soldados nacionales sepultados. El suceso tuvo lugar el 20 de abril de 1938 a las 02.30 de la madrugada. Tras una ofensiva de la artillería republicana con fuego de mortero, explotaron de manera consecutiva (15.000 kg de carga explosiva) tres minas en el parque del Oeste y otras tres en el Instituto de Higiene y Santa Cristina. Las tres del Parque del Oeste dejaron un total de 86 sepultados.

Una defensa histórica

En el momento en el que se produjeron las explosiones en el Parque del Oeste, las trincheras nacionales estaba protegidas por la 1º compañía del VI Tabor de Regulares de Alhucemas y por el Batallón de Voluntarios de Toledo número 1. Poco después de la explosión decenas de soldados republicanos se lanzaron al asaslto de las trincheras franquistas que habían sido sepultadas. El ataque no prosperó por la rápida reacción del jefe de Brigada nacional del Sector del Parque del Oeste (el Teniente Coronel Antonio Fernandez Prieto) que ordenó inmediatamente que una compañía de reserva del Batallón A de San Fernando acudiera al Parque del Oeste para frenar la ofensiva. Tras casi tres horas de combate, los franquistas habían conseguido recuperar sus posiciones.
El capitán Vaquero 


Un hombre destacó por encima de los demás en aquella defensa nacional del Parque del Oeste. Fue el capitán Antonio Vaquero Santos que mandaba la avanzadilla franquista y que destacó por su serenidad, su valentía y su capacidad de mando. Además de reconquistar las trincheras sepultadas por la mina, el capitán Vaquero y sus hombres persiguieron a los atacantes hasta sus posiciones, logrando la conquista de los restos del monumento a los Héroes de las Campañas Coloniales.

El ataque republicano y el posterior contraataque nacional acabó, según un informe elaborado por el bando franquista, con 39 muertos, 42 desaparecidos y 91 heridos.La 1º compañía del VI Tambor de Alhucemas ganó la Laureada colectiva y el capitán Vaquero logró la individual. El capitán Vaquero moriría dos meses después en el frente de Teruel.

Fuentes consultadas: 

- La Guerra Civil en Ciudad Universitaria, Fernando Calvo González
- Hemeroteca Nacional: Diario El Sol, Diario La Libertad
- La Batalla de Madrid, Jorge M . Reverte
- Archivo Militar de Paseo de Moret
- Asociación Gefrema.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Carmen Cabezuelo, la falangista que desapareció sin dejar rastro

Fotografía de Carmen Cabezuelo

A buen seguro que el nombre de Carmen Cabezuelo no le dirá nada absoluto a la mayoría de nuestros lectores. Pese a ello, en www.guerraenmadrid.com hemos decido sacar a la luz su historia durante la Guerra Civil, una historia que ha sido silenciada prácticamente por todos los medios de comunicación y que podría asemejarse con a la de las '13 Rosas' de las que se habla sin cesar todos los veranos. Por desgracia, el asesinato por parte de los dos bandos de cientos de personas anónimas y “poco mediáticas” sigue siendo silenciado por una parte muy importante de nuestros medios de comunicación social. 

Al empezar la guerra, Carmen Cabezuelo (natural de Sigüenza) tenía 25 años y residía en lo que hoy se conoce como urbanización Campo Real  en El Escorial (Madrid). Hija de Francisco Cabezuelo, administrador de la fábrica de chocolates 'Matías López' de esta localidad, Carmen era una de las máximas responsables de la Falange en la Sierra de Guadarrama, cargo que le convertiría en uno de los principales objetivos de los milicianos de la zona al estallar la sublevación militar del 18 de julio. Además, todo el mundo conocía que era novia de José María Alfaro (luego director del Diario Arriba), uno de los fundadores de Falange y persona de confianza de José Antonio Primo de Rivera. 

Sabemos por la denuncia que interpuso su padre ante las fuerzas nacionales una vez terminada la Guerra Civil, que Carmen Cabezuelo fue detenida el día 19 de julio de 1936 al mediodía y trasladada al Ayuntamiento de El Escorial por orden del alcalde socialista Dionisio Fernández- Salinero Ferro donde fue sometida a un interrogatorio. Posiblemente la persona que denunció a Carmen y comunicó con exactitud a los milicianos la dirección exacta donde podían encontrarla fue un obrero chocolatero de la fábrica donde trabajaba su padre llamado Carlos Vega con el que había tenido algún roce el progenitor de nuestra protagonista. 

Gracias a las gestiones realizadas por su padre y por los responsables de la fábrica de chocolates, Carmen Cabezuelo consiguió ser trasladada del ayuntamiento a la cárcel de San Lorenzo del Escorial, situada en el 'Salón de Coches' del mismo Monasterio. El encargado del traslado fue el propio alcalde de El Escorial.

A punto de ser ejecutada

Durante el tiempo que estuvo en prisión, Carmen fue sometida a malos tratos de palabra y a tres simulacros de fusilamiento, según relató tras la guerra Alfredo del Moral (pintor decorador) que había compartido prisión con ella. Uno de esos simulacros se llevó a cabo muy cerca de un pajar próximo a la fábrica de Chocolates. En el, un miliciano introdujo el cañón de una pistola en la boca de Carmen diciéndole que iba a matarla si no le decía los nombres de todos los falangistas de El Escorial. También le dijo que él mismo había asesinado a Alfaro, su novio, algo que no era cierto porque él se encontraba refugiado en la embajada de Chile de Madrid. Pese a lo impactante de la situación, Carmen sobrevivió a ese simulacro con una pequeña hemorragia en la cabeza y con un susto de espanto, circunstancia que le provocó que se agravaran unos problemas estomacales que tenía de niña. 
Fábrica de Chocolates Matías López de El Escorial

El alcalde de El Escorial fue consciente de estos simulacros, aunque existen ciertas dudas sobre el papel que jugó en el caso de Carmen Cabezuelo.  Según las declaraciones del padre de Carmen, Dionisio Fernández-Salinero hizo “un teatrillo” para hacer creer a la familia Cabezuelo que gracias a sus actuaciones, Carmen había salvado la vida. Una vez terminada la guerra, el alcalde fue ejecutado por la justicia franquista tras ser condenado a muerte. 

 En la prisión de San Lorenzo, Carmen Cabezuelo fue trasladada a la enfermería para solucionar sus problemas estomacales que le producían vómitos cada vez que ingería alimentos. Sin embargo, con el paso de los días fue mejorando su estado de salud y el trato recibido en la cárcel tal y como afirmaría su progenitor tras la guerra. El 4 de octubre de 1936 salió en libertad y se marchó a Madrid para recuperarse de sus problemas de salud. 

Veamos ahora unas declaraciones textuales del padre de Carmen que aparecen reflejadas en el magnífico libro escrito por Laura Sánchez Blanco 'Rosas y Margaritas' que dicen lo siguiente: 

“El alcalde la trasladó a Madrid en libertad el 4 de octubre, pretextando traerla a la capital para recluirla en un sanatorio, no siendo así. La dejó instalada en la calle Toledo, número 54 en el domicilio de unas tías suyas. Con frecuencia la visitaba el alcalde brindándole su protección. En una de esas visitas le participó que tenía que acompañarle a Guadarrama donde era reclamada por el Cuartel General Rojo. Allí fue encerrada en la biblioteca de un hotel, comunicándole que había sido condenada a muerte. Presentándose de madrugada un oficial, el mismo que le había anunciado su sentencia, y le dijo que había sido revocada, regresando a Madrid con el alcalde que se atribuía un nuevo triunfo. El oficial referido se franqueó ante ella como fascista”

Durante los meses de octubre y noviembre de 1936 Carmen gozó de cierta libertad residiendo en la calle Toledo de Madrid. Sin embargo, a finales de año fue arrestada una vez más por la Policía republicana y trasladada hasta una especie de cuartel policial situado en la carretera de San Francisco. En el momento de su detención se encontraba acompañada por su primo Domingo García López-Hernando. Según su padre, en este “cuartelillo” solo estuvo un par de días en los que Carmen se “ganó la confianza de los milicianos” que terminaron invitándole a que “les acompañara a comer cuando quisiera”. 

¿Refugiada o engañada en la embajada de Finlandia?

Como consecuencia de esta última detención, nuestra protagonista tomó la decisión de abandonar su domicilio en la calle Toledo y refugiarse en la embajada de Finlandia en la capital, donde ya se encontraban un gran número de derechistas y militares perseguidos por las autoridades republicanas. La embajada, que estaba situada en el número 21 de la calle Zurbano, estaba gestionada por un ciudadano español llamado Francisco Cachero López (había sido trabajador de esta legación) que se autoproclamó, tras la marcha de los diplomáticos finlandeses, cónsul honorario de Finlandia en España y encargado de negocios de la misma”. Según se dijo tras la guerra y así viene reflejado en el libro 'Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil' de Moral Roncal, Cachero no acogió de manera altruista a todos los refugiados y a muchos de ellos les pidió altas cifras de dinero para acogerles en los pisos que tenían bandera finlandesa. 
Carmen Cabezuelo antes de la guerra

No sabemos si Carmen Cabezuelo pagó o no a Francisco Cachero por alojarse en la embajada de Finlandia, lo que sí sabemos es que ella estaba allí el 03 de diciembre de 1936. Justo este día, las autoridades republicanas decidieron asaltar la embajada finlandesa con la excusa de que en su interior se alojaban miembros de la Quinta Columna y que se habían producido lanzamiento de bombas desde su interior hasta la calle. No era cierto. La verdad es que tanto Cachero como algunos miembros de administración republicana se estuvieron lucrando a costa de los asilados hasta que la situación se volvió ingobernable: no había suficientes víveres para todos (se calcula que unas 2000 personas) y además, los refugiados se habían quedado sin dinero. Este fue el verdadero motivo por el que finalmente se tomó la decisión de asaltar la embajada de Finlandia y los pisos irregulares que Cachero y sus secuaces habían montando dentro de Madrid.

En una checa comunista clandestina

 Cientos de personas fueron detenidas aquel 3 de diciembre de 1936 entre ellas Carmen Cabezuelo que fue trasladada hasta la cárcel de San Rafael en Chamartín, donde se había establecido una nueva prisión para mujeres desafectas y “enemigas del régimen republicano”. En esta cárcel se encontraba ya la madre de Carmen que había sido trasladada desde El Escorial. Posiblemente también se encontraba su hermana María, aunque este término no lo hemos podido confirmar hasta el momento. 
Cabezuelo pasó algunos días en San Rafael hasta que volvió a ser puesta en libertad a principios de 1937. Desconocemos los motivos por los que consiguió su libertad, sin embargo, el 20 de enero de este año fue arrestada de nuevo, “pese a ocultarse lo máximo posible”, según comentaría su padre. Su detención se produjo en la calle Alcalá junto a las Escuelas Aguirre. En esta ocasión no fue trasladada a ninguna prisión oficial sino que sus captores se la llevaron a una checa clandestina, conocida con el sobrenombre de 'El Castillo', situada según 'Rosas y Margaritas' en la calle Alonso Heredia (frente al número 12 moderno), esquina José Picón 6.

Muchos de nuestros lectores se preguntarán, ¿quién estaba realmente detrás de esta nueva detención de Carmen Cabezuelo? Sin duda alguna, un grupo de milicianos del Radio Este comunista de la Guindalera que llevaban semanas trabajando para acabar con los falangistas y tradicionalistas que permanecían emboscados en la retaguardia madrileña. Hemos podido saber que estuvo en 'El Castillo' durante más de un mes coincidiendo en esta checa con los miembros de la organización falangista 'Del Rosal' que acababa de ser desarticulada por las seguridad republicana (doce de sus miembros serían fusilados en Valencia más adelante). 
Croquis de la checa donde estuvo recluida
Carmen Cabezuelo

Durante estos días presa, Carmen contactó con Antonio del Rosal, máximo responsable de esta organización, al igual que ella falangista. Sin embargo, mientras que a Antonio le maltrataban constantemente sus captores, el trato que recibía Carmen era distinto. Según Víctor García Martín, estudiante de Oviedo que coincidió con Cabezuelo en el 'Castillo', ella gozaba “de cierta libertad en la checa”.   Esta versión contrasta con la que el propio Del Rosal transmitiría más adelante a María Cabezuelo (hermana de Carmen) que le dijo que también ella recibió malos tratos por parte de los responsables de la checa. 

¿La inteligencia rusa tras sus pasos?

Tomás Durán González, un agente de la inteligencia republicana, que a punto estuvo de ser captado por el NVKD soviético, afirmó tras ser detenido después de la guerra, que Carmen Cabezuelo “trabajaba para la Policía” aunque los milicianos que estaban en la checa de 'El Castillo' tenían “desconfianza de ella y no se atrevían a utilizarla por creerla con inteligencia superior, capaz de engañarles, recibiendo el encargo el declarante (Tomás Durán) de hablar con ella y dar su opinión”. Asimismo también dejó claro que Cabezuelo se encontraba en esta checa al convertirse esta en prisión de la Dirección General de Seguridad, ignorando si fue sacada de allí. Que el encargo de ponerse al habla con Carmen para determinar si era utilizable para el servicio, lo recibió de Colinas o de Víctor Ronda”. 

Durán afirmó no saber lo que sucedió con Cabezuelo tras la guerra. De hecho, después de que los miembros de la organización Del Rosal fueran trasladados de 'El Castillo' a la cárcel de San Antón, tampoco supo a ciencia cierta si ella también fue evacuada de la checa. Pese a todo, volvió a oír hablar de ella más adelante  en el Hotel Gaylord (calle Alfonso XI), donde el NKVD (servicios secretos soviéticos) tenían instalado su cuartel general. Uno de los jefes de la inteligencia soviética en Madrid, Josif Grigulevinch, conocido también por el nombre de José Ocampo, se refirió a Carmen Cabezuelo (según Tomás Durán) como si estuviese viva, “relacionándola con algunos nombres del complot Golfin Corujo”. Recordamos que la organización Golfín Corujo fue un grupo falangista desarticulado por los servicios policiales de la República en colaboración con los servicios secretos rusos. Estos últimos hicieron creer a la opinión pública que el POUM de Andreu Nin  estaba relacionado con este grupo, lo que supuso la detención y asesinato de este líder catalán. 

El hecho de que Carmen Cabezuelo pudiera haber recibido un buen trato en la checa de 'El Castillo' podría estar relacionado con una declaración que hemos podido leer en la Causa General de Luis Colinas, uno de los responsables de esta checa que fue detenido tras la Guerra Civil. Según su declaración, Carmen nunca pisó 'El Castillo', sin embargo, él tuvo conocimiento de que miembros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) querían “haberse servido de ella como colaboradora”. Esta declaración la realizó Luis Colinas ante un Consejo de Guerra tras la contienda. También comentaba que Serrano Poncela (antecesor de Santiago Carrillo en la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid) tenía “pretensiones amorosas” con Carmen. Colinas  apuntó que había escuchado alguna versión sobre la desaparición de Cabezuelo y sugirió la posibilidad de que Poncela se la hubiera llevado al extranjero. 

Teorías sobre su desaparición

Otros testimonios de chequistas de 'El Castillo' contradicen las palabras de Colinas  que sin embargo, sí afirman que Cabezuelo estuvo dentro de esta checa comunista. Su padre se atrevió a aventurar ante la Causa General que Carmen estuvo en esta cárcel clandestina hasta el 3 de marzo de 1937, fecha en la que supuestamente fue puesta en libertad. De hecho, su progenitor recoge unas supuestas declaraciones de Carmen a los milicianos en el momento en el que fue liberada: “¿Ya me dejáis?  Que lo paséis bien y no molestarme más”. Sinceramente le damos poca veracidad a estas afirmaciones, ya que Cabezuelo no volvió a encontrarse jamás con su padre después de su etapa por 'El Castillo'.

Luis Colinas, uno de los responsables de 'El Castillo'
Tras su puesta en libertad en marzo  de 1937 nunca nadie volvió a ver a Carmen Cabezuelo. Volviendo de nuevo a la Causa General, vamos a mencionar otros testimonios que pueden ser de utilidad para comprender lo que le pasó a esta joven falangista. Según dijo Fernando Valenti en el consejo sumarísimo de urgencia al que fue sometido tras la guerra (su día fue Comisario de Investigación y vigilancia de la Policía republicana), “ignora cuando se hizo cargo del local de Alonso Heredia estuviera detenida una señora llamada Carmen Cabezuelo, si bien posteriormente y con motivo de la detención de la hermana, llamada María, el Víctor Ronda (otro policía) le dijo que la citada Carmen había sido 'picada' por una Brigada comunista, sospechando que fuera el propio Víctor Ronda y su brigada quienes realizaron este hecho”. Esta declaración de Fernando Valenti la hemos podido leer en el gran blog sobre la Guerra Civil 'Carta de Batalla'. Los dos, tanto Fernando Valenti como Víctor Ronda fueron ejecutados tras la contienda por las autoridades nacionales. 

Sobre lo que le sucedió a Carmen Cabezuelo desde aquel mes de marzo de 1937, fecha en la que desapareció para siempre, hay varias teorías. La más generalizada es la de su asesinato por parte de miembros de la checa de 'El Castillo'. Sin embargo, su propio padre dijo que habían llegado hasta sus oídos rumores de que en agosto de 1937 se encontraba detenida en las dependencias del SIM (Servicio de Información Militar) republicano en el Ministerio de la Marina de Madrid. También se comentó que había sido trasladada en septiembre de 1938 a Barcelona, en concreto a la cárcel del Castillo de Montjuic. Otras versiones incluso afirmaban que podría encontrarse en Francia o en un Gulag de la Unión Soviética. Pero la versión más extendida sobre lo que le pudo pasar a Carmen es la de su asesinato. 

Otro testimonio de interés

Hemos recogido otros testimonios que serán interesantes. Un soldado republicano llamado Julio Iraola denunció tras la Guerra Civil que una miliciana de la sierra de Madrid llamada Pilar Pérez Vidal se jactaba de haber sido ella la que había asesinado a Cabezuelo. Esta mujer, de 31 años, estaba casada con Ángel Peinado Leal, concejal del PSOE y comisario del Ejército Popular (sería fusilado por los comunistas tras el golpe de Casado en 1939). Al parecer, según la versión del soldado que actuó como escribiente para el Ejército Republicano, Pilar le dijo: “Estando yo de miliciana en la sierra y por falta de valor de los milicianos para asesinar a la señorita Carmen Cabezuelo López, tomé la decisión de hacerlo”. 

Como no podía ser de otra manera, tras la Guerra Civil, Pilar fue detenida por agentes franquistas del SIMP en su domicilio de la calle Mesón de Paredes, número 51. Obviamente, ante las autoridades militares, desmintió rotundamente haber asesinado a Cabezuelo aunque sí que reconoció que entre los meses de octubre y noviembre de 1936 residió en El Escorial, pueblo al que había acudido para acompañar a su marido (Ángel Peinado) que era Comisario Político. Curiosamente, en estas fechas Carmen se encontraba en Madrid y en libertad: tras dos meses en prisión, en esos meses estaba en libertad. En su declaración Pilar sí reconoció que era amiga del alcalde de El Escorial aunque dejó claro que no conocía a Carmen Cabezuelo y que no sabía que había desaparecido. 
José María Alfaro, novio de Cabezuelo

En los archivos de la sección femenina de Falange se apunta a que Carmen murió asesinada entre los días 3 y 5 de marzo de 1937. Asimismo se sabe que el Juzgado de Urgencia número 7 de la capital solicitó una declaración de Carmen Cabezuelo en febrero de 1937 por una investigación que estaba llevando a cabo. El juzgado pensaba que Carmen estaba todavía presa en la cárcel de San Rafael, cosa que no era cierta. En un documento que tenemos en nuestro poder hemos comprobado como los responsables de la prisión contestan al juzgado diciendo a fecha de 12 de febrero de 1937 que Carmen había sido puesta en libertad por parte de la Dirección General de Seguridad. Esto significa que ni siquiera las propias autoridades republicanas sabían a ciencia cierta lo que había pasado con Carmen Cabezuelo.

Esta es la terrible historia de una víctima de la Guerra Civil, Carmen Cabezuelo, una mujer que desapareció de la faz de la tierra en la primavera de 1937 con solo 25 años. Desde www.guerraenmadrid.com hemos querido sacar a la luz su nombre y su historia época, la actual, donde parece que las víctimas solo formaban parte de un bando. Las víctimas, queridos lectores, son siempre víctimas, luchen donde luchen. Carmen ni siquiera pudo luchar. 

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional (Causa General: Partido Judicial El Escorial, Checa Comunista la Guindalera, Checas de Madrid)

- Consejo de Guerra contra Tomás Durán González y Fernando Valenti. 

- Blog Carta de Batalla. 

- Fotografías de Carmen Cabezuelo, cortesía de Aulencia, en el blog Caballo de Batalla. 

- Rosas y Margaritas, Laura Sánchez Blanco

- Diplomacia , Humanitarismo y Espionaje durante la Guerra Civil, Antonio Manuel Moral Roncal. 
Hemeroteca Nacional

lunes, 1 de agosto de 2016

Los secretos del laboratorio militar de Chamberí durante la Guerra Civil

Trabajos en el Taller de Precisión de Artillería en 1937
Muchos de los lectores de www.guerraenmadrid.com seguro que han pasado delante de unas enigmáticas instalaciones militares situadas en el castizo barrio de Chamberí. En concreto, la entrada a las mismas está ubicada en el número 50 de la calle Raimundo Fernández Villaverde (antiguamente llamada Paseo de Ronda) aunque estas instalaciones engloban toda una manzana: calles Maudes, Alonso Cano y Modesto la Fuente. 

A pesar de que en la actualidad esta instalación militar ha adquirido cierto protagonismo ya que se van a construir allí pisos de lujo, lo que casi nadie conoce es que durante más de un siglo en su interior se hicieron todo tipo de pruebas militares. El lugar se conoce como el TPA (Taller de Precisión de Artillería) y fue levantado en 1899 con un diseño de lo más ambicioso según el prestigioso historiador Álvaro Valdés Menéndez, que ha elaborado recientemente una investigación minuciosa sobre el TPA. 

El taller se constituyó muy poco tiempo después de la pérdida de las colonias españolas en Cuba y Filipinas. Según el informe de Valdés, el Ministerio de la Guerra quería crear un centro similar al que ya existía en Francia, dedicado a laboratorio para mejorar tanto la calidad de la fabricación del armamento artillero como a la eficacia del mismo. Por este motivo, el Ministerio adquirió un solar de casi 10.000 metros cuadrados al marques de Santo Domingo. A partir de 1899 se empezó a construir el TPA en lo que fue un ambicioso proyecto arquitectónico con un estilo neomudejar.
Imagen actual de la entrada del taller

 Estas instalaciones militares, en la actualidad en desuso, están formadas por siete edificios que durante más de un siglo han realizado un sinfín de pruebas artilleras. Cada uno de los edificios se ha dedicado a una o varias cuestiones: laboratorio de pruebas mecánicas, taller de construcción y reparación, central eléctrica, laboratorio de análisis químico, pruebas de metrología...

El laboratorio durante la Guerra Civil

Después de esta breve introducción que servirá a los vecinos y visitantes de Chamberí a conocer un poco más la historia de su barrio, vamos a centrarnos en hablar del papel que desempeñó el Taller de Precisión de Artillería durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Un papel hasta ahora desconocido y que por primera vez en la historia verá la luz a través de nuestro blog. 

En julio de 1936, fecha en la que empezó la Guerra Civil, el TPA se había especializado en la fabricación de aparatos ópticos militares, así como laboratorio de artillería. Trabajaban en las instalaciones una docena de oficiales del Ejército (mandados por un coronel apellidado Clavijo) y unos sesenta obreros civiles.  

A través del Archivo Histórico Nacional hemos podido leer las declaraciones que hizo tras la guerra un capitán de Artillería que estaba destinado en el Taller de Precisión durante la contienda. El oficial, que se llamaba Francisco Iriarte Folache, describió que los miembros de esta unidad no se acuartelaron el 17 de julio como en otros cuarteles de Madrid puesto que la plantilla era muy reducida y las instalaciones de Raimundo Fernández Villaverde solo estaban defendidas por seis fusiles corrientes y tres ametralladoras, que eran las que se utilizaban en ensayos de pólvora.


El capitán Iriarte de mayor
El 18 de julio de 1936, cuando ya todo Madrid conocía que se habían sublevado los cuarteles de la Montaña y Campamento, el Coronel Clavijo reunió a todos sus oficiales para explicarles la situación. En un primer momento, todos los tenientes y capitanes se mostraron partidarios de la sublevación aunque optaron por mantenerse a la espera para ver de qué manera podían ser más efectivos a la sublevación. Los únicos oficiales de la plantilla del taller que se mostraron en contra del movimiento fueron el teniente Eustaquio Mendoza y el capitán Manuel Goicoechea. El primero había participado en la sublevación de Jaca, hecho por el que años posteriores fue condenado a muerte aunque su pena sería conmutada tras la llegada de la República. 

El Coronel Clavijo tomó la decisión el mismo día 18 de julio (sábado) de colocar en la entrada de las instalaciones dos de las tres ametralladoras que disponía la unidad con el fin de que no fueran tomadas por la fuerza. Los oficiales que apoyaban la sublevación decidieron quedarse unidos en el mismo cuartel siendo ellos mismos los que establecieron turnos de guardia para controlar las ametralladoras. La orden de Clavijo era clara: si alguien trataba de tomar por la fuerza la instalación, deberían abrir fuego. 

No se produjeron novedades ni durante el 19 ni el 20 de julio por lo que no fue necesario disparar las ametralladoras. El lunes acudieron los obreros a trabajar con normalidad al taller que seguía siendo mandado por el Coronel Clavijo hasta que fue destituido de su cargo a principios de agosto, al parecer porque se conocía perfectamente en el Ministerio de la Guerra que simpatizaba con los sublevados. De esta manera fue nombrado nuevo máximo responsable del TPA el Teniente Coronel Gayloso, que simpatizaba con el bando republicano. 

Las consecuencias

Los oficiales que se quedaron en el Taller de Precisión siguieron trabajando en el mismo, aunque según el capitán Iriarte decidieron "boicotear" el material optico que muy pronto empezaron a facilitar al Ejército Popular. Con la detención de un capitán del taller apellidado Casalduero, las fuerzas de seguridad republicanas supieron que la mayoría de oficiales de la unidad eran partidarios de los sublevados por lo que en octubre de 1936, casi todos fueron cesados de su cargo.

Foto INTA. Taller de Precisión en 1927

Poco después de ser cesados, un gran número de oficiales que formaban parte del taller fueron detenidos y acusados de desafectos. Algunos de ellos llegaron a ser asesinados como el Coronel Castilla o el Comandante Rexach y el teniente Sáez. También fueron ejecutados sin juicio previo los capitanes Roig y Roldán y el teniente Álvarez Rodríguez.

 En el caso del capitán Iriarte, en octubre de 1936 fue detenido y trasladado a la espera de juicio a la prisión de Duque de Sexto. El 13 de enero de 1937 fue puesto en libertad ya que no había pruebas contra él, logrando refugiarse días más tarde en la Embajada de Chile donde estuvo refugiado hasta el final de la Guerra Civil. 

Con estas detenciones y asesinatos, la plantilla del TPA cambió por completo y a medida que avanzaba la guerra, los militares profesionales fueron abandonando poco a poco el taller para terminar controlándolo un comité de obreros. Sabemos que el taller funcionó durante casi toda la guerra, pasando a formar parte del Comité de Coordinación de los Servicios de Óptica. Allí se impartían los cursos de telemetría necesarios para los oficiales de remplazo y comisarios políticos que tenían que luchar en las unidades de Artillería del nuevo Ejército Popular. 

¿Qué sucedió con los protagonistas tras la guerra?

Francisco Iriarte Folache siguió haciendo carrera militar tras la Guerra Civil Española llegando a ser General. Fue director del TPA y máximo responsable del CETME (Centro de Estudios Técnicos y Materiales Especiales). 

Francisco Casalduero (detenido por ser desafecto) también terminó siendo General de Artillería, falleciendo el 27 de octubre de 1985. Combatió en Rusia con la División Azul. 


Eustaquio Mendoza Gallo, el teniente que se opuso a simpatizar son los sublevados del taller, fue juzgado tras la Guerra Civil por un tribunal militar y condenado a penas de cárcel. Fue obligado a dejar su carrera de militar hasta que muchos años más tarde, en 1982, un tribunal consiguió que a efectos de cobrar su pensión fuera readmitido y considerado "militar retirado". 

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional
- Boletín Oficial del Estado
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Informe de Álvaro Valdés Menéndez
- Hemeroteca Nacional (Diario Crónica)