domingo, 7 de mayo de 2017

Toda la verdad sobre el canje de Raimundo Fernández Cuesta y el testamento de José Antonio

Fernández Cuesta poco después de llegar a zona nacional en
1937 / Euskomedia
Los canjes o intercambios de prisioneros fueron un tema tabú durante la Guerra Civil Española. Todavía hoy sigue siendo muy difícil encontrar información sobre estos intercambios de los que apenas quedan documentos en los archivos y testimonios escritos en los libros de historia. Nosotros, sin embargo, vamos a centrarnos en uno canje del que sí hemos encontrado información gracias, entre otras cosas, a la autobiografía que publicó nuestro protagonista, Raimundo Fernández Cuesta en su libro 'Testimonio, recuerdos y reflexiones'

Amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera, Fernández Cuesta fue uno de los fundadores de la Falange, partido en el que llegó a ser Secretario General en el año 1934. Meses antes de empezar la guerra, este abogado madrileño nacido en 1896, fue arrestado por la Policía junto con otros líderes falangistas pocas horas después de que se produjera el atentado terrorista contra Luis Jiménez Asua en el que murió su escolta Jesús Gisbert en la calle Goya. La detención de Raimundo se produjo a mediados de marzo de 1936 en su domicilio de la calle O´Donell número 7, siendo introducido en el mismo coche, antes de ser trasladado a la DGS, que el aviador Julio Ruiz de Alda. 

Estuvo encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid durante cuatro meses hasta que consiguió la libertad condicional el 3 de julio. Solo permaneció libre nueve días porque el 12 volvió a ser arrestado por la Guardia de Asalto después de que una docena de agentes registraran de nuevo su casa. Esta nueva detención de Raimundo Fernández Cuesta se produjo horas después del asesinato del teniente republicano José del Castillo en la calle Fuencarral. Según contaría nuestro protagonista en sus memorias, un inspector de Policía le salvó la vida ya que iba a ser trasladado inicialmente a la DGS para prestar declaración aunque este agente declinó llevarle hasta allí porque se había instalado en la DGS la capilla ardiente de Castillo y los ánimos entre sus compañeros estaban muy caldeados.

El inicio de la Guerra Civil

De esta manera el líder falangista regresaría a la cárcel Modelo donde llegó a cartearse, de manera clandestina, con José Antonio Primo de Rivera que estaba preso en Alicante. De hecho, éste le alertaría del alzamiento diciéndole que “estuviera tranquilo” porque el día 16 de julio llegaría (José Antonio) a Madrid en avioneta para participar en el golpe. No fue así. El golpe fracasó en la capital aunque Raimundo había conseguido evacuar anteriormente de la capital hacia Navarra a su familia más próxima, salvo su mujer que decidió quedarse en Madrid. 

Fernández Cuesta escuchó desde la cárcel Modelo los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña y observó con tristeza la entrada de decenas de oficiales y suboficiales en la prisión tras el fracaso del alzamiento. Un mes más tarde fue testigo de los sucesos del 22 de agosto en el que varios de sus compañeros de cautiverio fueron asesinados por milicianos exaltados en el patio de la cárcel. No tuvo tiempo de despedirse de Ruiz de Alda, Melquiades Álvarez, Rico Avello, Fernando Primo de Rivera o el doctor Albiñana.
Con un círculo Fernández Cuesta en un acto celebrado en
febrero de 1936 junto con José Antonio y otros líderes de FE
(Sol y Moscas)

Raimundo Fernández Cuesta y Manuel Valdés Larrañaga, otro de los fundadores de Falange, consiguieron sobrevivir a la matanza de la Modelo sin que fueran reconocidos por los milicianos como importantes líderes falangistas. De hecho los dos siguieron unos días más en la celda número 140, prácticamente sin ser molestados, una celda que en su día había pertenecido a Manuel Chacel, comandante de Caballería, asesinado también el 22 de agosto y acusado de haber dado cobijo a los autores del atentado contra Jiménez Asua.


A partir de ese instante, las noticias sobre Fernández Cuesta empezaron a ser muy confusas y tanto su esposa (que estaba todavía en Madrid) como el resto de su familia instalada en Pamplona, dieron por hecho que el dirigente falangista había muerto aquel verano de 1936. De hecho, su esposa consiguió salir de España a los pocos días de la matanza, pensando en la muerte de su marido, tras coger el último vuelo comercial que salió de Madrid de la compañía alemana Luftansa.

Traslado de cárcel e identidad ficticia 

Tras los sucesos de la cárcel Modelo, un comité revolucionario se encargó de hacer un registro con todos los presos que estaban en esta prisión de Madrid. Los miembros de este comité tampoco identificaron a Raimundo Fernández Cuesta que fingió ser una persona completamente distinta (se hizo llamar Raimundo Fernández Merelo) a la que era realmente al asegurar que estaba preso porque le habían detenido en el café Negresco por no llevar documentación. 

Se negó a ir a frente para combatir con los republicanos y por este motivo el 4 de noviembre de 1936 fue trasladado a la cárcel de Alcalá de Henares donde mejoró en condiciones de vida y en seguridad porque los guardias eran funcionarios de prisiones y no milicianos. Aquí recibió la visita del líder anarquista, Melchor Rodríguez, que ostentaba el cargo de director general de Prisiones y de los responsables diplomáticos de Chile y Noruega, Aurelio Nuñez Morgado y Felix Schlayer respectivamente. Obviamente, en estas circunstancias tanto Melchor Rodríguez como los diplomáticos extranjeros sabían perfectamente la identidad de Raimundo Fernández Cuesta y de los peligros que podría correr en territorio republicano, principalmente en aquella época en la que se estaban produciendo las sacas de Paracuellos. 
El líder anarquista Melchor Rodríguez le salvó la vida
(El Mundo)

El 7 de diciembre de 1936, justo después de que la aviación franquista bombardeara Guadalajara, una turba de incontrolados intentó asaltar la prisión de Alcalá de Henares donde estaba encerrado Raimundo Fernández Cuesta junto con un centenar de militares y presos políticos. Los funcionarios de prisiones se emplearon a fondo para evitar una nueva matanza, similar a la de la cárcel Modelo y consiguieron ganar el tiempo suficiente hasta que se presentó Melchor Rodríguez en la puerta de la prisión. El dirigente anarquista logró contener a la turba e invitó a los exaltados a “ir al frente de batalla a matar fascistas” porque en la cárcel “solo hay hombres indefensos”. 

Primeras campanas de canje

Ya en enero de 1937, el cuerpo diplomático extranjero comunicó a Fernández Cuesta que la Cruz Roja estaba negociando su canje con el del hermano del ministro de justicia Manuel Irujo (Pedro Irujo) después de que hubiera fracasado el canje del obispo de Barcelona (que en realidad había sido asesinado). Finalmente no hubo acuerdo y el canje no se llevó a cabo. El 19 de marzo de este año fue trasladado a la cárcel de San Antón en Madrid, un traslado totalmente incomprensible al tratarse de una prisión puramente militar. Allí estuvo unas semanas hasta que unos agentes vestidos de paisano de la Brigada Especial le trasladaron hasta la calle Serrano 108, la sede de dicha brigada que estaba situada en un hotelito requisado junto al Museo Lázaro Galdiano. 

En la Brigada Especial los agentes que le interrogaron sabían perfectamente su identidad y le preguntaron si tenía conocimientos sobre un complot de espionaje falangista. Los interrogadores querían conocer hasta qué punto Fernández Cuesta mantenía contacto con Antonio del Rosal, hijo del teniente coronel del Rosal, afiliado a la Falange, acusado de espionaje y alta traición. Fernández Cuesta negó categóricamente conocer sus actividades.

Aunque algunos hayan querido insistir en la implicación de Raimundo Fernández Cuesta en las actividades de la Falange clandestina en la retaguardia republicana, nosotros no hemos encontrado vinculación alguna con los grupos de la Quinta Columna. De hecho en su autobiografía, Fernández Cuesta no se refiere a estos grupos prácticamente nada y su vinculación con Antonio del Rosal y otros quintacolumnistas fue nula. Pese a los interrogatorios, nuestro protagonista consiguió salir victorioso de las preguntas de los policías, en realidad “porque no sabía nada”. 


El agente de Policía Victoriano
Sanjuán en 1937 / Archivo Ministerio
Interior / Autor
El 13 de junio de 1937 fue trasladado a la cárcel Porlier donde se enteraría de la desarticulación de otra organización falangista de carácter clandestino liderada por Javier Fernández Golfín e Ignacio Corujo. También se enteraría del arresto y la posterior desaparición del líder del POUM Andreu Nin en Barcelona y su posterior traslado a Alcalá de Henares. Por estas fechas, Fernández Cuesta recibió la visita en prisión de un agente de Policía llamado Victoriano Sanjuan, falangista antes de la guerra, que en realidad trabajaba para los servicios secretos de Franco (SIPM) en territorio republicano. Directamente desde Burgos le encomendaron a su espía localizar a nuestro protagonista y comprobar tanto su estado anímico como de salud. El interés franquista por comprobar la situación de Fernández Cuesta en Madrid era necesaria porque en pocos días se volvería a negociar su canje tras el frustrado intercambio con el hermano de Irujo.

Su llegada a Valencia

Un mes después, en julio de 1937, fue trasladado en un camión de presos trotkistas  a Valencia, ingresando en la cárcel de Alacuas. Siguiendo cronológicamente la autobiografía de Fernández Cuesta, en esta prisión valenciana mantuvo una serie de reuniones secretas con una persona llamada Ángel Daniel Baza, un individuo de lo más enigmático, originario de Bilbao y amigo íntimo de Indalecio Prieto. Curiosamente Baza, que fue el primer jefe del SIM (Servicio de Información Militar) de la República, se ganó durante semanas la confianza de Raimundo Fernández Cuesta haciéndole ver que él no era “ni socialista ni fascista”. 

En el libro de Julián Zugazagoitia 'Guerra y Vicisitudes de los Españoles', el autor, que era Ministro de Gobernación por aquel entonces, hace mención a estas conversaciones afirmando que el clima de confianza entre Baza y Fernández Cuesta fue tan importante que este último le llegó a hacer la siguiente confesión cierto día de agosto: “Me faltan elementos de juicio para tener un concepto claro de la guerra. No le puedo decir otra cosa sino que la siento y me duele como una tragedia inmensa, en la que se desangra España. Durante toda la campaña sólo he tenido un momento de alegría y de alborozo: aquel en que conocí la derrota de los italianos en Guadalajara”.  

Según la versión de Zugazagoitia, Baza le “tenía al corriente” de sus conversaciones con Raimundo Fernández Cuesta del que decía que se “expresaba con sinceridad. Tengo el convencimiento de que dice lo que siente. Es un hombre joven, muy simpático, muy interesante. Se manifiesta con emoción. Resulta absurdo que no podamos entendernos con hombres como él, en cuya mirada se hacen presentes la nobleza y la sinceridad. La derrota de los italianos es lo único que le ha satisfecho de la guerra”.  

Reunión con Indalecio Prieto

Cierto día, Baza le  comentó a Raimundo que Indalecio Prieto, Ministro de la Guerra, pretendía reunirse con él una semana más tarde en un lugar secreto. Y eso fue lo que sucedió ya a mediados en agosto de 1937. Un coche oficial recogió a Fernández Cuesta de la cárcel de Alacuas y le trasladó hasta un chalet de Bétera que había sido incautado a los banqueros Nogueira y era el lugar donde residía en Valencia Indalecio Prieto. Según la versión de Cuesta, al llegar Prieto le comentó que las negociaciones que su canje “estaban muy avanzadas” “si los jacobinos del gobierno (comunistas) no se oponían”. En principio el canje se iba a llevar a cabo por Justino Azcárate, hermano de Pablo Azcárate, embajador republicano en Londres. En esa entrevista, Prieto se mostró en contra del fusilamiento de Primo de Rivera” y calificó de “animal” a Largo Caballero por haber dado la orden de ejecutar al líder falangista. Afirma la autobiografía de Raimundo que Indalecio le entregó un gran número de documentos que pertenecían a José Antonio, previsiblemente escritos durante su cautiverio en Alicante. 
Indalecio Prieto en su despacho  (Biografías y vidas)
Junto a Prieto y Antonio Baza, también participó en esta reunión un hombre de origen austriaco apellidado Kamper con el que Fernández Cuesta había coincidido en la cárcel Modelo. Esta persona, que ahora ya no se encontraba presa, se jactaba ante Raimundo de ser el “actual jefe de información” de la aviación republicana.  De hecho, meses más tarde, cuando el líder falangista que había sido canjeado, trató de negociar con él el canje de otros derechistas encarcelados. La reunión entre Raimundo Fernández Cuesta e Indalecio Prieto fue de lo más cordial, según la versión del primero. Durante horas el líder socialista le pidió que le explicara el ideario falangista para comprenderlo mejor y entender de una manera más abierta los postulados del enemigo. 

Otra versión de la entrevista

Esta visión de la entrevista choca ligeramente con la versión ofrecida por Prieto en su libro de memorias 'Palabras al viento', publicado en el año 1942. Según su versión, la primera persona dentro del gobierno republicano que se mostró a favor del canje de Fernández Cuesta por Justino Azcárate fue José Giral, ministro de Estado. El bilbaino, sin embargo, se mostró inicialmente contrario con el intercambio ya que consideraba que el gobierno del Frente Popular "había puesto a disposición de Franco jefes militares muy eficaces a cambio de oscuros parientes de personajes republicanos". Para Indalecio Prieto, en esta ocasión la desigualdad iba a ser mayor si se compara la "escasa personalidad republicana de Justino Azcárate con la relevantísima de Fernández Cuesta en el campo contrario".

En su libro, Indalecio Prieto se refiere a una reunión muy tensa del consejo de ministros republicanos en la que se debatió "intensamente" el canje de Fernández Cuesta. Mientras que él se oponía radicalmente a este intercambio de presos, Bernardo Giner de los Ríos, ministro de Transportes y Obras Públicas lo defensía asegurando que "con diez hombres de la talla de Justino Azcárate sería muy distinta la suerte del régimen republicano".  También se mostraba partidario del canje Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, que defendió el intercambio ensalzando el comportamiento de Pablo Azcárate, hermano de Justino.

Veamos que más decía Prieto en su libro sobre el canje: 

"Pablo Azcárate es íntimo de Marcelino Pascua y Marcelino Pascua es gran amigo de Zugazagoitia. Me encrespo aún más. Estos asuntos deben resolverse tapando con cien vendas los ojos de la amistad. Negrín calla. Otros ministros también. Soy yo solo quien pelea contra los partidarios del canje, aunque creo contar con bastantes votos, entre ellos los dos comunistas. El señor Giral, hombre bueno por excelencia, insiste en atribuyéndole, según informes de la Embajada de París -desde donde viene rodando la iniciativa- gran interés político, porque Raimundo Fernández Cuesta, en plena libertad, será germen de discordia al oponer la prístina ideología de Falange -la de Primo de Rivera, la de los camisas viejas- a las mistificaciones franquistas. Persisto en mi actitud, manifestándome incrédulo ante esas consecuencias reputadas. Entonces alguien indica que yo mismo explore a tal respecto el pensamiento y la voluntad de Fernández Cuesta antes de decidirse nada. Acepto el cometido". 

Tras esto, Prieto comenta  que ordenó sacar al falangista de la cárcel y lo llevó hasta "una casita de campo en Bétera" donde el ministro socialista se alojaba. Fue una reunión a cuatro bandas en la que además de los dos protagonistas también estaba "un funcionario a mis órdenes" (posiblemente se refiera a Baza) y un amigo de Raimundo. "La cita ha cogido de sorpresa a Fernández Cuesta y éste ha venido con el traje de dril, usado en la prisión, muy deteriorado. Charlamos largamente. Le refiero lo ocurrido en el consejo sin ocultarle que soy yo quien se opone al canje que puede devolverle la libertad. Él lleva preferentemente la conversación a dos temas: su inocencia en el proceso que se le sigue y que habrá de ocasionar el fusilamiento de todos sus consortes (Golfín, Corujo etc) y su falta de participación en los atentados personales cometidos por falangistas antes de comenzar la guerra", indica la biografía de Prieto.
Justino Azcárate en 1931 cuando ocupaba el
cargo de subsecretario de justicia
(Mundo Gráfico)

Según Prieto esta entrevista con Fernández Cuesta no fue la única. Días más tarde ambos líderes políticos volvieron a reunirse aunque en esta ocasión el falangista "vestía con elegante traje de paño". Al parecer fue una charla mucho más larga en la que se departió sobre las causas de la guerra, el dolor de la lucha y el porvenir ruinoso de España. En esta ocasión, "Fernández Cuesta se abstiene de formular promesas sobre su conducta política si se le libera. Por mi parte tampoco procuro arrancárselas. Cierro la conferencia con estas palabras: «-No sería digno, dadas las especialísimas circunstancias en que uno y otro nos encontramos, que yo presionara a usted para obtener determinados ofrecimientos, y si, coaccionándole, los lograse, no creería en ellos, estimando lícito que usted me mintiera. Su vida depende de mí de modo personalísimo. Me repugna ser yo quien decrete su muerte. En consecuencia, y aun sin esperar lo que otros ministros aguardan de usted, desisto de seguir oponiéndome a su canje con Justino Azcárate. Tiene usted, pues, asegurada la libertad sin compromiso alguno. Todo queda a su conciencia. Haga, al verse libre, lo que ésta le dicte»". 

El día del canje

Dejando ya de lado la versión de la entrevistas o entrevistas con Prieto, la realidad es que la decisión de Indalecio Prieto fue fundamental para que el canje se pudiera llevar a cabo. Fernández Cuesta siguió un par de semanas en la prisión valenciana aunque sujeto a unas condiciones mucho más flexibles que cuando estaba en Madrid.  Cierto día de octubre, el director de la prisión le mandó llamar para entregarle un salvoconducto firmado por José Giral (ministro de Exteriores) en el que garantizaba su libre circulación hasta el destructor inglés Maine que se encontraba fondeado en el Puerto de Valencia. Paralelamente salía de una cárcel de Valladolid Justino Azcárate quién fue conducido, con un salvoconducto similar pero firmado por una autoridad franquista, hasta Francia por carretera.

Fernández Cuesta salió de la cárcel con una cazadora de cuero y los documentos de José Antonio Primo de Rivera que le había entregado Prieto. Accedió hasta el barco inglés sin problemas que le trasladó hasta Marsella donde le esperaba su mujer y miembros del Servicio de Fronteras de Irún y el falangista Ruiz del Portal. Desde Marsella se dirigieron en coche hasta Irún, pasando antes por Biarritz donde pernoctaron para pasar la noche antes de entrar en España. Según su biografía, Fernández Cuesta dejó en su habitación en el interior de la maleta, el salvoconducto de Giral y los papeles que le había dado Prieto pertenecientes a José Antonio. Estuvo un tiempo cenando junto a su esposa y cuando regresó a la habitación los papeles que tenía dentro de su maleta habían desaparecido. ¿Quién robó esos papeles? ¿Qué intereses ocultos había para que desaparecieran? Eso nunca lo sabremos. 

Según el propio Raimundo, los papeles de José Antonio eran los siguientes: un testamento,  un manifiesto enjuiciando la situación creada por la guerra y proponiendo un programa de solución y dos listas de gobierno en las que figuraban nombres como Martínez Barrio para la presidencia, Sánchez Román para ser Ministro de Estado o Melquiades Álvarez para Justicia. Miguel Maura sería ministro de Marina, Portela de Gobernación, Ortega Gasset de Instrucción Pública, Gregorio Marañón de Trabajo y Sanidad e Indalecio Prieto de Obras Públicas. 

Otra visión relevante de lo sucedido

En el Archivo Histórico Nacional hemos encontrado la declaración de Julián Zugazagoitia el 13 de septiembre de 1940, días después de que fuera extraditado a España tras ser detenido por la GESTAPO en Francia. En su declaración ante la Policía franquista, el ex ministro de Gobernación explicaba que en el verano de 1937 llegó hasta su poder una copia del testamento político que había escrito en Alicante José Antonio Primo de Rivera antes de ser fusilado. En ese testamento, según Zugazagoitia, estaba como albacea Fernández Cuesta. 

Días más tarde de recibir este testamento, Indalecio Prieto contactó con Zugazagoitia para comunicarle la necesidad de mantener una entrevista con Fernández Cuesta para valorar su  posible canje con algún republicano de interés. Tras la reunión con el falangista, Prieto le contó que sus sensaciones con él habían sido "excelentes", lo encontró un tanto "alucinado" con "ideas irrealizables" y que era persona de intenciones novilísimas. Dijo también que no se perdía nada "por canjearlo" y que su llegada a zona nacional podía forzar la "paz" con los nacionales. 
Julián Zugazagoitia / Eco Republicano

Siguiendo con la declaración de Zugazagoitia, éste explicó que en los meses finales de la Guerra Civil se intentó gestionar una reunión secreta en Francia entre Prieto y Fernández Cuesta, que se iba a celebrar "a título particular". La reunión, en la que también iba a participar Serrano Suñer, no se llevó a cabó después de que Negrín no autorizara a Prieto a participar en la misma. 

Tras el canje

Lo primero que hizo Fernández Cuesta nada más llegar a Francia tras su liberación fue visitar a la Virgen de Lourdes para mostrarle su gratitud y por "haberle salvado la vida" en territorio republicano. Después se entrevistaría con Franco en Salamanca antes de acudir el 19 de octubre de 1937 a Sevilla para participar en su primer acto político en la España nacional. Fue un acto conmemorativo de la fundación de la Falange y en él daba las gracias a Franco por su liberación y declaró que el objetivo de la FET era "establecer la economía española sobre una base sindical, aunque compatible con la subsistencia de capital y la iniciativa privada". Luego hizo referencia sobre la necesidad de controlar la bolsa y las operaciones financieras. Nada más. El 2 de diciembre de este año, Franco le nombraría secretario del partido. 

Posteriormente, ya a principios de 1938, Fernández Cuesta daría un discurso por radio en el que lanzaba la siguiente advertencia a la vieja guardia de Falange: "Me obligan a decirle que ha de tener un espíritu comprensivo, sin encstillarse en exclusivismos. No hay que adoptar aires de repelente superioridad y hay que acoger con amor y camaradería a todo el que de buena fe venda a la Falange Española Tradicionalista".

Sabemos que una vez terminada la Guerra Civil, Fernández Cuesta no supo nada de Ángel Baza, el dirigente del SIM que colaboró junto con Indalecio Prieto para llevar a cabo su canje. Al parecer en 1974 se presentó en la casa de Raimundo en Madrid una chica llamada Sabina Baza que resultó ser hija de Ángel Baza que había fallecido en Méjico. Sabina le contó que Prieto, que supuestamente sentía devoción por Baza, no le había ayudado a su familia más allá que para pagarle el viaje hasta este país. 

Incógnitas que nos hemos encontrado

Siguiendo las dos biografías tanto de Fernández Cuesta como de Indalecio Prieto, así como la declaración ante la Policía de Franco de Julián Zugazagoitia nos surgen algunas dudas que por desgracia no hemos podido resolver. A buen seguro que muchos de nuestros lectores tendrán opiniones diversas sobre estas cuestiones, así que abrimos el debate a través de nuestros comentarios.
Fernández Cuesta tras la Guerra Civil (Biografias y vidas)

- Según el líder falangista, Indalecio Prieto le entregó varios documentos que pertenecían a José Antonio Primo de Rivera entre los que destacaban su testamento. Estos documentos desaparecieron de la habitación de Fernández Cuesta en Biarritz de la noche a la mañana. ¿Quién los robó y qué interés oculto había detrás de esta sustracción? ¿Por qué en Francia? ¿Por qué Prieto no habla de estos papeles que le entregó a Raimundo en su biografía y sí que habla de ellos Julián Zugazagoitia? Según Stanley G. Payne en su libro 'Historia del fascismo español', Indalecio Prieto ya había enviado por diferentes medios a zona nacional el testamento de Primo de Rivera con la intención de generar ambiente de tensión entre los 'camisas viejas' de Falange. Según su versión, el canje de Fernández Cuesta perseguía seguir creando "distensión" entre los miembros de la Falange y el gobierno de Franco.

- ¿Es cierto todo lo que cuenta Prieto en su biografía? En su libro Raimundo no hizo referencia a la negativa incial de Prieto a su canje sino todo lo contrario. Sin embargo, el socialista se jacta de mostrarse hasta casi el final decidido a que el canje no se llevara a cabo.

- ¿Por qué Indalecio Prieto habla de dos entrevistas con Fernández Cuesta mientras que el falangista solo habla de una?

- ¿Quién era el supuesto amigo del falangista que participó en las conversaciones entre Prieto y Raimundo, según la versión del primero? ¿Por qué nunca habló de él Fernández Cuesta?

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Nacional (Causa General)
'Testimonio, recuerdos y reflexiones', Raimundo Fernández Cuesta. 
'Palabras al viento', Indalecio Prieto
'Guerra y vicisitudes de los españoles', Julián Zugazagoitia.
'Las torpezas de la República española', Fredo Arias
'Historia del fasccismo español',  Stanley G. Payne

domingo, 23 de abril de 2017

Cinco libros de la Guerra Civil Española que deberías leer en 2017

La primavera es para nosotros la época de lectura por excelencia. Por eso, como no podía ser de otra manera, queremos recomendar a los lectores de www.guerraenmadrid.com un puñado de libros que se han publicado recientemente sobre la Guerra Civil Española. Debo reconocer que en el último año han salido a la luz una veintena de libros sobre nuestra guerra pero desde nuestro punto de vista solo unos pocos merecen la reseña que de ellos vamos a hacer a continuación.

'Entre el odio y la venganza'

Nunca hasta este 2017 se había hablado exclusivamente en un libro de la Cruz Roja durante la Guerra Civil Española. Un notario jubilado de Galicia llamado Alfonso García ha sido el primero en publicar una investigación interesantísima, editada por Espacio Cultura Editores, sobre el Comité Internacional de la Cruz Roja. 

El libro ofrece una visión distinta del conflicto fratricida explicando al milímetro cómo se desplegó la ayuda humanitaria en España, así como la importante labor diplomática que desarrollaron los delegados de la Cruz Roja ante las autoridades civiles y militares de uno y otro bando. Uno de los papeles más representativos que jugó esta institución en la Guerra Civil fue la intermediación en los canjes de prisioneros y en la evacuación de los refugiados. 

Un capítulo muy importante del libro refleja la tensión y en ocasiones incomprensión que vivían muchas veces los responsables de la Cruz Roja enviados a España. Hace referencia al atentado que sufrió entre Madrid y Guadalajara el delegado de la Cruz Roja George Henny cuando se desplazaba en avión hasta Francia en un avión fletado por el gobierno francés. El aeroplano fue derribado, posiblemente por cazas republicanos, cuando se desplazaba hasta París para informar de las matanzas que se estaban produciendo en Paracuellos. Desde www.guerraenmadrid.com invitamos a nuestros lectores a que lean un artículo que nosotros escribimos en su día sobre este episodio trágico:  http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/12/el-misterioso-derribo-de-un-avion-de-la.html 

'1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular' 

Lo cierto es que el libro escrito por los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García ha generado una gran polémica, especialmente en webs relacionadas con la extrema izquierda. Algunos medios de comunicación de carácter radical han criticado la intención de los dos autores de “distorsionar” la realidad, algo que desde nuestro punto de vista no estamos de acuerdo. 

Se trata de 656 páginas, a nuestro parecer, muy bien documentadas y con un estilo ágil y atractivo para los lectores. Aunque el libro no consigue demostrar el número de votos fraudulentos de las Elecciones de 1936 a nivel nacional, sí que ha logrado confirmar que hubo votos fraudulentos en provincias como Jaén, Las Palmas o Valencia. En otras provincias como Cáceres el fraude se aproximaba a los 10.000 votos.

Estos investigadores han localizado actas manipuladas de estos comicios que terminaría ganando el Frente Popular y que determinaron el número de escaños (al menos un diez por ciento de los escaños repartidos no fueron democráticamente elegidos con libertad). Estas actas localizadas por los autores presentan raspaduras y cifras cambiadas para añadir más votos en determinados puntos de España. 

'Los ingenieros de Franco'

Este libro no habla expresamente de la Guerra Civil española aunque sí que se refiere al franquismo y a los años posteriores al fin de la contienda. Con todo, es una obra que debemos leer para entender el desarrollo de la ciencia y tecnología durante la dictadura militar. Lino Camprubí es el autor de esta obra publicada por Planeta, en la que también se hace mención al papel que jugó la Iglesia en el desarrollo científico de España e incluso a la Guerra Fría. 

'Los ingenieros de Franco' recorre  otros pasajes de la historia de nuestro país que tuvieron algún tipo de vinculación con  el mundo científico. Es habitual encontrarnos entre las páginas de este ensayo temas como el Opus Dei, Gibraltar, el Sahara, los pantanos construidos por Franco, los sindicatos verticales e incluso los pactos hispano-estadounidenses que se firmaron durante la dictadura. 

Camprubí responde a numerosas preguntas en el libro tales como ¿realmente hubo un avance tecnológico en España durante la etapa de Franco? Lo cierto es que el autor aporta datos y evidencias de que ingenieros y científicos españoles fueron muy responsables de la transformación política y económica que vivió España hasta el año 1975.

'Un espía en la trinchera. Kim Philby en la Guerra Civil Española'

Lo acabo de leer recientemente y debo reconocer que me ha enganchado desde el principio y hasta el final. No me extraña que esta obra de Enrique Bocanegra haya recibido el premio 'Comillas' de historia porque explica de una manera amena y desenfadada el papel real que jugó el espía Kim Philby (1912-1988) durante la Guerra Civil Española. Se trata de un libro excelentemente documentado en el que el autor ha conseguido datos inéditos sobre el famoso agente soviético gracias a sus conversaciones con el entorno de Philby.

El libro empieza en el momento en el que Philby salvó la vida en las proximidades de Teruel en la pequeña localidad de Caudé. El 31 de diciembre de 1937 explotó junto al convoy de prensa en el que viajaba Philby (corresponsal de The Times en España) un artefacto soviético que asesinó a otros periodistas internacionales. Philby, que escribía para este periódico conservador, estaba acreditado para cubrir la guerra junto con el bando franquista. De hecho, tras resultar herido en aquella explosión, fue condecorado por Franco.De este episodio hablamos en su día en www.guerraenmadrid.com y puedes leerlo a través de este enlace: http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2015/04/cuando-kim-philby-estuvo-punto-de-morir.html 

El autor ha conseguido mantener conversaciones con periodistas que mantuvieron contactos con Philby después de desertar. Asimismo también ha podido leer la correspondencia que él mantenía casi a diario con sus jefes de The Times mientras él se encontraba en España e incluso leer íntegramente sus crónicas. A estas alturas seguro que son pocas las personas que no conocen al personaje. Para muchos ha sido el agente doble más importante de la historia del siglo XX, reclutado por los soviéticos con apenas 22 años poco después de graduarse en Cambridge. Aunque en los años cuarenta ocupará cargos de importancia en el legendario servicio secreto soviético (MI6), en 1963 terminaría desertando en la Unión Soviética, saltando a la luz pública su caso y su identidad. 

'El monarca de las sombras'

Debo confesar que tras leer 'Soldados de Salamina', me he sentido algo decepcionado con la lectura de 'El monarca de las sombras'. Soy un gran seguidor de Javier Cercas y quizás por eso me esperaba algo más de su nueva novela relacionada con la Guerra Civil Española. No creo que sea apropiado mencionar el argumento de la obra, pero el protagonista Manuel Mena me ha producido menos simpatías que Rafael Sánchez Mazas. 

La historia habla del tío abuelo de Cercas, que combatió del lado de los franquistas llegando a ser alférez de complemento. Murió en 1938 en la Batalla del Ebro y durante casi dos décadas se convirtió en el héroe de la familia de Cercas mientras que el autor se negaba a profundizar e investigar sobre su muerte. 

En el 'Monarca de las sombras' se ven detalles interesantes de humor y emoción pero como antes decía, en esta ocasión, no me ha llegado a enganchar. Entre sus páginas se puede ver incluso la colaboración de David Trueba (cineasta y escritor) con Cercas para que el libro finalmente saliera a la luz pese a las dudas que ambos tenían inicialmente. 

A pesar de que no me haya apasionado el libro, sí que invito a los lectores de www.guerraenmadrid.com a que lo lean y juzguen por sí mismos. Ya son varios los seguidores nuestros en redes sociales que consideran esta última publicación de Cercas como “mejor” y “más espléndida” que 'Soldados de Salamina'. Para gustos los colores. 

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lunes, 27 de marzo de 2017

Pablo Sarroca, el capellán que se convirtió en un peligroso miliciano

Con bigote y mono, el ex capellán Pablo
Sarroca. Junto a él Julia Sanz recibiendo
la condecoración del Director General
de Seguridad, Manuel Muñoz y
Ricardo Burillo (con uniforme militar)
No hace falta ser muy inteligente para comprender que una guerra civil siempre cambia el carácter de las personas. En algunas este cambio es simplemente emocional en otras, sin embargo, es mucho más drástico.  Un claro ejemplo de persona que sufrió una transformación brutal durante la Guerra Civil española es el de Pablo Sarroca Tomás, capellán castrense de diferentes unidades militares antes de 1936 que tras la sublevación de julio se convirtió en uno de los milicianos más despiadados de la retaguardia madrileña. 

Antes de entrar en materia, repasemos a grandes rasgos la trayectoria de Pablo Sarroca en las Fuerzas Armadas antes de empezar la Guerra Civil. Hijo de padres españoles, Sarroca había nacido el 31 de enero de 1889 en Francia en la localidad de Vic – Bigorre, situada en el Departamento de los Altos Pirineos del distrito de Tarbes. Siendo todavía niño regresó a España quedándose a vivir junto a su familia en Cataluña. En el año 1917 aprobó una oposición para ingresar en el Cuerpo Eclesiástico del Ejército, accediendo ya como capellán segundo y siendo destinado posiblemente a África. 

Sabemos que en 1920 dejó de ser el capellán del Regimiento de Infantería de Ceuta para volver a Cataluña para enrolarse en el Regimiento Luchana 28 que estaba en Tortosa (Tarragona). Por aquel entonces compaginaba su cargo como capellán del regimiento con la dirección de una academia de analfabetos que estaba situada en el centro de la ciudad. 

Capellán militar en varios regimientos

Pasó también por otros regimientos de España como el Batallón de Montaña de Reus (1924), Sicilia 7 (1922) o Guadalajara (20), este último ya como capellán del Cuerpo Eclesiástico. También fue el capellán del Hospital Militar de Vitoria y de la Academia Especial de Ingenieros (1931). Sabemos que tras proclamarse la República, Pablo Sarroca estaba destinado en la Primera Región Militar, es decir en Madrid y la zona centro de España. Ya por estos años, además de inculcar la palabra de Dios en las ceremonias militares que dirigía, también trataba de inculcar su pasión por la literatura Medieval y Renacentista, en especial Jorge Manrique y Fray Luis de León. 

Libro de Sarroca en el que mostraba su apoyo
a la República (Todo Colección)

Pese a todo, a partir de 1931 Sarroca empezó a ser considerado un “bicho raro” dentro de la Comunidad Eclesiástica Militar. En 1932 publicó un libro dirigido al “gobierno provisional de la República española” en el que mostraba su “más profunda admiración y adhesión sincera” al nuevo régimen político. Hoy en día uno de los ejemplares de este libro se puede comprar a través de www.todocoleccion.net . Un libro que sin lugar a dudas levantó ampollas entre sus compañeros capellanes militares que seguían mirando con añoranza los años de Monarquía. 

Esta adhesión a la República firmada de su puño y letra hizo que Sarroca simpatizara con Manuel Azaña, Ministro del Ejército entre 1931 y 1933, con el que mantendría una importante relación de amistad hasta casi el final de la guerra. De hecho en el año 1932 se incorporó al gabinete militar de Azaña como “capellán castrense” con el grado de Comandante junto al General Hernández Sarabia, el Comandante de Infantería Fuentes y el de Caballería Ainza. 

La verdad es que nuestro protagonista se movía muy bien por las altas esferas ya que el 1 de marzo de 1934 tuvo una audiencia privada con el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora y unos meses más tarde (en diciembre del mismo año) otra con Alejandro Lerroux, presidente del gobierno. 

El inicio de la Guerra Civil

En 1936, Pablo Sarroca ocupaba el cargo de Vicario General de la Primera Región Militar (Madrid y Centro de España), aunque al empezar la Guerra Civil se encontraba en situación de “disponible forzoso” junto con otros 38 capellanes militares.  Una vez empezamos los combates, a diferencia de otros religiosos, Sarroca tardaría en ser detenido por las milicias frentepopulistas. Le arrestaron a finales de agosto en su casa ubicada en el número 7 de la calle Sánchez Díaz, situada en el Distrito de Ciudad Lineal. Acusado de “desafecto”, fue arrestado por un agente de Policía provisional llamado Constantino Neila Valle que, según relataría tras la guerra, se tuvo que emplear a fondo para conseguir reducirle. 

Circular publicada firmada por Largo Caballero en
la que se nombra a Sarroca agente de los Servicios
Especiales del Ministerio de la Guerra.
Una vez en la cárcel y a la espera de ser juzgado por desafección al régimen republicano, a Sarroca le comunicaron que también le juzgarían por atentado a la autoridad por el rifi rafe que tuvo con el policía que le detuvo. Finalmente y gracias a su relación con Manuel Azaña y también con Indalecio Prieto (al que también conocía) fue puesto en libertad a principios de septiembre de 1936. Sabemos que gestionó su libertad el capitán Díaz Tendero, perteneciente a la Sección de Control del Ministerio de la Guerra. Su puesta en libertad coincide con la llegada a la presidencia del Gobierno de Francisco Largo Caballero. El 13 de septiembre el propio dirigente socialista emitió una circular en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra en la que se decía lo siguiente: 

“Por las excepcionales circunstancias que concurren en el ex capellán mayor del Ejército, Don Pablo Sarroca Tomás y su reconocida adhesión al régimen,  he tenido a bien disponer que pase a agregado de la Sección de Información del Estado Mayor de este Ministerio; percibiendo los haberes que por su anterior empleo venía disfrutando. Lo comunico a V.E para su conocimiento, en Madrid a 13 de septiembre de 1936”. 

Esta circular que confirma el nombramiento de Sarroca para trabajar los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, es decir para el contraespionaje republicano. Como reconocería el religioso tras la guerra, sus primeras actuaciones en este puesto eran las de censor de correspondencia extranjera. Debido a sus conocimientos de idiomas, leía las cartas que escribían los combatientes extranjeros, sobre todo de las Brigadas Internacionales, y autorizada el envío de las mismas para evitar la posible infiltración de espías enemigos. Después actuó de intérprete en varias ocasiones, una de las más destacadas fue con el artillero italiano detenido en Parla llamado Luigi Corsi en noviembre de 1936. 

Adiós a su pasado religioso

Con el paso de las semanas, Pablo Sarroca fue sintiéndose cada vez más a gusto en su puesto de trabajo en los Servicios Especiales, ya no solo por su trabajo sino también por su vida social. A sus 47 años, su etapa eclesiástica  había quedado atrás, por lo que empezó a hacer cosas que antes “no podía hacer” como relacionarse con mujeres o darse a la bebida de manera insistente. El 16 de septiembre de 1936 tomó la decisión de incorporarse al Ateneo Libertario de Ventas, el barrio en el que estaba residiendo, compaginando este puesto con su cargo en los Servicios Especiales. En este ateneo se empezó a relacionar con dos mujeres milicianas con las que se le vería mañana, tarde y noche. Se llamaban Gregoria Rubio Acosta (apodada la 'Huesos') y Julia Redondo Herrero. Según la revista 'Hispania Nova' ambas eran las “encargadas de llevar a Pablo Sarroca los partes de los asesinatos” cometidos por el ateneo. Según esta versión estas dos milicianas llevaban pistolas en el cinturón y desempeñaron junto con Sarroca “labores de orden público”. Ambas serían detenidas y juzgadas por la justicia franquista en el año 1941.
Declaración realizada y firmada por
Sarroca tras la Guerra Civil

Según un miembro de este Ateneo Libertario de Ventas llamado Calixto Roa, el “cura Pablo Sarroca tenían gran prestigio en el ateneo entre otras razones porque facilitaba armas (posiblemente procedentes de los Servicios Especiales) a los miembros del ateneo y además había sido el denunciante de numerosas personas de la barriada”. Otro vecino del barrio iba más lejos y le acusaba de “repartir las pistolas entre los milicianos, mandando asesinar a las personas de derechas”.

Cuando los servicios de seguridad de Franco investigaron el papel del Ateneo Libertario de Ventas en la Guerra Civil se encontraron con la sorprendente declaración del camarero del Bar La Rioja, situado en la carretera de Aragón, que aseguraba que entre 1936 y 1939 la gente que iba a su bar decía  que Sarroca tenía un importante “depósito de comestibles y bebida en su casa”. Otra vecina de la barriada de ciudad Lineal, llamada Teresa Álvarez Ossorio, comentaba que Sarroca llevaba una vida “licenciosa y escandalizaba a toda la barriada”. Esta mujer acusaba también al ex capellán castrense  y a su “concubina” de haberse reído de una mujer que había denunciado la desaparición de su hijo, vinculado a Falange (la mujer, su marido y su hijo fueron asesinados).

Pasión por las mujeres

Si por algo se caracterizó este ex religioso en la retaguardia republicana fue por su afán enfermizo por las mujeres. Además de las dos milicianas del ateneo, algunas declaraciones de vecinos de Ciudad Lineal afirmanban que el ex capellán también mantenía una relación sentimental con la que era su cuñada, Flora García Martínez, quien llegaría a acusarle de haber “abusado de su madre” y querer “abusar de su hija”, la que supuestamente ambos tenían y que se llamaba Teresa. 

Pero Flora no fue la única amante de Sarroca. Otras fuentes le relacionan con una chica llamada Julia Sanz López, de 18 años, que a su vez era amante de Luis Bonilla Echevarría, un capitán de milicias republicano que fue condenado a muerte por el Frente Popular por sus desmanes y robos. Sarroca se fotografió de una manera muy “cariñosa” con Julia cuando ésta recibió el título honorífico de “cabo” de la Guardia de Asalto. En la primera fotografía que acompaña al artículo se puede ver a Sarroca con esta chica. 

Pero dejemos de lado su papel en el Ateneo Libertario de Ventas para regresar a los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra. Si durante los meses de septiembre, octubre y noviembre Sarroca trabajaba como censor e intérprete, en diciembre de 1936 empezó a ejercer como interrogador, primero en los despachos del Ministerio de Hacienda y luego directamente en el Ministerio de la Guerra. En la Causa General existen una docena de declaraciones de personas que relatan con todo lujo de detalles como nuestro protagonista interrogaba a los detenidos. Algunos de ellos declararían tras la guerra que preferían caer en manos de la Dirección General de Seguridad que en las de Sarroca.

Investigado por la policía republicana

Con el número 4, Pablo Sarroca agarrado a Julia Sanz (5)
Un suceso marcaría el devenir de Sarroca durante la Guerra Civil en el verano de 1937. Precisamente la Dirección General de Seguridad encargó al inspector de Policía Francisco Jiménez Mejías que investigara al religioso ya que algunas personas le habían acusado de asesinato. Dos personas le habían denunciado de haber matado a un farmacéutico, apellidado Carrasco al que había intentado estafar exigiéndole 10.000 pesetas si no  quería ser 'paseado' junto a su señora esa semana. Lo cierto es que el cadáver del farmacéutico apareció esa misma noche en la Carretera de Hortaleza. El ex policía republicano también investigó la muerte de un chico, apellidado Cubillo, al que Sarroca también había amenazado con ordenar su ejecución “por derechista” si no pagaba más de 3000 pesetas. 

La Dirección General de Seguridad de la República investigó al ex sacerdota durante semanas e incluso llegaron a detenerle aquel verano de 1937 para tomarle declaración por los presuntos asesinatos. Sin embargo, no encontraron pruebas suficientes para acusarle de manera directa. De todas maneras, sus importantes contactos entre los dirigentes del Frente Popular evitaron que las investigaciones prosperaran más de la cuenta. 

Algunos testigos de Ciudad Lineal afirmaban que vivían atemorizados por Pablo que se jactaba de “sus fechorías” y que practicaba con frecuencia actos de pillaje, traficando inicialmente con joyas sustraídas y más adelante con artículos de primera necesidad que le faltaban a los madrileños. Se vanagloriaba  de tener relación con los políticos y militares más destacados del momento como Indalecio Prieto y el General Miaja. Algunos vecinos llegaron a decir que Manuel Azaña acudió en un en un par de ocasiones hotel que se había construido Sarroca junto a Ventas y en el que residía junto a Flora y su hija Teresita. 

Detenido tras la guerra y condenado a muerte

Como era de esperar, terminada la guerra Pablo Sarroca fue detenido por las autoridades nacionales y trasladado hasta la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares. Se abrió contra él un consejo de guerra que empezó en mayo de 1939 y lo dirigió el juzgado militar de la ciudad alcalaina. De su estancia en prisión no tenemos demasiados documentos, tan solo una carta que escribió el 09 de marzo de 1940 al tribnal que llevaba su caso. En esta carta decía lo siguiente:

“Creyendo que no he perdido aún la categoría de capellán mayor del Ejército, por cuanto el 18 de julio de 1936, fecha del GMN, se encontraba en la situación de disponible forzoso en unión de los 38 capellanes, no siendo dados d ebaja definitiva hasta el 2 de septiembre del mismo año. En consonancia con lo dispuesto en el Código de Justicia Militar y en varias disposiciones ministeriales, suplito a VE ser trasladado a prisiones militares. No dudando de ser atendido en su petición, pido a Dios que VE conserve la vida para bien y prosperidad de nuestra querida España. Alcalá de Henares 9 de marzo de 1939”.

De aquella carta no tenemos constancia de que Sarroca tuviera respuesta por parte del Tribunal Militar. Solo sabemos que ocho meses después el religioso fue ejecutado delante de un pelotón de fusilamiento en el Cementerio de Alcalá. Fue el 13 de noviembre de 1940 a las 07.30 de la mañana. El forense que confirmó su muerte aseguró que el ex capellán había muerto a consecuencia de “shot traumático, producido por arma de fuego”. 

Su viuda, Florentina (Flora) García Martínez, de 38 años y natural de Ferrol, fue detenida por la justicia franquista también tras la guerra y acusada de “cómplice” de su pareja ya que “conocía cuantas denuncias, asesinatos y saqueos cometidos por su marido y de complacencia de aprovecharse de los productos robados”. Fue condenada inicialmente a cadena perpetua por “adhesión a la rebelión”, pena que luego sería rebajada por 30 años y más adelante indultada por Franco. 

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Nacional. FC-CAUSA_GENERAL,1520,Exp.1. Sumario sobre los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra. 
Archivo Histórico Nacional. FC-CAUSA_GENERAL,1530,Exp.13 
Archivo General Militar. Expediente Pablo Sarroca Tom疽. Sumario 27196 /107812 /3778/1
Hemeroteca de la Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca Nacionales
Hemeroteca Prensa Histórica. 
Revista Hispania Nova. 
http://labibliotecafantasma.es/cartadebatalla/ 

domingo, 12 de marzo de 2017

La verdad sobre el asesinato del Coronel Puigdengolas a manos de sus propios hombres

El Coronel Puigdengolas haciendo una gestión telefónica
Durante los tres años que duró la Guerra Civil Española, la opinión pública madrileña fue manipulada de una manera muy eficaz por parte del servicio de propaganda de la República. Entre 1936 y 1939 ocurrieron un sinfín de acontecimientos de los que nunca supo el ciudadano de a pie de Madrid, gracias entre otras cosas al papel de los censores, entre los que se encontraba el archifamoso Arturo Barea. 

Uno de aquellos episodios que fue manipulado por la propaganda republicana fue el asesinato del Coronel Ildefonso Puigdengolas, militar republicano,  que murió a tiros en el frente de Parla. La muerte de Puigdengolas, acribillado a balazos por sus propios hombres, nunca fue dada a conocer a los madrileños que pensaban que había fallecido como consecuencia de una acción de combate contra las tropas nacionales. Nada más lejos de la realidad. 

Antes de explicar con detalle lo ocurrido en Parla, es conveniente conocer mejor al personaje. El Coronel Puigdengolas era un militar de la cabeza a los pies que había nacido en Figueras (Gerona) en 1876, por lo que al empezar la Guerra Civil tenía 60 años. Luchó en la guerra de Cuba y en África hasta llegar a ser Coronel de Seguridad, mostrándose siempre partidario de las izquierdas: de hecho, llegó a enfrentarse personalmente con el General Sanjurjo en el año 1932, cuando se produjo el golpe de estado, conocido coloquialmente como la 'Sanjurjada'.

Un militar muy bien valorado por la República

Al estallar la Guerra Civil, como era de esperar, Puigdengolas se posicionó próximo al bando republicano y dirigió la Columna anarquista que el 20 de julio de 1936 consiguió hacerse con el control de Alcalá de Henares, donde se había producido un amago de revuelta. El 22 de julio fue uno de los encargados de dirigir junto a Cipriano Mera la conquista de Guadalajara, ciudad en la que se habían hecho fuertes unos 600 militares y falangistas. Puigdengolas, sin embargo, no pudo frenar los desmanes que se produjeron en la ciudad alcarreña por parte de la CNT que acabaron con la vida de muchos de los militares que se habían rendido, entre ellos el Comandante Ortiz de Zárate.
Articulo sobre Puigdengolas cuando era
Coronel de Seguridad

Tres días después de dirigir aquella ofensiva de Guadalajara fue nombrado por el Ministerio de la Guerra Comandante Militar de Badajoz, donde sería apresado unas horas por militares contrarios al Frente Popular. Sin embargo logró la libertad y dirigió la defensa de la ciudad durante la primera mitad del mes de agosto ante los avances franquistas, que contaban con mayor número de hombres y equipamiento militar. Antes de que cayera en manos de Franco la ciudad, y tras ser herido de metralla en el brazo por un bombardeo, Puigdengolas consiguió huir de Extremadura y escapar a Portugal.

Durante casi dos meses permaneció detenido en el Batallón de Cazadores de Elvas y en el fuerte de Cacxias de Lisboa hasta que consiguió ser evacuado a la España Republicana en el buque Nyassa. Puigdengolas llegó hasta Tarragona el 13 de octubre de 1936 y nada más pisar suelo español el Ministerio de la Guerra le ordenó que se trasladara a toda prisa a Madrid. Por aquellos días concedió una entrevista a la agencia de prensa republicana Febus en la que realizaría las siguientes manifestaciones: "Estoy otra vez en pie de guerra. Inmediatamente que la autoridad lo disponga, saldré para el frente para batir a las comparsas del criminal Queipo de LLano".

Una vez en la capital fue nombrado jefe de la Agrupación de Columnas de Illescas para sustituir en el cargo  a Ramiro Otal Navascues que había sido nombrado Jefe de Operaciones del Estado Mayor del Ejército del Centro.

Puigdengolas llegó a Madrid entre el 23 y el 26 de octubre y fue uno de los artífices de la ofensiva republicana en Seseña el día 29 de este mes. Aquella ofensiva se haría famosa por el avance imparable durante horas de una veintena de carros de combate soviéticos que llegaron a penetrar con facilidad en el interior del pueblo, controlado por los nacionales. Pese al ímpetu inicial, la ofensiva republicana no consiguió los propósitos esperados.

El asesinato en Parla

Dos días después del intento de conquista de Seseña, Puigdengolas se encontraba en los alrededores de Parla tratando de frenar un ataque franquista en este municipio de poco más de 1000 habitantes (por aquel entonces). Tras el avance fulminante de los Regulares se produjo una espantada de milicianos que defendían una posición elevada. Con el objetivo de frenar esa espantada, Puigdengolas, pistola en mano, disparó sobre el capitán que estaba al frente de la posición con la intención de evitar una retirada "sin honor". Acto seguido, varios de los hombres que huían respondieron con sus fusiles la agresión del Coronel, acribillándole a balazos. Esta es la versión que relató Ángel Lamas Arroyo, oficial del Ejército que aquel 31 de octubre de 1936 ocupaba el puesto de ayudante del Coronel en la Jefatura de su Estado Mayor. Según su versión, el capitán al que disparó Puigdengolas cuando trataba de retirarse pertenecía al grupo del Comandante Fernández Cavada (que justo al día siguiente se le asignó el mando de la 37º Brigada Mixta). 

A la izquierda, con gafas, Julián Fernández Cavada. Sus
hombres mataron a Puigdengolas, AHPCE
Lamas Arroyo, que meses más tarde terminaría pasándose a los nacionales por Santoña, publicó en 1972 unas memorias tituladas 'Unos y otros' en las que hacía referencia al asesinato de Puigdengolas por parte de sus propios hombres: "No sentí la intensa indignación que por un crimen semejante, en relación con mandos de mi Ejército de siempre, sentido hubiera; ni admití la obligación de hacer causa común con los otros oficiales en contra de la soldadesca. Puesto que no era jefe mío y de mi bando la víctima y solo pasajera y por circunstancias me hallé a su lado".

Veamos más detalles del crimen de Puigdengolas. Según el libro 'El Coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz', el capitán al que disparó nuestro protagonista mantuvo una acalorada discusión con el Coronel y le explicó que su retirada hacia Getafe no era consecuencia del pánico que tenían hacia los Regulares sino a una orden de repliegue que había dado el propio Comandante Cavada. 

Según la versión de Lamas Arroyo, el Coronel Puigdengolas "saca la pistola, la apoya en el pecho de aquel pobre aturdido... y mordiendo rabiosamente la palabra cobarde le dispara sin más intimidación. Con lo que cae instantáneamente... Pero la reación es también del todo increible para otros tiempos y viene automática. Media docena de fusiles apuntan a bocajarro al Coronel y disparan en rígida descarga. Cae igualmente fulminado. Siempre pensé que muerto".

Los milicianos que mataron a Puigdengolas explicaron a Lamas Arroyo que le "tenían ganas" desde hacía tiempo al Coronel por "faccioso" pues llevaba en pocas fechas "despachados" a unos cuantos "defensores de la República". Es decir, según estos milicianos Puigdengolas se tomaba la justicia como él quería. La explicación que esgrimieron sus asesinos carecía de todo rigor ya que cuando fue asesinado, el Coronel apenas llevaba una semana en Madrid.

El entierro del Coronel

La misma tarde del 31 de octubre de 1936, la prensa madrileña se hacía eco de la muerte de Puigdengolas en Parla. El periódico 'La Voz', decía en su portada que había muerto "luchando por la República, un héroe del pueblo".  En ningún momento se comentaba el enfrentamiento que tuvo con un capitán de su mismo Ejército ni que había sido tiroteado por sus propios hombres. El entierro de Puigdengolas tuvo lugar el 01 de noviembre de este año, justo un día después de su asesinato, y a él acudieron un sinfín de representantes políticos y militares. Está enterrado en el Cementerio Este de Madrid.

Al parecer, pocos meses después de la muerte de Puigdengolas, Ángela Martínez (su viuda), solicitó al Ministerio de la Guerra, la pensión anual a la que tenía derecho como viuda de un oficial del Ejército. 

Articulo del periódico La
Libertad
Si la prensa republicana no fue consciente o no quiso ser consciente del verdadero motivo de la muerte de Puigdengolas, podemos decir lo mismo de la prensa franquista. El periódico 'Labor' publicaba el 5 de noviembre de 1936 (ni una semana después de su muerte) que "el traidor Puigdengolas" había "muerto tras un bombardeo de la aviación franquista", algo que realmente no había ocurrido.

Su hijo, José Luis Puigdengolas había terminado la carrera de medicina justo antes de empezar la Guerra Civil, por lo que en julio de 1936 ya ocupaba el rango de teniente médico y se encontraba destinado en Ciudad Real, donde posiblemente se enteró de la muerte de su padre. Afiliado al Partido Comunista, José Luis ejerció como médico de vanguardia durante la Batalla del Ebro y terminó la guerra como con un fulminante ascenso a capitán. Durante toda la campaña protegió a numerosos derechistas perseguidos y se casó por la Iglesia en 1938 (aunque parezca mentira) con una joven católica llamada Amalia Lafuente. 

Otra  historia en Parla

El día después de que el Coronel Puigdengolas fuera asesinado, la localidad de Parla volvió a ser noticia. El 1 de noviembre, tropas republicanas conseguían hacer prisionero a un soldado artillero italiano que combatía del lado de los nacionales, algo muy noticiable para la propaganda republicana que quería demostrar ante la opinión pública internacional que Mussolini estaba apoyando con artillería a Franco (ya se sabía que Italia había cedido a varios pilotos a la aviación nacional). El soldado italiano apresado, que se llamaba Luigi Corsi Silaberta, era natural de Villa Costelli y tenía 21 años, había sido ascendido a Brigada por méritos de guerra y había participado días atrás en los combates de infantería y artillería en Illescas. 

La maquinaria de la propaganda Republica dio a conocer a la opinión pública el supuesto relato de Corsi desde que llegó a España hasta que fue arrestado por los republicanos.Afirmó  que pertenecía al 10 Cuerpo del Ejército de Artillería ubicado en Roma y que fue trasladado forzosamente hasta España para combatir junto "a los rebeldes". Dijo que había llegado a Vigo el 28 de septiembre de 1936 junto a más de 150 militares italianos, más numerosos carros de combate, 38 cañones antitanque, 25.000 proyectiles de artillería y cuatro estaciones de radio.
Sumario judicial contra Luigi Corsi

Los corresponsales extranjeros en Madrid difundieron a toda prisa las informaciones sobre Luigi Corsi. Los encargados de propaganda de la República se sumaron un tanto con esta difusión ya que pretendían criticar con dureza al Comité Internacional de no Intervención. Para que nuestros lectores vean hasta donde llegó la noticia, hemos subido una captura de pantalla de un periódico de Nueva Zelanda (New Zeland Herald) que se hizo eco del arresto de Corsi. 

A través del Archivo Histórico Nacional hemos encontrado el sumario del juicio al que fue sometido el prisionero italiano Corsi, al que un Tribunal Popular juzgaba por auxilio a la rebelión. Durante todo el juicio, trató de ganarse la confianza del prisionero Pablo Sarroca Tomás, un antiguo sacerdote castrense que había decidido apoyar a la República, pocos días después de que empezara la Guerra Civil. Sarroca, en realidad formaba parte de los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, dedicándose sobre todo a la sección de propaganda y prensa. Aprovechando sus estudios de italiano, Sarroca ejerció de traductor y hombre de confianza de Corsi con el objetivo de que éste accediera a conceder entrevistas ante la prensa internacional que estaba en Madrid. 

Tras quedar detenido en el Cuartel de Conde Duque a la espera de que se celebrara su juicio, Luigi recibió allí un gran número de visitas, entre otras la de dos parlamentarios británicos que querían comprobar su estado de salud. Durante el juicio, el joven italiano se mostró partidario de la República y tras decir varias veces que fue obligado a combatir en España, en enero de 1937 fue absuelto, quedando en libertad. 

Fuentes consultadas

- 'Unos y otros', Ángel Lamas Arroyo
- 'El Coronel Puigdengolas y la Batalla de Badajoz', Hector Alonso García
- 'Guerra y represión en el sur de España', Francisco Espinosa
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca ABC
- Archivo Histórico Nacional, Causa General

miércoles, 1 de febrero de 2017

Fernando Valenti, un Sherlock Holmes republicano en el Madrid de la Guerra Civil

Fernando Valenti, detenido en 1939
(Centro Documental Memoria Historica)
No era policía profesional pero tenía un gran instinto. Utilizaba métodos poco ortodoxos en su trabajo y gracias a ellos se convirtió en uno de los mejores sabuesos de la República durante la Guerra Civil Española. Influenciado por los soviéticos, Fernando Valenti llegaría a ser apodado como 'el Sherlock Holmes' de la retaguardia madrileña sobre todo a la hora de dar caza a los derechistas emboscados en la capital. 

Cuando empezó la sublevación militar en Madrid, Fernando Valenti tenía 35 años y trabajaba como agente comercial en la casa Salt Perricete And Trading Company, un trabajo que como él diría más adelante, “no le llenaba lo suficiente”. Vivía junto a su mujer en el número 25 de la calle Preciados y desde antes que empezara la guerra sentía simpatías por el mundo de la política. Aunque en 1934 formaba parte de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, a medida que pasaban los años se fue acercando más y más al socialismo. 

Tres semanas después de que fracasara  definitivamente el alzamiento en el Cuartel de la Montaña, Valenti solicitó el ingreso en la Policía tras leer un anuncio en el periódico en el que se convocaba a todos los interesados a incorporarse al Cuerpo de Investigación y Vigilancia tras la depuración interna que se estaba haciendo. El 24 de agosto de 1936 fue nombrado agente provisional de tercera clase, siendo destinado a la comisaría del distrito de Buenavista donde prestó servicios de lo más diversos: por un lado realizó vigilancias en la rotonda del Hipódromo (entre las 18.30 y las 21.00) supuestamente para evitar que en esa zona se produjeran los famosos paseos.  Por otro lado, también participó en la realización de registros y detenciones de personas desafectas. 

Aunque no tenía experiencia apenas desde el punto de vista policial, sus mandos más inmediatos observaron que Fernando Valenti poseía un instinto fuera de lo normal a la hora de afrontar las investigaciones. Uno de sus primeros jefes fue el comisario Luis Omaña Díaz, agente de policía raso antes de que empezara la guerra y convertido en comisario por el Frente Popular desde julio de 1936. En octubre de este año, Omaña le encomendó que se hiciera cargo de la investigación de un suceso que había conmocionado a la sociedad madrileña y que provocó un gran número de muertos (no sabemos cuantos debido a la censura republicana) en un taller del Quinto Regimiento situado en la calle Núñez de Balboa. 

Fue la primera investigación en solitario que dirigió Valenti como agente de policía y los resultados fueron contundentes: el Partido Comunista se negaba a facilitar el trabajo de la Policía.  Los interrogantes que surgieron a raíz de aquella explosión fueron comunicados por Valenti a la Dirección General de Seguridad cuyos máximos responsables le ordenaron que dejara de investigar. 
El comisario Luis Omaña junto a Valenti y otros policías de
la Comisaría de Buenavista (La Estampa)

Tras  esta primera investigación, Valenti continuó trabajando algunas semanas para la Comisaría de Buenavista . Antes de cambiar de destino, presenció como dentro de la Comisaría  se había constituido una especie de grupo,  llamado 'Consejillo de Buenavista', dirigido directamente por el Comisario Omaña. Durante los meses de noviembre y diciembre de 1936 este consejillo asesinó de manera directa a una treintena de personas, muchas de ellas acaudaladas con la excusa de acabar con los desafectos en Madrid, aunque en realidad perseguían el robo y los saqueos. No hay constancia de que Valenti participara en estos crímenes ya que en noviembre de este año fue reclamado por David Vázquez Baldominos, alto cargo de la Policía, que meses más tarde se convertiría en comisario General de Seguridad de Madrid. 

A la caza de los derechistas

Vázquez Baldominos, que era socialista y actuaba bajo el amparo de la Agrupación Socialista Madrileña, le pidió que dirigiera a un grupo de hombres que tenían como misión hacer informes sobre personas desafectas cuyos nombres facilitaba la CIEP (Comisión de Información Popular), organización dirigida  por Julio de Mora Martínez. Valenti empezó a trabajar en un palacete incautado por el PSOE en el número 103 de la calle Fuencarral que había pertenecido al Conde de Eleta. Allí estudiaba al milímetro el censo electoral de las elecciones de 1931, 1933 y 1936 con la intención de localizar a las personas que se habían presentado a estos comicios apoyando a los partidos de derechas. 

Julio de Mora, jefe de Valenti
en la Agrupación Socialista
(Fundación Pablo Iglesias)
Su trabajo dentro de la Agrupación Socialista Madrileña para localizar a sospechosos le hizo obtener una gran fama dentro del socialismo. Tras la guerra aseguraría ante las autoridades franquistas que había redactado unos ochenta informes de personas a las que se tenía que localizar, aunque “ignoraba la suerte de las mismas”. Lo que no reconoció durante su Consejo de Guerra fue que había participado en aquella época en la detención de al menos una veintena de personas vinculadas con Falange y el Partido Tradicionalista.

Julio de Mora, su jefe inmediato en la checa de la Agrupación Socialista,  quedó impresionado con el trabajo de Valenti y trató de de llevárselo más adelante al DEDIDE (Departamento de Información del Estado), uno de los primeros servicios de espionaje de la República durante la Guerra Civil.  Gracias a él y a Anselmo Burgos Gil (luego sería jefe de la escolta del embajador soviético en  Madrid), nuestro protagonista entraría en contacto con los agentes destacados en Madrid del NKVD, el servicio secreto de Stalin que se habían establecido en el Hotel Gaylord y que le formarían en cuestiones de coontraespionaje. Eso lo veremos más adelante

El asalto a la Embajada de Finlandia

A finales de noviembre de 1936 y tras la constitución de la Junta de Defensa de Madrid, Vázquez Baldominos le convocó a una reunión en la Dirección General de Seguridad. Esta reunión se produjo horas después de que se disolvieran las brigadas paramilitares que habían formado los partidos políticos del Frente Popular con la intención de acabar con “los fascistas” que quedaban en Madrid. En esa reunión el Vázquez Baldominos le ordenó que se incorporará a la Brigada Especial, una unidad de élite que dependía de la Comisaría General de Seguridad de Madrid y que tenía como objetivo prioritario acabar con el enemigo de la República en la retaguardia madrileña.

Una de sus primeras misiones en la Brigada Especial, cuya sede estaba por aquel entonces en el número 9 de Marqués de Riscal,  fue participar en el asalto de la Embajada de Finlandia la noche del 3 al 4 de diciembre de 1936. Fue un asalto ordenado (según dijo el propio Valenti) por el Ministro de Estado José Giral en el que fueron detenidas más de 400 personas que allí estaban refugiadas entre las que se encontraban militares, políticos, sacerdotes y burgueses. Este asalto transcendería a la opinión pública y varios periódicos de la época se hicieron eco de las detenciones. En una nota de prensa, la Junta de Defensa de Madrid decía que el desencadenante del asalto había sido el lanzamiento de una bomba incendiaria desde el interior de la embajada que había herido a un niño y a dos guardias de asalto. 
José Cazorla, consejero de orden público y
uno de los instigadores del asalto
No era ni mucho menos cierto, ya que en los registros practicados no se encontró ningún arma. El verdadero motivo del asalto era frenar la llegada de refugiados hasta esta embajada que desde el inicio de la guerra estaba gestionada por Francisco Cachero, un trabajador español de la legación finlandesa que se hizo pasar por “cónsul honorario” y que se lucraba económicamente a consta de los refugiados. Cachero, que durante algún tiempo sobornó a responsables de la DGS para que no asaltaran la legación, se había quedado sin dinero y había dejado de pagar los sobornos a los altos mandos policiales de la República. 

Fue precisamente durante el asalto a la Embajada de Finlandia cuando conoció  a José Cazorla Maure, número dos de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Desde aquel momento ambos tuvieron una relación de “cordialidad y afecto” a pesar de que Valenti era socialista y Cazorla un destacado miembro del Partido Comunista. Aunque ambos mantuvieron buena relación durante la guerra, una vez finalizada, Fernando Valenti acusó a Cazorla y a sus brigadas del PCE de organizar “sacas de detenidos que oficialmente se decía eran trasladados a otras prisiones pero que en realidad no llegaban a su destino”. 

Otra de las misiones que tuvo que hacer frente como miembro de la Brigada Especial fue hacerse cargo de los detenidos por el asunto Del Rosal, una especie de grupo subversivo derechista que fue descubierto por agentes comunistas de la Consejería de Orden Público. Velenti se hizo cargo de ellos ya que se encontraban en una especie de cárcel clandestina del PCE en la calle Alonso Heredia donde los detenidos habían sido maltratados salvajemente. Nuestro protagonista puso a los detenidos a disposición de la DGS y la mayoría fueron trasladados hasta la prisión de San Antón. 

Nombrado jefe de la Brigada Especial

Cuando David Vázquez Baldominos fue nombrado Comisario General de Madrid en la Primavera de 1937, éste decidió seguir apostando por Fernando Valenti ascendiéndole primero a Subcomisario y  luego a Comisario de Policía. Le encomendó la jefatura de la Brigada Especial. No llevaba ni un año en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia y ya había conseguido convertirse en un alto mando.  Coincidiendo con su nombramiento como jefe, la Brigada Especial (formada por unos cuarenta agentes) se trasladó al número 108 de la calle Serrano. Esta dirección, por desgracia, se convertiría en uno de los lugares más temidos por las organizaciones de la Quinta Columna de Madrid. 

Valenti percibía un sueldo anual de 10.000 pesetas como jefe de la Brigada Especial, más 22,50 pesetas al día en calidad de dietas en el caso de que viajara fuera de Madrid. Como jefe de la Brigada Especial,  supo rodearse de personas  adeptas al Partido Socialista que a su juicio eran “muy profesionales y buenas personas”. Veamos como calificaba el propio Valenti a sus colaboradores más estrechos una vez terminada la guerra:
Jacinto Rosell, la mano derecha de Valenti
en la Brigada Especial


“Jacinto Uceda Marino como subjefe de la Brigada es un muchacho serio, capaz, muy trabajador, honrado y de buenas constumbres. Pertenecía al Partido Socialista poco tiempo”.

“Jacinto Rosell Colomo, como jefe de servicios de la Brigada, con idénticas características que el anterior”. 

“Lucas Gilsanz Martín, agente. Es un pequeño burgués de muy buen corazón y buena persona. Pertenecía al PSOE desde 1929 y procedía del DEDIDE”.

“Atilano Molano Molano, agente. Era una buena persona, honrado, pero de carácter agrio y maleducado Sus antecedentes eran socialistas. Antes trabajó en algunas comisarias”. 

“Emilio Montoya Abrego, agente. Creo que también es buena persona pero es mal educado. Es un antiguo socialista”. 

“Lisardo García García, agente. My buen muchacho, trabajador, de carácter abierto, aficionado al estudio, habiendo logrado hacerse una pequeña cultura, llegando a tener conocimiento del idioma francés.  Pertenece al PSOE desde 1931”.

Tras los pasos de una organización falangista

Poco después de hacerse cargo, ya de manera oficial, de la Brigada Especial, Vázquez Baldominos  volvió a poner en contacto a Valenti con miembros destacados de los servicios de inteligencia soviéticos en Madrid. El motivo de este contacto fue el descubrimiento por parte de Valenti de una organización falangista que operaba en Madrid, dirigida por el arquitecto Javier Fernández Golfín y el procurador de tribunales, Ignacio Corujo. Esta organización, que contaba con emisoras de radio clandestinas, enviaba a través de embajadas informaciones militares de los republicanos a los servicios de información de Franco. 

Durante semanas consiguió averiguar los nombres de una veintena de miembros de esta organización falangista gracias al papel que jugaron los confidentes de la Brigada Especial que él mismo introdujo entre la Quinta Columna. Uno de sus confidentes más relevantes fue Alberto Castilla Olavarría que llegó a engañar a Javier Fernández Golfín, convirtiéndose en uno de los enlaces destacados del grupo. 

Los agentes  del NKVD soviético formaron a Valenti en  la utilización de confidentes para desarticular organizaciones subversivas como la que se estaba formando. De hecho, le recomendaron que “comprara con dinero o con otros medios” a personas derechistas que fueran capaces de traicionar a sus compañeros.  Según dijeron los soviéticos, el uso de estos confidentes o “agentes  alborotadores” le había dado muy buenos resultados a la Unión Soviética. Por aquel entonces, los rusos que mantenían una relación más estrecha con Valenti fueron José Ocampo (Iosef Grigulevich), individuo con acento argentino, Pancho Bollasqui (podría ser Grigory Sergeievich Syroyezhkin y otro apellidado Sander. 
El desaparecido Hotel Gaylord en la calle Alfonso XI, al que
fue con frecuencia Valenti para ver a los miembros del NKVD
soviético.

En mayo de 1937 la Brigada Especial realizó una gran redada en Madrid con el fin de detener al mayor número de miembros de la organización falangista a la que nos estamos refiriendo. En total fueron arrestados una veintena de personas entre las que estaban Javier Fernández Golfín e Ignacio Corujo. Según relataría Valenti una vez terminada la guerra, los asesores soviéticos del NKVD le recomendaron que actuara con dureza con los detenidos porque era la “única manera de hacerles hablar” y además “ahorraba tiempo de la comprobación de los hechos que exigía”. De hecho, los miembros del NKVD participaron en los interrogatorios de varios de los detenidos por el asunto Golfín Corujo con el visto bueno de Valenti y de Vázquez Baldominos. Los detenidos fueron trasladados primeramente a la prisión que tenía la Brigada Especial en un colegio religioso de la Ronda de Atocha. Allí fueron golpeados hasta la saciedad tanto por los agentes de la Brigada como por los soviéticos que se habían incorporado a los interrogatorios. Después serían llevados hasta Serrano 108 para prestar declaración. 

En esta operación contra la Falange Clandestina a Valenti le impusieron desde la DGS que trabajaran con él para desarticular la organización algunos agentes que  miembros del PCE como Víctor Ronda o José Granda Alonso. 

La implicación de los agentes soviéticos

Muchos lectores se preguntarán cuáles eran los motivos reales por los que el NKVD se había tomado tantas molestias en colaborar con la Brigada Especial de Valenti.  No era una mera coincidencia. Lo que pretendían realmente los asesores soviéticos era aprovechar estas detenciones para acabar definitivamente con el POUM (partido trotskista) y con su líder Andreu Nin. De esto a buen seguro que los lectores han leído infinidad de artículos en los medios de comunicación.

En las pesquisas que hizo la Brigada Especial con los falangistas se encontraron con un plano milimetrado de Madrid donde se indicaban las principales defensas antiaéreas, así como otras posiciones republicanas en el Frente de la capital. De hecho, quién consiguió este plano fue el confidente de la Brigada, Alberto Castilla que seguía haciéndose pasar por derechista y que de hecho se había refugiado con otros miembros de la organización en la Embajada de Perú. 

Con el visto bueno de Fernando Valenti, este plano milimetrado fue enviado hasta el hotel Gaylord de Madrid donde se encontraba el Cuartel General del Estado Amigo (los soviéticos). Allí, los agentes del NKVD lo estudiaron al milímetro, acordando finalmente escribir en el dorso del mapa con tinta simpática (tinta aparentemente invisible) la letra 'N', que vinculaba a Andreu Nin (líder del POUM). De esta manera tan sutil, los soviéticos, con el apoyo de la Brigada Especial, implicaban a Nin con los falangistas detenidos, una implicación totalmente ficticia que había creado el NKVD para eliminar al jefe del POUM. 
Imagen exclusiva obtenida de Alberto Castilla
Archivo Militar Paseo de Moret

El 01 de junio de 1937, ya con la mayoría de falangistas arrestados, la Brigada Especial redactó un informe en el que se informaba a la DGS (que ya estaba al corriente) del hallazgo de un mapa de Madrid en el que se vinculaba a Andreu Nin con la Quinta Columna. El director general de Seguridad, el Teniente Coronel Antonio Ortega envió a Fernando Valenti y a su mano derecha, Jacinto Rosell a Barcelona con la intención de detener e interrogar a Nin. Antes deberían pasar por Valencia donde también recibirían instrucciones del Ministro de Gobernación. 

El diario El País localizó en 2007 una carta de Antonio Ortega al Teniente Coronel Ricardo Burillo que por aquel entonces ocupaba el cargo de jefe de Policia de Barcelona, en la que le decía lo siguiente:

"Querido camarada: tengo el honor de presentarle a los funcionarios de la plantilla de Madrid comisario Fernando Valentí y agente de tercera Jacinto Rosell, quienes llevan a ésa una misión delicadísima en la que le ruego les dé toda clase de facilidades. En el caso de que precisaran utilizar gran contingente de fuerzas, antes de denegárselas consultará usted conmigo. Un abrazo de su amigo y camarada".

Valenti y Rosell dirigieron la detención de Nin que fue arrestado el 16 de junio de 1937. Fue trasladado a Madrid y a finales de mes, desapareció para siempre. Es decir, fue eliminado de manera extraoficial, posiblemente por agentes stalinistas que contaron con el visto bueno de la Brigada Especial. Obviamente, tras la guerra, Valenti desmintió con rotundidad ante las autoridades franquistas su implicación en la detención, asegurando incluso que nunca había viajado a Barcelona. Sus afirmaciones en Consejo de Guerra contrastan con las que realizó su compañero de viaje a la Ciudad Condal, Jacinto Rosell que sí reconoció haberse desplazado con Valenti a Barcelona para detener a un tal Andrés (Andreu Nin). 

Operaciones de contraespionaje

Tras esta operación la Brigada Especial con Valenti a la cabeza siguió trabajando en tareas de contraespionaje para acabar definitivamente con las organizaciones derechistas que operaban en Madrid. En septiembre de 1937 nuestro protagonista descubrió un nuevo grupo subversivo que estaba mandado por el ex jefe de Falange en Guadalajara, conocido por Paco Llanas, y un oficial de infantería llamado José Burgos Iglesias

Una vez más,para descubrir a esta organización, Valenti volvió a utilizar la figura de los agentes alborotadores que le habían enseñado los asesores soviéticos. El confidente elegido en esta ocasión le apodaban 'Boni' y aunque había sido albañil antes de la guerra, había conseguido entrar en el Cuerpo de Carabineros. Valenti enviaba a Boni a diferentes cafés de Madrid para escuchar las conversaciones que mantenían los clientes para comprobar si alguna de estas conversaciones podían ir en contra de la República. En el Café del Prado, este carabinero comprobó que un grupo de jóvenes hablaba en voz baja, como si estuvieran conspirando. 

En poco tiempo consiguió ganarse la confianza de estos jóvenes que terminarían sugiriéndole formar parte de  una organización falangista, conocida con el nombre de Milicias Pizarro. A 'Boni' le llegaon a presentar a algunos de los responsables de este grupo, informando puntualmente a Valenti de sus hallazgos. Éste incorporó a la investigación a dos de sus mejores agentes  (Gabriel González y José Granda) a los que infiltró en el Café del Prado, haciéndose pasar también por derechistas. Los tres lograron desenmascarar al grupo de Llanas y Burgos deteniendo a unas ochenta personas en Madrid y alrededores. Luego descubrirían que los falangistas detenidos estaban relacionados con una organización de espionaje franquista que actuaba desde el Parque de Intendencia de Pacífico. 
Escuelas Salesianas de Ronda de Atocha, cárcel de la Brigada
Especial, dependiente de la DGS / Diario Público

Los detenidos fueron trasladados a la Ronda de Atocha (la prisión que tenía la Brigada Especial) donde fueron sometidos a todo tipo de malos tratos. Valenti, siguiendo el consejo de los soviéticos, ordenó que fueran tratados con especial dureza los dirigentes de la organización, lo que provocaría semanas más tarde la muerte de Paco Llanas en la cárcel Porlier y el ingreso de Burgos Iglesias en un hospital penitenciario. Las torturas que se produjeron en la Ronda de Atocha y más adelante en Serrano 108, fueron efectivas y en muy poco tiempo los detenidos fueron delatando a un mayor número de personas.

Una vez pasaron a disposición judicial, los detenidos denunciaron ante el juez que habían sido maltratados salvajemente por la Brigada Especial de Valenti. El juez Mariano Luján decidió abrir una investigación interna para determinar qué agentes habían maltratado con mayor dureza a los arrestados,echando la culpa a Valenti por ser el máximo responsable de la Brigada. Gracias a las presiones ejercidas desde la DGS, ni él ni sus hombres de Serrano 108 fueron condenados por estas torturas. 

En diciembre de 1937 Valenti había adquirido una gran fama en Madrid como “gran especialista” en la lucha contra la Quinta Columna. Por estas fechas, la DGS decidió disolver la Brigada Especial (posiblemente por el asunto de los malos tratos) e incorporar a todos sus efectivos, incluido nuestro protagonista, al SIM (Servicio de Información Militar).

Su fichaje por el SIM y la Brigada Z

Sabemos que en marzo de 1938 Valenti ya estaba trabajando a las órdenes del socialista Ángel Pedrero, jefe del SIM del Ejército del Centro que le propuso que dirigiera una especie de brigadilla llamada 'Brigada Z'. Esta brigada se dedicaría  a resolver servicios que estuvieran relacionados con informes que venían de Barcelona, aunque también se dedicaba al tráfico de joyas. 

Uno de los primeros asuntos en los que trabajó Valenti fue el de un matrimonio alemán, apellidado Dobriky, que se dedicaba a la ocultación y el tráfico ilícito de alhajas y joyas. Además del matrimonio, fueron arrestados un relojero que vivía en el Paseo de las Delicias apellidado Uriza y Ruiz de Alda y un famoso boxeador, Salvador Almena, que ocultaba en su casa unas seis mil pesetas. Según Valenti todo el dinero y las joyas que se incautaron en esta operación fueron entregados personalmente a Ángel Pedrero, como máximo responsable del SIM en Madrid. Como se pudo comprobar más adelante, Pedrero era una persona de lo más oscura que además de haber sido lugarteniente del famoso chequista García Atadell, se lucraba enormemente con el dinero que incautaba.
Con un círculo, Ángel Pedrero, jefe del SIM del Ejército
del Centro (www.guerraenmadrid.com) 

El segundo asunto que llevó a cabo Valenti al frente de la Brigada Z del SIM estaba relacionado con una serie de reuniones secretas que llevaban a cabo algunas personas desafectas entre las que se encontraba la hermana de la famosa artista, Lili Montyan. En esta operación, en la que fueron detenidas unas 70 personas en Madrid y Guadalajara, se volvió a utilizar los servicios de un confidente, en esta ocasión una mujer llamada Cándida del Castillo, conocida como “Isabel”, una periodista de origen noble que  era partidaria de la República.  Hemos descubierto que esta confidente de la Brigada Z fue la madre del famoso escritor francés Michel del Castillo. Este asunto se conoció con el nombre de 'Los Cándidos' y estaba directamente relacionado con el tráfico de víveres. 

El asunto de los 'Candidos' fue uno de los últimos en los que intervino Fernando Valenti como comisario de Policía. La guerra estaba llegando a su fin y todo el mundo era consciente en Madrid de que los republicanos poco más podían hacer. A finales de marzo de 1939, el grueso del SIM del Ejército del Centro (que había apoyado a Casado en los enfrentamientos contra los comunistas), decidió abandonar la capital y dirigirse al Levante con el objetivo de abandonar España. 

Marzo 1939, la huida de Madrid

Pedrero organizó con detalle el desplazamiento e invitó a Valenti a acompañarle junto con el resto de sus hombres. Una caravana de vehículos ligeros del SIM abandonó Madrid la noche del 27 de marzo con un gran número de maletas, algunas de ellas cargadas de joyas.  Al parecer Pedrero quería llevarse el mayor número de alhajas al extranjero para sobrevivir fuera de España a pesar de que ya había cerrado acuerdos con el periódico  'Paris Soir' para que una vez en Francia escribiera sus memorias a cambio de 300.000 francos. 

La expedición llegó primero hasta Mazarrón (Murcia) donde el SIM tenía un barco apalabrado, que nunca llegó a aparecer. Después, se desplazarían hasta Torrevieja donde también confiaban que apareciera un barco que les sacara de España. Tampoco hubo suerte. Finalmente optaron por acudir hasta el puerto de Alicante, al que llegaron durante la tarde del 29 de marzo de 1939.  Allí tampoco encontrarían barco alguno para huir de España y todos los miembros del SIM, incluido Fernando Valenti, se entregaron a las autoridades franquistas.

Nuestro protagonista pasó por diferentes cárceles madrileñas y prestó declaración ante el SIPM durante todo el mes de diciembre de 1939. Se mostró colaborador con las autoridades franquistas e incluso le hicieron una fotografía poco antes de prestar declaración. Pese a ello, en el Consejo de Guerra al que fue sometido con otros miembros de la Brigada Especial le declararon “culpable” de los delitos que le acusaban (entre otros de asesinato) y fue condenado a muerte. Murió fusilado a primera hora de la mañana del 13 de diciembre de 1940 en el cementerio Este. Junto a Valenti, los nacionales también ejecutaron a otros nueve miembros de la Brigada Especial entre los que se encontraban Jacinto Rosell, Jacinto Uceda, Atilano Molano, Lucas Gilsanz y Gabriel González. 

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Nacional. Causa General, 1547, Expediente 1, número 481
Centro Documental de la Memoria Histórica, Sumario 258
Archivo General Militar Paseo de Moret, sumario 59741
Hemeroteca Nacionales
Hemeroteca ABC
Hemeroteca Solidaridad Obrera
Diario El País 
https://bremaneur.wordpress.com 
El Heraldo de Madrid