martes, 30 de mayo de 2017

El error que casi le costó la vida a cuatro reporteros de guerra en la Casa de Campo

A la izquierda el periodista uruguayo Sciutto. A la derecha
Manuel Casanova, director del Heraldo de Aragón
21 de noviembre de 1936. Son las 20.00, es noche cerrada y cae sobre las carreteras cercanas a Madrid un descomunal aguacero. Hace ya seis horas que la caravana de periodistas ha salido del opulento Hotel Jardín de Ávila, cuartel general en la ciudad castellana de los corresponsales de guerra acreditados por el Ejército de Franco.  

En esta ocasión los responsables de propaganda del bando nacional han permitido a una veintena de periodistas españoles e internacionales aproximarse al frente de batalla de Madrid y conocer de primera mano lo qué está pasando en la Casa de Campo y Ciudad Universitaria. Será una visita corta, durará menos de 24 horas ya que los riesgos son enormes porque las posiciones adquiridas por las avanzadillas de ambos ejércitos en la zona son todavía endebles. A los corresponsales no se les permite viajar en sus propios coches y no les queda más remedio que hacerlo en un vehículo militar conducido por un suboficial del Ejército que ejerce también como enlace de prensa. 

La caravana formada por seis coches se ha detenido en la carretera de Húmera, justo al lado del muro de la Casa de Campo. Sobre el suelo mojado hay restos de la batalla: varios cadáveres de soldados a los que no se permite fotografiar, agujeros provocados por la artillería, parapetos improvisados entre unos riscos... En pocos minutos la expedición abandona la carretera y se dirige hacia el cerro del Águila donde está previsto que los periodistas pernocten  en unas posiciones mucho más tranquilas que las inmediaciones de Húmera y Pozuelo. 

Uno de los coches se ha rezagado del resto de la caravana. Un corresponsal uruguayo llamado Luis Alberto Sciutto, conocido con el seudónimo de 'Wing' le ha pedido encarecidamente al suboficial que conduce su vehículo que se detenga unos segundos. Pese a la oscuridad de la noche quiere fotografiar un puente destrozado por la aviación. Está más tiempo de la cuenta fotografiando los escombros y vuelve a subir al coche recibiendo una buena reprimenda del militar que va al volante. 

Además del periodista uruguayo (corresponsal de 'El Pueblo de Montevideo' entre otros diarios) viajan en su mismo coche Manuel Casanova, director del 'Heraldo de Aragón', Miguel Martín Chivite, fotógrafo de este diario y el redactor gallego José Meiras Otero, ex periodista de 'El Debate' que años atrás había sido secretario político de Calvo Sotelo. El conductor del vehículo militar es un maestro armero del Parque de Artillería de Zaragoza llamado Miguel Zamora Vicente.
En el centro de la foto, con un círculo, José Meiras Otero
Es una fotografía junto a Calvo Sotelo y otros políticos

El vehículo avanza muy lentamente como consecuencia de la lluvia. El conductor parece desconcertado hasta que surge de entre la oscuridad un soldado al que le preguntaron la mejor forma de llegar al 'Cerro del Águila' donde se encontraría el resto de la expedición de la prensa. No consiguen ver las insignias del militar pero por su forma de hablar se percatan de que podría tratarse de un soldado del ejército republicano. Se palpa el nerviosismo en los periodistas y en el conductor, pero no pasó nada. El militar, con gesto amable, les da las indicaciones pertinentes y les desea buen viaje. 

La detención

El coche sigue circulando cerca de Húmera pero tan solo unos segundos. Se acaba de colocar justo delante del vehículo un teniente de milicias que ha surgido de entre las tinieblas con una pistola ametralladora. Junto a él hay un grupo de ocho milicianos: todos apuntan al coche y ordenan al conductor y a los pasajeros que se bajen inmediatamente con los brazos en alto.

De esta manera se produjo el apresamiento de los cuatro periodistas y su conductor militar por una avanzadilla de milicianos en las inmediaciones de la Casa de Campo en noviembre de 1936. Según la versión del uruguayo Sciutto, el teniente que dirigió su arresto, les interrogó junto a su coche preguntándoles su identidad y su procedencia. Tras conocer que los informadores procedían de zona controlada por los franquistas y que el conductor era un militar del Ejército Nacional, ordenó inmediatamente que los detenidos fueran conducidos  hasta una trinchera abandonada. "Hay que fusilarlos inmediatamente, que se forme el pelotón y prepárense para hacer fuego camaradas", dijo el oficial republicano. 

La descripción de este episodio está perfectamente reflejada tanto en el libro que escribió Sciutto 'Una aventura en España' como en el libro de Manuel Casanova 'Se prorroga el estado de alarma', ambos escritos al final de la Guerra Civil. Según sus versiones estuvieron a punto de ser fusilados. Incluso Martín Chivite (el fotógrafo) retó al pelotón de fusilamiento  diciendo "ya podéis tirar". Sin embargo, la ejecución no se llevó a cabo, al menos en ese instante. 

Veamos ahora lo que sucedió a partir de ese momento, según la versión que ofreció en 1938 el 'Diario de la Marina, el famoso periódico cubano, decano de la prensa hispano americana que tenía a varios corresponsales cubriendo la guerra de España:

"Cuando faltaban dos o tres segundos para que sonara la descarga apareció un capitán republicano que preguntó:

- ¿Qué es lo que pasa aquí?
El teniente dijo:
- Son faciosos. Vienen del campo rebelde, dicen que son periodistas - El teniente fue diciendo los nombres
Entonces el capitán ordenó:
- Estos deben saber muchas cosas. Hay que hacerles cantar. Ya los matarán en Aravaca. Mandádlos bien escoltados al puesto del comandante"

Efectivamente, los cinco prisioneros fueron trasladados en un camión descubierto hasta Aravaca, en concreto a una casa semidestruida donde se encontraba el puesto de mando del Batallón 25 de Julio, que era el encargado de cubrir el sector de Húmera donde fueron arrestados los periodistas. Los miembros de este batallón, muchos de ellos vinculados a Izquierda Republicana, procedían en su mayoría de Albacete: de hecho esta unidad llevaba este nombre porque fue la fecha en la que Albacete fue reconquistada por las fuerzas de la República. 

El reencuentro

Fuertemente custodiados, los periodistas y su conductor fueron encerrados en una habitación minúsula a la espera de que hiciera acto de presencia el comandante del batallón. A las dos horas de espera, apareció un militar fornido, vestido de uniforme y con una pistola Astra en el cinto. Antes de empezar el interrogatorio y cogiendo con la mano una vela, el Comandante republicano fue acercándose a cada uno de los detenidos hasta que se detuvo como alarmado tras ver a Miguel Zamora Vicente, el conductor. 
Martín Chivite con un círculo en el año 1950

Sin mediar palabra, el comandante se fundió en un abrazo con Miguel diciéndole "vaya lío en el que te has metido, hermano". El mando republicano se llamaba Francisco Zamora Vicente y según hemos localizado en el Archivo Histórico Nacional, ya en 1935 estaba afiliado al Partido Comunista, aunque otras fuentes señalan que también estuvo vinculado con el partido derechista Acción Popular. 

El Comandante Zamora habló unos minutos en privado con Miguel en otra zona del puesto de mando y tras llevar a su hermano con el resto de los detenidos, dijo en voz alta, "que los lleven a todos al Ministerio de la Guerra, estos deben saber mucho". Sabemos que no quiso interrogar personalmente a los detenidos y prefirió alejarlos lo máximo posible del frente de batalla donde su vida podía correr peligro. Además era consciente de que en el Ministerio los arrestados serían tratados como prisioneros de guerra y su vida quedaría prácticamente garantizada. 

De esta manera tan sutil, los cuatro periodistas y el militar franquista habían vuelto a salvar la vida la noche del 21 de noviembre, curiosamente el día después de la muerte de Durruti en Madrid. Ya durante la mañana del día 22, los detenidos llegaron al Ministerio de la Guerra donde fueron sometidos a diferentes interrogatorios por parte de personajes tan ilustres como el General Vicente Rojo o 'El Campesino'. 

En el Ministerio de la Guerra los cinco prisioneros fueron separados e incomunicados. El objetivo que perseguía la República con este incomunicación era, por un lado verificar que no se trataba de "espías enemigos" y por otro obtener la mayor información posible de cada uno de los interrogados.  Ya en el mes de diciembre de 1936 fueron trasladados a un edificio de la Dirección General de Seguridad ubicado en la calle Serrano donde antiguamente estaba el Ministerio de Industria. Allí volvieron a ser interrogados, en esta ocasión por policías vinculados con el Partido Comunista. Por aquel entonces, la prensa internacional ya se había hecho eco de la detención de su detención. Tenemos a nuestra disposición un artículo publicado en el diario francés L´Express du Midi en el que se cuentan algunos detalles de interés sobre el arresto de los informadores.

Sciutto separado de sus compañeros

Fue en ese momento cuando Luis Sciutto, el periodista uruguayo comunicó a sus interrogadores que él era un ciudadano uruguayo, que nada tenía que ver con la guerra en España y que deseaba ver a los diplomáticos de la Embajada de Uruguay que se encontraban por aquel entonces en Madrid con el objetivo de obtener su libertad. Sin embargo, su petición quedó en saco roto. Desde octubre de este año, todos los diplomáticos uruguayos habían abandonado Madrid después de que se produjeran dos hechos lamentables: el asesinato de las tres hermanas del Viceconsul honorario de Uruguay (las tres con pasaporte diplomático) a manos de anarcosindicalistas y la expropiación por parte del gobierno republicano de la finca San Pablo, cerca de la capital, propiedad de la Asociación Civil del Uruguay que estaban bajo protección consular. 


Periódico francés L´Express
hablando de los periodistas
Estos dos motivos tan truculentos propiciaron el abandono de Madrid de los pocos diplomáticos uruguayos que quedaban en la capital en otoño de 1936. A partir de esta marcha, se hizo cargo de todos los asuntos relacionados con Uruguay el encargado de negocios de la Embajada de Argentina en la capital, Edgardo Pérez Quesada. A finales de diciembre, Pérez Quesada recibió una notificación por valija del embajador argentino en España, que se encontraba en San Juan de Luz, en la que le pedía que tratara de salvar la vida del periodista uruguayo Sciutto. Al parecer, el embajador había recibido presiones de la Oficina de Prensa de Burgos que ya conocía que cuatro periodistas "suyos" habían sido detenidos por el Frente Popular. 

Gracias a las negociaciones de Pérez Quesada con el gobierno republicano, Sciutto fue trasladado en solitario hasta Valencia a finales de 1936 y encerrado en la prisión celular de esta ciudad a la espera de que el gobierno del Frente Popular decidiera ponerle en libertad. El profesor universitario Nial Binns publicó recientemente un artículo sobre Sciutto llamado "Aventura y aprendizaje en Wing", que recordaba el paso de Sciutto por la prisión valenciana: 

"Recordaba mis días en Burgos, en tiempos de lo que yo llamaba la otra vida. Con frecuencia iba a la Cartuja de Miraflores, el más bello rincón del mundo para vivir su sueño de arte y su perfume místico. Admiraba la suave vida de los cartujos; la placidez de su andar que ya tiene algo de celestial; su obstinado silencio, la franciscana pobreza de su celda; el pan de Dios, pasado a través del agujero de la puerta; su incomunicación... Y como la celda de la prisión valenciana es igual a la de los cartujos de Miraflores, la noche del 4 de diciembre quedé convertido en un cartujo laico".

Sciutto estuvo un mes exacto encerrado en Valencia hasta que el 4 de enero recibió una comunicación en su celda en la que se le decía que iba a ser puesto en libertad en pocas horas. Efectivamente, al mediodía recibió un salvoconducto para que se pudiera trasladar hasta el puerto de la ciudad para embarcarse en un buque de guerra de la Marina de Estados Unidos que le trasladaría hasta Génova (Italia). El periodista uruguayo había conseguido su libertad gracias al esfuerzo del argentino Pérez Quesada que trabajó sin descanso para obtener su liberación.

 Sciutto llegó hasta Génova el 7 de enero de 1937 y nada más llegar a puerto realizó una serie manifestaciones ante la prensa italiana criticando "la barbaridades que hacía la República" en Madrid. Afirmó de manera exagerada que en la capital "se escuchaban permanentemente a los pelotones de fusilamiento" y que hasta la fecha ya habían sido ejecutadas "20.000 personas". También reconoció que uno de los momentos más dramáticos que vivió mientras cubría la Guerra Civil fue presenciar  "la muerte en combate de dos mujeres milicianas jóvenes en la zona de Navalcarnero". 

El juicio y el canje posterior

Mientras que Luis Sciutto conseguía su libertad, sus cuatro compañeros de cautiverio (los tres periodistas y el militar) siguieron soportando duros interrogatorios hasta que fueron trasladados también a Valencia. En la capital del Turia permanecieron casi un año hasta que fueron sometidos a juicio por el Tribunal Popular número 2, acusados de "adhesión a la rebelión". 

Periódico La Libertad
el 02 diciembre de
1937
El juicio contra los tres periodistas del Heraldo de Aragón y el militar empezó el 2 de diciembre de 1937 y terminó una semana más tarde. El tribunal, además de escuchar la declaración de los procesados, hizo llamar a una serie de personas que conocían bien a los periodistas para que declararan en calidad de "testigos". Fue el caso de Roberto Castrovido, político y periodista, que conocía bien a los tres informadores del Heraldo de Aragón. También prestó declaración la escritora Magna Donato (hermana de Margarita Nelken), el dibujante Salvador Bartolozzi y el actor Benito Cibrian.

A los pocos días del juicio, la prensa dio a conocer que los periodistas y su chófer habían sido condenados a muerte, sin embargo, la sentencia no se llegó a producir gracias a las presiones realizadas por el Cuerpo Diplomático Internacional. A finales de este año, 'La Gaceta' (antiguo BOE) publicaba el indulto de los tres periodistas del Heraldo y del militar, a cambio tendrían que soportar penas de treinta años de internamiento en un campo de trabajo. 

Si los meses previos al juicio fueron especialmente duros para nuestros protagonistas, también los fueron las jornadas posteriores al mismo, ya que los periodistas tenían que asimilar que su aventura iba a terminar ante un pelotón de fusilamiento. Contaba Manuel Casanova tras la guerra que debido al estrés sufrido durante su cautiverio su pelo se convirtió en canoso totalmente. 

Los presos no se podían imaginar que mientras esperaban su veredicto, la Cruz Roja Internacional negociaba en secreto su canje por otros cuatro periodistas vascos que habían sido detenidos tras la toma de Bilbao. El canje como tal no se haría efectivo hasta el 24 de octubre de 1938, fecha en la que serían trasladados hasta el puente internacional de Hendaya donse se realizó el canje. La primera persona a la que vieron los tres periodistas cautivos y su conductor fue a su compañero de cautiverio Luis Alberto Sciutto que llevaba casi un año en libertad. Todos se fundieron en un abrazo. Eran libres. 

¿Qué sucedió tras la guerra con cada uno?

- Una vez puesto en libertad, Manuel Casanova volvió hasta Zaragoza donde siguió dirigiendo el Heraldo de Aragón, manteniendo una estrecha amistad con los periodistas estrellas del momento a nivel nacional como Manuel Aznar, Víctor de la Serna o Agustín de Foxa. Al terminar la guerra, dejó aparcada su actividad periodística para convertirse en Gobernador de Toledo, ciudad en la que conocería a su futura mujer. Al poco tiempo se marchó a Madrid donde fue nombrado Jefe Nacional del Sindicato del Espectáculo, perteneciendo también a la junta directiva de la Asociación de la Prensa. Dirigió el semanario taurino 'El Ruedo' y el Diario Marca en 1946 y 1947. En el año 1961 falleció en un accidente de coche junto a su esposa María Gómez Olibera en el término municipal de Almansa. En el accidente también resultaron heridos sus hijos Rafael y María. Manuel, en el momento de su muerte, tenía 62 años.
Sciutto a la izquierda de la fotografía

- Miguel Martín Chivite siguió ejerciendo como fotógrafo en el Heraldo, al menos hasta el año 1965, año en el que recibió un homenaje por parte de Franco. En la actualidad se peden encontrar y comprar por Internet un gran número de fotografías antiguas realizadas por Martín Chivite durante los años en los que estuvo activo en Zaragoza. 

- En relación con José Meiras Otero, sabemos que el 14 de abril de 1939 fue nombrado juez instructor para la depuración del Cuerpo Técnico Administrativo del Ministerio de Obras Públicas. El los años 50 y 60 trabajaba a título particular como abogado. Fue director del Balneario de Mondariz y en Internet hemos encontrado cierta vinculación de Meiras con el círculo más próximo a Don Juan.


- Luis Alfredo Sciutto continuó ejerciendo como periodista al término de la Guerra Civil Española. Si antes de la guerra había brillado como cronista deportivo (acababa de cubrir los Juegos Olímpicos de Munich en 1936), después de la contienda siguió centrándose en el aspecto deportivo. Fue el único periodista deportivo que vio y cubrió todos los mundiales de fútbol desde 1930 hasta 1994. Regresó a España muchas veces para dar conferencias y participar en actos de confraternización con periodistas españoles. Escribió también varios libros entre los que destacan 'Siento ruido en la pelota, crónica de medio siglo' (1975). Recibió tres galardones de la FIFA (1984, 1986 y 1993). La escuela de periodistas deportivos La Plata lleva el nombre de Diego Lucero (uno de sus seudónimos) en su honor. Murió el 3 de junio de 1995 a los 94 años.

- Miguel Zamora Vicente era el único militar de la expedición. Tuvo la suerte de que fue tratado por la justicia republicana de la misma manera que los periodistas, por lo tanto fue canjeado junto a sus compañeros de cautiverio. No tenemos muy claro que sucedió con él, tan solo que en 1942 su mujer (Manuela Rubio Fernández) solicitaba su pensión tras la muerte de su marido que en esa época figuraba como "maestro armero". Su hermano, el Comandante republicano Francisco Zamora Vicente fue detenido por el SIM (servicio de espionaje republicano) el 8 de noviembre de 1938, solo unos días después del canje de su hermano. 

Informe y declaración sobre Francisco Zamora
Vicente (AHN)

Le acusaban de haber pertenecido antes de la guerra a Falange y a Acción Popular, dos partidos claramente derechistas. Sin embargo, estas acusaciones contradecían al hecho de que en 1935 ya estaba afiliado al Partido Comunista. Estas acusaciones eran "curiosas" ya que durante toda la guerra había defendido al bando republicano en diferentes frentes de batalla: Casa de Campo, Guadarrama o Jaén. Cuando fue detenido era Comandante del Cuerpo de Carabineros, cuerpo al que había accedido en 1937. Estuvo preso hasta enero de 1939, fecha en la que su causa le fue sobreseida. Salió en libertad provisional por estas fechas y aquí le perdemos la pista. 

Fuentes consultadas:

- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca Prensa Histórica
- Hemeroteca Diario La Marina de Cuba.
- Biblioteca Virtual de la Defensa.
- Hemeroteca ABC
- Hemeroteca La Vanguardia
- 'Una aventura en España', Luis Alfredo Sciutto
- Artículo "Aventura y aprendizaje en Wing", Nial Binns. Revista Letral.
- 'Se prorroga el estado de alarma' Manuel Casanova
- 'Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil Española', Antonio Manuel Moral Roncal.
- Archivo Histórico Nacional (Causa General). Sumario contra Francisco Zamora Vicente. FC-CAUSA_GENERAL,187,Exp.42

domingo, 7 de mayo de 2017

Toda la verdad sobre el canje de Raimundo Fernández Cuesta y el testamento de José Antonio

Fernández Cuesta poco después de llegar a zona nacional en
1937 / Euskomedia
Los canjes o intercambios de prisioneros fueron un tema tabú durante la Guerra Civil Española. Todavía hoy sigue siendo muy difícil encontrar información sobre estos intercambios de los que apenas quedan documentos en los archivos y testimonios escritos en los libros de historia. Nosotros, sin embargo, vamos a centrarnos en uno canje del que sí hemos encontrado información gracias, entre otras cosas, a la autobiografía que publicó nuestro protagonista, Raimundo Fernández Cuesta en su libro 'Testimonio, recuerdos y reflexiones'

Amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera, Fernández Cuesta fue uno de los fundadores de la Falange, partido en el que llegó a ser Secretario General en el año 1934. Meses antes de empezar la guerra, este abogado madrileño nacido en 1896, fue arrestado por la Policía junto con otros líderes falangistas pocas horas después de que se produjera el atentado terrorista contra Luis Jiménez Asua en el que murió su escolta Jesús Gisbert en la calle Goya. La detención de Raimundo se produjo a mediados de marzo de 1936 en su domicilio de la calle O´Donell número 7, siendo introducido en el mismo coche, antes de ser trasladado a la DGS, que el aviador Julio Ruiz de Alda. 

Estuvo encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid durante cuatro meses hasta que consiguió la libertad condicional el 3 de julio. Solo permaneció libre nueve días porque el 12 volvió a ser arrestado por la Guardia de Asalto después de que una docena de agentes registraran de nuevo su casa. Esta nueva detención de Raimundo Fernández Cuesta se produjo horas después del asesinato del teniente republicano José del Castillo en la calle Fuencarral. Según contaría nuestro protagonista en sus memorias, un inspector de Policía le salvó la vida ya que iba a ser trasladado inicialmente a la DGS para prestar declaración aunque este agente declinó llevarle hasta allí porque se había instalado en la DGS la capilla ardiente de Castillo y los ánimos entre sus compañeros estaban muy caldeados.

El inicio de la Guerra Civil

De esta manera el líder falangista regresaría a la cárcel Modelo donde llegó a cartearse, de manera clandestina, con José Antonio Primo de Rivera que estaba preso en Alicante. De hecho, éste le alertaría del alzamiento diciéndole que “estuviera tranquilo” porque el día 16 de julio llegaría (José Antonio) a Madrid en avioneta para participar en el golpe. No fue así. El golpe fracasó en la capital aunque Raimundo había conseguido evacuar anteriormente de la capital hacia Navarra a su familia más próxima, salvo su mujer que decidió quedarse en Madrid. 

Fernández Cuesta escuchó desde la cárcel Modelo los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña y observó con tristeza la entrada de decenas de oficiales y suboficiales en la prisión tras el fracaso del alzamiento. Un mes más tarde fue testigo de los sucesos del 22 de agosto en el que varios de sus compañeros de cautiverio fueron asesinados por milicianos exaltados en el patio de la cárcel. No tuvo tiempo de despedirse de Ruiz de Alda, Melquiades Álvarez, Rico Avello, Fernando Primo de Rivera o el doctor Albiñana.
Con un círculo Fernández Cuesta en un acto celebrado en
febrero de 1936 junto con José Antonio y otros líderes de FE
(Sol y Moscas)

Raimundo Fernández Cuesta y Manuel Valdés Larrañaga, otro de los fundadores de Falange, consiguieron sobrevivir a la matanza de la Modelo sin que fueran reconocidos por los milicianos como importantes líderes falangistas. De hecho los dos siguieron unos días más en la celda número 140, prácticamente sin ser molestados, una celda que en su día había pertenecido a Manuel Chacel, comandante de Caballería, asesinado también el 22 de agosto y acusado de haber dado cobijo a los autores del atentado contra Jiménez Asua.


A partir de ese instante, las noticias sobre Fernández Cuesta empezaron a ser muy confusas y tanto su esposa (que estaba todavía en Madrid) como el resto de su familia instalada en Pamplona, dieron por hecho que el dirigente falangista había muerto aquel verano de 1936. De hecho, su esposa consiguió salir de España a los pocos días de la matanza, pensando en la muerte de su marido, tras coger el último vuelo comercial que salió de Madrid de la compañía alemana Luftansa.

Traslado de cárcel e identidad ficticia 

Tras los sucesos de la cárcel Modelo, un comité revolucionario se encargó de hacer un registro con todos los presos que estaban en esta prisión de Madrid. Los miembros de este comité tampoco identificaron a Raimundo Fernández Cuesta que fingió ser una persona completamente distinta (se hizo llamar Raimundo Fernández Merelo) a la que era realmente al asegurar que estaba preso porque le habían detenido en el café Negresco por no llevar documentación. 

Se negó a ir a frente para combatir con los republicanos y por este motivo el 4 de noviembre de 1936 fue trasladado a la cárcel de Alcalá de Henares donde mejoró en condiciones de vida y en seguridad porque los guardias eran funcionarios de prisiones y no milicianos. Aquí recibió la visita del líder anarquista, Melchor Rodríguez, que ostentaba el cargo de director general de Prisiones y de los responsables diplomáticos de Chile y Noruega, Aurelio Nuñez Morgado y Felix Schlayer respectivamente. Obviamente, en estas circunstancias tanto Melchor Rodríguez como los diplomáticos extranjeros sabían perfectamente la identidad de Raimundo Fernández Cuesta y de los peligros que podría correr en territorio republicano, principalmente en aquella época en la que se estaban produciendo las sacas de Paracuellos. 
El líder anarquista Melchor Rodríguez le salvó la vida
(El Mundo)

El 7 de diciembre de 1936, justo después de que la aviación franquista bombardeara Guadalajara, una turba de incontrolados intentó asaltar la prisión de Alcalá de Henares donde estaba encerrado Raimundo Fernández Cuesta junto con un centenar de militares y presos políticos. Los funcionarios de prisiones se emplearon a fondo para evitar una nueva matanza, similar a la de la cárcel Modelo y consiguieron ganar el tiempo suficiente hasta que se presentó Melchor Rodríguez en la puerta de la prisión. El dirigente anarquista logró contener a la turba e invitó a los exaltados a “ir al frente de batalla a matar fascistas” porque en la cárcel “solo hay hombres indefensos”. 

Primeras campanas de canje

Ya en enero de 1937, el cuerpo diplomático extranjero comunicó a Fernández Cuesta que la Cruz Roja estaba negociando su canje con el del hermano del ministro de justicia Manuel Irujo (Pedro Irujo) después de que hubiera fracasado el canje del obispo de Barcelona (que en realidad había sido asesinado). Finalmente no hubo acuerdo y el canje no se llevó a cabo. El 19 de marzo de este año fue trasladado a la cárcel de San Antón en Madrid, un traslado totalmente incomprensible al tratarse de una prisión puramente militar. Allí estuvo unas semanas hasta que unos agentes vestidos de paisano de la Brigada Especial le trasladaron hasta la calle Serrano 108, la sede de dicha brigada que estaba situada en un hotelito requisado junto al Museo Lázaro Galdiano. 

En la Brigada Especial los agentes que le interrogaron sabían perfectamente su identidad y le preguntaron si tenía conocimientos sobre un complot de espionaje falangista. Los interrogadores querían conocer hasta qué punto Fernández Cuesta mantenía contacto con Antonio del Rosal, hijo del teniente coronel del Rosal, afiliado a la Falange, acusado de espionaje y alta traición. Fernández Cuesta negó categóricamente conocer sus actividades.

Aunque algunos hayan querido insistir en la implicación de Raimundo Fernández Cuesta en las actividades de la Falange clandestina en la retaguardia republicana, nosotros no hemos encontrado vinculación alguna con los grupos de la Quinta Columna. De hecho en su autobiografía, Fernández Cuesta no se refiere a estos grupos prácticamente nada y su vinculación con Antonio del Rosal y otros quintacolumnistas fue nula. Pese a los interrogatorios, nuestro protagonista consiguió salir victorioso de las preguntas de los policías, en realidad “porque no sabía nada”. 


El agente de Policía Victoriano
Sanjuán en 1937 / Archivo Ministerio
Interior / Autor
El 13 de junio de 1937 fue trasladado a la cárcel Porlier donde se enteraría de la desarticulación de otra organización falangista de carácter clandestino liderada por Javier Fernández Golfín e Ignacio Corujo. También se enteraría del arresto y la posterior desaparición del líder del POUM Andreu Nin en Barcelona y su posterior traslado a Alcalá de Henares. Por estas fechas, Fernández Cuesta recibió la visita en prisión de un agente de Policía llamado Victoriano Sanjuan, falangista antes de la guerra, que en realidad trabajaba para los servicios secretos de Franco (SIPM) en territorio republicano. Directamente desde Burgos le encomendaron a su espía localizar a nuestro protagonista y comprobar tanto su estado anímico como de salud. El interés franquista por comprobar la situación de Fernández Cuesta en Madrid era necesaria porque en pocos días se volvería a negociar su canje tras el frustrado intercambio con el hermano de Irujo.

Su llegada a Valencia

Un mes después, en julio de 1937, fue trasladado en un camión de presos trotkistas  a Valencia, ingresando en la cárcel de Alacuas. Siguiendo cronológicamente la autobiografía de Fernández Cuesta, en esta prisión valenciana mantuvo una serie de reuniones secretas con una persona llamada Ángel Daniel Baza, un individuo de lo más enigmático, originario de Bilbao y amigo íntimo de Indalecio Prieto. Curiosamente Baza, que fue el primer jefe del SIM (Servicio de Información Militar) de la República, se ganó durante semanas la confianza de Raimundo Fernández Cuesta haciéndole ver que él no era “ni socialista ni fascista”. 

En el libro de Julián Zugazagoitia 'Guerra y Vicisitudes de los Españoles', el autor, que era Ministro de Gobernación por aquel entonces, hace mención a estas conversaciones afirmando que el clima de confianza entre Baza y Fernández Cuesta fue tan importante que este último le llegó a hacer la siguiente confesión cierto día de agosto: “Me faltan elementos de juicio para tener un concepto claro de la guerra. No le puedo decir otra cosa sino que la siento y me duele como una tragedia inmensa, en la que se desangra España. Durante toda la campaña sólo he tenido un momento de alegría y de alborozo: aquel en que conocí la derrota de los italianos en Guadalajara”.  

Según la versión de Zugazagoitia, Baza le “tenía al corriente” de sus conversaciones con Raimundo Fernández Cuesta del que decía que se “expresaba con sinceridad. Tengo el convencimiento de que dice lo que siente. Es un hombre joven, muy simpático, muy interesante. Se manifiesta con emoción. Resulta absurdo que no podamos entendernos con hombres como él, en cuya mirada se hacen presentes la nobleza y la sinceridad. La derrota de los italianos es lo único que le ha satisfecho de la guerra”.  

Reunión con Indalecio Prieto

Cierto día, Baza le  comentó a Raimundo que Indalecio Prieto, Ministro de la Guerra, pretendía reunirse con él una semana más tarde en un lugar secreto. Y eso fue lo que sucedió ya a mediados en agosto de 1937. Un coche oficial recogió a Fernández Cuesta de la cárcel de Alacuas y le trasladó hasta un chalet de Bétera que había sido incautado a los banqueros Nogueira y era el lugar donde residía en Valencia Indalecio Prieto. Según la versión de Cuesta, al llegar Prieto le comentó que las negociaciones que su canje “estaban muy avanzadas” “si los jacobinos del gobierno (comunistas) no se oponían”. En principio el canje se iba a llevar a cabo por Justino Azcárate, hermano de Pablo Azcárate, embajador republicano en Londres. En esa entrevista, Prieto se mostró en contra del fusilamiento de Primo de Rivera” y calificó de “animal” a Largo Caballero por haber dado la orden de ejecutar al líder falangista. Afirma la autobiografía de Raimundo que Indalecio le entregó un gran número de documentos que pertenecían a José Antonio, previsiblemente escritos durante su cautiverio en Alicante. 
Indalecio Prieto en su despacho  (Biografías y vidas)
Junto a Prieto y Antonio Baza, también participó en esta reunión un hombre de origen austriaco apellidado Kamper con el que Fernández Cuesta había coincidido en la cárcel Modelo. Esta persona, que ahora ya no se encontraba presa, se jactaba ante Raimundo de ser el “actual jefe de información” de la aviación republicana.  De hecho, meses más tarde, cuando el líder falangista que había sido canjeado, trató de negociar con él el canje de otros derechistas encarcelados. La reunión entre Raimundo Fernández Cuesta e Indalecio Prieto fue de lo más cordial, según la versión del primero. Durante horas el líder socialista le pidió que le explicara el ideario falangista para comprenderlo mejor y entender de una manera más abierta los postulados del enemigo. 

Otra versión de la entrevista

Esta visión de la entrevista choca ligeramente con la versión ofrecida por Prieto en su libro de memorias 'Palabras al viento', publicado en el año 1942. Según su versión, la primera persona dentro del gobierno republicano que se mostró a favor del canje de Fernández Cuesta por Justino Azcárate fue José Giral, ministro de Estado. El bilbaino, sin embargo, se mostró inicialmente contrario con el intercambio ya que consideraba que el gobierno del Frente Popular "había puesto a disposición de Franco jefes militares muy eficaces a cambio de oscuros parientes de personajes republicanos". Para Indalecio Prieto, en esta ocasión la desigualdad iba a ser mayor si se compara la "escasa personalidad republicana de Justino Azcárate con la relevantísima de Fernández Cuesta en el campo contrario".

En su libro, Indalecio Prieto se refiere a una reunión muy tensa del consejo de ministros republicanos en la que se debatió "intensamente" el canje de Fernández Cuesta. Mientras que él se oponía radicalmente a este intercambio de presos, Bernardo Giner de los Ríos, ministro de Transportes y Obras Públicas lo defensía asegurando que "con diez hombres de la talla de Justino Azcárate sería muy distinta la suerte del régimen republicano".  También se mostraba partidario del canje Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, que defendió el intercambio ensalzando el comportamiento de Pablo Azcárate, hermano de Justino.

Veamos que más decía Prieto en su libro sobre el canje: 

"Pablo Azcárate es íntimo de Marcelino Pascua y Marcelino Pascua es gran amigo de Zugazagoitia. Me encrespo aún más. Estos asuntos deben resolverse tapando con cien vendas los ojos de la amistad. Negrín calla. Otros ministros también. Soy yo solo quien pelea contra los partidarios del canje, aunque creo contar con bastantes votos, entre ellos los dos comunistas. El señor Giral, hombre bueno por excelencia, insiste en atribuyéndole, según informes de la Embajada de París -desde donde viene rodando la iniciativa- gran interés político, porque Raimundo Fernández Cuesta, en plena libertad, será germen de discordia al oponer la prístina ideología de Falange -la de Primo de Rivera, la de los camisas viejas- a las mistificaciones franquistas. Persisto en mi actitud, manifestándome incrédulo ante esas consecuencias reputadas. Entonces alguien indica que yo mismo explore a tal respecto el pensamiento y la voluntad de Fernández Cuesta antes de decidirse nada. Acepto el cometido". 

Tras esto, Prieto comenta  que ordenó sacar al falangista de la cárcel y lo llevó hasta "una casita de campo en Bétera" donde el ministro socialista se alojaba. Fue una reunión a cuatro bandas en la que además de los dos protagonistas también estaba "un funcionario a mis órdenes" (posiblemente se refiera a Baza) y un amigo de Raimundo. "La cita ha cogido de sorpresa a Fernández Cuesta y éste ha venido con el traje de dril, usado en la prisión, muy deteriorado. Charlamos largamente. Le refiero lo ocurrido en el consejo sin ocultarle que soy yo quien se opone al canje que puede devolverle la libertad. Él lleva preferentemente la conversación a dos temas: su inocencia en el proceso que se le sigue y que habrá de ocasionar el fusilamiento de todos sus consortes (Golfín, Corujo etc) y su falta de participación en los atentados personales cometidos por falangistas antes de comenzar la guerra", indica la biografía de Prieto.
Justino Azcárate en 1931 cuando ocupaba el
cargo de subsecretario de justicia
(Mundo Gráfico)

Según Prieto esta entrevista con Fernández Cuesta no fue la única. Días más tarde ambos líderes políticos volvieron a reunirse aunque en esta ocasión el falangista "vestía con elegante traje de paño". Al parecer fue una charla mucho más larga en la que se departió sobre las causas de la guerra, el dolor de la lucha y el porvenir ruinoso de España. En esta ocasión, "Fernández Cuesta se abstiene de formular promesas sobre su conducta política si se le libera. Por mi parte tampoco procuro arrancárselas. Cierro la conferencia con estas palabras: «-No sería digno, dadas las especialísimas circunstancias en que uno y otro nos encontramos, que yo presionara a usted para obtener determinados ofrecimientos, y si, coaccionándole, los lograse, no creería en ellos, estimando lícito que usted me mintiera. Su vida depende de mí de modo personalísimo. Me repugna ser yo quien decrete su muerte. En consecuencia, y aun sin esperar lo que otros ministros aguardan de usted, desisto de seguir oponiéndome a su canje con Justino Azcárate. Tiene usted, pues, asegurada la libertad sin compromiso alguno. Todo queda a su conciencia. Haga, al verse libre, lo que ésta le dicte»". 

El día del canje

Dejando ya de lado la versión de la entrevistas o entrevistas con Prieto, la realidad es que la decisión de Indalecio Prieto fue fundamental para que el canje se pudiera llevar a cabo. Fernández Cuesta siguió un par de semanas en la prisión valenciana aunque sujeto a unas condiciones mucho más flexibles que cuando estaba en Madrid.  Cierto día de octubre, el director de la prisión le mandó llamar para entregarle un salvoconducto firmado por José Giral (ministro de Exteriores) en el que garantizaba su libre circulación hasta el destructor inglés Maine que se encontraba fondeado en el Puerto de Valencia. Paralelamente salía de una cárcel de Valladolid Justino Azcárate quién fue conducido, con un salvoconducto similar pero firmado por una autoridad franquista, hasta Francia por carretera.

Fernández Cuesta salió de la cárcel con una cazadora de cuero y los documentos de José Antonio Primo de Rivera que le había entregado Prieto. Accedió hasta el barco inglés sin problemas que le trasladó hasta Marsella donde le esperaba su mujer y miembros del Servicio de Fronteras de Irún y el falangista Ruiz del Portal. Desde Marsella se dirigieron en coche hasta Irún, pasando antes por Biarritz donde pernoctaron para pasar la noche antes de entrar en España. Según su biografía, Fernández Cuesta dejó en su habitación en el interior de la maleta, el salvoconducto de Giral y los papeles que le había dado Prieto pertenecientes a José Antonio. Estuvo un tiempo cenando junto a su esposa y cuando regresó a la habitación los papeles que tenía dentro de su maleta habían desaparecido. ¿Quién robó esos papeles? ¿Qué intereses ocultos había para que desaparecieran? Eso nunca lo sabremos. 

Según el propio Raimundo, los papeles de José Antonio eran los siguientes: un testamento,  un manifiesto enjuiciando la situación creada por la guerra y proponiendo un programa de solución y dos listas de gobierno en las que figuraban nombres como Martínez Barrio para la presidencia, Sánchez Román para ser Ministro de Estado o Melquiades Álvarez para Justicia. Miguel Maura sería ministro de Marina, Portela de Gobernación, Ortega Gasset de Instrucción Pública, Gregorio Marañón de Trabajo y Sanidad e Indalecio Prieto de Obras Públicas. 

Otra visión relevante de lo sucedido

En el Archivo Histórico Nacional hemos encontrado la declaración de Julián Zugazagoitia el 13 de septiembre de 1940, días después de que fuera extraditado a España tras ser detenido por la GESTAPO en Francia. En su declaración ante la Policía franquista, el ex ministro de Gobernación explicaba que en el verano de 1937 llegó hasta su poder una copia del testamento político que había escrito en Alicante José Antonio Primo de Rivera antes de ser fusilado. En ese testamento, según Zugazagoitia, estaba como albacea Fernández Cuesta. 

Días más tarde de recibir este testamento, Indalecio Prieto contactó con Zugazagoitia para comunicarle la necesidad de mantener una entrevista con Fernández Cuesta para valorar su  posible canje con algún republicano de interés. Tras la reunión con el falangista, Prieto le contó que sus sensaciones con él habían sido "excelentes", lo encontró un tanto "alucinado" con "ideas irrealizables" y que era persona de intenciones novilísimas. Dijo también que no se perdía nada "por canjearlo" y que su llegada a zona nacional podía forzar la "paz" con los nacionales. 
Julián Zugazagoitia / Eco Republicano

Siguiendo con la declaración de Zugazagoitia, éste explicó que en los meses finales de la Guerra Civil se intentó gestionar una reunión secreta en Francia entre Prieto y Fernández Cuesta, que se iba a celebrar "a título particular". La reunión, en la que también iba a participar Serrano Suñer, no se llevó a cabó después de que Negrín no autorizara a Prieto a participar en la misma. 

Tras el canje

Lo primero que hizo Fernández Cuesta nada más llegar a Francia tras su liberación fue visitar a la Virgen de Lourdes para mostrarle su gratitud y por "haberle salvado la vida" en territorio republicano. Después se entrevistaría con Franco en Salamanca antes de acudir el 19 de octubre de 1937 a Sevilla para participar en su primer acto político en la España nacional. Fue un acto conmemorativo de la fundación de la Falange y en él daba las gracias a Franco por su liberación y declaró que el objetivo de la FET era "establecer la economía española sobre una base sindical, aunque compatible con la subsistencia de capital y la iniciativa privada". Luego hizo referencia sobre la necesidad de controlar la bolsa y las operaciones financieras. Nada más. El 2 de diciembre de este año, Franco le nombraría secretario del partido. 

Posteriormente, ya a principios de 1938, Fernández Cuesta daría un discurso por radio en el que lanzaba la siguiente advertencia a la vieja guardia de Falange: "Me obligan a decirle que ha de tener un espíritu comprensivo, sin encstillarse en exclusivismos. No hay que adoptar aires de repelente superioridad y hay que acoger con amor y camaradería a todo el que de buena fe venda a la Falange Española Tradicionalista".

Sabemos que una vez terminada la Guerra Civil, Fernández Cuesta no supo nada de Ángel Baza, el dirigente del SIM que colaboró junto con Indalecio Prieto para llevar a cabo su canje. Al parecer en 1974 se presentó en la casa de Raimundo en Madrid una chica llamada Sabina Baza que resultó ser hija de Ángel Baza que había fallecido en Méjico. Sabina le contó que Prieto, que supuestamente sentía devoción por Baza, no le había ayudado a su familia más allá que para pagarle el viaje hasta este país. 

Incógnitas que nos hemos encontrado

Siguiendo las dos biografías tanto de Fernández Cuesta como de Indalecio Prieto, así como la declaración ante la Policía de Franco de Julián Zugazagoitia nos surgen algunas dudas que por desgracia no hemos podido resolver. A buen seguro que muchos de nuestros lectores tendrán opiniones diversas sobre estas cuestiones, así que abrimos el debate a través de nuestros comentarios.
Fernández Cuesta tras la Guerra Civil (Biografias y vidas)

- Según el líder falangista, Indalecio Prieto le entregó varios documentos que pertenecían a José Antonio Primo de Rivera entre los que destacaban su testamento. Estos documentos desaparecieron de la habitación de Fernández Cuesta en Biarritz de la noche a la mañana. ¿Quién los robó y qué interés oculto había detrás de esta sustracción? ¿Por qué en Francia? ¿Por qué Prieto no habla de estos papeles que le entregó a Raimundo en su biografía y sí que habla de ellos Julián Zugazagoitia? Según Stanley G. Payne en su libro 'Historia del fascismo español', Indalecio Prieto ya había enviado por diferentes medios a zona nacional el testamento de Primo de Rivera con la intención de generar ambiente de tensión entre los 'camisas viejas' de Falange. Según su versión, el canje de Fernández Cuesta perseguía seguir creando "distensión" entre los miembros de la Falange y el gobierno de Franco.

- ¿Es cierto todo lo que cuenta Prieto en su biografía? En su libro Raimundo no hizo referencia a la negativa incial de Prieto a su canje sino todo lo contrario. Sin embargo, el socialista se jacta de mostrarse hasta casi el final decidido a que el canje no se llevara a cabo.

- ¿Por qué Indalecio Prieto habla de dos entrevistas con Fernández Cuesta mientras que el falangista solo habla de una?

- ¿Quién era el supuesto amigo del falangista que participó en las conversaciones entre Prieto y Raimundo, según la versión del primero? ¿Por qué nunca habló de él Fernández Cuesta?

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Nacional (Causa General)
'Testimonio, recuerdos y reflexiones', Raimundo Fernández Cuesta. 
'Palabras al viento', Indalecio Prieto
'Guerra y vicisitudes de los españoles', Julián Zugazagoitia.
'Las torpezas de la República española', Fredo Arias
'Historia del fasccismo español',  Stanley G. Payne